Esta güebb tiene música..."Claro de Luna" de Debussy

Ramón María del VALLE-INCLÁN

Ramón María del VALLE-INCLÁN

Don Ramón María del Valle-Inclán (que se llamaba en realidad Ramón Valle Peña) nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra, ESPAÑA ESPAÑA) en 1866.

Procedía de una empobrecida familia hidalga, hecho a tener en cuenta porque sustenta las fantasiosas reclamaciones de clase y la atracción (matizada de escepticismo) por el carlismo en su primera etapa.

Sin terminar sus estudios de Derecho, marcha a México con afán de aventuras (entre 1892 y 1893). De regreso, lleva en Madrid una vida bohemia.

En 1899, a consecuencias de una herida recibida en una riña con el literato Manuel Bueno, pierde el brazo izquierdo.

Se casa con una actriz en 1907.

Su fama crece tanto por su arte como por su vida llena de anécdotas chocantes. Pero su dedicación a la literatura es absoluta, y no le detienen las privaciones que sufre con su familia.

Renunció a una cátedra de Estética; más tarde (1933) aceptó ser director de la Academia Española de Roma. Pero, enfermo de cáncer, volvió a Santiago, donde murió en 1936.

"Eximio escritor y extravagante ciudadano": con estas palabras famosas lo definió en cierta ocasión el general Primo de Rivera. Su figura era inconfundible: manco, melena y barbas largas, capa, chambergo y chalina. Pero, por debajo de su excentricidad, está su inconformismo, la entrega rigurosa a su trabajo de escritor y una arrogante búsqueda de nuevas formas.

Políticamente fue primero tradicionalista; por aversión a la civilización burguesa, que le parecía fea, se aferraba a los viejos valores y se proclamaba "carlista por estética". Pero, a partir de 1915, da un giro radical: se sigue oponiendo a lo mismo, pero ahora desde la izquierda, adoptando posturas revolucionarias que llegan hasta el comunismo. Con todo, no es fácil separar lo que había en él de convencimiento político y de postura "estética".

La amplia producción de Valle abarca todos los géneros. Y en todos se aprecia una profunda evolución, paralela a su cambio ideológico.

A grandes rasgos, pasa de un modernismo refinado y nostálgico a una postura crítica expresada en un estilo desgarrado, radicalmente nuevo.

Entre 1902 y 1905 escribe las Sonatas. Son cuatro novelas breves (Sonata de Primavera, de Estío, de Otoño y de Invierno) que recogen las aventuras y amores del marqués de Bradomín, "un don Juan feo, católico y sentimental". Hay en ellas la visión, entre nostálgica y distante, de un mundo refinado y decadente. Por su estilo, suponen para la prosa española lo que supuso Rubén Darío para la poesía. Es una prosa rítmica, rica en efectos sensoriales, elegante, bellísima.

Escribe luego algunas de sus Comedias bárbaras (Romance de lobos, 1908, etc.), de ambiente rural gallego, con personajes singulares y pasiones violentas.

La evolución estilística se acentúa con la trilogía de novelas La guerra carlista (Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño, 1908-1909). En ellas, el heroísmo y la brutalidad de la guerra alternan en agridulce contraste. El mismo contraste, en el estilo: junto a resabios modernistas, aparece un lenguaje desgarrado y bronco.

Idéntica evolución se apreciará en su poesía, desde Aromas de leyenda (1907), modernista a La pipa de kif (1919), de tonos "esperpénticos", asombrosa por su originalidad y por su fuerza verbal.

La consolidación de su nueva estética se da en 1920, con la publicación de Luces de bohemia, subtitulada "esperpento". Con esta palabra (cuyo significado habitual era "persona o cosa extravagante o absurda") designa Valle-Inclán a esas obras dramáticas suyas que se basan en una deformación o degradación expresionista de la realidad.

En los "esperpentos" se agitan figuras distorsionadas, fantoches grotescos o conmovedores, presentados con una técnica de chafarrinón y un lenguaje áspero, a menudo soez. Pero, dentro de ese tono, la prosa es de una cuidadísima elaboración, de una creatividad auténticamente genial. Todo ello revela una visión ácida y violentamente disconforme con la realidad. El autor se complace en degradarla con una risotada que oculta su amargura.

De 1920 son otras obras afines a los esperpentos: el drama Divinas palabras, cuyo mundo brutal extrema el de las "Comedias bárbaras"; o la Farsa y licencia de la reina castiza, caricatura de la corte de Isabel II.

Más distorsionados aún son los siguientes esperpentos (1921-1927), recogidos con el título conjunto de Martes de carnaval (Los cuernos de don Friolera, etc.).

Las mismas características tienen sus novelas de la última época. Así, Tirano Banderas (1926), historia "esperpéntica" de un dictador americano, una de las más importantes novelas españolas del XX y de influencia decisiva en Hispanoamérica. O la trilogía El ruedo ibérico, en que reaparece la sátira de los tiempos de Isabel II.

Nunca se insistirá demasiado en la significación renovadora de Valle-Inclán. Sobre todo, sus obras dramáticas. Durante mucho tiempo, se pensó que no eran verdadero teatro, sino novelas dialogadas, obras irrepresentables. Tales opiniones quedarían desmentidas más tarde: las nuevas concepciones del espectáculo teatral y las nuevas técnicas de la representación han permitido llevar su obra a la escena. La verdad es que Valle-Inclán fue mucho más allá de lo que admitían las convenciones escénicas de su tiempo; y, lejos de plegarse a ellas, continuó orgullosamente su obra, sin concesiones.

Hoy es considerado como la máxima figura del teatro español de los tres últimos siglos y como un dramaturgo que se anticipó a nuevas tendencias del teatro mundial.

En conjunto, es uno de los autores más vigentes hoy. Y, en fin, su asombroso dominio de la lengua hace de él uno de los grandes creadores que ha habido.

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Sin la patria el hombre es un punto perdido en los acontecimientos fortuitos del tiempo y del espacio.

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