Esta güebb tiene música..."Claro de Luna" de Debussy

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Este andaluz universal, genio y figura, digno de admiración y alabanza, nació en Moguer (Huelva, ESPAÑA ESPAÑA) en 1881. Su vocación poética es absoluta y temprana.

En 1900 va a Madrid, llamado por Rubén Darío y Villaespesa, a "luchar por el Modernismo", pero la muerte de su padre le produjo una crisis de variosaños que le obligó a cuidados psiquiátricos y a un largo retiro en Moguer.

Funda la revista modernista Helios.

Vuelve a Madrid en 1912. Su magisterio poético es ya inmenso.

En 1916 se casa con Zenobia Camprubi.

Con la guerra civil se exiliarán a América (Cuba, EUA); fue profesor de varias universidades, últimamente en la de Puerto Rico.

En 1956 se le concede el Premio Nobel: la noticia coincide con la muerte de Zenobia. El poeta sólo la sobrevivirá dos años: murió en Puerto Rico, en 1958.

Juan Ramón Jiménez fue hombre de un temperamento depresivo y de una sensibilidad exacerbada. Pero, por encima de todo, es ejemplo extremo de poeta consagrado por entero a su obra.

Cada vez se sintió más despegado de los detalles materiales de la existencia y más obsesionado por su creación.

"Yo tengo -dijo- escondida en mi casa, por su gusto y el mío, a la Poesía. Y nuestra relación es la de los apasionados".

Para Juan Ramón, la poesía responde esencialmente a tres impulsos: sed de belleza, ansia de conocimiento y anhelo de eternidad.

Ante todo, Poesía es Belleza, expresión -a menudo melancólica- de todo lo bello.

Pero es también un modo de conocimiento que permite ahondar en la esencia de las realidades, en su verdad más profunda. Y es, en fin, expresión de un anhelo de eternidad, concebida como posesión inacabable de la Belleza y la Verdad.

Por otra parte, su aguda exigencia estética hace de Juan Ramón el dechado del poeta minoritario.

Es famosa su dedicatoria: "A la minoría, siempre".

Su poesía es de creciente dificultad.

Juan Ramón pertenece, por edad, a la llamada generación de 1914 (o novecentista). Si bien, por su precocidad, militó en las filas modernistas, pronto representará la superación del Modernismo hacia nuevos horizontes. Él mismo señaló la evolución de su poesía en estos versos:

 

"Poesía"

        Vino primero, pura,

vestida de inocencia.

Y la amé como un niño.

        Luego se fue vistiendo

de no sé qué ropajes.

Y la fui odiando, sin saberlo.

        Llegó a ser una reina,

fastuosa de tesoros...

¡Qué iracundia de hiel y sin sentido!

        ...Mas se fue desnudando.

Y yo le sonreía.

        Se quedó con la túnica,

de su inocencia antigua.

Creí de nuevo en ella.

        Y se quitó la túnica

y apareció desnuda toda...

¡Oh pasión de mi vida, poesía

desnuda, mía para siempre!

 

Según esto, cabe distinguir en su trayectoria las siguientes etapas:

--En los comienzos, una poesía "pura", en el sentido de "sencilla", con la influencia de Bécquer. El principal libro de estos años es Arias tristes (1903).

--Adopta luego los "ropajes" modernistas: valores sensoriales, ritmos amplios... Con todo, su poesía no será tan "fastuosa de tesoros" como la de Rubén: el Modernismo de Juan Ramón es de tipo intimista. Así, en libros como La soledad sonora, Sonetos espirituales y otros, escritos de 1908 a 1915.

De esta época es también el tan conocido y entrañable libro de prosa poética Platero y yo (1914).

--Pero su afán de renovación le lleva hacia una "poesía desnuda": desaparecerán el léxico modernista, la adjetivación sensorial o los ritmos sonoros, para dejar paso a la concentración conceptual y emotiva. Es una poesía nueva, personalísima, "fuera de escuelas o tendencias". Abre esta etapa, en 1916, el Diario de un poeta recién casado, libro fundamental en la poesía del siglo XX. Siguen, entre 1916 y 1936, Eternidades, Piedra y cielo y varios títulos más.

--Añádase una última etapa, posterior a 1936: poesía cada vez más acendrada y profunda, que desemboca en lo metafísico, incluso en cierto misticismo (diálogo con un Dios que él identifica con la Naturaleza o la Belleza absoluta). En esta etapa escribe En el otro costado (1936-1942), Dios deseado y deseante (1948-1949), etcétera. En el primero de estos libros figura el extenso, bellísimo y asombroso poema en prosa Espacio, cima de la creación juanramoniana.

