Esta güebb tiene música..."Claro de Luna" de Debussy

Jorge GUILLÉN

Jorge GUILLÉN

Jorge Guillén, nació en Valladolid (ESPAÑA ESPAÑA) en 1893.

Se licenció en Filosofía y Letras. En 1913 se doctoró. Fue profesor universitario como Salinas, con quien tantas cosas le unieron. Enseñó en París en la Sorbona (1917-1923), Oxford (1929-1931), Murcia, Sevilla y, desde la guerra, en los Estados Unidos, donde fijó su residencia, siendo profesor de español en el Wellesley College (Massachusetts). Allí, en EE.UU., perdió a su esposa. Vino después a vivir a Italia, donde contrajo segundas nupcias. Colaboró en la 'Revista de Occidente', dirigida por Ortega y Gasset, en 'El Liberal', etc. En 1977 recibió el Premio Cervantes, máximo galardón para escritores de lengua española. Pasa sus últimos años en Málaga, donde muere en 1984.

Guillén ha sido definido frecuentemente como poeta "puro" o poeta "intelectual". Pero él mismo se declaró partidario de "una poesía pura ma non troppo" ("pero no demasiado"). Y sus poemas arrancan a menudo de un goce concreto de la vida. Lo que sucede es que -como Salinas- Guillén estiliza la realidad y, partiendo de experiencias muy concretas, sensibles, extrae de ellas ideas o sentimientos quintaesenciados. Su estilo responde a tal orientación. Es un lenguaje muy elaborado que, atento a lo esencial, elimina halagos accesorios, selecciona y condensa. De ahí que su poesía resulte difícil no por ornatos o audacias, sino por su densidad.

Guillén concibió su obra "como unidad orgánica"; y así, todos sus libros han quedado amparados por un título común, Aire nuestro.

Los distintos ciclos de que consta...

Cántico. Durante muchos años, el único libro del autor fue éste, engrosado en sucesivas ediciones: eran 75 poemas en su primera edición (1928) y son más de 300 en su versión definitiva (1950). Dichas ediciones datan de los años 1936; de 1945, con un total de 271 poemas, publicada en Méjico con el subtítulo de Fe de vida; y de 1950, aparecida en Buenos Aires en su "edición completa", con un total de 334 poemas y dividida en cinco partes: Al aire de tu vuelo, Las horas situadas, El pájaro en la mano, Aquí mismo y Pleno ser.

La razón del título la consignó el mismo autor: "No canto, ni cantar, ni canción, ni cante, sino precisamente eso, cántico. La palabra lleva infuso un sentido de gracia y alabanza a la divinidad."

La palabra Cántico encierra una idea de "acción de gracias" o de alabanzas. Y es que estamos ante una poesía que exhala entusiasmo ante el mundo y ante la vida. La vida es bella, simplemente, porque es vida. Y el poeta se complace en la contemplación de todo lo creado. "El mundo está bien hecho", dice. Cántico es la exaltación, la fruición del poeta ante las cosas, ante el mundo que se va descubriendo a los ojos del poeta, que ocupa el centro de ese maravilloso mundo que le circunda. Todas las cosas a su alcance son motivo de su jubiloso asombro. El poeta recoge la realidad y la convierte en poema. "En Cántico -ha escrito Díaz Plaja- encontramos una visión exultante del mundo: las cosas en derredor vibran en la presencia del poeta, que goza a su contacto."

Al principio de cada parte en que divide su obra, van los poemas dedicados al amanecer, al alba o al despertar del durmiente; en el centro, los de la mañana clara y mediodía; más adelante, los de siesta, y tarde completa y anochecer, y, por último, los dedicados a la noche.

Los temas de Cántico son todas las cosas pero sin anécdota, al estilo de la poesía realista de un Campoamor, por ejemplo. Así, canta a la nieve, al sillón familiar donde el poeta sestea, los pueblos de Castilla, las alondras, el sol, etc. Como ha escrito L.F. Vivanco, Guillén es el poeta de la realidad de las criaturas.

En la poesía guilleneana resplandece el estilo sencillo y transparente. Son poemas de una extraordinaria contención y gran elaboración. Cual pulimento de diamantes. La métrica suele ser la de versos cortos y rima asonantada. "En sus poemas no sobran ni faltan palabras. El que no sobre quiere decir que no hay retórica o lenguaje repetido, y el que no falten quiere decir que no se queda en sugerencia o magia de tipo simbolista." (Vivanco.)

Guillén no es "popular". Es poeta de minorías. Su poesía resulta a veces un tanto hermética. Pide una lectura muy atenta para llegar a captar su belleza. Se le ha criticado la falta de sentido social y humano. Torrente Ballester ha escrito a este propósito: "El sentimiento humano resbala, casi rebota en sus superficies niqueladas, diamantinas, que son sus versos."

Esta ausencia de sentido humano y social se aprecia en los poemas primitivos. Posteriormente, percibimos esa inquietud que logra momentos de auténtica emoción, por ejemplo en Cara a cara, sobre la trágica muerte de García Lorca.

