Otra Forma De Ver Las Cosas
Uno de los signos que parecen desprenderse de la presencia del bonsai en Occidente es que va perdiendo su carácter religioso o filosófico que tuvo en sus orígenes, cuando los monjes zen lo practicaban para desarrollar la capacidad de concentración y meditación.
Aunque no deja de mantener su carácter enigmático, no cabe duda de que los maestros orientales se han visto sustituidos por los clubs de aficionados de Occidente y las revistas especializadas. Se atiende a la perfección y eficacia de las técnicas empleadas, a la espectacularidad de los efectos logrados, y hasta a la competición que se establece en exposiciones diversas, más que a la idea que el bonsai, en un plano más espiritual, intenta transmitir.
Por otra parte, la forma de apreciar el tiempo que se tiene en Occidente, tan diferente a la oriental, se ve reflejada, por ejemplo, en lo que se considera en la actualidad un buen bonsai: debe tener aspecto de árbol fundamentalmente, aunque sea un ejemplar inmaduro de cinco años. Sin embargo, antes, se decía que para que un árbol fuera perfecto necesitaba, por lo menos, cincuenta años de maduración.
El cariño aue tenían los japoneses por sus bonsais se ve ejemplificado en el argumento de una obra de teatro "noo" en la que el labrador Tsuneyo, que no tenía más que tres bonsais -un pino, un cerezo, y un albaricoquero-, los quemó una noche de nieve para calentar a un ilustre huésped que se presentó de improviso en su casa y que luego resultó ser un gran sabio.
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