LOS DIOSES DE EGIPTO


Los egipcios no definieron muy claramente las atribuciones y los poderes de sus dioses ni fijaron con precisión los lazos que los unían a ellos. Los dioses egipcios eran personalidades superiores. Habían precedido al hombre sobre la tierra y disponían de un gran poder que los hombres nunca podrían igualar.

Sin embargo, algunos dioses sí tenían funciones bien determinadas. Thot era el protector de las ciencias. Montu, un dios guerrero. De algunos como Atón, Ptah y Khum, se pensaba que habían creado el mundo. Por lo general, cada dios se vincula a la ciudad donde se encuentra su templo. Menfis alberga el santuariio de Ptah, y Sais el de Neith. También puede ocurrir que un dios tenga un templo en varias ciudades. Por ejemplo, Montu tenía cuatro en la región de Tebas. A algunos, como Amón, se les rindió culto en todo el país una vez que fueron reconocidos como protectores de la dinastía reinante. El soberano del reino de los muertos, Osiris, atrae a su templo edificado en Abydosv a los peregrinos llegados de todos los rincones de Egipto, que mantienen la esperanza de alcanzar la vida eterna.

Los antiguos egipcios pensaban que la suerte del mundo dependía del talante de los dioses. Por consiguiente, había que mantener con ellos las mejores relaciones posibles. Ése era el cometido del faraón, considerado, a su vez, como un dios en la tierra, como el Horus viviente, y el único que podía entrar en contacto directo con los dioses en la intimidad del templo. Cada día ofrecía la comida a la divinidad, y lavaba y cambiaba la estatua que en la cámara secreta representaba al dios. Éste, satisfecho con su "hijo", le daba "toda la vida, fuerza y salud" a cambio de sus servicios. Así, sólo el faraón podía asegurar la prosperidad de Egipto prometida por los dioses. Pero no podía estar presente, en persona, cada día en cada uno de los diversos templos del Imperio. Por ello, se establecía un turno entre las personalidades de la ciudad para que se encargaran del servicio divino. No eran verdaderos sacerdotes y su dedicación a los asuntos religiosos era sólo parcial. El clero como tal no aparecía hasta el primer milenio a.C.

Hacia 1365 a.C., Amenofis IV Akenatón instaura el culto de un único dios universal, el disco solar Atón, al que dedica el inmenso templo que hace construir en Karnak. Sin embargo, el espíritu egipcio era más proclive a la multiplicidad de las representaciones divinas, de manera que la reforma revolucionaria del faraón no tuvo ningún éxito y no sobrevivió a su reinado.

 

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