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| Los vistosos colores de los loros, unidos a su gran expresividad y, en algunas especies, a su capacidad para imitar la voz humana, les colocan en uno de los primeros puestos entre los aficionados a las aves. Pero el principiante que adquiera uno de ellos, guiado tan sólo por el llamativo aspecto del plumaje, corre el peligro de quedar profundamente desilusionado a la hora de disfrutar de la capaciad de su loro para imitar palabras. Por el contrario, si el ave elegida hubiese sido el papagayo gris, cuya única nota de color es el rojo de su cola, probablemente habría podido gozar durante muchos años del parloteo de su poco vistoso huésped. Porque esta especie africana es sin duda el campeón de la capacidad imitativa. Quizás el más famoso de todos en este sentido sea un ejemplar que podía recitar el Credo del principio al fin y que fue adquirido en el siglo XIX por un cardenal que pagó por él una verdadera fortuna. |