Fuerte Tevez
El Suple te invita a recorrer toda la intimidad de Carlitos, el pibe que se crió en Fuerte Apache y que con apenas 18 años ya empezó a ser ídolo de los hinchas.
La casa de Nogoyá, en el barrio de Versailles, es un torbellino de fútbol.
Bonita y austera por fuera, cálida y cómoda por dentro, a cada paso ofrece
pistas sobre quién la habita. Uno, dos, tres, diez banderines de distintos
clubes. Una camiseta autografiada por el plantel multicampeón de Boca. Otra, ésta
celeste y blanca y con el número 9 en el pecho, enmarcada y con las firmas de
sus compañeros del Mundial Sub 17 de Trinidad y Tobago. Una tercera, de
entrenamiento de la Selección, con el garabato inconfundible que dice
"Bati". Trofeos grandes y trofeos chicos. Medallas plateadas y
medallas doradas. Fotos con botines gastados y ropas raídas en una cancha de
tierra. Fotos con botines de marca en canchas verdes y parejas. Y en el patio de
baldosas del fondo, tres pibitos que le dan sin parar a una pelota blanca y
gastada. Pared, caño, gambeta, enganche, pisada, rebote, ruido, relato
simulado, grito de gol, dale que dale... Y Carlitos Tevez, con su mejor cara de
asombro y rodeado de amigos, hojea una revista que habla de un nuevo crack de
Boca, de un pibe que tiene futuro de ídolo, del heredero del trono de Riquelme.
Imposible que al visitante ocasional no lo invada la sensación de que así
deben haber sido los primeros años de Diego Maradona, cuando Argentinos lo sacó
de Villa Fiorito y lo mudó con la familia a Villa del Parque, allá por 1976.
Carlitos hace dos años y medio que vive en esa casa por la que Boca paga 900
pesos por mes. La idea, como con Diego en aquella época, fue darle comodidades
para que sólo tenga que pensar en la pelota y que se despreocupe de las
cuestiones cotidianas que sufre cualquier habitante de Fuerte Apache. Por ese
entonces, obviamente, ya asomaba su pasta de crack que justificaba cualquier
inversión. Por eso dejó el departamento L en el primer piso de la torre B de
la calle Barragán 214, en pleno corazón del barrio Ejército de Los Andes,
donde en registros municipales figura que viven 60.000 personas pero en realidad
el número de habitantes supera largamente los 100.000, y se instaló en la
coqueta casa de Versailles. Aunque Carlitos no quiere darle mayor trascendencia
a la mudanza: "Estamos bien en cualquier lado. Yo, con la pelota y en
familia, soy feliz. Siempre hay que valorar lo que uno tiene. Nací en una
villa, me crié en una villa y mis raíces siempre van a estar ahí. Por más
que tenga esta casa no voy a agrandarme", aclara con orgullo villero, a
pesar de que como sello indeleble de sus años de Fuerte Apache le haya quedado
esa cicatriz por una quemadura (con una pava con agua hirviendo) que recorre su
cara desde la oreja derecha y baja por la mandíbula hasta perderse en el
cuello.
Ahora ocupa una de las cinco habitaciones del segundo piso, pero el único lujo
de ese cuadrado de dos por dos, con una decoración ciento por ciento futbolera
(posters de Ronaldo y Maradona, las medallas del Sudamericano y del Mundial Sub
17, una bandera de Boca en la cortina), es una cama matrimonial para soñar cómodo
con goles hermosos y Bomboneras repletas. Porque la verdad que no la usa mucho
para encerrarse a estudiar para cumplir con los deberes que le mandan en la
escuela Jorge Newbery, en José Ingenieros, donde por la noche cursa tercer año
del Polimodal. El colegio, obviamente, está a cuadras de Fuerte Apache...
—Carlitos, ¿cómo era la vida en el Fuerte?
—Muy linda. Todos mis valores los aprendí ahí. El respeto, la humildad, el
sacrificio, saber valorar las cosas... En el Fuerte, el que quiere vivir
tranquilo lo puede hacer. Depende mucho de la contención y de los límites que
te fije la familia. Obviamente, si uno quiere prenderse en la joda, se va a
prender. Yo tenía un amigo al que quería mucho, que se llamaba Darío Cabañas
y era un fenómeno que jugaba conmigo en Santa Clara. El pibe tenía una familia
hermosa, igual entró en la joda y lo mataron el año pasado. No hay necesidad,
pero a algunos les gusta. Por esa boludez yo perdí a uno de mis mejores amigos.