La trayectoria poética de Juan Ramón da fe, ante todo, de una excepcional inquietud renovadora. De ahí que su obra sea, en cierto modo, compendio o avanzada de medio siglo de poesía española: Posromanticismo, Modernismo, poesía pura...

Máximo poeta de la "generación de 1914", ejerció un magisterio decisivo en los jóvenes "poetas del 27" sobre los que influyó decisivamente y a los que orientó desde sus revistas (Índice, Sí) y a través de sus colaboraciones críticas en las páginas de El Sol. Tras explicables vaivenes del gusto (los poetas de posguerra se sintieron distantes de él), hoy se le considera la máxima figura acaso de la poesía española del siglo XX.

 

-Poemas agrestes (1910-1911)-

"El viaje definitivo"

        ...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros

cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol,

y con su pozo blanco.

        Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario.

        Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará, nostáljico...

        Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido...

Y se quedarán los pájaros cantando.

-Eternidades (1918)-

Yo no soy yo.

                        Soy este

que va a mi lado sin yo verlo;

que, a veces, voy a ver,

y que, a veces, olvido.

El que calla, sereno, cuando hablo,

el que perdona, dulce, cuando odio,

el que pasea por donde no estoy,

el que quedará en pie cuando yo muera.

        Para dar un alivio a estas penas,

que me parten la frente y el alma,

me he quedado mirando a la luna

a través de las finas acacias.

        En la luna hay algo que sufre,

entre un nimbo divino de plata:

hay algo que besa los ojos

y que seca, llorando, las lágrimas.

        Yo no sé lo que tiene la luna,

que acaricia, que duerme y que calma,

y que mira en silencio al rendido

con inmensas piedades de santa.

        Y esta noche que sufro y que pienso

libertar de esta carne a mi alma,

me he quedado mirando a la luna

a través de las finas acacias.

-Poemas májicos y dolientes (1911)-

        Impenetrable es tu frente, cual un muro.

Tan cerca de los ojos, ¿cómo retiene preso

tu pensamiento? ¿Cómo su recinto es oscuro,

bajo el cabello de oro, sobre el radiante beso?

        -Con la movilidad del foso de tus ojos,

la fijeza de dardo de los míos esquivas;

a veces, brillan dentro como ponientes rojos,

a veces, como rápidas estrellas pensativas-.

        ¡Mujer, que yo lo vea! Libra de sus penosas

dudas a este constante asedio de mis penas;

¡quiero saber si tu alma es un jardín de rosas,

o un pozo verde, con serpientes y cadenas!

"Soledad"

        En ti estás todo, mar, y, sin embargo,

¡qué sin ti estás, qué solo,

qué lejos siempre de ti mismo!

        Abierto en mil heridas, cada instante,

cual mi frente,

tus olas van, como mis pensamientos,

y vienen, van y vienen,

besándose, apartándose,

en un eterno conocerse,

mar, y desconocerse.

        Eres tú, y no lo sabes,

tu corazón te late, y no lo sientes...

¡Qué plenitud de soledad, mar solo!

        Por el jardín florecido,

ella reía y cantaba,

cojiendo rosas y rosas,

en el sol de la mañana.

        Yo, ansioso, toda mi frente

llanto sin salir, miraba

el cielo azul del rocío

que aún temblaba de las ramas

-consuelo para mis ojos

locos, que se imajinaban

que aquellas gotas del cielo

caían de su nostaljia-;

y para que ella no viera

la tristeza de mi alma,

intentando ahogar sus voces,

también reía y cantaba.

        ¡Y ella se fue con sus rosas,

y yo me fui con mis lágrimas,

detrás de ella, en la gloria

de aquella mañana májica!

"Convalecencia"

        Sólo tú me acompañas, sol amigo.

Como un perro de luz, lames mi lecho blanco;

y yo pierdo mi mano por tu pelo de oro,

caída de cansancio.

        ¡Qué de cosas que fueron

se van... más lejos todavía!

                                                Callo

y sonrío, igual que un niño,

dejándome lamer de ti, sol manso.

        ...De pronto, sol, te yergues,

fiel guardián de mi fracaso,

y, en una algarabía ardiente y loca,

ladras a los fantasmas vanos

que, mudas sombras, me amenazan

desde el desierto del ocaso.

-Estío (1915)-

        ¡Saltaré el mar, por el cielo!

¡Me iré tan lejos, tan lejos,

que no se acuerde mi cuerpo

de tu cuerpo ni mi cuerpo!

