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Resulta
sumamente curioso que tras el paso del huracán Michelle,
con toda su destrucción y violencia, nos quedó
a los aficionados a la astronomia un regalo incomparable:
un cielo asombrosamente negro y profundo. Maravillas que siempre
han estado ocultas a los ojos de los habitantes de las ciudades
se mostraron con la oscuridad reinante.
No
solo los aficionados, muchas personas se me acercaron para
mencionarme la "asombrosa claridad y belleza del cielo".
Creo que resulta penoso tener que esperar a un evento de tan
amargas consecuencias para que nos demos cuenta de lo que
nos estamos perdiendo.
¿No
sería mejor luchar por ver el cielo limpio de contaminación
a diario?
Incluso
hubo personas que en su inocencia no pensaron nunca ver un
cielo así. Sin saber, o sin sentarse a meditar, en
que precisamente ese es el estado normal del cielo. La naturaleza
nos premió con esa maravilla de absoluta negrura cuajada
de perlas resplandecientes. Y... ¿porqué no
nos damos cuenta de ello?
Hay
un refrán en que se dice "que nadie sabe lo que
tiene hasta que lo pierde". Este es un ejemplo característico.
Despertando...
Nadie
es capaz de imaginarse lo que aprendería si normalmente
observáramos hacia arriba una vez al día. Las
diferencias entre el dia y la noche son marcadas, pero el
análisis en los tipos de nubes, las fases de la luna,
la forma de las constelaciones, los meteoros, todo es una
maravilla que espera por que cada uno de nosotros las descubra.
Es
increíble la sensación que nos llena al darnos
cuenta de lo que ocurre allá lejos. Mejor aún
lo es el saber que sólo hacia arriba podemos saber
realmente el significado de la palabra infinito. Porque únicamente
en esa direccion podemos extender nuestra vista hacia la infinidad
del espacio, y mas que eso, viajar al pasado cada vez que
lo hacemos. Son tantas las cosas de que disponemos sin ningun
trabajo, sin ningun costo, que si estuvieramos conscientes
de ello caminariamos con la cabeza en alto, para no perdernos
ni un minuto de esa oportunidad que nos regalan.
¿Qué
hacer entonces?
Solo
mirar el cielo. Observe cada vez que pueda, en una parada
de omnibus, en la escuela, en el trabajo, caminando o con
su pareja. Piense cada vez que lo haga en la inmensidad del
cosmos, en lo pequeño que somos y lo lejos que hemos
llegado. Piense en los siglos de observacion paciente por
parte de aficionados y profesionales, en las leyendas creadas
por los antiguos, en la admiracion de un niño al ver
por primera vez la luna, y sobre todo, en la posibilidad de
que existan hermanos nuestros allá arriba. Seres que,
en estos instantes, pudieran estar pensando en la posibilidad
de existencia de otros seres aquí abajo. Que tal vez
pudieran imaginarse un planeta azul, repleto de vida, de seres
y de agua, de aire y energía, que en algun momento
pudiera debatirse entre la vida y la muerte. Un planeta que
seguranmente seria mejor que el que ellos viven, porque los
que tenemos la dicha de vivir y pensar siempre soñamos
lo mejor.
Si
usted llega a darse cuenta de esto, estamos seguros que al
mirar arriba, al infinito salpicado de estrellas, no se sentirá
nunca más solo, porque no sera otra cosa que una parte
de ese universo enorme que nos da un pequeño aliento
de vida.
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