Esta güebb tiene música..."Claro de Luna" de Debussy

Federico GARCÍA LORCA

Federico GARCÍA LORCA

Nació en Fuentevaqueros (Granada, ESPAÑA ESPAÑA), en 1898.

En Granada inicia estudios de Música, Derecho y Letras, que proseguirá en Madrid. Allí, en la famosa Residencia de Estudiantes, entabla entrañables relaciones con poetas (Moreno Villa, Emilio Prados) y artistas (Salvador Dalí) del momento.

Su obra y su personalidad le otorgan pronto un lugar de excepción.

En 1929-1930 está como becario en Nueva York, experiencia importante. En 1932 funda el grupo La Barraca, que lleva teatro clásico y moderno por los pueblos de España. Su labor poética y teatral le han granjeado la máxima admiración. Pero también odios. Su asesinato en agosto de 1936 es uno de los episodios más ignominiosos de la guerra civil española. Su trágica muerte conmovió al mundo.

La personalidad de Lorca ofrece una doble faz: de un lado, su vitalidad y simpatía arrolladoras; de otro, un íntimo malestar, un dolor de vivir, un sentimiento de frustración. De ahí que en su obra, junto a manifestaciones de gracia bulliciosa, aparezca -como elemento obsesivo, central- el tema del destino trágico, la imposibilidad de realizarse, la frustración.

Son fundamentales estas palabras suyas: "Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio- también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo...".

La frase revela su rigurosa actitud ante la creación: inspiración y trabajo consciente han de ir unidos. Así surgirá una poesía asombrosa en que conviven la pasión y la perfección, lo humanísimo y lo estéticamente puro. A ello contribuyen sus profundas raíces populares. Lo popular y lo culto van también hermanados en su obra.

Ya sus primeros libros lo sitúan como autor destacado de la llamada generación del 27. En 1921 publica Libro de poemas. Su estilo está formándose. La temática es variada, pero domina ya su hondo malestar: así, cuando evoca con nostalgia su infancia -"paraíso perdido"- o cuando habla con dolor de su "corazón roído de culebras". Son testimonios de una tremenda crisis juvenil (relacionada, sin duda, con el problema de su homosexualidad).

Compone después, paralelamente, tres libros: Poema del Cante Jondo (no será publicado hasta 1931), Canciones (1927) y Suites. Hay en ellos poesía "pura", juego, ecos vanguardistas..., pero también nostalgias y temas trágicos. Y, sobre todo en el primero, la intensa presencia de "la Andalucía del llanto": Lorca expresa su dolor de vivir a través del dolor que rezuman esos cantes "hondos". En esta obra se nos descubre el genio del gran poeta granadino. Su tierra y el alma del pueblo han sido las canteras donde se ha inspirado Lorca. Es poesía de forma popular, pero de contenido culto. Son, por lo general, poemas de corta extensión. Encontramos en sus versos una gran riqueza de metáforas y figuras poéticas. Algunos de sus poemas: Baladilla de los tres ríos, con que empieza el libro; Sorpresa, Soleá, Crótalo, de gran valor onomatopéyico. En estos poemas del Cante, vemos, como en cromos de gran color y luminosidad, el alma de su pueblo. Algunos poemas son de contenido trágico. En Canciones encontramos imágenes y metáforas bellísimas. Algunos poemas contienen elementos dramáticos. Dignas de recuerdo son, entre otras, Canción china, El lagarto está llorando.

El Romancero gitano se publica en 1928 y alcanza un éxito resonante, señalando un hito de la poesía contemporánea. En él canta a esa raza marginada, sus amores, sus celos y reyertas: Lorca se confesó inclinado "a la comprensión simpática de los perseguidos: del gitano, del negro, del judío...". Pero hay más: el mundo de los gitanos quedará convertido en un mito, cuyo significado es evidente: se trata del citado tema del destino trágico. En los romances aparecen personajes al margen de un mundo convencional y hostil, marcados por la frustración o la muerte; sus ansias de vivir se estrellan contra convenciones y trabas. Lorca proyecta sobre esos personajes sus grandes obsesiones. Así lo muestra la composición que era, según Lorca "lo más representativo del libro": el Romance de la pena negra. En el Romancero, en fin, su estilo alcanza una primera cima, inconfundible. Es el punto más alto de esa repetida fusión de lo culto y lo popular. Un portentoso poder de creación lleva a sembrar los romances de metáforas audaces que, sin embargo, no debilitan su alcance humano. No faltaron quienes juzgaron a Lorca entroncado con la raza gitana, cosa que molestó mucho al poeta. "Confunden -dijo- mi vida y mi carácter. No quiero de ninguna manera. Los gitanos son un tema. Y nada más."

