Esta güebb tiene música..."Claro de Luna" de Debussy

Francisco de QUEVEDO y Villegas

Francisco de QUEVEDO y Villegas

Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid (ESPAÑA ESPAÑA) en 1580, en el seno de una familia acomodada. Sus padres estaban estrechamente ligados a la corte. Estudió con los jesuitas, y en las Universidades de Alcalá y de Valladolid.

En esta ciudad coincidió con Góngora, ya famoso, y lo atacó con versos crueles para hacerse notar como poeta.

Tenía pruritos de nobleza y su vida transcurrió entre los círculos superiores de la sociedad y estuvo muy implicado en asuntos de estado. Pasó gran parte de su vida pretendiendo el señorío de la Torre de Juan Abad. A los treinta y tres años sirvió en Italia, como consejero, al duque de Osuna, e intervino en la política de aquellos Estados, con grave peligro de su vida, en ocasiones. Al caer en desgracia el duque, fue desterrado a la Torre de Juan Abad. Con Felipe IV volvió al favor real.

Se casó a los cincuenta y cuatro años, pero pronto se separó. Un suceso no bien conocido, de índole política, a consecuencia de unos versos satíricos, hace que sea encarcelado (1639), en un calabozo de San Marcos de León, donde permaneció cuatro años de donde salió viejo ya y achacoso para retirarse a su señorío, en Torre de Juan Abad. Un año y poco después de ser liberado, murió en Villanueva de los Infantes (1645).

La imagen que suele tenerse de Quevedo es la de un escritor chocarrero y procaz. Pero, aunque es cierto que escribió cosas de ese jaez, se le hace notoria injusticia al no reconocer que, además, es uno de los más grandes escritores, como lírico, escritor político y severo moralista.

Como en Góngora, se da en él una disociación chocante entre el sarcasmo (desengañado, amargo) y la hondura (superior a la de Góngora) poética y de pensamiento.

De él ha podido afirmarse que equivale a toda una literatura (Jorge Luis Borges).

Compuso abundantes poesías, serias o burlescas, que aparecieron póstumas en el libro Parnaso español (1648); una novela picaresca: Historia de la vida del buscón llamado Don Pablos (1626); Sueños (en prosa, satírico-burlescos): Las zahurdas de Plutón, El mundo por de dentro, etc.; una fantasía satírico-moral: La hora de todos y Fortuna con seso; obras ascéticas: La cuna y la sepultura (1635); obras políticas: Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás (1626); La vida de Marco Bruto (1644).

Y otras muchas obras.

Quevedo es, con Calderón y Gracián, ápice del conceptismo barroco. Este estilo procede a una gran condensación del pensamiento, y elabora conceptos (es decir, correspondencias y aproximaciones entre objetos muy diferentes) con un lenguaje aparentemente (pero sólo aparentemente) llano. Porque, muchas veces, las frases tienen dos o más sentidos: se aprieta la expresión y se multiplican los significados. Nada más ajeno a los follajes ornamentales del gongorismo.

El pesimismo acerca del hombre, la desconfianza hacia él, un cierto rencor contra la vida (¡tan distintos a la juvenil exaltación renacentista!), característicos del siglo barroco, son comunes a Góngora, Quevedo, Calderón y Gracián, junto con una tendencia a la misoginia o aborrecimiento del amor y de la mujer. Lope de Vega en poco se pareció a ellos.

El pesimismo en Quevedo se extiende también a la decadencia patria, que él, situado en el centro de la vida política, sintió agudamente. He aquí un famoso soneto suyo, donde tal sentimiento de decadencia de España (unida a la de él mismo) se expresa genialmente. Se trata de una pieza fundamental de la lírica de todos los tiempos:

 

        Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados

por quien caduca ya su valentía.

        Salíme al campo, vi que el sol bebía

los arroyos, del hielo desatados,

y del monte quejosos los ganados,

que con sombras hurtó su luz al día.

        Entré en mi casa; vi que, amancillada,

de anciana habitación era despojos;

mi báculo, más corvo y menos fuerte;

        vencida de la edad sentí mi espada.

Y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte.

 

Tema obsesivo de Quevedo fue la angustia por envejecer y por morir, la amargura por el rápido paso del tiempo. El asombroso soneto, que a continuación transcribo, lo muestra. "¡Ah de la vida!", al entrar a una casa se llamaba desde el zaguán: "¡Ah de la casa!"; Quevedo adopta esta fórmula para llamar a la vida (que juzga extinguida para él)...

