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Una
de las imágenes obtenidas con una cámara
de video de 8 milímetros y un telescopio aficionado.
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Todo
aficionado a la astronomía ha soñado alguna
vez con tener un gran observatorio. Generalmente desde el
comienzo se piensa en telescopios de gran apertura, con seguimiento
automático e instrumentos de calidad. Pero no siempre
es posible esto. Basta con echar una ojeada a las revistas
para ver el costo de los telescopios de mayor tamaño.
Además, siempre se recomienda comenzar con equipos
de pequeña o mediana abertura (lo que no todos hacen),
para ir aumentándola con el avance de nuestros conocimientos.
Por último, también existen casos de aficionados
que no tienen fácil acceso a las tiendas de productos
astronómicos.
Cuando
algo de esto nos sucede, y queremos aún así
trabajar la astronomía, hay que recurrir a la inventiva.
En mi caso, por suerte, cuento con un telescopio de 114 mm
(Meade Polaris, reflector newton, modelo 114 EQ-D, f/8) con
el que he podido realizar algunas actividades junto al pequeño
grupo de aficionados que integro. Por otro lado, como miembro
de una sociedad moderna, siempre he estado interesado en las
tecnologías de avanzada (soy técnico en electrónica
y radioaficionado) y por ende me llamaba mucho la atención
el uso y las posibilidades de los CCD. Pero a eso sí
que no han llegado mis posibilidades.
No
obstante, por azares del destino, a mis manos llegó
una cámara Sony de aficionado, más concretamente
de vídeo de 8 mm. Como era de esperarse, acto seguido
pensé en su uso en mi afición principal.
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Detalle
del montaje. Se observa como se introduce el ocular del
telescopio en el objetivo de la cámara. En el caso
de la handycam, el objetivo cuenta con unos bordes en
los que se puede trabar el ocular. |
El
20 de febrero de este año los habaneros tuvimos la
posibilidad de observar una ocultación de Saturno.
Como tantos otros aficionados, me sentí atraído
por la importancia del fenómeno, y más que todo,
por su incomparable belleza. Con anterioridad ya había
tenido la posibilidad de seguir un evento similar, por lo
que en esta ocasión, armado con mi nueva herramienta,
me decidí a tratar de obtener un registro en vídeo
de la ocultación.
La
primera experiencia
Montaje de la cámara y el telescopio. Puede notarse
que no hay acoplamiento mecánico entre ambos. El acoplamiento
óptico se lograba únicamente por la alineación
manual de los ejes de la cámara y el telescopio. En
este caso se ha sustituido la cámara de vídeo
que se menciona en el artículo por una fotográfica,
método que también he aplicado para obtener
algunas fotos astronómicas.
Como
de costumbre en las primeras ocasiones, la improvisación
fue la palabra de orden en la observación. Varios inconvenientes
conspiraban contra mi objetivo. En primer lugar, la montura
y el trípode del telescopio no eran la mejor opción
para agregar elementos pesados al instrumento. De hecho, la
observación visual con el mismo en condiciones de un
poco de viento es ya difícil. Pero, como he escuchado
decir a veces, la terquedad en una mala causa puede ser perseverancia
en una buena. Y yo suelo ser algo terco en ocasiones. Así
que en esta no me di por vencido.
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Imágenes
logradas de los contactos entre el planeta
y el disco lunar, el cual no es observable por ocurrir
el evento en la zona oscura de la Luna. |
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El
telescopio no cuenta con seguimiento automático, teniendo
que contentarme con accionarlo manualmente. Sabía los
problemas que pudiera traerme esto, pero había algo
peor. La cámara que usaría (una Sony Handycam
TR416) me resultaba imposible de adaptar mecánicamente
al ocular, principalmente por su gran peso. Esto transformaba
aquella empresa en todo un reto para mí. Tenía
que lograr alinear y enfocar el telescopio, y después,
usando un trípode de cámara fotográfica,
situar la cámara de tal modo que quedara acoplada ópticamente
al ocular. Todo esto sin desviar el instrumento, sin afectar
su enfoque (aunque me era factible retocarlo a través
del visor de la handycam) y, por si fuera poco, tenía
que ingeniármelas para evitar dañar el lente
de la cámara con el ocular del telescopio.