La obra consta de dieciocho romances. Por su temática, Díaz Plaja los ha clasificado en cuatro grupos: Del mundo real: Reyerta, La casada infiel, Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla, Muerte de Antoñito el Camborio, Romance de la Guardia Civil española. Del mundo celeste: Romance de San Miguel, Romance de San Rafael, Romance de San Gabriel. De las fuerzas oscuras: Romance de la Luna, Luna, Preciosa y el aire, Romance sonámbulo, La monja gitana, Romance de la pena negra, Muerte de amor, Romance del Emplazado, Burla de don Pedro a caballo. De origen literario: Martirio de Santa Olalla, Tamar y Amnón. De un lirismo extraordinario, algunos pecan por su crudeza. Los hay de gran valor dramático, como Romance de la pena negra.

De su viaje a Nueva York en 1930, de las impresiones recogidas en la gran ciudad automática, de la discriminación racial, del trato inhumano que se da a los negros, de la vida frenética, del imperio de las máquinas, Lorca escribió Poeta en Nueva York, en que delata el dolor de los oprimidos y las injusticias reinantes. Poeta en Nueva York pertenece a la poesía superrealista. Si en alguno de los libros precedentes había cantado el dolor de su Andalucía, en este libro su canto se dirigirá al dolor universal. Desaparecen la forma y el estilo que se ve en sus libros anteriores. A veces, resulta un tanto hermético. El mundo neoyorquino ha producido en Lorca una conmoción violenta. Lo definió con dos palabras: "Geometría y angustia". Allí vio él las manifestaciones máximas del poder del dinero, la injusticia social, la deshumanización. Y tales son los grandes temas de Poeta en Nueva York (título que incorporó los poemas de Tierra y luna, otro libro proyectado allí mismo). Se trata de un libro poético capital. "Un acento social se incorpora a su obra" (son palabras de Lorca). Los poemas son gritos de dolor y de protesta. Ahora, la frustración o la angustia ya no son sólo las del poeta: su "corazón malherido" ha sintonizado con millones de corazones malheridos. La conmoción espiritual y la protesta encuentran cauce adecuado en la técnica surrealista (aunque no pura). El versículo y la imagen alucinante le sirven para expresar un mundo absurdo, para comunicar visiones de pesadilla, para descargar su cólera. En suma, Lorca ha ampliado su mundo poético y ha renovado profundamente su lenguaje. Así alcanza una nueva cima.

Tras Poeta en Nueva York, Lorca se dedicará preferentemente al teatro, que canalizará su inquietud social. Su intimidad, en cambio, se encerrará en su lírica. En ella encontramos: el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935), otra de sus máximas creaciones, inspirado por la trágica muerte del famoso torero Sánchez Mejías, amigo del poeta. Consta de cuatro partes en las que se combina el acento popular y las imágenes surrealistas: "La cogida y la muerte", "La sangre derramada", "Cuerpo presente", y "Alma ausente". Su intenso patetismo y su maestría formal hacen del Llanto una de las más hermosas elegías de la literatura. El Diván del Tamarit (1936), libro de poemas dolientes, inspirados en temas orientales y con influencias de los poetas arábigo-andaluces. Editado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad granadina, algunos versos son de difícil interpretación. Los Sonetos del amor oscuro (1935-1936), de los que se conservan once que, por la hondísima y personal expresión de la gloria y dolor de amar, son su última cumbre poética. Citar, finalmente, sus "Tres composiciones sistemáticas": Oda a Salvador Dalí, La sirena y el carabinero y Oda al Santísimo Sacramento. En la Oda a Salvador Dalí, el poeta granadino ha expuesto -según Guillermo de Torre- la teoría en verso del estilo cubista. La oda está escrita en estrofas de cuatro versos alejandrinos, sin rima. La Oda al Santísimo Sacramento del altar se inspira en el Corpus Christi granadino. Es una composición que revela un poeta de sentimientos cristianos. La composición está compuesta con la misma factura que la Oda a Salvador Dalí. El final del poema es de gran emoción fervorosa. La sirena y el carabinero, con la misma estructura que las precedentes, pero con mayor carga de metáforas, algunas de carácter gongorino, fragmentariamente la publicó su autor en 'La Gaceta Literaria', con una dedicatoria al crítico y poeta Guillermo de Torre, en 1927.