        ¡Alas, alas, alas, alas!

        ¡A tan alta luz, tan alta,

que no se acuerde mi alma

de tu alma ni mi alma!

        ¡Alto, lejos; lejos, alto!

¡Sólo yo por los espacios,

de mi mismo reencarnado,

y de ti resucitado!

-Sonetos espirituales (1914-1915)-

"Árboles altos"

        ¡Abiertas copas de oro deslumbrado

sobre la redondez de los verdores

bajos, que os arrobáis en los colores

májicos del poniente enarbolado;

        en vuestro agudo éstasis dorado,

derramáis vuestra alma en claras flores,

y desaparecéis en resplandores,

ensueños del jardín abandonado!

        ¡Cómo mi corazón os tiene, ramas

últimas, que sois ecos, y sois gritos

de un hastío inmortal de incertidumbre!

        ¡Él, cual vosotras, se deshace en llamas,

y abre a los horizontes infinitos

un florecer espiritual de lumbres!

        Yo no seré yo, muerte,

hasta que tú te unas con mi vida

y me completes así todo;

hasta que mi mitad de luz se cierre

con mi mitad de sombra

-y sea yo equilibrio eterno

en la mente del mundo:

unas veces, mi medio yo, radiante;

otras, mi otro medio yo, en olvido-.

        Yo no seré yo, muerte,

hasta que tú en tu turno, vistas

de huesos pálidos mi alma.

-Piedra y cielo (1922)-

"Nocturno"

        Mi lágrima y la estrella

se tocaron, y al punto,

se hicieron una sola lágrima,

se hicieron una estrella sola.

        Me quedé ciego, se quedó

ciego, de amor, el cielo.

Fue todo -y nada más- el mundo

pena de estrella, luz de lágrima.

-Laberinto (1913)-

"Retrato de deshora"

        ¡Qué eterna está la yerba nocturna, donde el grillo

canta, bajo el celeste silencio de la luna!

...El mundo va virando hacia la madrugada,

por un ocaso blanco, con nubes errabundas.

        Ciudades de cristal, de azucena, de mármol,

aléjanse, en un sueño de cumbres de frescura

y las colinas tienen bordes de plata yerta,

y no sé qué nostaljia de conmovidas tumbas.

        Todo cae, llorando sin sentido. Se mueren

los momentos, en una esplendorosa fuga...

-Altivo, a proa del campo el rostro triste y pálido

medita, deslumbrado de luna moribunda-.

Saco mi esperanza, igual

que una deslumbrante joya,

de mi corazón -su caja-,

la paseo entre las rosas,

la mimo, como a una hija,

una hermana, o una novia,

la miro infinitamente,

...y la guardo, otra vez, sola.

        Entre el velo de la lluvia

que pone gris el paisaje,

pasan las vacas, volviendo

de la dulzura del valle.

        Las tristes esquilas suenan

alejadas, y la tarde

va cayendo tristemente

sin estrellas ni cantares.

        La campiña se ha quedado

fría y sola con sus árboles;

por las perdidas veredas

hoy no volverá ya nadie.

        Voy a cerrar mi ventana

porque si pierdo en el valle

mi corazón, quizás quiera

morirse con el paisaje.

-Idilios-

        Tu rostro bello, tras mi llanto,

qué deshecho se puso.

        ¡Cómo, una sola lágrima,

deforma todo el mundo!

"Isla"

        Una soledad tan pura

como el caer de la nieve;

un blancor divino, unánime,

un silencio permanente...

        ¡Que todos estén muy lejos!

¡Que yo mismo no me acuerde

de mí!... Sólo el ideal,

con su avenida y su fuente.

        -La fuente no saltará:

será un éxtasis perenne,

cual de un diamante atraído

por el sinfín del poniente;

poniente que no ha de abrir

rojos ni ardientes verjeles,

que será una fantasía

toda en un blanco indeleble.-

        ¡Que nadie me venga a hablar!

¡Que yo mismo no recuerde!

...Una paz tan suavísima

como el caer de la nieve.

"La mujer desnuda"

(NOCTURNO)

        Te mando estas grandes rosas blancas,

para que, entre tus brazos de mármol,

absorban de tus pechos frescura.

 

        Si sales a tu balcón, la noche

completará con pláteas estrellas

el concierto de rosa y mujer.

 

        ¡Qué perpetuidad más deseada:

la mujer con la estrella y la rosa,

las tres formas más bellas del mundo!

-Elejías (1908-1910)-

                        (...¡Porque el muerto está en pie.

