Aguila Imperial

     Aguila de gran tamaño, únicamente comparable al del águila real, de la que se distingue muy claramente por la enorme mancha blanca dorada que, comenzando sobre los ojos, se prolonga por la parte posterior del cuello y acaba salpicando profusamente los hombros y la parte posterior de las alas de un blanco purísimo. 
     Es sin duda, el ave de presa más escasa y vulnerable de la fauna europea. Vive formando dos poblaciones aisladas, una en España y la otra en Europa Oriental y Asia, desde Grecia a través de la Rusia Meridional y hasta el sur de Asia Central y Siberia, prolongándose incluso hasta Mongolia. Habita regiones más bien llanas, con suaves colinas y pequeños y abiertos bosques. En esta zona las imperiales sobrevuelan las abiertas extensiones de matorrales, vigilan las orillas de la marisma y permanecen siempre atentas al movimiento de cualquier presunta presa, especialmente de los conejos, que constituyen gran parte de su alimentación. No utilizan un método de búsqueda tan sistemático, sino que se limitan a volar a bastante altura esperando el momento de descubrir una presa propicia para caer sobre ella.
     Si puede, el águila imperial transporta los animales capturados hasta algún punto elevado para comerlos allí, pero si son demasiado pesados los devora en el suelo.
     El celo de las águilas imperiales comienza con la primavera. En Europa Oriental la puesta tiene lugar entre mediados de febrero y finales de marzo. En estos días el nido se adorna con dos grandes huevos de color blancuzco manchados de gris o púrpura, puestos con intervalo de dos días. A los cuarenta y tres días nace el primer pollo, y dos días más tarde el segundo. En la nidada del águila imperial, a diferencia de lo que ocurre, como ejemplo, con las águilas reales, el pollo más fuerte no mata al más débil sino que ambos crecen juntos.