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Existe en mayor o menor número sobre gran parte de Canadá,
casi todo los Estados Unidos y buena parte de México. Capaz de sobrevivir
con una dieta de ratones, ocupa incluso las zonas suburbanas de las grandes
ciudades, donde no le rsulta fácil permanecer inadvertidos. El lince
rojo no tiene nada de rojo. Su pelaje presenta una gran variación
de tonalidad entre las distintas razas, tonalidad que depende del habitat
en que vive pero que, en general, es un aprdo desvaído y más
o menos profusamente salpicado de manchas oscuras. Tumbado a la rala sombra
de una mata de mezquite, el lince tiene muchas más probabilidades
de sorprender que de ser sorprendido. Y cuando inicia sus actividades de
caza, a la media luz del atardecer, sólo si está muy próximo
o si su silueta se recorta por unos instantes contra el horizonte será
posible descubrirlo. El territorio de caza del lince rojo es muy variable, estando comprendido entre diez y más de treinta y cinco kilómetros cuadrados, según la riqueza cinegética de la región. Probablemente, las fronteras de los respectivos feudosn están sólo vagamente definidas. En su nocturno recorrido de campo el lince camina al paso, sigiloso, con las garras retraídas, apoyándose sólo sus acolchados dedos, sin hacer el menor ruido y deteniéndose con frecuencia para detectar y localizar mejor los sonidos emitidos por el roer de un ratón campestre, una liebre o un conejo. A lo largo de su área de distribución varía tanto la clase de presas que captura como la proporción de éstas. Así, en las regiones más nórdicas, el principal elemento de su dieta son las liebres y conejos, con los roedores en segundo lugar. En el sur, por el contrario, el sesenta por ciento son roedores, el treinta por ciento liebres y conejos y el diez por ciento restante está formado por especies muy diversas, como aves, lagartos, serpeintes, etc. No todas las presas del lince rojo son de pequeño tamaño. Dotado de un vigor increíble en un animal de doce kilos de peso, es capaza de abatir ciervos adultos y se conoce una caso en que un individuo de diez kilos derribó a un ciervo diez veces más pesado que él. De todas formas, tan formidables hazañas se encuentran en el límite de sus posibilidades si se trata de ciervos sanos, y la mayoría de tales abatimientos ocurren en los meses invernales, cuando el hambre debilita al rumiante y aguijonea al cazador. El primero ve entonces reducidas sus fuerzas y el segundo aumentada su audacia. En la época de cría, centran su atención en los cervatos, buscándolos en los encames en que sus madres los abandonan al pastar, aunque más de un lince ha muerto con la cabeza rota por la patada de una cierva enfurecida al descubrir el peligro que corría su pequeña. Como casi todos los carnívoros, los linces también comen la carroña que encuentran y en tiempos de escasez se dedican a la caza de peces y anfibios. Las crías nacen al cabo de cincuenta o sesenta días, y el parto tiene lugar en el interior de un tronco hueco, al abrigo del saliente de una roca o en el interior de una cueva. Hasta diez días después de nacidos los cachorros no abren los ojos, y son amamantados por su madre durante toda la primavera. Normalmente ,la familia, madre e hijos, continúa unida durante todo el verano, para disgregarse al comienzo de la estación otoñal, aunque en algunas ocasionen el grupo se mantiene durante el invierno y sólo se separa al inicio del nuevo período de celo, cuando los cachorros están próximos a alcanzar la madurez. |