Tal vez la poesía de Cántico discurra por cauces muy diferentes de aquellos por los que fluye la poesía actual, pero es innegable que su influencia en bastantes poetas jóvenes ha sido grande. En cambio, influyen en él, al menos en su primera época, Valéry, Juan Ramón Jiménez y Góngora.

Hay un poema en Cántico, donde Jorge Guillén expresa cuál puede ser la clave de interpretación de su poesía. "Casa de dos patios" se titula y alude a una primera impresión fría, intelectual y difícil, mientras que si el lector penetra en el segundo patio advierte que es una tierra con sol, que asombra, emociona y comunica el clamor existencial.

En Cántico se revelaba Guillén como el poeta de la plenitud del universo, de la armonía, del asombro gozoso por el existir; buscador de la palabra necesaria, la que expresa exactamente a través de imágenes sugerentes su mundo lírico y objetivo. La perfección formal de los poemas -en su mayoría breves, de rima asonante y con versos encabalgados- contribuye a una contemplación, donde la intuición, que parte de sensaciones primarias, y el poder creador se alían para producir la impresión de que el poema se está haciendo y se puede ser actor en él. El tema de Cántico es el ser, ya sea en la plenitud de la naturaleza, en las vivencias cotidianas -el sillón, el vaso de agua- o en el amor, entendido como "ser más, más aún".

Como se ve, si la poesía se nutre frecuentemente de tristezas y angustias, Guillén es una notoria excepción por su radical optimismo. Ciertos temas lo confirman: rehuyendo lo nocturno o lo crepuscular, Guillén canta al amanecer o el mediodía, la luz plena; el amor no es sufrimiento, sino la cima del vivir; y la muerte, incluso, es considerada con actitud serena.

A Cántico se opone -en cierto modo- Clamor (compuesto de 1950 a 1963). El título equivale ahora a "gritos de protesta". El optimismo del poeta no le impide ver las "discordancias" del mundo: injusticias, miserias, persecuciones, guerras, terror atómico. En suma, los poemas de este nuevo ciclo dan testimonio del dolor y del mal en sus más diversas formas. Ahora dirá: "Este mundo del hombre está mal hecho.". Pero, ante todo ello, la actitud de Guillén tampoco es de angustia o desesperanza, sino de una protesta positiva: "Es inevitable -dice- no transigir con el mal." Y bajo la denuncia persiste su fe en el hombre y en la vida.

Clamor lleva el subtítulo de "Tiempo de Historia" y se publicó en tres partes: Maremágnum (1957), Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las circunstancias (1963).

Si Cántico y Clamor formaban un díptico -cara y cruz de la realidad-, en 1967 se añade Homenaje, libro de contenido distinto: recoge poemas a diversas figuras de la historia, de las artes y de las letras, desde Homero a los contemporáneos.

Hasta aquí, Aire nuestro quedaba constituido como un tríptico. Pero Guillén siguió creando en una fecunda ancianidad.

Y aún publicó otros dos volúmenes: Y otros poemas (1973) y Final (1982) que contienen páginas hermosísimas.

Guillén, al menos si se juzga por la primera impresión que su lectura produce, es puramente intelectual. No deja de ser paradójico que este poeta, para quien la claridad es obsesión constante y en cuya temática encontraríamos probablemente una mayor cantidad de alusiones a la realidad y de emociones diferenciadas, haya sido considerado, por lo general, como un poeta oscuro y desprovisto de sentimiento. Es, desde luego, la suya poesía difícil pero cuya dificultad no proviene de una artificiosidad rebuscadamente retórica sino de su concentración y del rigor para eliminar del poema todo elemento que le reste virtualidad poética, lírica o, mejor dicho, para devolver a los elementos de la poesía -palabra, emoción, percepciones de realidad circundante, de que el poeta parte siempre- su valor substantivo e independiente. En este sentido, y sólo en éste, puede considerarse a Guillén como el representante en la lírica castellana de lo que se llamó "poesía pura".

Su obra tiene, ante todo, unidad. Su mundo poético creció en profundidad a medida que fue publicando, su visión se ensanchó, y la variedad de temas y de formas, todas igualmente perfectas, fue cada vez mayor. Sin embargo, en lo básico de su actitud poética permanece invariable porque ésta fue desde el principio en Guillén firme y meditada.

No es fácil resumir con precisión en pocas líneas lo que constituye el carácter de la poesía de Guillén ni la gran riqueza de sus temas dentro de su aparente simplicidad y de la aparente semejanza entre todos sus poemas. En trance de definir ese carácter brevemente diríamos que resulta de la combinación de su maestría formal con una espiritualidad que pugna por encontrar la significación, real y transcendente, en el conjunto maravilloso o dramático del mundo: de cada momento, de cada cosa, de cada ser, de cada sentimiento; y con una actitud, humilde y segura al mismo tiempo, de alegre entusiasmo ante todo lo creado y de fe constante en la armonía y en la vida. La realidad y la emoción lejos de eludirse se exaltan.

Por su maestría y por su reacción en favor de las formas clásicas -vuelta a la estrofa- se ha relacionado siempre a Guillén con Góngora y con Paul Valéry. Salinas lo comparaba muy acertadamente por su entusiasmo vital con Whitman. Debe relacionarse también con la gran tradición castellana de poetas en quienes realidad y espíritu, inmanencia y trascendencia de la poesía se funden indisolublemente, como San Juan de la Cruz y Fray Luis de León.

