Tu ruta es mi ruta
En marzo del 92, Márcico debutaba con la azul y oro. Diez
años después, Tevez fue figura en su primera vez en la Bombonera. Dos mágicos
unidos por Boca.
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—Yo
siempre venía a ver al Beto, me traía a la cancha mi viejo.
—Sí, éste era de los que me puteaban. "¡Dale, lechón! ¡Movete,
gordo!", me gritaba.
La ocurrencia del Beto Márcico (41 años) hace reír a Carlitos Tevez (18),
termina de aflojarle los hombros, que ahora caen con más naturalidad que cuando
el fotógrafo revoloteaba a su alrededor buscándole el mejor gesto. Durante la
mayor parte de la nota, Tevez mira fascinado a Mágico, lo escucha hablar y
asiente, o hasta se ruboriza cuando el actual técnico alterno de Boca suelta
elogios. Salvo por la camiseta de entrenamiento de uno y por la camisa negra del
otro, se podría pensar que el jugador es ese hombre robusto que peina rulos
oscuros con un touch rubio, y no el pibe que lo admira como un hincha.
En realidad, de no ser por una cuestión generacional, los dos podrían haberse
encontrado en la popular de Boca, el equipo del cual son hinchas desde la cuna.
El Beto, origen humilde, vida de atorrante del barrio de Barracas, llegó a ser
socio de Boca. Y los domingos... "Eramos una banda de cinco o seis pibes, y
solamente dos o tres teníamos carnet. Así que pasábamos y después lo tirábamos
para que entraran los demás. Cuando tenía 17 años, venía a ver a Boca con mi
hermano, y me iba llorando si perdíamos. ¿Mi ídolo? Rojitas. Maradona fue el
argentino más grande a nivel mundial y Riquelme sigue siendo, hoy, el mejor
jugador del mundo, aunque mi ídolo fue Angel Clemente Rojas".
Carlitos, origen humilde, vida de atorrante que se hizo duro en las canchitas de
tierra de Fuerte Apache (un barrio marginal pegado a la Capital), iba a la
tribuna con papá Segundo. Pero tuvo la suerte de que, a los 15, ya pudo entrar
al campo como alcanzapelotas, y... "Hace dos años estaba en ese lugar y,
la verdad, se me caían las lágrimas de escuchar y ver a la gente. Debe ser por
eso que ayer —el domingo—, al principio, sentía de todo. Después, con el
correr de los minutos, me fui tranquilizando", admite, y sonríe con
timidez, bajando la cabeza.
Por origen, entonces, por el amor a Boca, ambos podrían haberse encontrado un
domingo cualquiera en la segunda bandeja local de la Bombonera. Pero pasa que
mientras al Beto se le cumplen diez años desde su debut con la azul y oro, el
29 de marzo de 1992, Carlitos jugó el domingo pasado su primer partido como
titular en esa cancha. El pibe dice que nunca olvidará "la ovación de la
gente cuando me fui, un poquito antes del final. Bah, la verdad es que siempre
me voy a acordar de cada detalle, de la concentración, de la salida al
campo". A Márcico le pasa algo similar: "Recuerdo todo: las
negociaciones, la semana previa... Mirá, la primera pelota me la dio Blas y me
hicieron foul. En el tiro libre, Giunta me la pasó de nuevo y yo, de taco, se
la di a Saturno".
Hoy, el Beto es uno de los responsables de la conducción técnica del equipo. Y
desde ese lugar habla de Tevez en la oficina de Fútbol de Casa Amarilla, un
lugar lleno de trofeos de Inferiores que el pibe ayudó a ganar.
—¿Cómo lo viste?
—Muy bien. Más allá de sus condiciones, que no son pocas porque para mí es
el juvenil que mejores condiciones tiene, cuenta con un plus que es el amor
propio, los huevos, las ganas. Viene una pelota y pelea para recuperarla, se
convierte en un defensor más, y eso es lo que me gusta de él siempre que no se
desgaste. Más allá de eso, tiene muy buena vista, panorama para conducir y es
goleador. Ahora le falta agarrar experiencia, nada más.
—¿Lo ves parecido a vos?
—Sí, tiene cosas: cómo cubre la pelota, le gustan los tacos, le gusta
pisarla... Juega un poco como jugaba yo en la época de Ferro, se tira atrás a
buscar la pelota.
—Carlitos, ¿qué sentís cuando te comparan con él?
—Una enorme satisfacción. Me acuerdo de verlo jugar con la 10 de Boca y ahora
tenerlo a mi lado es un orgullo, un gusto.
—Beto, ¿le das consejos?
—Claro, y él es un pibe que escucha mucho. A veces yo me paso de rosca y
quiero explicarle muchas cosas, aunque él es inteligente y se va a ir dando
cuenta solo si tiene que tocar e ir a buscar, si le tiene que ganar la espalda
al 5... Ayer (el domingo), yo le decía: "Mirá que estás con Pena, que es
el que tiene más experiencia. Por ahí podés sacar más ventaja por otro
lado".
—¿También lo aconsejás para que pida perdón como hizo con Pena, cuando el
árbitro lo amonestó porque consideró que había simulado?
—Pero... ¡El simulacro es una cualidad, es una virtud! ¿Qué, ahora somos
todos limpios dentro de la cancha? Mirá Maradona: les hizo un gol con la mano a
los ingleses. ¡Claro, viejo, eso es picardía de barrio, la pimienta del fútbol!
—¿Cómo tomás estas charlas que te da el Beto, Carlos?
—Bien, muy bien. Al Beto tengo que agradecerle todo, porque por ahí él venía
a hablarme después de un entrenamiento cuando yo todavía no jugaba. Me marcaba
cosas y me pedía que siguiera así. Es muy bueno conmigo.
—¿Hasta dónde creés que puede llegar, Beto?
—Si sigue así, sin dudas que va a ser uno de los mejores jugadores del fútbol
argentino y una figura mundial. Puede serlo porque tiene todo, así que ojalá
siga así. Lo importante es que llegue bien arriba y trate de mantenerse ahí. Y
en ese sentido es bueno que tenga al Maestro, que es un tipo de gran trayectoria
que trabajó mucho con juveniles. La presencia de Tabárez le da la posibilidad
de crecer con educación, más allá de lo que respecta al juego. No es fácil,
en el fútbol, encontrar gente honesta como él.
—¿Puede jugar con Riquelme?
—Claro, cómo no va a poder. Cada uno encontrará su posición dentro de la
cancha.
—Y a vos, ¿dónde te gustaría jugar, Carlitos?
—Yo juego hasta de arquero.
—Pero si te dan a elegir...
—No, no elijo. Yo, en Boca, juego hasta de arquero.