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| Hoy
por hoy la enfermedad de Alzheimer es irreversible, el deterioro intelectual
progresa gradualmente del olvido hasta una total incapacidad. Su causa
se desconoce aún y los médicos no conocen aún ningún
medio para detenerla o curarla, a pesar de todo se puede hacer mucho para
disminuir los síntomas emocionales y de comportamiento del enfermo
y darle a la familia una sensación de control de la situación.
Los
pacientes demenciados sufren perturbación en su memoria, y debido
a ello es importante un ordenamiento de su vida cotidiana. Al principio
de la enfermedad, cuando aún están capacitados para decidir
por sí mismos, puede resultar delicado y difícil; pero cuando
son los demás los que deciden por ellos una buena organización
en su vida facilita los cuidados y la atención que necesitan. Por
ejemplo, acostarlos, levantarlos, llevarlos al servicio y darles de comer,
etc. en el mismo momento del día permite ordenar su vida. Este orden
sirve para ayudarles y nunca hay que llegar a forzarlos para seguir una
disciplina.
* A la hora de acercarse es importante
que los movimientos utilizados sean lentos, suaves y mirandoles a los ojos.
Las visitas que sean breves. Hay que animar al enfermo con ellas no avergonzarle ni humillarle y debe aportar alegría y calor humano. ALGUNOS PRINCIPIOS BÁSICOS A TENER EN CUENTA EN LA INTERVENCIÓN CON ESTE TIPO DE ENFERMOS : Resaltar el papel del los cuidadores: En la mayor parte de los casos de personas con la enfermedad de Alzheimer, la efectividad del tratamiento descansa en las personas que proporcionan los cuidados, quienes tienen las responsabilidad de iniciar, establecer y mantener un régimen de tratamiento adecuado. En todo caso, los cuidadores, profesionales o no profesionales, remunerados o no, familiares o no, son esenciales y de su colaboración depende en buena medida el éxito de la intervención. Ajustas expectativas: El objetivo terapéutico principal con las personas con deterioro cognitivo es ayudarles a desenvolverse en su vida cotidiana en el nivel más alto de competencia física, emocional y durante el mayor tiempo posible. Este objetivo implica que los familiares y el personal de las instituciones que atienden a este tipo de población entiendan que los problemas de comportamiento son una expresión directa de un proceso degenerativo, aunque, en parte, determinados por circunstancias ambientales. Así se previene que los comportamientos sean juzgados como un intento de manipulación y que las personas que los manifiestan sean negativamente etiquetadas. Promover consistencia de rutinas: Habitualmente, las personas con demencia tienen dificultades para tolerar los cambios y adaptarse a nuevas situaciones. Los lugares donde habiten estas personas, sean institucionales o comunitarios, deben proporcionar consistencia en el cuidado, promover ambientes estructurados y horarios y rutinas regulares. Un ambiente predecible donde la hora de comida y baño, la localización de personas, muebles y la orientación y la realización de actividades sean sencillas o rutinarias es una medida que facilita la orientación. Este tipo de contingencias ambientales ayuda a prevenir problemas de conducta que están relacionados con la confusión y la desorientación (por ejemplo agitación). Por el contrario un ambiente con cambios rápidos y frecuentes probablemente requiera un nivel de adaptación superior a la capacidad cognitiva de la persona con demencia, lo que dará lugar a la aparición de problemas de conducta. Reducir del exceso de incapacidad: El concepto de "exceso de incapacidad" fue propuesto por Kahn (1975) para referirse a las personas que muestran más incapacidad de lo que la enfermedad puede explicar por sí misma. A la discapacidad debida a la demencia, frecuentemente, se suma la producida por otros problemas que pueden tratables o incluso reversibles, tales como algunas enfermedades físicas, deterioro sensorial, medicación, los propios trastornos de conducta y fátiga. La forma en que las instituciones, cuidadores profesionales o cuidadores familiares prestan cuidados a las personas con Alzheimer (o cualquier demencia) puede actuar favoreciendo, involuntariamente, el aislamiento, la inactividad física y social o, incluso, el mantenimiento de algunos problemas de comportamiento. La reducción del exceso de incapacidad es uno de los soportes principales que dan sentido a la intervención conductual y que requiere el esfuerzo de todos los profesionales que atienden a esta población y de sus cuidadores familiares. Requiere identificar, controlar y modificar todas las causas que producen el exceso de incapacidad, así como también promover "desafiantes" que optimicen el comportamiento adaptativo y el funcionamiento psicosocial del individuo. |
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