 

        "¡Ah de la vida!" ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las Horas mi locura las esconde.

        ¡Que sin poder saber cómo ni adónde

la Salud y la Edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

        Ayer se fue; Mañana no ha llegado;

Hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un seré, y un es cansado.

        En el Hoy y Mañana y Ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

 

Paradójicamente, Quevedo, que fue desamorado y misógino, y que apenas cantó a mujeres concretas, es un grandísimo poeta del amor, concebido por él como la única fuerza capaz de vencer a la muerte. Se ha dicho (Dámaso Alonso) que el siguiente soneto es "seguramente el mejor de Quevedo, probablemente el mejor de la literatura española"...

 

        Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera.

        Mas no de esa otra parte en la ribera

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama el agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

        Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,

venas, que humor a tanto fuego han dado,

medulas, que han gloriosamente ardido,

        su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrán sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

 

La hora de la muerte será agradable para el alma ("lisonjera") pues la liberará ("desatará") de la cárcel del cuerpo;

"en la ribera": en la otra parte del río del olvido, el mitológico Leteo que las almas cruzaban al morir; el sentido es que su alma no olvidará el lugar donde el cuerpo ardió de amor, quebrantando así la ley de la muerte que impone el olvido de lo terreno;

"la agua fría": el agua del Leteo.

Ese "humor" es la sangre que ha hecho arder de pasión al enamorado, que ha alimentado el fuego amoroso;

"todo un dios": el dios Cupido fue la prisión del alma enamorada;

"cuidado": preocupación o pasión amorosa.

 

        Vivir es caminar breve jornada,

y muerte viva es, Lico, nuestra vida,

ayer al frágil cuerpo amanecida,

cada instante en el cuerpo sepultada.

        Nada que, siendo, es poco, y será nada

en poco tiempo, que ambiciosa olvida;

pues, de la vanidad mal persuadida,

anhela duración, tierra animada.

        Llevada de engañoso pensamiento

y de esperanza burladora y ciega,

tropezará en el mismo monumento.

        Como el que, divertido, el mar navega,

y, sin moverse, vuela con el viento,

y antes que piense en acercarse, llega.

 

Monumento: tumba; divertido: distraído.

 

        Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una nariz sayón y escriba,

érase un peje espada muy barbado;

        era un reloj de sol mal encarado,

érase una alquitara pensativa,

érase un elefante boca arriba,

era Ovidio Nasón más narizado.

        Érase el espolón de una galera,

érase una pirámide de Egipto,

las doce tribus de narices era;

        érase un naricísimo infinito,

muchísimo nariz, nariz tan fiera

que en la cara de Anás fuera delito.

 

Pegado: este chiste remeda lo que dijo el orador romano Cicerón, al ver a su yerno Léntulo, que era muy pequeño, con una gran espada: "¿Quién lo ha atado a esa espada?".

Sayón y escriba: nariz judaica (popularmente, se atribuye a los judíos grandes narices; Quevedo era antisemita); pero sayón significa "rebelde" y "saya grande": caía, pues, la nariz como una gran saya; y escriba evoca la curvatura de la espalda de quien escribe.

Peje: "pez" y "mal sujeto"; la nariz era, pues, un pez espada con muchas barbas en la punta ("agallas" y "pelos"); y el narigudo era un mal sujeto con gran barba.

Reloj de sol: porque su nariz sobresalía de él como la varilla o gnomon del reloj;

mal encarado "sombrío: no le daba el sol", y "con cara torva".

Alquitara, alambique: un depósito del que sale un tubo (la nariz) por el que gotea el líquido destilado; pensativa evoca otra vez la inclinación.

Ovidio Nasón: escritor romano, de la familia de los Nasones; llamado así por su gran nariz (naso, "nariz").

Doce tribus: las de Israel; nueva referencia a los judíos.

Anás: judío del Evangelio, uno de los responsables de la Pasión de Cristo; Quevedo, chistosamente, interpreta el nombre como si significara "sin nariz"; tan grande es esta, que sería ofensiva hasta en un judío chato.

 

"Que amor de una vista se enciende y alimenta la llama"

        Quien bien supo una vez, Lisi, miraros

y quien pudo arribar a conoceros,

bien merece poder vivir sin veros,

y no poder morir si sabe amaros.