                                    G. A. BÉCQUER)

        Por la herida que abril ha dejado en mi pecho,

ruedan mis dulces rosas sangrientas, una a una;

de manera que este pobre cuerpo está hecho

como un jardín de grana, a la luz de la luna.

        -¡Oh, cómo me florecen! Nacida una apenas,

otra se pone encima. ¡Qué ardorosas marañas

de hilo carmín! ¡Qué ocaso! Los tallos de mis venas

me alumbran a mí mismo con mis bellas entrañas-.

        Y yo, solo, me arranco las rosas, porque quiero

que el camino no sea tan rojo ni tan largo...

Una rosa, otra rosa... ¡Pero nunca me muero!

El alma se me va, ¡y de pie, sin embargo!

"La perdida"

        Perdida en la noche inmensa.

¿Quién la encontrará?

El que muere, cada noche

más lejos se va.

 

        Lejos, a la no esperanza.

Para quien se fue,

aunque el que se quede implore,

no vale la fe.

 

        Y morirnos tras la muerte,

no nos quita cruz,

que cada muerto camina

por distinta luz.

-Arias tristes (1903)-

                        (Le vent de l'autre nuit a jeté bas l'Amour...

                                    P. VERLAINE)

        ¡La otra tarde, se ha llevado

el viento más hojas secas!

¡Qué pena tendrán los árboles,

esta noche sin estrellas!

        He entreabierto mi balcón:

-La luna camina muerta,

sin luz de besos ni lágrimas,

amarilla entre la niebla-.

        Y he acariciado los árboles,

con miradas de terneza,

que les van abriendo hojitas

verdeluz de primavera.

        ¿Es que están soñando, así,

con sus pobres hojas secas?

Yo les digo: "No lloréis;

vendrán con las hojas nuevas."

-Elejías (1908-1910)-

        Tú, dorador romántico de las visiones blancas;

sol de la tarde pura, que en este muro brillas;

¿de qué verjel del cielo, y en qué rosal, arrancas

ese esplendor alegre de rosas amarillas?

        Cristal de plata y oro del agua de aquel prado,

fruto de sangre y fuego del chopo de oropeles,

¡desgarra con un rayo fuljente mi costado,

y que mi corazón me sea de claveles!

        ¡Haz llama mi ceniza, mi ruina, tesoro;

cual por una avenida, vete por mi memoria...;

la mariposa negra házmela estrella de oro;

la espina que me dores, tórnamela ilusoria!

¡Cómo aprendemos a morir

en ti, sueño!

¡Con qué belleza majistral

nos vas llevando -por jardines,

que nos parecen cada vez más nuestros-

al gran conocimiento de la sombra!

        Agua honda y dormida, que no quieres ninguna

gloria, que has desdeñado ser fiesta y catarata;

que, cuando te acarician los ojos de la luna,

te llenas toda de pensamientos de plata...

        Agua limpia y callada del remanso doliente,

que has despreciado el brillo del triunfo sonoro;

que, cuando te penetra el sol dulce y caliente,

te llenas toda de pensamientos de oro...

        Bella y profunda eres, lo mismo que mi alma;

a tu paz han venido a pensar los dolores,

y brotan, en las plácidas orillas de tu calma,

los más puros ejemplos de alas y de flores.

"El más fiel"

        CANTARON los gallos tristes

como señal del destino;

el hombre se puso en pie,

miró sin dueño al abismo.

        Pero, ante la luz rojiza

que recortó el roto pino,

uno, que era diferente,

siguió tendido lo mismo.

        Habló el otro que llegó,

vino el animal sumiso,

un humo olía a mujer,

abrió la puerta el camino.

        El pájaro, el trigo, el agua,

todo se erguía en lo limpio;

pero no se levantaba

uno, el que era distinto.

        (¿Dónde saludaba al pájaro,

dónde oía el arroyillo,

desde dónde se miraba,

como otra espiga, tendido?)

        Pero no se levantaba

uno, el que era distinto,

pero no se levantó

uno que estaba en su sitio.

        (Donde el que tendido está

está de pie, como un río,

sed una hecha agua una,

sólo leal espejismo.)

        Pero no se levantaba

uno que ya estaba fijo,

uno, el que estaba ya en él,

uno, el fiel definitivo.

-Estío (1915)-

        Para quererte, al destino

le he puesto mi corazón.

¡Ya no podrás libertarte

-¡ya no podré libertarme!-

de lo fatal de este amor!

        No lo pienso, no lo sientes;

yo y tú somos ya tú y yo,

como el mar y como el cielo

cielo y mar, sin querer, son.

