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Del tamaño aproximado de una lechuza, pero de aspecto mucho más
macizo, el cárabo está dotado de una fortaleza y bravura
extraordinaria y es capaz de plantar cara al hombre que se atreva a acercarse
a su pollada a la difusa luz del atardecer. El cárabo es una rapaz
nocturna. el emplazamiento de su nido es típicamente el hueco de
un árbol, de hasta tres metros de profundidad, situado desde casi
al nivel del suelo hasta gran altura. La pareja que dispone en su
territorio de un cobijo lo utiliza repetidamente, hasta diez años
seguidos en alguna ocasión. En él deposita la hembra de dos
a cuatro huevos, a principios de abril, e inicia la incubación,
que dura treinta días, desde la puesta del primero. Se alimentan
de roedores, murciélagos, topos, musarañas, armiños,
comadrejas. En su nocturno recorrido de caza el cárabo pasa de uno a otro árbol de su territoio y regresa al nido cada vez que logra atrapar una presa para alimentar a su prole. En época de cría, ambos padres se ven forzados a una continua actividad para saciar el hambre de los pollos, que engullen vorazmente, de una sola vez, el roedor capturado tras un largo aguardo. Si la comida escasea, los adultos llegan a sacrificar algunos de sus hijos, tarea en la que a veces se les adelantan los pollos más crecidos, que matan y devoran a sus hermanos más pequeños. Posee una longitud de hasta 46 cm, pesa hasta 685 gramos. |