        Ni supo veros, ni sabrá estimaros

quien más codicia ver esos luceros;

y quien os vio una vez, osa ofenderos

si otra procura para contemplaros.

        Esas lumbres de amor, ricas y avaras,

o tienen las del cielo por centellas,

menores en ardor, si menos raras,

        o juntó en vuestros ojos las estrellas

Naturaleza, o vuestras luces claras

dividió por los cielos para hacellas.

"Comunicación de amor invisible por los ojos"

        Si mis párpados, Lisi, labios fueran,

besos fueran los rayos visuales

de mis ojos, que al sol miran caudales

águilas, y besaran más que vieran.

        Tus bellezas, hidrópicos, bebieran,

y cristales, sedientos de cristales;

de luces y de incendios celestiales,

alimentando su morir, vivieran.

        De invisible comercio mantenidos,

y desnudos de cuerpo, los favores

gozaran mis potencias y sentidos;

        mudos se requebraran los ardores;

pudieran, apartados, verse unidos,

y en público, secretos, los amores.

"Túmulo"

        La mayor puta de las dos Castillas

yace en este sepulcro, y, bien mirado,

es justo que en capilla esté enterrado

cuerpo que fue sepulcro de capillas.

        Sus penitencias no sabré decillas,

pues de correas sin número cantado

tan bien con el cordel se ha meneado,

que vino a los gusanos hecha astillas.

        Diéronla crecimiento de priores,

después de un pujamiento de donados

que en el siglo vivieron de pernailes.

        Aborreció seglares pecadores,

buscó instrumentos vivos y pintados,

porque tienen capillas como frailes.

"Vieja verde, compuesta y afeitada"

        Vida fiambre, cuerpo de anascote,

¿cuándo dirás al apetito "Tate",

si cuando el Parce mibi te da mate

empiezas a mirar por el virote?

        Tú juntas, en tu frente y tu cogote,

moño y mortaja sobre seso orate;

pues, siendo ya viviente disparate,

untas la calavera en almodrote.

        Vieja roñosa, pues te llevan, vete;

no vistas el gusano de confite,

pues eres ya varilla de cohete.

        Y pues hueles a cisco y alcrebite,

y la podre te sirve de pebete,

juega con tu pellejo al escondite.

 

Verso 1: cuerpo pintado; el "anascote" es una tela fina de lana pintada.

Mirar por el virote: "mirar por lo sexual" con atención. Virote: alude al miembro viril.

Mortaja: vestidura con que se envuelve el cadáver.

Orate: persona que ha perdido el juicio.

Verso 8: untas la calvicie con salsa de sazonar berenjenas (almodrote), para que salga el pelo.

Gusano: cuerpo podrido de la vieja.

Confite: cosméticos.

Alcrebite: azufre.

Pebete: cosa que tiene mal olor.

 

        Quitar codicia, no añadir dinero,

hace ricos los hombres, Casimiro:

puedes arder en púrpura de Tiro

y no alcanzar descanso verdadero.

        Señor te llamas; yo te considero

cuando el hombre interior que vives miro,

esclavos de las ansias y el suspiro,

y de tus propias culpas prisionero.

        Al asiento del alma suba el oro;

no al sepulcro del oro el alma baje,

ni le compita a Dios su precio el lodo.

        Descifra las mentiras del tesoro;

pues falta (y es del cielo este lenguaje)

al pobre, mucho; y al avaro, todo.

 

Verso 3: puedes ser riquísimo.

 

"A uno que se mudaba cada día por guardar su mujer"

        Cuando tu madre te parió cornudo,

fue tu planeta un cuerno de la luna;

de madera de cuernos fue tu cuna,

y el castillejo un cuerno muy agudo.

        Gastaste en dijes cuernos a menudo

la leche que mamastes era cabruna;

diote un cuerno por armas la Fortuna

y un toro en el remate de tu escudo.

        Hecho un corral de cuernos te contemplo;

cuernos pisas con pies de cornería;

a la mañana un cuerno te saluda.

        Los cornudos en ti tienen un templo.

Pues, cornudo de ti, ¿dónde caminas

siguiéndote una estrella tan cornuda?

 

Castillejo: carretón pequeño en que se pone a los niños para que aprendan a andar.

 

"Pinta el -Aquí fue Troya- de la hermosura"

        Rostro de blanca nieve, fondo en grajo;

la tizne, presumida de ser ceja;

la piel, que está en un tris de ser pelleja;

la plata, que se trueca ya en cascajo;

        habla casi fregona de estropajo;

el aliño, imitado a la corneja;

tez que, con pringue y arrebol, semeja

clavel almidonado de gargajo.

        En las guedejas, vuelto el oro orujo,

y ya merecedor de cola el ojo,

sin esperar más beso que el del brujo.

        Dos colmillos comidos de gorgojo,

una boca con cámaras y pujo

a la que rosa fue vuelven abrojo.

 

Tizne: maquillaje.

Cascajo: alude a monedas de escaso valor.

Arrebol: maquillaje rojizo.

Guedeja: cabellera larga.

Verso 11: los brujos besaban en el ano al cabrón y al diablo.

Pujo: deposición sanguinolenta.

Abrojo: nombre dado a varias plantas espinosas.

 

        Pues amarga la verdad,

quiero echarla de la boca;

y si alma su hiel toca,

esconderla es necedad.

Sépase, pues libertad

ha engendrado en mi pereza

                    la pobreza.

 

        ¿Quién hace al tuerto galán

y prudente al sin consejo?

¿Quién al avariento viejo

le sirve de río Jordán?

¿Quién hace de piedras pan,

sin ser el Dios verdadero?

                    El dinero.

 

        ¿Quién con su fiereza espanta

el cetro y corona al rey?

¿Quién, careciendo de ley,

merece nombre de santa?

¿Quién con la humildad levanta

a los cielos la cabeza?

                    La pobreza.

 

        ¿Quién los jueces con pasión,

sin ser ungüento, hace humanos,

pues untándoles las manos

les ablanda el corazón?

¿Quién gasta su opilación

con oro y no con acero?

                    El dinero.

 

        ¿Quién procura que se aleje

del suelo la gloria vana?

¿Quién, siendo toda cristiana,

tiene la cara de hereje?

¿Quién hace que al hombre aqueje

el desprecio y la tristeza?

                    La pobreza.

 

        ¿Quién la montaña derriba

al valle; la hermosa al feo?

¿Quién podrá cuanto el deseo,

aunque imposible, conciba?

¿Y quién lo de abajo arriba

vuelve, en el mundo, ligero?

                    El dinero.

 

Al sin consejo: al insensato.

"...Jordán": a las aguas del río Jordán se atribuían efectos rejuvenecedores.

"...verdadero": Cristo hubiera podido convertir las piedras en pan si hubiera cedido a la tentación diabólica; el dinero hace "milagros" semejantes.

Ley: la pobreza no tiene "ley" como los metales preciosos.

Opilación: enfermedad que se trataba "tomando acero" (bebiendo agua ferruginosa).

Cara de hereje: mala cara.

 

"Mujer puntiaguda con enaguas"

        Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;

si pirámide andante, vete a Egipto;

si peonza al revés, trae sobrescrito;

si pan de azúcar, en Motril te encajo.

        Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?

Si de disciplinante mal contrito

eres el cucurucho y el delito,

llámente los cipreses arrendajo.

        Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?

Si cubilete, saca el testimonio;

si eres coroza, encájate en las viejas.

        Si buida visión de San Antonio,

llámate doña Embudo con guedejas;

si mujer, da esas faldas al demonio.

 

Quevedo se burla de los "guardainfantes", grandes faldas de forma cónica, a partir de la cintura, mediante un armazón de aros de ballena u otra materia. Eran usados por las damas nobles de la época, en principio, para ocultar el embarazo, de ahí el nombre. En casi todos los versos se alude a la forma cónica o puntiaguda de las faldas: campana, pirámide, peonza (trompo de forma cónica), pan de azúcar (en forma de cono), cucurucho (cono de papel o cartón que llevaban sobre la cabeza los disciplinantes -penitentes que se azotaban públicamente en la Semana Santa-), cipreses, punzón, cubilete, coroza (gorro o capirote de forma cónica que se ponía en la cabeza de ciertos condenados, especialmente por la Inquisición), buida (puntiaguda), embudo.

Arrendajo: tipo de ave.

Testimonio: instrumento legalizado en que se da fe de un hecho.

 

"Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño de la vida"

        Huye sin percibirse, lento, el día,

y la hora secreta y recatada

con silencio se acerca, y, despreciada,

lleva tras sí la edad lozana mía.