-Melancolía-

        Me zarandea el tren ruidoso y brusco. Malva

es el vago paisaje del crepúsculo fresco.

El oro rosa de los coches alumbrados,

se tiende, tenuamente, por los campos verdejos.

        Vamos hacia una noche nublada y sin sentido,

que se coronará de mojados luceros.

Ciudades ignoradas nos darán algo suyo:

un reló encendido, un río, un puente viejo...

        La villa queda atrás, en el ocaso cárdeno,

llena de un amarillo e intranquilo hormigueo,

dura como el amor desengañado, roja

como mi corazón romántico y sangriento.

-La soledad sonora (1909)-

"Desnudos"

            (ADIOSES. AUSENCIA. REGRESO)

        Nacía, gris, la luna, y Beethoven lloraba,

bajo la mano blanca, en el piano de ella...

En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba,

morena de la luna, era tres veces bella.

        Teníamos los dos desangradas las flores

del corazón, y acaso llorábamos sin vernos...

Cada nota encendía una herida de amores...

-...El dulce piano intentaba comprendernos-.

        Por el balcón abierto a brumas estrelladas,

venía un viento triste de mundos invisibles...

Ella me preguntaba de cosas ignoradas

y yo le respondía de cosas imposibles...

"¡Ay!"

        ¡Instantes en que el mañana

no vale nada; en que es hoy

el fin; y estamos dispuestos

a todo, no importa qué,

ni con qué!

                    ¡Cómo se alza

nuestro ser: qué grandes somos,

entonces! ¡Qué solos somos!

        ...¡Y qué poquísima falta

nos hace el hombre, ni el dios!

"Octubre"

        Estaba echado yo en la tierra, enfrente

del infinito campo de Castilla,

que el otoño envolvía en la amarilla

dulzura de su claro sol poniente.

        Lento, el arado paralelamente

abría el haza oscura, y la sencilla

mano abierta dejaba la semilla

en su entraña partida honradamente.

        Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,

pleno de su sentir alto y profundo,

al ancho surco del terruño tierno;

        a ver si con romperlo y con sembrarlo,

la primavera le mostraba al mundo

el árbol puro del amor eterno.

-Platero y yo (1914)-

"Camino"

¡Qué de hojas han caído la noche pasada, Platero! Parece que los árboles han dado una vuelta y tienen la copa en el suelo y en el cielo las raíces, en un anhelo de sembrarse en él. Mira ese chopo: parece Lucía, la muchacha titiritera del circo, cuando derramada la cabellera de fuego en la alfombra, levanta, unidas sus finas piernas bellas, que alarga la malla gris.

Ahora, Platero, desde la desnudez de las ramas, los pájaros nos verán entre las hojas de oro, como nosotros los veíamos a ellos entre las hojas verdes, en la primavera. La canción suave que antes cantaron las hojas arriba, ¡en qué seca oración arrastrada se ha tornado abajo!

¿Ves el campo, Platero, todo lleno de hojas secas? Cuando volvamos por aquí, el domingo que viene, no verás una sola. No sé dónde se mueren. Los pájaros, en su amor de la primavera, han debido decirles el secreto de ese morir bello y oculto, que no tendremos tú ni yo, Platero...

-Platero y yo (1914)-

"El invierno"

Dios está en su palacio de cristal. Quiero decir que llueve, Platero. Llueve. Y las últimas flores que el otoño dejó obstinadamente prendidas a sus ramas exangües, se cargan de diamante. En cada diamante, un cielo, un palacio de cristal, un Dios. Mira esta rosa; tiene dentro otra rosa de agua, y al sacudirla, ¿ves?, se le cae la nueva flor brillante como su alma, y se queda mustia y triste, igual que la mía.

El agua debe ser tan alegre como el sol. Mira, si no, cuál corren felices, los niños, bajo ella, recios y colorados, al aire las piernas. Ve cómo los gorriones se entran todos, en bullanguero bando súbito, en la yedra, en la escuela, Platero, como dice Darbón, tu médico.

Llueve. Hoy no vamos al campo. Es día de contemplaciones. Mira cómo corren los canales del tejado. Mira cómo se limpian las acacias, negras ya y un poco doradas todavía; cómo torna a navegar por la cuneta el barquito de los niños, parado ayer entre la yerba. Mira ahora, en este sol instantáneo y débil, cuán bello el arco iris que sale de la iglesia y muere, en una vaga irisación, a nuestro lado.

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Sin la patria el hombre es un punto perdido en los acontecimientos fortuitos del tiempo y del espacio.

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