Miércoles 07 de febrero de 2001
La leyenda continua....
Boca "se compró" el
superclásico. Por arriba, por abajo, con pibes o con grandes, se anota siempre.
Y River... River se parte de bronca, y por tercera vez en este verano se fue
mirando las matitas de pasto que había en la cancha.
Raros, como nerviosos. Hay una escena que sirve para pintar cuestiones que
tienen que ver con la idiosincrasia y la alianza de los argentinos con el
fútbol: el estadio estaba lleno. A nadie tiró para atrás que a los pibes que
estaban en la cancha se los conociera poco y nada. Y eso, claro, le pesó a las
caras nuevas de River y de Boca en el arranque. Imprecisiones, apuros para
largar la pe
lota, o
demoras para arrancar. En fin, los males de los nervios.
Pero a los 10 minutos, cuando Herrera puso el 1 a 0, el superclásico comenzó a
andar. Y con la tranquilidad (de Boca) y las urgencias históricas (de River)
que ya son costumbre en las historias entre River y Boca, los dos equipos se
acomodaron en sus realidades: los de Bianchi mostraron el oficio y el saber qué
hacer en la cancha que ya es costumbre, mientras que los pibes de Gallego no
lograron sacarse de encima los defectos de sus mayores.
Se retrasó Boca una vez que se puso en ventaja, pero a River le costó hacerse
cargo de la pelota y de la cancha. Fueron varias las oportunidades en que todo
se resolvía con un pelotazo de los que ayudan a lucirse a los centrales
rivales. Así y todo, el insistir de River trajo oportunidades, y cerca estuvo
de conseguir el empate, evitado dos veces por Abbondancieri (le sacó dos tiros
de gol a Garcé y a Ludueña).
A los 36, el árbitro Giménez se equivocó al expulsar a Villarreal, y eso
mandó a Boca aún más contra el fondo, aunque esto no significó que se
incrementara el manejo del juego por parte de River. Ortega fue más habilidad
que inteligencia y al chico Ludueña (que levantó mucho en el segundo tiempo)
también le costó administrar juego. De hecho, lució mejor cuando encaró
solo, sin pensar en los demás.
A Boca, entonces, le alcanzó con su oficio. River, con sus pibes y con sus
broncas, fue, quiso y hasta se peleó contra sus carencias para dar vuelta la
historia, pero no... En el segundo tiempo, Boca se rearmó con Cepeda de volante
central, Gaitán casi como un tres bis, creció con el Pelado Pérez y le
alcanzó para aguantar. Cerca estuvo, también, de estirar la ventaja con un
contraataque.
¿River? También rearmó su táctica: tres en el fondo y Cuevas por Franco. A
partir de ahí intentó y hasta dio la sensación de que le tenía rodeada la
manzana a Boca, pero el ganador de estas historias superclásicas se la bancó
sin sufrir demasiado, aunque algún sofocón se llevó, por supuesto.
El final trajó tres historias en un segundo: el festejado por la gente de Boca
ingreso de Cortés, el colombiano recomendado por Bermúdez; un grito
desagarrador de Gallego pidiendo un penal que no pareció, y los insultos,
claros y contundentes al técnico de River.
Ficha del partido:

Asi quedo el gallego:
