Esta güebb tiene música..."Claro de Luna" de Debussy

Miguel de UNAMUNO

Miguel de UNAMUNO

Nació en Bilbao (ESPAÑA ESPAÑA) en 1864.

Estudió Filosofía y Letras en Madrid (1880-1883).

Fue catedrático de Griego (1891) y de filología comparada de latín y castellano en la Universidad de Salamanca, de la que sería rector.

Colaboró en revistas obreras (militó por un tiempo en el Partido socialista); y conectó con los jóvenes escritores de la generación del 98; se mostró atento a las corrientes intelectuales modernas y a los primeros exponentes latinoamericanos de la renovación modernista.

En Salamanca vivió hasta su muerte, salvo de 1924 a 1930 en que estuvo desterrado (en Fuerteventura y Francia) por su oposición a la Dictadura de Primo de Rivera.

Murió el último día de 1936.

Su vida fue de intensa actividad intelectual y de constante lucha. Lucha consigo mismo, debatiéndose entre contradicciones, sin hallar paz. Y lucha contra la "trivialidad" de su tiempo o la falta de inquietudes, intentando sacudir las conciencias.

Su lengua es también la de un luchador: vehemente, incitante. No busca la elegancia, sino la expresividad, la exactitud plástica, la intensidad afectiva. Él mismo dijo que buscaba una lengua "seca, precisa, rápida..., caliente".

Su lucha con la expresión y con las ideas se manifiesta en paradojas y antítesis, o en sus esfuerzos por revitalizar el sentido o las resonancias de ciertas palabras.

Dos son los grandes polos de su pensamiento: el problema de España y el sentido de la vida humana.

Su evolución...

Una crisis juvenil le hizo perder la fe. Se vuelca entonces sobre los problemas concretos de España; son sus años de militancia socialista. A los treinta y tres años, una nueva crisis le hará volver los ojos a los problemas espirituales, aunque sin abandonar nunca sus personales meditaciones sobre España.

La preocupación por España le llevó a continuas andanzas por sus tierras y a un incesante buceo en su historia. Su amor por ella le arranca su conocido grito: "¡Me duele España!" y son copiosísimos sus ensayos sobre este campo, como los recogidos en sus libros En torno al casticismo (1895), Por tierras de Portugal y España (1911), Andanzas y visiones españolas (1912), etc. Entre sus obras sobre nuestra historia y nuestra cultura, tiene singular fama su Vida de Don Quijote y Sancho (1905), personal y apasionada interpretación del magno libro como expresión de la esencia española y permanente modelo de idealismo.

Las meditaciones sobre el sentido de la vida humana dan a Unamuno un puesto eminente en la filosofía.

Su pensamiento está dentro de un vitalismo precursor del existencialismo moderno.

Para Unamuno, en efecto, el gran tema de la filosofía es "el hombre de carne y hueso", con sus anhelos y sus angustias. Y, con ello, el problema de Dios y de la inmortalidad, la gran cuestión que -para él- daría sentido a la existencia. Unamuno se debatió sin cesar entre su razón, que le llevaba al escepticismo, y su corazón, que necesitaba desesperadamente a Dios.

Sus dos grandes libros sobre estos temas son Del sentimiento trágico de la vida (1913) y La agonía del Cristianismo (1925). En el segundo, la palabra "agonía" se emplea en su sentido etimológico de "lucha": "Mi agonía, mi lucha por el Cristianismo, la agonía del Cristianismo en mí..."

Muchos otros son los temas de sus ensayos y centenares de artículos: Unamuno no dejó de comentar cualquier asunto que se suscitara en su tiempo.

Cultivó Unamuno todos los géneros y en todos dio vueltas a sus grandes temas.

Su narrativa comienza con Paz en la guerra (1897), novela "intrahistórica" sobre la guerra carlista. Entre sus novelas posteriores destaca Niebla (1914), en la que intentó renovar las técnicas narrativas; de ahí que la llamara, no "novela", sino... nivola. Otros títulos: La tía Tula (1921), San Manuel Bueno, mártir (1933)...

Su obra poética, amplísima, compone una biografía de su espíritu, desde sus Poesías de 1907 al Cancionero póstumo, pasando por El Cristo de Velázquez (1920), en que vierte su pasión por Jesús.

Sus versos, de ritmos ásperos y robustos, al margen de las tendencias, tardarían en ser apreciados.

En su teatro citar Fedra (1911) o El otro (1927), entre sus dramas,...

Es Unamuno un escritor apasionante siempre de leer por su bullente humanidad. Expresó con una intensidad inigualada las inquietudes de su tiempo, de su generación. Y es, en fin, uno de los grandes forjadores de la lengua contemporánea.