Además,
y para aumentar mi tortura, debía lograr colocar la
cámara de tal forma que el movimiento del telescopio
durante el seguimiento del evento se viera obstaculizado lo
menos posible, cosa difícil, porque el ocular debía
quedar dentro de los bordes físicos del objetivo de
la cámara, y en ocasiones ambos se enganchaban de forma
tal que era sumamente difícil su separación.
En las fotos incluidas se puede observar el "invento"
necesario para lograr mi objetivo.
Como
ya dije, lo más difícil iba a ser colocar la
cámara de tal forma que me permitiera seguir Saturno
durante todo el tiempo, pues al ir desplazando el instrumento,
arrastraba la cámara tras de sí. Para minimizar
el efecto, cambié la posición del telescopio
en la montura, corriéndolo de tal forma que el brazo
que quedaba del lado del ocular describiera un movimiento
angular mínimo.
Con
todo esto podía seguir manualmente al planeta, pero
durante la espera del comienzo de la ocultación debía
ir corriendo la cámara con su trípode, pues
el movimiento del telescopio ya era considerable. Esto me
obligaba a largos reajustes de todo el artefacto. Para colmo
de males, el evento ocurriría casi en el cenit, por
lo que se dificultaba grandemente la alineación del
instrumento, debiendo retirar la cámara cada vez que
Saturno se me iba del campo. Esto ocurría a menudo,
pues con tantas cosas por mover, más la larga espera
y seguimiento del objeto, cualquier pequeño error mío
llevaba aparejado la pérdida del planeta de mi campo
de visión. Debo aclarar que este montaje limita mucho
el campo visual observable, aunque permite jugar un poco con
el zoom de la cámara.
Para
complicar aún más el asunto, tenía muy
poca película, por lo que debía ahorrarla si
quería filmar el evento completo. Se agregó
en este caso, que la entrada de Saturno al disco lunar fue
por el lado oscuro, impidiéndome medir la cercanía
al disco. El momento de comenzar a grabar se transformó
para mí en una adivinanza. Se imaginarán la
tensión nerviosa que me creó este intento.
Aunque
parezca increíble, incluso para mí mismo, no
perdí el momento del primer contacto. Uno a uno fui
registrando los contactos luchando contra la rotación
terrestre, que me obligaba a ajustar todo el invento continuamente.
Esto a pesar de haber usado el aumento menor de que disponía,
un ocular de 25 mm. Desgraciadamente, casi justo al finalizar
el evento, todo el engendro resultó trabado entre la
cámara y el ocular del telescopio, impidiéndome
registrar el final de la entrada.
La
Salida
A
la hora de grabar la emersión del disco lunar, las
dificultades eran aún mayores. A pesar de contar con
un diagrama de la ocultación, la limitación
extrema del campo, creada por la combinación cámara-
telescopio, junto a la gran diferencia de brillo entre ambos
cuerpos, me impidió localizar exactamente el punto
por el cual emergería, por lo que no pude registrar
la salida.
Pero
puedo decir que al menos, la imagen de Saturno cercano al
disco lunar bien valía la pena. La grabé con
diferentes valores de brillo y contraste con la finalidad
de pasarlas a formato digital, cosa que logré mediante
una computadora que contaba con tarjeta de captura de vídeo.
Los
resultados
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| Saturno
después de la salida, junto a la zona iluminada
del disco de la Luna (debajo, en blanco). |
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A
pesar de no obtener todo lo que deseaba, creo que para mí
ha sido un gran logro (para las condiciones con que se realizó
el trabajo) el haber grabado esta película. Es indudable
que de haber contado con un poco más de condiciones,
habría registrado todo el evento. Debo subrayar que,
hasta donde sé, es primera vez que se realiza en nuestro
país una grabación en vídeo de este tipo
de evento astronómico.
La
experiencia es fundamental en estos asuntos, y por lo menos
puedo decir que para la próxima ocasión ya cuento
con la suficiente como para intentarlo de nuevo. De esta forma
le reafirmo que lo importante no es el equipamiento, sino
el interés y la inventiva de aquel que los use. Puedo
asegurarle a usted, amigo lector, que si ha entendido las
dificultades que enfrenté, sabrá también
el enorme placer que me dio el lograrlo.
Agradecimientos
Alfonso
López Borgoñoz, por su interés y ayuda
en la publicación de este trabajo.
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