Varias circunstancias influyeron en el alma de García Lorca para su genio de gran poeta; en primer lugar, su tierra nativa, Andalucía, quien encontró su mejor intérprete en Lorca. La lectura de los poetas clásicos españoles también influyó grandemente en él, de modo especial, Lope y los poetas del Cancionero. Se puede resumir su haber poético, diciendo que, ante todo, García Lorca es un renovador poético. Se incorpora desde muy temprano al movimiento vanguardista. Es poeta de gran intuición artística, sólo comparable a la de Lope de Vega. Lleva en sí el espíritu andaluz. El alma de su tierra, hermosa y melancólica. El arte lorquiano es de absoluto contenido español; sus poetas favoritos fueron españoles.

Lorca es no sólo el poeta contemporáneo español cuyo nombre ha alcanzado mayor universalidad, sino el que entre todos estaba dotado de un genio poético más cierto, genio que en su caso, como en ningún otro, no quiere decir inconsciencia sino capacidad creativa, poder de síntesis y facultad natural de captar, expresar y combinar la mayor suma de resonancias poéticas, sin esfuerzo aparente, por pura inspiración, y de llegar a la perfección, no como resultado de una técnica penosamente lograda sino casi de golpe, como por un don divino. "No tenía encerrada en su casa la poesía. La llevaba dentro de la piel y le salía por las manos, por los ojos, por la sonrisa, por el cabello; le subía como el duende al cantaor", ha escrito de él Ángel del Río.

Lorca alcanza también, con Valle-Inclán, alturas no logradas por el teatro español desde el Siglo de Oro. Entre sus primeras obras destaca Mariana Pineda (1925), sobre la heroína liberal. Escribió farsas deliciosas como La zapatera prodigiosa (1930), el Retablo de don Cristóbal (1931), etc. Contribuyó audazmente al teatro de vanguardia con El público (1930) o Así que pasen cinco años (1931). Pero sobresalen varias obras sobre mujeres que encarnan la tragedia de la pasión frustrada (otra vez su tema central): así, Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) o su obra cumbre, La casa de Bernarda Alba (1936), estremecedor conflicto entre pasión y convenciones sociales. El verso y la prosa se combinan en su teatro; pero, poco a poco, el verso se reserva para momentos de especial intensidad, hasta que, en su última obra, domina plenamente una prosa de gran fuerza dramática. Paralelamente, los conflictos y los ambientes cobran mayor hondura y mayor alcance real. El teatro es, en efecto, el cauce por el que Lorca aborda los problemas colectivos -sin perder sus resonancias personales-. En sus últimos años, se proclamó "ardiente apasionado del teatro de acción social" y dijo cosas como éstas: "En nuestra época, el poeta ha de abrirse las venas para los demás", "el artista debe reír y llorar con su pueblo".

