¿Quien fué realmente Farinelli?


Carlo Broschi



Hacia el Siglo XVI las mujeres fueron desplazadas de los coros en iglesias y escenarios; consecuentemente, el bel canto enfrentó serias dificultades para encontrar voces de soprano y contralto entre los hombres. Ello no fue impedimento para que los italianos, creadores de la ópera, desarrollasen "un invento" maravilloso a la vez que inhumano y cruel: los castrati.

El castrato -llamado también evirato- era un hombre que había sido castrado poco antes de llegar a la pubertad, y cuya tesitura de soprano o contralto, amén del amplio rango, flexibilidad y poder de su voz, se originaban justamente en la mutilación de sus genitales, sin que la mayor de las veces el sujeto de la misma hubiese dado su aprobación para ello.

En tanto producía una poderosísima voz adulta, atribuible a una gran capacidad pulmonar y al volumen físico de un hombre adulto, la práctica de la castración se volvió cada vez más común. No hay exageración: durante el Siglo XVIII la mayoría de los cantantes masculinos de ópera eran castrati.

Uno de ellos, el más famoso de todos y quizá el más grande en toda la historia de la ópera, fue bautizado al nacer como Carlos Broschi, nombre que él relegaría a un segundo plano al adoptar el de Farinelli, como una forma de agradecimiento hacia los hermanos Farina, sus benefactores.

Farinelli estudió en Nápoles bajo la tutela de Nicola Porpora, notable maestro de canto y compositor de óperas. Fue justamente una obra de Porpora (Eomene) con la cual Farinelli hizo su debut en Roma en 1721; tenía entonces 16 años de edad. Un poco más tarde interpretaría el Angelico e Medoro, también de Porpora, cuyo afamado libretista Pietro Metastasio se convertiría con el paso del tiempo en un amigo entrañable de Farinelli.

Fenómeno per se en tanto dueño de una voz que ha sido encumbrada durante el transcurso de los siglos mediante testimonios orales y escritos, Farinelli era también poseedor de una galanura y un porte inusual que puede observarse en los grabados y pinturas de la época. No resulta sorpresivo, pues, que se convirtiese en una suerte de rockstar de su tiempo: asediado por las mujeres, envidiado por los hombres y vilipendiado, por supuesto, por unas y otros en no pocas ocasiones.

Su fama se extendió a lo largo de Italia, Viena y Londres, sitio éste donde coincidió en algún momento con Handel, ya que Nicola Porpora fue nombrado en 1733 compositor líder de la Opera of the Nobility, institución que siempre estuvo en competencia con la compañía que dirigía Handel.

Precedido por una fama sin igual, Farinelli arribó a Londres el año de 1734 para participar activamente en las óperas de su maestro, quien en Ifigenia in Aulide escribió algunas partes especialmente para su pupilo. Que Handel y Farinelli se conocieron no existe duda, pero que hayan protagonizado una pugna como la exhibida en la película que sobre la vida del cantante se filmó en 1994, es algo que no puede asegurarse, y mucho menos que Farinelli haya robado la partitura de un aria de Handel para cantarla sin su consentimiento. En todo caso la pugna apenas estaba servida por el hecho de que pertenecían a compañías de ópera rivales y, acaso, por la presunción de que Handel sintiese algún tipo de aversión por los castrati.

Aunque el grueso de sus actuaciones se realizaron bajo la batuta y las partituras de Porpora, Farinelli también participó en las obras de otros compositores, tal fue el caso de Artaserse, de Johann Adolf Hasse, notable compositor operístico con quien el cantante estuvo asociado largo tiempo en Venecia.

La pureza y potencia de su voz, su eficiencia en cuanto al manejo de la técnica, su gran habilidad para el desarrollo de las florituras amén de su capacidad expresiva, formaban parte del currículum de Farinelli cuando, en 1737, viajó a España para paliar con su canto el estado de profunda depresión que padecía Felipe V. Todas las noches, durante 10 años, Farinelli cantó las mismas cuatro piezas al "rey melancólico".

Durante su estadía en España, que duró hasta 1759, Farinelli adquirió reputación como empresario y tomó parte activa en los asuntos públicos. Despedido de su cargo en la corte por Carlos III debido a diferencias políticas, Farinelli volvió a Italia donde vivió tranquilamente hasta su muerte el 15 de julio de 1782.

A finales del Siglo XIX, el Papa León XIII prohibió la castración en aras de producir sopranos o contraltos masculinos. Se puso fin así a una práctica que acaso embellecía el bel canto, pero a costa de envilecer la condición humana. Aunque mucho más antigua, la leyenda de Farinelli, quien lo duda, comenzó entonces.





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