Son las cosas de la vida que a uno le duelen mucho. Yo me enteré de su muerte
en el Mundial Sub 17, al día siguiente de la derrota con Francia, y eso me
terminó de destruir. Para hablar del Fuerte primero hay que vivirla. Yo no voy
a hablar de tu barrio si no lo conozco. Roban en Devoto, acá a un par de
cuadras, y enseguida todos dicen que eran del Fuerte Apache. Siempre pasa lo
mismo. Parece que el Fuerte Apache es Boca, vende mucho...
—¿Seguís yendo al Fuerte?
—Sí, voy seguido porque ahí viven toda mi familia y mis amigos.
—¿Y todavía te enganchás en los torneos?
—Nooooo... Eso ya no puedo hacerlo más, porque mi viejo me mata... Ahí no
sabés las patadas que vuelan (se ríe con ganas).
El barro. Sigue el ruido de pelota de fondo. Tevez mira con ganas de
prenderse, pero sabe que esto de las notas es parte de su nueva vida.
"Tengo que aprender a manejarlo, porque quiero estar mucho tiempo con la
familia. Yo sé que es lo que elegí, pero estar con mi familia también me hace
feliz. Antes me pedían una nota y no tenía problemas, pero ahora son como 20
todos los días y me queda poco tiempo para estar con mis amigos y mi familia
para contarles las cosas que me pasan en las concentraciones, en los partidos...
Igual trato de ser lo más amable posible, igual que con los hinchas. Yo hasta
hace poquito estaba del otro lado, y como me moría por un autógrafo de Román,
los entiendo. Por eso siempre me quedo firmando, porque ellos te dan todo, te
alientan, te apoyan..." Entonces ahora sí, este fanático de la Mona Giménez
empieza el repaso de sus orígenes futboleros...
Estrellas del Uno: "Ahí tenía de técnico a mi viejo. Era un equipo con
los chicos del monoblock en el que vivía. Y era muy lindo, porque éramos todos
amigos del Fuerte que jugábamos casi todos los días".
Santa Clara: "Ahora tiene otro nombre, pero para los chicos del Fuerte era
algo muy importante. No entrenábamos, nada. Nos juntábamos e íbamos a jugar a
un lado, a otro. Todos éramos muy amigos. No había un club, era un técnico
que nos llevaba a jugar de un lado para el otro. Después se armó el club.
Creció y siempre tenía los mejores jugadores. Ahora juega en la liga de FAFI
(Federación Argentina de Fútbol Infantil)".
Villarreal: "No sabía que en ese club había empezado Carlos Bianchi. Para
Villarreal jugué un par de torneos".
All Boys: "Mientras estaba en Santa Clara, un día mi viejo me llevó a
probarme a All Boys. Ahí estuve con Carlos Propato, que era el que trabajaba
con las Inferiores. Un fenómeno. Nos pasaba a buscar a todos en una camioneta
vieja y nos llevaba a los entrenamientos y a los partidos. Mi idea no era fichar
para siempre, pero le hicieron firmar un papel a mi papá como que era la
inscripción a un torneo y después aparecí fichado en AFA. Y ahora salen a
hablar cualquier cosa... Lo que pasa es que estoy llegando a Primera y salen a
decir que yo era de All Boys, que Boca se lo afanó... Parece que soy un
juguete, pero ojo que yo no soy un juguete. Qué afanó ni afanó. Me da bronca.
Ellos nunca se preocuparon por mi familia ni por nada. Con mi papá tuve que
perserguirlos para que me dieran el pase. Pero nadie daba la cara. Estuve un año
y medio colgado, jugando con Boca en la Liga de La Matanza. Y cuando estaba por
quedar libre, ahí me dieron el pase. Unos meses antes me cambié el apellido de
Martínez a Tevez, porque mi viejo me reconoció. No tuvo nada que ver con el
pase. Antes tenía el apellido de mi vieja".
Pasa el monólogo sanguíneo y caliente de Carlitos. Pasa la confesión sobre el
cambio de apellido que mantuvo oculto tanto tiempo. Y entonces, más relajado,
continúa el repaso. Lo mejor para el final: Parque y Boca.