La variedad y la riqueza, dentro de la unidad de estilo y de un acento inconfundible, parecen haber sido su ley creativa. Por eso todo análisis que se haga de su obra -y no son pocos los que ya se han hecho- resulta necesariamente parcial. En él lo más exquisitamente lírico y simple, por ejemplo algunas canciones, se encuentra al lado de poemas cargados de misterio y de un sentido profundo de las fuerzas de la naturaleza y de la vida: amor, sueño, sangre, muerte. Lo poético puro se transmuta en emoción dramática, por ejemplo en algunos romances gitanos, y los momentos más trágicos de su teatro tienen siempre substancia lírica. La misma complejidad de elementos es evidente también en las formas de su arte. Lo musical y lo plástico, lo real y lo irreal, lo natural y lo estilizado se funden en él y a él confluyen por otro lado las más diversas tendencias y tradiciones poéticas: lo popular y lo andaluz, lo clásico y lo romántico, elementos procedentes del simbolismo con otros de aparente origen surrealista. Y si nos fijásemos en el contenido emocional de su poesía y su teatro o en cualquier otro aspecto de ellos, nos encontraríamos con la misma riqueza. De hecho, lo que en Lorca se realiza con mayor amplitud que en ningún otro poeta es la síntesis de toda una rica tradición artística que como en los grandes poetas naturales se vierte en una lengua suya y propia. En este sentido -en el de la creación de una nueva lengua poética en la que la palabra y la imagen, igual que la fantasía y la realidad, cobran significación desconocida- sólo es comparable Lorca en la poesía moderna de lengua española a Rubén Darío con quien además presenta otras semejanzas. Es ante todo el de Lorca, como el de Darío, arte de integración, que si bien se logra con mayor claridad en algunas obras de plenitud, como el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías o Bodas de Sangre, está presente, al menos en esbozo, desde sus primeros poemas. Y si la lengua poética y metafórica de canciones y romances se transforma en el simbolismo surrealista y barroco de Poeta en Nueva York, es porque han cambiado temas y ambiente. En el mundo extraño y pesimista del Nueva York de la depresión se enfrenta Lorca, en 1929, con la angustia colectiva de la gran ciudad archicivilizada, con los infinitos adelantos técnicos, mas donde sufren ciertos grupos raciales: negros y judíos. El poeta siente su propia soledad en este mundo caótico y frustrado y siente el dolor de los otros hombres. Lejos, pues, de la "deshumanización" que explicara Ortega. Al estado de pesadilla y delirio en que los vivos bailan una nueva danza de la muerte corresponde la incoherencia aparente de imágenes surrealistas, extrañas y enigmáticas, entretejida la realidad neoyorquina de Harlem y el Bowery con la fantasía inagotable y original del poeta español.

Entre los poetas del 27, Lorca es máximo ejemplo de la superación de la poesía "pura", pero sin que la fuerza humana disminuya las exigencias estéticas. No cesan de admirar tanto su arraigo popular, como el alcance universal que dio a la expresión de íntimos anhelos, o como su apertura desde el "yo" al "nosotros". Su fama es, como se sabe, mundial, y, aunque debida a veces a razones extraliterarias, en su obra hay suficientes valores que la justifican.

 

 

"El poeta dice la verdad"

        Quiero llorar mi pena y te lo digo

para que tú me quieras y me llores

en un anochecer de ruiseñores

con un puñal, con besos y contigo.

        Quiero matar al único testigo

para el asesinato de mis flores

y convertir mi llanto y mis sudores

en eterno montón de duro trigo.

        Que no se acabe nunca la madeja

del te quiero me quieres, siempre ardida

con decrépito sol y luna vieja;

        que lo que no me des y no te pida

será para la muerte, que no deja

ni sombra por la carne estremecida.

 

 

"Gacela de la muerte oscura"

        QUIERO dormir el sueño de las manzanas,

alejarme del tumulto de los cementerios.

Quiero dormir el sueño de aquel niño

que quería cortarse el corazón en alta mar.

        No quiero que me repitan que los muertos no pierden la

                                            sangre;

que la boca podrida sigue pidiendo agua.

No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,

ni de la luna con boca de serpiente

que trabaja antes del amanecer.

        Quiero dormir un rato,

un rato, un minuto, un siglo;

pero que todos sepan que no he muerto;

que hay un establo de oro en mis labios;

que soy el pequeño amigo del viento Oeste;

que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

        Cúbreme por la aurora con un velo,

porque me arrojará puñados de hormigas,

y moja con agua dura mis zapatos

para que resbale la pinza de su alacrán.