        La vida nueva, que en niñez ardía,

la juventud robusta y engañada,

en el postrer invierno sepultada,

yace entre negra sombra y nieve fría.

    No sentí resbalar, mudos, los años;

hoy los lloro pasados, y los veo

riendo de mis lágrimas y daños.

        Mi penitencia deba a mi deseo,

pues me deben la vida mis engaños,

y espero el mal que paso, y no le creo.

        Todo tras sí lo lleva el año breve

de la vida mortal, burlando el brío

al acero valiente, al mármol frío,

que contra el Tiempo su dureza atreve.

        Antes que sepa andar el pie, se mueve

camino de la muerte, donde envío

mi vida oscura: pobre y turbio río

que negro mar con altas ondas bebe.

        Todo corto momento es paso largo

que doy, a mi pesar, en tal jornada,

pues, parado y durmiendo, siempre aguijo.

        Breve suspiro, y último, y amargo,

es la muerte, forzosa y heredada:

mas si es ley, y no pena, ¿qué me aflijo?

 

Aguijar: apresurar el paso.

 

        Ya formidable y espantosa suena,

dentro del corazón, el postrer día;

y la última hora, negra y fría,

se acerca, de temor y sombras llena.

        Si agradable descanso, paz serena

la muerte, en traje de dolor, envía,

señas de su desdén de cortesía:

más tiene de caricia que de pena.

        ¿Qué pretende el temor desacordado

de la que a rescatar, piadosa, viene

espíritu en miserias anudado?

        Llegue rogada, pues mi bien previene;

hálleme agradecido, no asustado;

mi vida acabe, y mi vivir ordene.

"Advierte al tiempo de mayores hazañas en que podrá ejercitar sus fuerzas"

        Tiempo, que todo lo mudas:

tú, que con las horas breves

lo que nos diste nos quitas,

lo que llevaste nos vuelves;

        tú, que, con los mismos pasos

que cielos y estrellas mueves,

en la casa de la Vida

pisas umbral de la Muerte;

        tú, que de vengar agravios

te precisas como valiente,

pues castigas hermosuras

por satisfacer desdenes;

        tú, lastimoso alquimista,

pues del ébano que tuerces,

haciendo plata las hebras,

a sus dueños empobreces;

        tú, que con pies desiguales

pisas del mundo las leyes,

cuya sed bebe los ríos,

y su arena no los siente,

        tú, que de monarcas grandes

llevas en los pies las frentes;

tú, que das muerte y das vida

a la Vida y a la Muerte:

        si quieres que yo idolatre

en tu guadaña insolente,

en tus dolorosas canas,

en tus alas y en tu sierpe;

        si quieres que te conozcan,

si gustas que te confiesen

con devoción temerosa

por tirano omnipotente,

        da fin a mis desventuras,

pues a presumir se atreven

que a tus días y a tus años

pueden ser inobedientes.

        Serán ceniza en tus manos,

cuando en ellas los aprietes,

los montes, y la soberbia

que los corona las sienes.

        ¿Y será bien que un cuidado,

tan porfiado cuan fuerte,

se ría de tus hazañas

y victorioso se quede?

        ¿Por qué dos ojos avaros

de la riqueza que pierden

han de tener a los míos

sin que el sueño los encuentre?

        ¿Y por qué mi libertad

aprisionada ha de verse,

donde el ladrón es la cárcel

y su juez el delincuente?

        Enmendar la obstinación

de un espíritu inclemente;

entretener los incendios

de un corazón que arde siempre;

        descansar unos deseos

que viven eternamente,

hechos martirio del alma,

donde están porque los tiene;

        reprehender a la memoria,

que, con los pasados bienes,

como traidora a mi gusto,

a espaldas vueltas me hiere;

        castigar mi entendimiento,

que en discursos diferentes,

siendo su patria mi alma,

la quiere abrasar aleve,

        estas sí que eran hazañas

debidas a tus laureles,

y no estar pintando flores

y madurando las mieses.

        Poca herida es deshojar

los árboles por noviembre,

pues, con desprecio, los vientos

llevarse los troncos suelen.

        Descuídate de las rosas

que en su parto se envejecen;

y la fuerza de tus horas

en obra mayor se muestre.

        Tiempo venerable y cano,

pues tu edad no lo consiente,

déjate de niñerías

y a grandes hechos atiende.

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Sin la patria el hombre es un punto perdido en los acontecimientos fortuitos del tiempo y del espacio.

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