Divulgación de la Astronomía amateur de Cuba
25 de julio 2005
Enlaces:
Nuestro grupo
Artículos
Actividades
Astrofotografía
Observaciones
Contaminación Luminosa
Para los niños
Entrevistas
Eventos
Visitantesy personalidades
Traducciones
Descargas
Literatura nuestra
Instrumentación y otras cosas necesarias
Miembros
Un doloroso eclipse de Sol en La Habana
Por Carlos Heredero
 
Cielo nublado...
 
EL 8 de abril del 2005 esperábamos un suceso trascendental en la astronomía cubana: un eclipse parcial de Sol. Nos preparamos para realizar una actividad por todo lo grande, con una observación pública en el malecón habanero (actividad que estamos acostumbrados a realizar en todas las grandes ocasiones). El máximo del evento sería sobre las 7 de la tarde.

Notificamos a varios periodistas, aficionados, profesionales y divulgamos la actividad por radio y televisión, incluyendo la colaboración que nos prestó amablemente Mara Roque, en su espacio "Señales" de la revista "Buenos Días". Incluso, contábamos con la visita a nuestro país de Julián Huertas, un aficionado español miembro de la Asociación Astronómica de Madrid, quien nos había traído filtro solar para poder observarlo, y quien se sumaría a nuestra observación. Así que solo nos faltaba preparar las condiciones para la "expedición", nombre que doy a estas ocasiones. Verán el porqué...

 
 
Pero que trabajo costó una imagen!!!

En primer lugar, mover un telescopio aquí es como mover un elefante en el polo. Esto a pesar de que es sólo un pequeño instrumento de 114 milímetros de diámetro, pero, claro está, incluyendo su montura y accesorios. Así que me dispuse a moverlo en... lo que podía: el transporte público. Yo vivo a unos 14 kilómetros de la ciudad, y los taxis particulares ni siquiera entran allí.

Por lo tanto, a cargar con todo al hombro (cosa que hago cada vez que hay una observación) y a caminar unos dos kilómetros hasta la primera parada del ómnibus, para poder coger un asiento.

Aquí debo hacer un alto, para reconocer el sacrificio a que sometí a mi novia, quien me ayudó a cargar EL CONTRAPESO del instrumento, que era lo único pequeño que ella podía llevar. Ahhh..., se me olvidaba una cosa, ese mismo día era el de mi cumpleaños número 36, así que lo celebraría observando el eclipse (y cargando con el telescopio).

Y al fin la primera!!!

Pero, oh Ley de Murphy, a la una de la tarde, mientras estaba en casa de un amigo del grupo mirando el mapa del tiempo, porque se veían un grupo importante de nublados en nuestra ciudad, comenzó a llover. Y de ahí en adelante fue una odisea.

No mencionaré los trabajos que pasé para llegar desde mi casa hasta el Vedado. Solo les diré que después de coger un ómnibus, con telescopio, trípode, contrapeso, novia y paraguas incluido, tuve que echar mano de un bicitaxi (ingeniosa mezcla de bicicleta con hombre pedaleante que cobra 20 pesos).

Así y todo, llegué bajo un aguacero discreto y ya en horario en que estaba avanzando el eclipse. Pero por supuesto, con el cielo totalmente nublado.

 
 
Y la segunda... y más ninguna.

En el lugar acordado, conocido como "La Punta", frente a la entrada de la Bahía de la Habana, nos encontramos con un amigo fotógrafo que había escuchado la convocatoria por radio, pero ni rastros de Eladio (uno de los miembros del grupo que había quedado en ir) y mucho menos de Julián, el español que había venido a ver el eclipse. En vistas de la cosa, nos dispusimos a esperar a ver si al menos se veía por un momento el Sol, pero eso sí, debajo del paraguas porque continuaba lloviznando.

Por fin, un poco después de las 7 de la tarde, logramos ver, por unos cinco minutos, la imagen del Sol mordida por el disco lunar. Aprovechamos e hicimos un par de fotos, que se incluyen en este artículo, en mi caso con una cámara digital. Terminado el evento, nos despedimos y comenzamos el regreso a nuestra casa. Sin embargo, esto que parecía el final, era solo el principio.

 
Después del eclipse, comenzó a despejar, que gracioso, verdad?

Tuvimos que caminar (recuerden que iba mi novia conmigo, y cargando EL CONTRAPESO del telescopio) casi tres kilómetros para llegar a la parada de la ruta 190, a eso de las 8 de la noche. Marcamos y esperamos. Transcurrida una hora y algo más, pasó por fin una guagua, pero se formó tal molotera (esta palabra viene de molote, un montón de personas unidas y en desorden total, que generalmente persiguen un fin común, en este caso, subir al ómnibus) que fue imposible subir, y mucho menos con la carga que llevaba acuestas. De todas formas, aunque hubiéramos subido tendríamos que haber hecho el viaje de pie (unos 45 a 50 minutos) con toda la carga encima. Decidí esperar el próximo, aunque no se sabía a qué hora iba a pasar.

 
 
El "equipo" perseverante.

Para no hacer más largo el cuento, el otro ómnibus pasó a las 11 y 35 minutos de la noche, el cual logramos montar con cierta dificultad por el alboroto reinante. Llegamos a mi casa casi a la una de la mañana, y como decimos en Cuba: "hechos leña"...

Este es el relato breve, pero real y completo, de esa observación de un eclipse el día de mi cumpleaños...

Nota: después conocí que a Julian un taxista lo había llevado equivocadamente al otro lado de la bahía... desde allí observó el eclipse, o lo que pudo verse de él... y mi amigo Eladio lo vió caminando por el Malecón, pues no se encontró con nosotros... cosas de la vida.

ProAstronomía es una sección del grupo de cultura ambiental Dr. Jorge Ramón Cuevas de la Sociedad Cubana para la Protección del Medio Ambiente
(ONG ProNaturaleza)
© 2004- 2005. Todos los derechos reservados
eladioluismiranda(arroba)yahoo.es
Enlaces
recomendados