La obra de Guillén es un caso infrecuente de poesía equilibrada y optimista. En definitiva, y como él dijo, es "cántico a pesar de clamor".

Su prestigio fue inmenso dentro de su generación y hoy la crítica ve en Cántico -que sigue siendo su cima- una de las obras máximas de la lírica europea del siglo XX. Y es que esta obra difiere de Clamor por su contenido. En Cántico, el poeta se exalta entusiasmado ante la vida, ante las cosas que sus ojos absortos van descubriendo. Cántico está henchido de entusiasmo panteísta. En Clamor, el poeta lanza su voz angustiada y grita contra la guerra y sus fatídicas consecuencias. Clamor presenta un tono más en armonía con la preocupación de la poesía actual; pero desde el ángulo artístico, Cántico le supera en valor. Cántico conquista, pues, para su autor, un puesto destacadísimo en la poesía, tanto en España como en Europa y el mundo.

 

 

-Cántico-   "Las doce en el reloj"

Dije: Todo ya pleno.

Un álamo vibró.

Las hojas plateadas

sonaron con amor.

Los verdes eran grises,

el amor era sol.

Entonces, mediodía,

un pájaro sumió

su cantar en el viento

con tal adoración,

que se sintió cantada

bajo el viento la flor

crecida entre las mieses,

más altas. Era yo,

centro en aquel instante,

de tanto alrededor,

quien lo veía todo

completo para un dios.

Dije: Todo, completo.

¡Las doce en el reloj!

 

 

-Cántico-   "Equilibrio"

Es una maravilla respirar lo más claro.

Veo a través del aire la inocencia absoluta,

y si la luz se posa como una paz sin peso,

el alma es quien gravita con creciente volumen.

Todo se rinde al ánimo de un sosiego imperioso.

A mis ojos tranquilos más blancura da el muro,

entre esas rejas verdes lo diario es lo bello,

sobre la mies la brisa como una forma ondula,

hasta el silencio impone su limpidez concreta.

Todo me obliga a ser centro del equilibrio.

 

 

-Cántico-   "Los nombres"

Albor. El horizonte

entreabre sus pestañas

y empieza a ver. ¿Qué? Nombres.

Están sobre la pátina

de las cosas. La rosa

se llama todavía

hoy rosa, y la memoria

de su tránsito, prisa,

prisa de vivir más.

¡A largo amor nos alce

esa pujanza agraz

del Instante, tan ágil

que en llegando a su meta

corre a imponer Después!

¡Alerta, alerta, alerta,

yo seré, yo seré!

 

¿Y las rosas? Pestañas

cerradas: horizonte

final. ¿Acaso nada?

Pero quedan los nombres.

 

En este poema, Guillén nos presenta una visión unitaria del mundo: vivir es la suprema dicha. La hermosura de la vida está delante de nosotros. La vida es bella porque es vida. Cada poema de Cántico testimonia la complacencia jubilosa de "ser", de existir; y esa maravillosa realidad ("ser") vence a la muerte. Si la situación temporal que el místico prefiere es la noche oscura, y el poeta romántico se decide por el crepúsculo vespertino como acabamiento de la luz del día, Jorge Guillén muestra sus preferencias por el amanecer, origen siempre prodigioso y siempre nuevo de la existencia, de la gran realidad del mundo. Por eso, la noche es para Guillén una espera, en la que, en plena soledad -las cosas están ausentes-, acaricia toda la maravillosa realidad que brinda -nos brinda-, cada vez, la primera luz del alba.

 

 

-Cántico-   "Naturaleza viva"

¡Tablero de la mesa

que, tan exactamente

raso nivel, mantiene

resuelto en una idea

su plano: puro, sabio,

mental para los ojos

mentales! Un aplomo,

mientras, requiere al tacto,

que palpa y reconoce

cómo el plano gravita

con pesadumbre rica

de leña, tronco, bosque

de nogal. ¡El nogal

confiado a sus nudos

y vetas, a su mucho

tiempo de potestad

reconcentrada en este

vigor inmóvil, hecho

materia del tablero

siempre, siempre silvestre!

 

 

-Cántico-   "Beato sillón"

¡Beato sillón! La casa

corrobora su presencia

con la vaga intermitencia

de su invocación en masa

a la memoria. No pasa

nada. Los ojos no ven,

saben. El mundo está bien

hecho. El instante lo exalta

a marea, de tan alta,

de tan alta, sin vaivén.

 

Jorge Guillén sabe manejar con absoluta sabiduría las estrofas clásicas. Destacan sus décimas. He aquí una de ellas. Es un ejemplo de cómo se alza de lo más concreto a lo más general: desde un objeto tan familiar como un sillón, el poeta siente un momento de plenitud intensa.

BANDERA ESPAÑOLAESCUDO ESPAÑOL BANDERA ESPAÑOLA

Sin la patria el hombre es un punto perdido en los acontecimientos fortuitos del tiempo y del espacio.

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