        Porque quiero dormir el sueño de las manzanas

para aprender un llanto que me limpie de tierra;

porque quiero vivir con aquel niño oscuro

que quería cortarse el corazón en alta mar.

 

 

        Mi corazón oprimido

siente junto a la alborada

el dolor de sus amores

y el sueño de las distancias.

        La luz de la aurora lleva

semilleros de nostalgias

y la tristeza sin ojos

de la médula del alma.

        La gran tumba de la noche

su negro velo levanta

para ocultar con el día

la inmensa cumbre estrellada.

        ¡Qué haré yo sobre estos campos

cogiendo nidos y ramas,

rodeado de la aurora

y llena de noche el alma!

        ¡Qué haré si tienes tus ojos

muertos a las luces claras

y no ha de sentir mi carne

el calor de tus miradas!

        ¿Por qué te perdí por siempre

en aquella tarde clara?

Hoy mi pecho está reseco

como una estrella apagada.

 

 

-Libro de poemas-   "Lluvia"

        La lluvia tiene un vago secreto de ternura,

Algo de soñolencia resignada y amable.

Una música humilde se despierta con ella

Que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

        Es un besar azul que recibe la Tierra,

El mito primitivo que vuelve a realizarse.

El contacto ya frío de cielo y tierra viejos

Con una mansedumbre de atardecer constante.

        Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores

Y nos unge de espíritu santo de los mares.

La que derrama vida sobre las sementeras

Y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

        La nostalgia terrible de una vida perdida,

El fatal sentimiento de haber nacido tarde,

O la ilusión inquieta de un mañana imposible

Con la inquietud cercana del dolor de la carne.

        El amor se despierta en el gris de su ritmo,

Nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,

Pero nuestro optimismo se convierte en tristeza

Al contemplar las gotas muertas en los cristales.

        Y son las gotas: ojos de infinito que miran

Al infinito blanco que les sirvió de madre.

        Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio

Y le dejan divinas heridas de diamante.

Son poetas del agua que han visto y que meditan

Lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

        ¡Oh lluvia silenciosa sin tormentas ni vientos,

Lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,

Lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,

La que amorosa y triste sobre las cosas caes!

        ¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas

Almas de fuentes claras y humildes manantiales!

Cuando sobre los campos desciendes lentamente

Las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

        El canto primitivo que dices al silencio

Y la historia sonora que cuentas al ramaje

Los comenta llorando mi corazón desierto

En un negro y profundo pentágrama sin clave.

        Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,

Tristeza resignada de cosa irrealizable,

Tengo en el horizonte un lucero encendido

Y el corazón me impide que corra a contemplarle.

        ¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman

Y eres sobre el piano dulzura emocionante,

Das al alma las mismas nieblas y resonancias

Que pones en el alma dormida del paisaje!

 

 

-Poeta en Nueva York (1940)-   "Ciudad sin sueño"

            (Nocturno del Brooklyn Bridge)

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas

al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

 

No duerme nadie.

Hay un muerto en el cementerio más lejano

que se queja tres años

porque tiene un paisaje seco en la rodilla;

y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto

que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

 

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda

o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.

Pero no hay olvido, ni sueño:

carne viva. Los besos atan las bocas

en una maraña de venas recientes

y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso

y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

 

Un día

los caballos vivirán en las tabernas

y las hormigas furiosas

atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos

                                                    de las vacas.

 

Otro día

veremos la resurrección de las mariposas disecadas

y aun andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos

veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

 

A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,

a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención

                                                    del puente

o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,

hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,

donde espera la dentadura del oso,

donde espera la mano momificada del niño

y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

 

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Pero si alguien cierra los ojos,

¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos

y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

Ya lo he dicho.

No duerme nadie.

Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,

abrid los escotillones para que vea bajo la luna

las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

 

 

-Libro de poemas (1921)-   "El presentimiento"

        El presentimiento

Es la sonda del alma

En el misterio.

Nariz del corazón.

Palo de ciego

Que explora en la tiniebla

Del tiempo.

        Ayer es lo marchito,

El sentimiento

Y el campo funeral

Del recuerdo.

        Anteayer

Es lo muerto.

Madriguera de ideas moribundas

De pegasos sin freno.