—¿Cómo caíste en las manos de Ramón Maddoni?
—Ramón me quería llevar a Parque hacía un montón de tiempo, incluso en la
época en la que estaba en Santa Clara. Pero yo no quería ir a Argentinos, no
me interesaba porque era más o menos lo mismo que All Boys en cuanto a la
infraestructura y a lo que me ofrecían. Pero cuando Ramón pasa a Boca, me voy
con él de una. Jugué algunos campeonatos con la 84 de Parque, que después se
fue entera para Argentinos, y después caí en la pre-novena de Boca. Para mí,
Ramón es como mi segundo papá. Lo que hizo lo valoro mucho. El es un tipo que
no aparece sólo en la buena: cuando yo esté mal o me pase algo, seguro que va
a venir y se va a sentar conmigo.
Don Segundo Raimundo Tevez y Adriana Martínez, los padres de Carlitos, aparecen
con la pequeña Débora Gisell (cinco años), quien viene del colegio, y ahora sí
el cuadro familiar está completo. Como en las viejas fotos sepia de los
retratos de los abuelos, Segundo y Adriana se sientan en un banco cada uno y los
chicos los rodean por todos los costados. Diego Daniel (15), Miguel Angel (10),
Ricardo Ariel (9), Débora, Fito, el pequinés que no quiere quedarse afuera, y
Carlitos. Porque ahí, en la intimidad, no es ni Apache, ni Fumanchú, ni
Boquita, ni Monito. Es simplemente Carlitos. O TV (con acento en la primera e,
como su apellido, pero sin la zeta), para sus amigos más cercanos: "Estos
guachos me cargan porque ahora salgo mucho en la televisión. No te perdonan
una", explica con una sonrisa y mira de reojo a esos guachos llamados
Luciano, Diego y Claudio, amigos de toda la vida.
Y el oro. El romance de Carlos Tevez con el hincha de Boca recién
comienza. Se conocieron formalmente el 21 de octubre del año pasado, el día
del debut en Primera con una derrota 1-0 contra Talleres, en Córdoba, de la
mano de Carlos Bianchi, pero el verdadero lazo afectivo se empezó a construir
este año con Oscar Tabárez. Y con apenas un par de besos, la gente ya le
declaró su amor incondicional. ¿Destino de crack? Y si no, piense otra
explicación para justificar la ovación que este chico de 18 años, 74 kilos y
1,70 metro recibió en su séptimo partido como titular con la camiseta de Boca.
"A la gente trato de no escucharla cuando estoy jugando. Pero mi viejo me
contó que, al final del partido con El Nacional, la hinchada pidió a Riquelme
para la Selección y después me cantaron a mí. Me quiero matar porque no
escuché nada. Es que ahora estoy muy concentrado en lo que tengo que hacer,
porque si me pusiera del lado del hincha no podría jugar. Cuando estoy en
hincha, me pongo muy nervioso, sólo miro a la tribuna y juego mal. Por ejemplo
el miércoles, contra los ecuatorianos, un defensor estaba por sacar un lateral
y yo vi a mi tío detrás del vidrio, en la platea baja. Me saludó y yo le
levanté el pulgar. Cuando giré la cabeza, la pelota ya estaba en la otra punta
de la cancha. Traverso me recagó a pedos..." Evidentemente, en estos
primeros días de fútbol grande todavía no logra separar responsabilidad de
emociones: "Es que yo soy muy hincha de Boca. Mi papá me llevaba a la
cancha en la época de Tabárez, en el 91, y me sentaba sobre sus hombros. Me
acuerdo de que iba a la popular del medio, enfrente de donde está La 12, y nos
poníamos en un costadito, cerca de los palcos. Ahora cuando salgo a la cancha,
siempre miro ese lugarcito y me causa una gran emoción..."
—¿Cómo caíste en el grupo?
—Muy bien. Por suerte todos me dieron su apoyo. Y con Román, que es mi ídolo,
se está armando una relación muy linda, porque además crecimos en un barrio
muy parecido. Igual que Delgado, Traverso... Todos nos formamos en zonas
humildes y somos los que más nos entendemos. Nos gusta la cumbia, el cuarteto,
somos muy familieros... Tenemos muchas cosas comunes en la vida. Y yo caí bien
en el grupo y me apoyan en todo. Eso es lo más lindo que me podía pasar.
