Esta güebb tiene música..."Claro de Luna" de Debussy

Blas de OTERO

Blas de OTERO

Nació en Bilbao (ESPAÑA ESPAÑA) en 1916.

Estudió Derecho, carrera que no ejerció.

Tras dedicarse a la enseñanza por algún tiempo se consagra por entero a la poesía. Da conferencias y recitales por casi todo el mundo. El resto del tiempo lleva una vida retirada en Madrid, donde muere en 1979.

Desde el punto de vista ideológico, pasó de un cristianismo dramático a un marxismo militante.

Por su trayectoria poética, Blas de Otero resume la evolución de la poesía española de su tiempo. Su evolución se ha definido con estas palabras: del yo al nosotros. Pasa de la expresión de sus angustias personales a una poesía social; en sus últimos años, se advierten nuevas inquietudes de experimentación formal.

Blas de Otero es un riguroso trabajador del lenguaje, aunque ello no se perciba siempre. Son abundantes sus recursos estilísticos en todos los planos: fonético (aliteraciones, juegos de sonidos), sintáctico (paralelismos, reiteraciones...), léxico (juegos de palabras, gusto por el léxico popular), etc. Y todo ello enfocado a poner de relieve el contenido conceptual y afectivo.

Su métrica incluye tanto las estrofas clásicas o tradicionales como el verso libre, pero con un rasgo común: un ritmo bronco, con características rupturas del fluir del verso.

Tras unas obras primerizas, Otero publica Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951); luego, reunidos en un solo volumen: Ancia, "palabra" formada por la primera sílaba del primer título y la última sílaba del segundo.

Se trata de una poesía desarraigada, expresión del "yo" con sus angustias existenciales. Es, ante todo, una poesía "metafísica", o sea, dedicada a inquirir sobre el sentido del hombre y del mundo.

Hay poemas religiosos, pero dirigidos a un Dios a la vez anhelado e incomprensible.

Hay también poemas amorosos, impregnados de la misma sed de Absoluto.

Y hay, en fin, un primer acercamiento al "nosotros", a los sufrimientos de los demás hombres; así, en poemas como "Crecida", "Encuesta", "Canto primero"...

Predominan en esta etapa las formas clásicas: Blas de Otero se revela, en particular, como espléndido sonetista. Ensaya también el verso libre. Su densidad estilística es ya asombrosa. Y se perciben, entre otras, las influencias de los Salmos, de Quevedo o de Unamuno.

En 1955 publica Pido la paz y la palabra, al que siguen En castellano (1959) y Que trata de España (1964). Este último título englobará luego a los tres libros.

El poeta abandona ahora sus problemas personales, sus angustias, y se enfrenta con los problemas colectivos, en una actitud de solidaridad. Es la poesía social. Según afirma, hay que "demostrar hermandad con la tragedia viva, y luego, lo antes posible, superarla".

Pasarán ahora a primer término España y sus problemas concretos.

Los versos expresan, junto al anhelo de paz, las ansias de libertad y de un futuro mejor. Junto a una actitud crítica (hasta donde permitió la censura), aparece la llamada a la esperanza. El poeta, libre ya de angustias, quiere que su voz sea decididamente positiva; concibe ahora la poesía como lucha constructiva.

Consecuentemente, se dirige "a la inmensa mayoría" (en contraste con una poesía minoritaria). Por ello, busca un lenguaje más sencillo -al menos en apariencia-, más accesible.

Se notan ahora los influjos de Machado, Alberti, Miguel Hernández, o del peruano César Vallejo; junto a ellos, está la huella de los cantarcillos populares que -con el verso libre- dominan ahora sobre el soneto.

Después de 1965, publica un libro de poemas en prosa, Historias fingidas y verdaderas (1970), y va componiendo, entre otras, las poesías de Hojas de Madrid (1968-1979). Ofrecen estas obras sensibles novedades.

