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El sisón, con sus ochocientos gramos de peso, es la presa ideal
para los halcones peregrinos, los sacres y los lanarios de las llanuras.
Las conquistas de los sisones para prosperar en las grandes llanuras, donde
no existen prácticamente espesuras para ponerse a salvo, son realmente
sorprendentes. Cuando una bandada de sisones permanece tranquila, comiendo
en un rastrojo o en un prado de pardas hierbas, se mueve con paso mesurado,
y mientras unas aves picotean saltamontes o hierbas nuevas, otras no dejan
de otear los alrededores para descubrir a tiempo a un enemigo. Su largo
cuello transforma la pequeña cabeza del sisón en un auténtico
periscopio que, desde sus treinta y cinco centímetros de altura
descubrirá a cualquier predador con el margen suficiente para que
la bandada se ponga en vuelo.
La puesta es de tres o cuatro huevos. La incubación dura unos veinte o ventiún días y es realizada exclusivamente por la hembra, mientras el macho permanece en los alrededores, montando la guardia en el lomo de un surco o cualquier otro punto ligeramente elevado. Al poco de nacer, los pollos siguen a su madre en busca de escarabajos y saltamontes, inmovilizándose entre la hierba, aplastados y con el cuello estirado, si les amenaza algún peligro. A finales de Agosto, los pollos ya vuelan y los distintos grupos familiares se reúnen en grandes bandos que se desplazan continuamente. Los campos de invernada de los sisones, en los que permanecen hasta la primavera, se encuentran en Europa Meridional, Africa, Asia menor, sur de Asia y noroeste de la india. |