BICAMPEÓN 78

Y ahora, el bi. El beneficio del titulo puso a Boca directamente en las semifinales de la edición siguiente de la Copa. Y vaya rivales para esa fase: River (siempre River, y el Atlético Mineiro, con Toninho Cerezo a la cabeza.

El arranque fue un 0 a 0 en el clásico, pero después fue a paso firme. 21 al Mineiro en Belo Horizonte y 3-1 en la Bombonera, y un 2-0 a River en el mismísimo Monumental. Otra vez a la final, ahora con el Deportivo Cali que conducía Carlos Salvador Bilardo.

A esa altura, y a pesar de los buenos resultados acumulados, se hicieron insistentes las versiones sobre un supuesto enfrentamiento entre los jugadores y el cuerpo técnico encabezado por Lorenzo. Llegaba el Cali, pero sólo se hablaba de las peleas internas que había en Boca.

Hasta que el Toto tomo la palabra. "Muchachos explicó a los periodistas-, entre los jugadores y yo está todo bien. Es verdad que hubo un clima algo extraño, pero lo creamos a propósito para poner al equipo en boca de la gente y para que los jugadores se motiven, porque me pareció que todo estaba peligrosamente tranquilo. Ahora, en cambio, ya está todo bien y tengo confianza". El inefable Toto y sus estrategias.

Así fue. Con la presencia de la Pantera Rodríguez en el arco (porque Lorenzo habia visto a Gatti "en baja forma física"1, Boca fue once leones en la visita al equipo caleño y la cosecha fue un 0 a 0 decisivo, determinante.

El 28 de noviembre de 1978, en la Bombonera y con la presencia especial de los Reyes de España (Juan Carlos y Sofía, invitados por Alberto Armando), los xeneizes arrasaron a los muchachos del Narigón, entre los que sobresalían el paraguayo Heriberto Correa y la dupla de atacantes argentinos: Alberto Jesús Benítez y Néstor Scotta.

Gatti; Pernfa, Sá, Mouzo y Bordón (el héroe de los tiros libres ante el Mineiro); Benftez (Vegliol, Suñé y Zanabria; Mastrángelo, Salinas y Perotti. Los goles: Perotti, Mastrángelo y Salinas (2). El árbitro: el peruano Edison Pérez. El público: 50 mil personas. La recaudación: 355.942.000 pesos.

No hizo falta ir a Río de Janeiro, sede estipulada por la CSF para un eventual tercer encuentro. La cábala de los jugadores de Boca (pasearse por todos lados con camisetas de otros clubes, sobre todo del Cosmos de Nueva York), habia dado resultado. 4 a 0. Contundente. Inapelable. Sudamérica tenfa un nuevo bicampeón en sus entrañas.

Y como lo cortés no quita lo valiente, el cierre fue del inolvidable Alberto J. Armando, pensando en el futuro porque Juan Carlos Lorenzo ya amenazaba con dejar el banco: "Bilardo nació para dirigir a Boca". En ese momento sonó a cumplido hacia el técnico adversario. Casi 20 años después, Macri cumplió la profecía y permitió la Llegada del Narigón al club.

Esa, claro, es otra historia. Otra más dentro de tanta historia. Y de tanta gloria.