 

Logre morir con los ojos abiertos

guardando en ellos tus claras montañas,

-aire de vida me fue el de sus puertos-

que hacen al sol tus eternas entrañas

                                ¡mi España de ensueño!

Entre conmigo en tu seno tranquilo

bien acuñada tu imagen de gloria;

haga tu roca a mi carne un asilo;

duerma por siglos en mí tu memoria,

                                ¡mi España de ensueño!

Se hagan mis ojos dos hojas de hierba

que tu luz beban, oh sol de mi suelo;

madre, tu suelo mis huellas conserva,

pone tu sol en mis huellas consuelo,

                                ¡consuelo de España!

Brote en verdor la entrañada verdura

que hizo en el fondo de mi alma tu vista,

y bajo el mundo que pasa al que dura

preste la fe que esperanza revista,

                                ¡consuelo de España!

Logre morir bien abiertos los ojos

con tu verdor en el fondo del pecho,

guarde en mi carne dorados rastrojos;

tu sol doró de mi esperanza el lecho,

¡consuelo del ensueño de mi España!

Con recuerdos de esperanzas

y esperanzas de recuerdos

vamos matando la vida

y dando vida al eterno

descuido que del cuidado

del morir nos olvidemos...

Fue ya otra vez el futuro,

será el pasado de nuevo,

mañana y ayer mejidos

en el hoy se quedan muertos.

Me he despertado soñando,

soñé que estaba despierto,

soñé que el sueño era vida,

soñé que la vida es sueño.

Sentí que estaba pensando,

pensé que sentía, y luego

vi reducirse a cenizas

mis pensamientos de fuego.

Si hay quien no siente la brasa

debajo de estos conceptos,

es que en su vida ha pensado

con su propio sentimiento;

es que en su vida ha sentido

dentro de sí al pensamiento.

Flores da el amor al hombre,

flores entre hojas al viento;

mas también le da diamantes

duros, cortantes y escuetos.

No sólo el vapor calienta;

no llaméis frío a lo seco;

la carne enfría a menudo

y suelen quemar los huesos.

"La oración del ateo"

        Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,

y en tu nada recoge estas mis quejas,

Tú que a los pobres hombres nunca dejas

sin consuelo de engaño. No resistes

        a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.

Cuando Tú de mi mente más te alejas,

más recuerdo las plácidas consejas

con que mi ama endulzóme noches tristes.

        ¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande

que no eres sino Idea; es muy angosta

la realidad por mucho que se expande

        para abarcarte. Sufro yo a tu costa,

Dios no existente, pues si Tú existieras

existiría yo también de veras.

        Es una antorcha al aire esta palmera,

verde llama que busca al sol desnudo

para beberle sangre; en cada nudo

de su tronco cuajó una primavera.

        Sin bretes ni eslabones, altanera

y erguida, pisa el yermo seco y rudo;

para la miel del cielo es un embudo

la copa de sus venas, sin madera.

        No se retuerce ni se quiebra al suelo;

no hay sombra en su follaje, es luz cuajada

que en ofrenda de amor se alarga al cielo,

        la sangre de un volcán que enamorada

del padre Sol, se revistió de anhelo

y se ofrece, columna, a su morada.

"El fracaso de la vida"

        Cuando el alma recuerda la esperanza

de que nutrió su juventud comprende

que la vida es engaño y luego emprende

soñar que fue lo que no fuera; avanza

        así con sus ensueños, mas no alcanza

lo que esperó; soñando se defiende

y llega al fin Aquella que nos prende

con el lazo de la última membranza.

        Para ver la verdad no hay mejor lumbre

que la lumbre que sube del ocaso,

y que luego el verdor trueca en herrumbre:

        lanzadera fatal urde el acaso

de la vida en la trama la costumbre:

toda vida a la postre es un fracaso.

        Me destierro a la memoria,

voy a vivir del recuerdo.

Buscadme, si me os pierdo,

en el yermo de la historia,

que es enfermedad la vida

y muero viviendo enfermo.

Me voy, pues, me voy al yermo

donde la muerte me olvida.

Y os llevo conmigo, hermanos,

para poblar mi desierto.

        Cuando me creáis más muerto

retemblaré en vuestras manos.

Aquí os dejo mi alma -libro,

hombre-, mundo verdadero.

Cuando vibres todo entero

soy yo, lector, que en ti vibro.

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BANDERA ESPAÑOLAESCUDO ESPAÑOLBANDERA ESPAÑOLA

Sin la patria el hombre es un punto perdido en los acontecimientos fortuitos del tiempo y del espacio.

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