Halcón Peregrino

     El halcón peregrino ha colonizado la mayor parte del mundo, si se exceptúa la Antártida, América central y América del Sur. Esta compacta, aerodinámica y noble ave de presa puede dar caza, desde el sisón a la diminuta alondra.  Porque la velocidad de su vuelo y la eficiente estrategia de caza le permiten capturar en el aire a las veloces y acrobáticas aves de la llanura. Sólo otra rapaz es ornitófaga exclusiva en la estepa mediterránea: el esmerejón. Pero este halconcillo únicamente visita la península ibérica en invierno, y su diminuta talla restringe su espectro de predación a pájaros más pequeños que una codorniz.
     A favor de la ventajosa circunstancia que supone la falta de competidores, ya que las águilas, los milanos, los aguiluchos, los buteos y los alcotanes se alimentan sólo parcialmente de aves, a favor de una población ornitológica verdaderamente densa en todas las estaciones, los halcones peregrinos son más abundantes en la estepa cerealista mediterránea que en cualquier otra parte del mundo, exceptuando las islas del pacífico, donde las inmensas colonias de petreles y araos permiten la supervivencia de poblaciones de halcones peregrinos más altas que las de la meseta española.
     La belleza de los halcones peregrinos ya fue apreciada por el hombre hace miles de años. Efectivamente, las aves empleadas en cetrería no sólo eran valoradas por su eficacia para la caza sino, sobre todo, por su hermosura, por cuanto tenían de adorno para su poseedor.
     Los halcones peregrinos no realizan construcción alguna para albergar a su prole, limitándose en los cortados terrosos a cavar ligeramente con las garras para hacer un somero hoyo que evita la caída de los huevos. Con frecuencia arrebatan el nido a los cuervos y lo utilizan durante algunos años. A primeros de marzo y en la zona central de la península ibérica, la hembra del halcón peregrino comienza la puesta, que suele ser de tres o cuatro huevos. Al poner el segundo o tercer huevo, la clueca no abandona ya el nido y da comienzo a la incubación. Los polluelos nacen a los veintiocho o veintinueve días. 
     Los halcones alimentan a sus polluelos en el nido durante cinco o seis semanas aproximadamente. En esta época resulta marcadísimo el reparto del trabajo entre la hembra y el macho. Este caza para toda la familia, aportando hasta ocho presas diarias al nido. Además de defender el nido, la hembra del peregrino despluma y despedaza las aves que el macho trae a la roca. Este es un trabajo que realiza con mucha meticulosidad y que, al parecer, el macho no sabe llevar a cabo si la hembra muere. Es posible que esta diferenciación en el trabajo durante la crianza haya sido determinante en la diferencia de tamaño de los halcones peregrinos. Efectivamente, un macho de quinientos cincuenta gramos de peso puede estar emparejado con una hembra de novecientos o novecientos cincuenta gramos. Indudablemente la ligereza del macho facilita sus movimientos en la caza, y la fortaleza de la hembra le permite defender el nido contra enemigos corpulentos como los cuervos y entregarse al duro trabajo de trocear las aves aportadas por su compañero.