Malezas de memorias,

Y desiertos

Perdidos en la niebla

De los sueños.

        Nada turba los siglos

Pasados.

No podemos

Arrancar un suspiro

De lo viejo.

El pasado se pone

Su coraza de hierro,

Y tapa sus oídos

Con algodón del viento.

Nunca podrá arrancársele

Un secreto.

        Sus músculos de siglos

Y su cerebro

De marchitas ideas

En feto

No darán el licor que necesita

El corazón sediento.

        Pero el niño futuro

Nos dirá algún secreto

Cuando juegue en su cama

De luceros.

Y es fácil engañarle;

Por eso,

Démosle con dulzura

Nuestro seno.

Que el topo silencioso

Del presentimiento

Nos traerá sus sonajas

Cuando se esté durmiendo.

 

 

"Canción del jinete"

        ¡Córdoba,

lejana y sola!

        Jaca negra, luna grande,

y aceitunas en mi alforja.

Aunque sepa los caminos,

yo nunca llegaré a Córdoba.

        Por el llano, por el viento,

jaca negra, luna roja,

la muerte me está mirando

desde los muros de Córdoba.

        ¡Ay, qué camino tan largo!

¡Ay, mi jaca valerosa!

¡Ay, que la muerte me espera

antes de llegar a Córdoba!

        ¡Córdoba,

lejana y sola!

 

 

-Romancero gitano (1928)-   "Reyerta"

        En la mitad del barranco

las navajas de Albacete,

bellas de sangre contraria,

relucen como los peces.

Una dura luz de naipe

recorta en el agrio verde,

caballos enfurecidos

y perfiles de jinetes.

En la copa de un olivo

lloran dos viejas mujeres.

El toro de la reyerta

se sube por las paredes.

Ángeles negros traían

pañuelos y agua de nieve.

Ángeles con grandes alas

de navajas de Albacete.

Juan Antonio el de Montilla

rueda muerto la pendiente,

su cuerpo lleno de lirios

y una granada en las sienes.

Ahora monta cruz de fuego,

carretera de la muerte.

        El juez, con guardia civil,

por los olivares viene.

Sangre resbalada gime

muda canción de serpiente.

Señores guardias civiles:

aquí pasó lo de siempre.

Han muerto cuatro romanos

y cinco cartagineses.

        La tarde loca de higueras

y de rumores calientes

cae desmayada en los muslos

heridos de los jinetes.

Y ángeles negros volaban

por el aire del poniente.

Ángeles de largas trenzas

y corazones de aceite.

 

He aquí uno de esos cuadros dramáticos que abundan en un libro cuyo eje es el tema del destino trágico, la frustración vital en diversas formas.

Una dura... naipe... verde: los contendientes se destacan sobre la vegetación, como las figuras de los naipes sobre el tapete verde de la mesa de juego. Se sube por las paredes: la reyerta es feroz como un toro, la expresión coloquial "subirse por las paredes" (enfurecerse) indica que la pelea alcanza la máxima violencia. Ángeles: esos ángeles constituyen una originalísima imagen de la muerte. Lirios (morados) y granada son metáforas embellecedoras de las heridas. Serpiente: un reguero de sangre es asociado, a la vez, a una serpiente y a una canción gimiente. Con romanos y cartagineses se designa figuradamente a los bandos rivales. Rumores calientes: audaz sinestesia en que se funden los sonidos y el calor del ambiente. Aceite: imagen "irracional" que produce una impresión repulsiva.

 

 

-Poema del cante jondo (1931)-   "Baladilla de los tres ríos"

Estas célebres coplas con estribillo se refieren a los tres ríos andaluces: el Guadalquivir, que riega la Andalucía Baja, y el Darro (Dauro) y el Genil, que recorren su breve curso con sino trágico, por la Andalucía Alta, bañando la vega granadina.

 

El río Guadalquivir

va entre naranjos y olivos.

Los dos ríos de Granada

bajan de la nieve al trigo.

 

¡Ay, amor,

que se fue y no vino!

 

El río Guadalquivir

tiene las barbas granates.

Los dos ríos de Granada,

uno llanto y otro sangre.

