Las siete etapas de la formacion de un bonsai
Una vez que se tiene la idea clara sobre lo que uno quiere expresar y transmitir con un bonsai, se puede empezar a trabajar. Es preciso antes hacer esquemas y bocetos de la forma, tamaño, líneas y proporciones que se quieran en armonía con la idea, pues lo que caracteriza al bonsai es que la espontaneidad natural que puede verse en uno ya logrado y maduro, no es más que el fruto de un trabajo cuidadoso, en el que nada se produce sin que sea querido y dirigido por el cultivador. Cada hoja, cada brote, estará donde deba estar, según el plan trazado por el hombre, que a su vez deberá entablar una especie de diálogo o comunicación con la planta, en orden a estar capacitado para interpretar sus necesidades, sus "deseos" y no forzar excesivamente su naturaleza. Quizá este aspecto sutil sea uno de los más difíciles de conseguir y, sin embargo, garantiza el eventual éxito del cultivador con su bonsai. Además, deberá conocer lo máximo posible sobre la especie de planta con la que quiere trabajar, tipo de tierra que requiere, grado de humedad, etc., con el fin de tener una base de la que partir con el tratamiento bonsai.
Ni que decir tiene que la maceta es de capital importancia. Los aficionados prefieren las japonesas, especialmente diseñadas al efecto, dotadas de los agujeros necesarios, que deberán servir para sujetar las raíces de la planta, y con la porosidad del gres, que es la justa para conseguir y conservar el grado de humedad que se requiera.
Generalmente, se tienen en cuenta siete etapas en la formación de un árbol bonsai y cada una de ellas requiere la aplicación de las diferentes técnicas específicas. Son las siguientes: obtención del tronco apropiado, obtención de las raíces vistas, obtención de las ramas principales, obtención de las ramas secundarias, obtención del ramaje y de la masa del follaje, reducción de las hojas y aplicación de las técnicas del bonsai para mantener el resultado conseguido. Habría que añadir una condición que debe mantenerse todo el tiempo: no tener ninguna prisa, pues un error producido por el apresuramiento puede condicionar resultados de años.
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