Amor
que no tiene palabras,
ni definiciones,
ni finales, ni sombras...
Para
Sara, reina y señora
de las lunas, hermana
de las casas dulces,
amiga amable y entera.
Antoni Marín


Amor
en cada olvido
Entra y corre
En las sonrisas
horizontales
Entra
y vive amor
En tus pechos
Refugio de mariposas
Juego de los que
nada esperan
Entra en tu vientre
el amor
Y los ríos
perfumados de dulces
barcos corren
Dentro de perezosos
gatos encendidos
en tu espalda
Manchados de limpio
amor primero
Carnes de mar
Heridas de fuego
Silencios de montañas
Eternos espejos
del sueño
Peines sin pecados
para los besos
Aguas devoradas
por tus miradas
Castillos y batallas
en tu frente
Son amor en cada
olvido
Son camino en cada
abrazo
Y siempre tu cuerpo
unido
En una palabra sin
edad
Tu cuerpo tan extenso
siempre
Como tus manos en
otoño
Como el dorado sueño
presente
Lleno de abandonadas
victorias
Amor que entra y
que rompe
Y que ordena en
pared y nube
Nuestra respiración
Amor
para que nuestras
manos
No sean extranjeras
Amor que no tiene
palabras
Ni definiciones
Ni finales ni sombras
Amor
que trenza invisibles
abrazos
A los que no se
conocen
Entra
tu boca
En los cercanos
y siempre desconocidos
jardines
Del amor
Entra tu abierta
mirada de adolescente
perenne
En el amor sin culpas
ni temores
Para que nuestra
desnudez
Sea interminable
luz
Compañía
de ángeles
Caminando en tu
regazo
Desnudo quiero ser
tu compañero
Tu mesa o tu maleta
Desnudo y horizontal
amor siempre
Que entra y se alimenta
en tus caprichos
Que muerde y adorna
tus secretos
Que bebe tu vino
y tus dulces pechos
besa
Para arder y olvidar
recuerdos y llantos
Y que todas las
oscuras mentiras
Se rompan sin ruido
En los futuros pasados
y presentes
De todos los que
no somos ni sombra
Ni paso herido por
las risas del verano
Y
amor siempre
En cada palabra
Nunca pronunciada
Para los que entran
y viven
Día a día
Sin prisas ni dueños
Antonio
Marín Segovia
11 de noviembre
de 2002

Es
bueno poder sentir
tu calor
y vivir dentro de
esa mirada
suavemente feroz.
Es
bueno crecer contigo
cada vez que me
olvidas,
cada vez que me
entiendes.
Y
soy real y montaña
conquistada
cuando tu boca me
nombra.
Me
siento perfecto
cuando tus manos me
miran
y entienden mi tristeza
de río joven.
Sí
realmente necesito
decir tu nombre en
voz alta
y comer en tu vientre
todas las estrellas
cansadas
que traviesos ángeles
esconden.
Hoy
quiero
caminar dentro de
tus sueños
para creer que somos
tan grandes
tan eternos
como una sonrisa
o como el pan de mediodía
y el vino que baña
nuestros rostros
Y
es bueno no tener
palabras,
ni silencios,
ni refugios,
para poder sentirte
entera.
Seguramente
eres libre siempre
y tan invisible y
necesaria
como es la luz del
verano.
Antonio
Marín Segovia
Valencia,
España
30
de julio de 2002
Poema
actualizado el día
20
de diciembre de 2002
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