Otero ha comprendido la escasa eficacia de la poesía social. Y sin renunciar a la lucha política, se replantea su labor de poeta. Amplía su temática, dando mayor presencia a la intimidad. Y su estilo revela preocupaciones de renovación formal: introduce ritmos nuevos, imágenes insólitas, audaces asociaciones de frases, incluso toques surrealistas... Hay, en suma, un notable enriquecimiento de su lengua poética. Blas de Otero estuvo abierto, pues, a las inquietudes experimentales propias de aquellos años.

Blas de Otero estuvo, en cada momento, a la cabeza de lo más significativo de la poesía española: de las inquietudes existenciales a las sociales, sin descuidar las preocupaciones estilísticas. Aunó conciencia ética y rigor estético. Es por ello una figura clave de la literatura de su tiempo.

 

-Ángel fieramente humano (1950)-

"Hombre"

        Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,

al borde del abismo, estoy clamando

a Dios. Y su silencio, retumbando,

ahoga mi voz en el vacío inerte.

        Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte

despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo

oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando

solo. Arañando sombras para verte.

        Alzo la mano, y tú me la cercenas.

Abro los ojos: me los sajas vivos.

Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

        Esto es ser hombre: horror a manos llenas.

Ser -y no ser- eternos, fugitivos.

¡Ángel con grandes alas de cadenas!

-Pido la paz y la palabra (1955)-

"Fidelidad"

        CREO en el hombre. He visto

espaldas astilladas a trallazos,

almas cegadas avanzando a brincos

(españas a caballo

del dolor y del hambre). Y he creído.

        Creo en la paz. He visto

altas estrellas, llameantes ámbitos

amanecientes, incendiando ríos

hondos, caudal humano

hacia otra luz: he visto y he creído.

        Creo en ti, patria. Digo

lo que he visto: relámpagos

de rabia, amor en frío, y un cuchillo

chillando, haciéndose pedazos

de pan: aunque hoy hay sólo sombra, he visto

y he creído.

"Déjame"

        Me haces daño, Señor. Quita tu mano

de encima. Déjame con mi vacío,

déjame. Para abismo, con el mío

tengo bastante. Oh Dios, si eres humano,

        compadécete ya, quita esa mano

de encima. No me sirve. Me da frío

y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío

como tú. Y a soberbio, yo te gano.

        Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,

como haces tú, como haces tú! Nos coges

con las dos manos, nos ahogas. Matas

        no se sabe por qué. Quiero cortarte

las manos. Esas manos que son trojes

del hambre, y de los hombres que arrebatas.

"Señor..."

        Señor, y si su carne no se fuera

debajo de la tierra; si sus manos

sembraran siempre cálidos veranos,

infinitas, constantes primaveras.

        Si sus venas, hoy día verdaderas,

no fueran túnel de la muerte, vanos

caminos de la nada hacia lejanos

días, sin luz, sin sangre. Si no fuera

        un sueño esta verdad que contemplamos

reír, llorar, latir a nuestra puerta

golpeando las manos y las sienes.

        Si no acabara nunca lo que amamos

y ella, tan viva hoy, no fuera muerta

que un día tú, Señor, a coger vienes...

"A la inmensa mayoría"

        Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre

aquel que amó, vivió, murió por dentro

y un buen día bajó a la calle: entonces

comprendió: y rompió todos sus versos.

        Así es, así fue. Salió una noche

echando espuma por los ojos, ebrio

de amor, huyendo sin saber adónde:

adonde el aire no apestase a muerto.

        Tiendas de paz, brizados pabellones,

eran sus brazos, como llama al viento;

olas de sangre contra el pecho, enormes

olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

        ¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces

en vuelo horizontal cruzan el cielo;

horribles peces de metal recorren

las espaldas del mar, de puerto a puerto.

        Yo doy todos mis versos por un hombre

en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,

mi última voluntad, Bilbao, a once

de abril, cincuenta y tantos.

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Sin la patria el hombre es un punto perdido en los acontecimientos fortuitos del tiempo y del espacio.

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