 

¡Ay, amor,

que se fue por el aire!

 

Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

 

¡Ay, amor,

que se fue y no vino!

 

Guadalquivir, alta torre,

y viento en los naranjales.

Dauro y Genil, torrecillas

muertas sobre los estanques.

 

¡Ay, amor,

que se fue por el aire!

 

¡Quién dirá que el agua lleva

un fuego fatuo de gritos!

 

¡Ay, amor,

que se fue y no vino!

 

Lleva azahar, lleva olivas,

Andalucía, a tus mares.

 

¡Ay, amor,

que se fue por el aire!

 

 

-Romancero gitano (1928)-   "Romance sonámbulo"

        Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas.

        Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha

vienen con el pez de sombra

que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

con la lija de sus ramas,

y el monte, gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

Pero, ¿quién vendrá? ¿Y por dónde...?

Ella sigue en su baranda,

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

        --Compadre, quiero cambiar

mi caballo por su casa,

mi montura por su espejo,

mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,

desde los puertos de Cabra.

--Si yo pudiera, mocito,

este trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

--Compadre, quiero morir

decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,

con las sábanas de holanda.

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

--Trescientas rosas morenas

lleva tu pechera blanca.

Tu sangre rezuma y huele

alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

--Dejadme subir al menos

hasta las altas barandas;

¡dejadme subir!, dejadme,

hasta las verdes barandas.

Barandales de la luna

por donde retumba el agua.

        Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados

farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal

herían la madrugada.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

Los dos compadres subieron.

El largo viento dejaba

en la boca un raro gusto

de hiel, de menta y de albahaca.

--¡Compadre! ¿Dónde está, dime,

dónde está tu niña amarga?

--¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara,

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!

        Sobre el rostro del aljibe

se mecía la gitana.

Verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna

la sostiene sobre el agua.

La noche se puso íntima

como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos

en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.

 

 

-Poeta en Nueva York (1940)-   "La Aurora"

La aurora es, dentro de su brevedad, una buena síntesis de la visión lorquiana de Nueva York, símbolo de un mundo deshumanizado. Dentro de esta grandísima obra, es uno de sus poemas más accesibles por la coherencia de las imágenes y por la presencia de versos clarísimos, contundentes, en medio de expresiones en que se hace patente el influjo surrealista.

 

        La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

        La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

        La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

        Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

        La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

 

Cieno, huracán, negras (palomas), podridas, son los impactos básicos de la estrofa: suciedad, violencia, etc. Dibujada: hay que recordar que Lorca definió a Nueva York como "geometría y angustia". Niños: en dos versos escalofriantes, Lorca opone el poder del dinero a lo humano en su aspecto más tierno (niños). Obsérvese la construcción bimembre y paralela del verso, ...sin..., ...sin...: es una doble imagen de la deshumanización y de la alienación del fruto del trabajo. Cadenas: en otro poema del mismo libro (Grito hacia Roma), dice Lorca que, en ese mundo, "no hay más que un millón de herreros / forjando cadenas para los niños que han de nacer".

 

 

-Poema del cante jondo (1931)-   "La guitarra"

Este libro está lleno de ayes, de dolor, de muerte. Es "la Andalucía del llanto", sobre la que proyecta Lorca su propio dolor de vivir. Este poema viene a ser un compendio de todo ello.

 

        Empieza el llanto

de la guitarra.

Se rompen las copas

de la madrugada.

Empieza el llanto

de la guitarra.

Es inútil callarla.

Es imposible

callarla.

Llora monótona

como llora el agua,

como llora el viento

sobre la nevada.

Es imposible

callarla.

Llora por cosas

lejanas.

Arena del Sur caliente

que pide camelias blancas.

Llora flecha sin blanco,

la tarde sin mañana,

y el primer pájaro muerto

sobre la rama.

¡Oh, guitarra!

Corazón malherido

por cinco espadas.

 

Cinco espadas: los dedos de la mano.

BANDERA ESPAÑOLAESCUDO ESPAÑOL BANDERA ESPAÑOLA

Sin la patria el hombre es un punto perdido en los acontecimientos fortuitos del tiempo y del espacio.

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