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| Cuidar
significa prestar atenciones en todo lo referente a la actividad vital
de una persona. La amplitud de este concepto explica también su
complejidad y acarrea un sinfín de funciones no escritas, pero presentes
en el día a día de la evolución de un enfermo de Alzheimer.
Hay que tener en cuenta que los cuidados integrales que este tipo de pacientes
precisan incluyen atenciones desde el punto de vista psíquico y
social-relacional, control de la conducta y del comportamiento, y atenciones
medio- ambientales.
Según el Dr. Andrés Vázquez Piñeiro, diplomado en Medicina geriátrica y Director Técnico de la Residencia Valle Inclán de Vilanova de Arosa (Pontevedra), "las aptitudes necesarias para ser un buen cuidador son fundamentalmente el cariño, la honestidad y la sinceridad. Estas cualidades personales son la base de un correcto cuidado del enfermo, y se deben modular mediante actitudes positivas para que la carga de cuidados no llegue a agotarnos física y psíquicamente y esta situación provoque el fin de nuestro rol de cuidadores". El entrenamiento del cuidador es un proceso que tiene como fin la adquisición de destrezas necesarias para la realización de una determinada función. Este entrenamiento se adquirirá mediante la información adecuada, la lectura y la propia experiencia práctica. La formación sería la combinación adecuada de buen entrenamiento y una correcta instrucción que nos permita aumentar los conocimientos, cambiar actitudes negativas y adquirir capacidades adecuadas de cuidados. El Dr. Vázquez Piñeiro da algunos consejos necesarios para afrontar el gran reto de cuidador. "Formarse e informarse adecuadamente y con profesionales expertos. Planificar detalladamente el tipo de cuidados, el tiempo de dedicación y el soporte humano y material que necesitamos para cumplir adecuadamente esta tarea. Por último, planificar nuestro propio cuidado". En la evolución de la enfermedad de Alzheimer se pasa por varias fases, cada una de las cuales conlleva unas pautas específicas de cuidados, teniendo en cuenta las características individuales de los enfermos y el marco de sus cuidados (domicilio propio, institución, etc.). Hay que acercarse a los cuidados del paciente de forma integral y, como antes se mencionaba, es conveniente guiarse por profesionales de referencia con una formación adecuada que nos indique las pautas a seguir, evolución y pronósticos. En todos los casos, debe intentar dignificarse la vida del enfermo y crear un entorno familiar y reorientador. Cabe distinguir entre cuidadores formales e informales. Los formales son personas contratadas para estos menesteres, mientras que los informales son miembros de la familia u otras personas cercanas al paciente. "El papel de cuidador ha sido tradicionalmente un rol femenino y sigue siéndolo. En la actualidad, las estadísticas nos indican que las mujeres en porcentajes superiores al 85% son las cuidadoras invisibles e indispensables, sin las que el sistema de atención socio- sanitaria de nuestro país no podría funcionar ni los enfermos sobrevivir" comenta el Dr. Vázquez Piñeiro. Cuando una persona padece Alzheimer toda la familia sufre la enfermedad. Esta aseveración comporta, en mayor o menor medida, sufrimiento psicológico y alteraciones en el ámbito de las relaciones familiares, sentimientos de miedo, angustia ante el futuro, culpabilización ante situaciones que nos superan, reacciones de agresividad hacia otros miembros de la familia y, en otro orden de cosas, fatiga mental, insomnio y estrés. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, nadie cuida del cuidador. Normalmente, ocurre todo lo contrario, se fuerza a una mayor carga de cuidados y no se considera la gran carga de energía y de trabajo que esta persona soporta. El mejor consejo sería la recomendación inicial del autocuidado y la adopción del decálogo de actitudes positivas para con uno mismo. Cuidarse a uno mismo redundará en un mejor cuidado para nuestro familiar enfermo. El Dr. Vázquez Piñeiro afirma que "la dedicación de cuidados a nuestros familiares enfermos es de jornada continuada y, en muchos casos, de 24 horas. Ahora bien, es preciso ser objetivos y coherentes y entender que la salud del enfermo depende de la nuestra. Planificar la jornada de cuidados, darnos descansos y buscar colaboraciones que nos permitan descansar y dormir adecuadamente, así como mantener nuestras relaciones sociales son aspectos fundamentales a tener en cuenta por parte del cuidador principal". No cabe duda de que, ateniéndonos al aumento de la enfermedad, la figura del cuidador podría convertirse en unos años en un oficio de intervención socio-sanitaria. |
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