—¿Pensabas que iba a ser más difícil jugar en Primera?
—No. Estaba seguro de que me iba a ir bien, porque me da la sensación de que
en Primera tenés más espacios. Me siento más cuidado. En Inferiores y en
Reserva te cagan a patadas, ¿y quién te defiende? Nadie. Ahí no tenés un
Chicho o un Traverso que van al frente, pegan una patada, se hacen sentir y
listo. Y además tanto no te pueden pegar porque hay mucha gente, la televisión,
el árbitro no se puede hacer el boludo...
—¿Vos estabas preparado para jugar en Primera hace un año?
—Totalmente. Pero entiendo la situación. Era el ciclo de Bianchi, que venía
de ganar absolutamente todo y no podía decir "Bianchi, subime a la
Primera". A los 15 años por ahí todavía no estás, y si te ponen en
Primera te queman. Pero si tenés la cabeza bien puesta, a los 17 ó 18 sí lo
podés hacer. Yo me sentía fuerte de la cabeza, y eso es lo más importante. A
lo que más le tenía miedo era a eso de que yo soy muy hincha de Boca. Y si me
ponía del lado del hincha, las cosas no me iban a salir. El físico nunca me
preocupó, porque siempre jugué con los grandes en el Fuerte, y en Inferiores
hasta jugaba con dos canilleras en las piernas, una adelante y otra atrás, para
proteger los gemelos, porque aguantaba mucho la pelota de espalda.
—¿Cuál es tu posición?
—No sé, cualquiera. Yo juego como en el potrero. La posición es una cuestión
que me pide el técnico y hay que cumplirla. Pero si fuera por mí, yo agarro la
pelota, corro por todos lados, tiro una pared, sigo para adelante... Como juego
acá en el patio con mis hermanitos.
—¿Para cuándo el gol?
—De este tema hablo mucho con mi viejo. Nunca me había pasado una cosa así,
pero me doy cuenta de que es porque estoy muy ansioso por el primer gol. Contra
El Nacional tuve dos claras para irme cara a cara con el arquero, que fue lo que
siempre hice. En el primer ataque de Boca y otra en el segundo tiempo. En la
primera, en vez de pegarle apurado, si engancho y sigo, quedo cara a cara con el
arquero, porque el defensor se resbala. Y la otra es un centro del Chelo desde
la izquierda y me cae en el medio, y también le pegué y la agarró el arquero.
Cuando la paro el defensor había quedado desacomodado, y yo tenía que encarar.
En esas dos jugadas no me conocí. "¿Qué me está pasando? Si yo lo tengo
que encarar", me dije ahí mismo.
—¿Creés que es porque estás arrancando desde muy atrás?
—No. No tiene nada que ver, porque llego con aire. El tema es la ansiedad que
tengo. Y me da bronca porque siento que la gente está esperando mi gol. En la
calle uno viene y me pide un abrazo, otro me agradece no sé qué, y también me
piden goles... Esas cosas son muy lindas.
Todos los comentarios de su futuro de fenómeno los elude con su gambeta
electrizante. "Yo tengo muy claro que todavía necesito crecer mucho. Tengo
apenas 18 años y no debo confundirme", repite este pibe que ya firmaba autógrafos
estando en la Sexta, pero que parece muy bien plantado en este pantanoso mundo
del fútbol. "Yo estoy muy bien del bocho y la gente que me rodea, tanto mi
familia como mi representante, Roberto Tesone, que siempre estuvo cerca para que
no nos faltara nada, me ayudó muchísimo para no equivocarme. Pero en Boca es
difícil mantener la tranquilidad. Llegás a la Séptima, ya fuiste campeón
varias veces, te hicieron notas en los diarios, te fuiste de viaje, tenés un viático,
y a los 14 años te hacen creer que sos más que Román. Estoy convencido de que
Boca tiene muchísimos más jugadores que River, pero la tendrían que pelear un
poquito más. Y que recién la disfruten cuando lleguen a Primera", lanza
su particular análisis, y también confiesa que le gustaría volver a vestir la
camiseta de la Selección, donde, reconoce, contribuyeron mucho con su formación.
—¿Cuál es tu sueño?
—Quiero llegar lejos en la Libertadores, jugar muchos años en la Primera de
Boca y volver algún día a jugar en la Selección.
¿No suena muy parecido al sueño que alguna vez confesó el gran crack
argentino?