DIARIO DE UNA BANDERA
PRIMERA PARTE .- El Territorio de Tetuán.
A Xauen
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Cuatro días de descanso en Uad-Lau
nos permiten levantar definitivamente nuestro campamento y el 30 de
abril, formando parte de la columna Castro, avanza la Legión por el
valle del Lau a efectuar la soñada unión con Xauen. El objetivo del primer día es la
ocupación de Tagsut, a la salida del desfiladero. La marcha en la
primera parte se hace fácil; el camino recorre el extenso llano y al
abandonar éste empieza el estrecho desfiladero. Dejamos atrás la
posición de Kobba-Darsa, guarnecida por policías. El camino sigue por
la derecha del tajo en que aparece cortada la alta montaña, por cuyo
fondo corren las aguas del Lau, con bastante caudal en todas las épocas
del año. Las interrupciones en la marcha son
constantes; muchos mulos caen, otros se despeñan e impiden la marcha de
las siguientes unidades. En algunos lugares del recorrido el valle se
ensancha un poco y, entonces, entre los altos y rocosos picos de Beni-Hassan
y Beni-Ziat, separados por el río, vemos alegres y pintorescos poblados
colgados, como nidos de águila, de la crestería rocosa. El paso de la columna por unas
esponjas de peñascos produce una detención mayor; los mulos de los
ingenieros ruedan con sus grandes mazos de estacas y las tablas de los
blocaos se encuentran diseminadas por tierra. Se hace preciSO ayudarles
a cargar dejando expedito el camino, y los legionarios, con su espíritu
de trabajo, van levantando los sufridos mulos caídos en el fondo de las
barrancadas. El sol nos castiga con sus ardientes rayos y hace más
fatigosa la jornada. Durante el trayecto, en los lugares
previamente señalados se establecen blocaos para puestos de policía y
con los ingenieros quedan tropas nuestras encargadas de protegerles y
ayudarles en los trabajos; de este modo, vamos dejando perdidas en el
monte varias secciones de nuestras compañías. Un arroyo cristalino que afluye al
Lau nos ofrece en la marcha descanso y alivio, los soldados lo cruzan y
llenan en él sus cantimploras, consumidas va en la primera parte de la
penosa jornada. Después de un breve descanso, sigue la Bandera entre
los frondosos bosques y peñascales, que, coronados por nevados y altos
picos asemejan este paraje a los rincones de nuestra montaña norteña. El camino tuerce a la izquierda
bajo grandes acantílados y, dejando atrás el Lau, que corre rápido y
espumoso cortando la montaña, llegamos a la orilla del Talambó, que,
cristalino, salta entre las peñas. La temperatura es tan fresca al pie
de estos acantilados y la fatiga de la marcha tanta, que damos a la
tropa un prolongado descanso antes de cruzar el río y subir la empinada
cuesta de los poblados. Por un puente romano, algo
deteriorado por la acción del tiempo, cruzamos el río Talambó y
empezarnos la subida del pendiente camino. Extensos aduares, con su mezquita
de elevada torre, cruzamos al paso. Los chicos rodean curiosos a los
soldados, mientras los perros, ariscos, nos ladran enseñando sus
afilados colmillos. Unos moros salen a nuestro paso con cántaros de
agua con que obsequian a nuestros soldados. Y a la derecha, entre un
espeso bosque de olivos, un bonito morabo de tejado rojo guarda los
restos del milagroso santón de estos lugares. Una gran hondonada, salpicada de
fuertes olivos, es el lugar del nuevo campamento; próximo a él corre
un pequeño arroyo que nos ha de facilitar la aguada; los caballos de
nuestros jinetes se agrupan alrededor de los árboles y bajo un olivo
mayor el coronel Castro conferencia con los caídes moros. Cae ya la tarde cuando la Bandera
entra en el Campamento, pero las tiendas faltan y el convoy todavía
viene muy retrasado. Durante la noche van llegando los mulos. Unos
acemileros montados han salido a su encuentro con un oficial
consiguiendo reemplazar los mulos despeñados y recoger lo utilizable de
su carga. Los ranchos se toman cerca del
amanecer y son las tres y media de la madrugada cuando 1legan a Tagsut
las secciones dejadas con los blocaos a retaguardia. Durante la noche, legionarios e
ingenieros establecen otro pequeño blocao en el collado vecino y al
amanecer emprende de nuevo su marcha la columna en dirección al Kala. La operación transcurre sin
incidentes. La harca amiga ha coronado durante la noche los altos picos
y por ello la resistencia es escasa. Nos detenemos dando vista al
extenso poblado del Kala, hasta que, enviados los elementos de
fortificación y víveres a la rocosa altura, se sigue la marcha a Xauen. A lo lejos, por la derecha, se ve
avanzar la vanguardia de la columna de Dar Akoba; en ella forman los
legionarios de las otras dos Banderas a las órdenes de nuestro Teniente
Coronel, y con ellos nos cruzamos momentos antes de seguir la marcha. La jornada, en esta segunda parte,
se hace in terminable; el camino recorre la falda del gigantesco monte
cruzando verdes prados y pequeños arroyos, en que sacian su sed
nuestros soldados. La preciosa huerta de Garuzin es lo
primero que se ofrece a nuestra vista; sobre ella, las tiendas de la
posición de Muratahar aparecen medio ocultas por los altos parapetos de
tierra, y a nuestro pie, y en medio del arbolado, unos pequeños
barracones grises señalan la presencia del campamento indígena. Al
volver una curva del camino, bajo los gigantescos y cortados picos, las
torres de las mezquitas nos revelan la ciudad oculta casi tras los
negros paredones de las murallas. Conforme nos acercamos al
campamento se escuchan claramente los tiros de los blocaos del río que
el enemigo hostiliza desde las espesas arboledas; los <<pa-cum>>
retumban en la barrancada y alguna bala armoniosa y alta silba sobre
nuestras cabezas. El campamento queda establecido
entre las huertas, próximo a los barracones de los Regulares. A NUESTRA LLEGADA visitamos la
misteriosa ciudad. Tiene la paz de los poblados magrebíes. Calles
empinadas y estrechas forman la parte alta del pueblo, donde los olivos
asoman entre los pendientes y rojizos tejados; una muralla alta y
aspillerada rodea la ciudad dándole parecido con nuestros pintorescos
pueblos andaluces y en el centro de la población se alzan los
murallones de la Alcazaba, en cuyo torreón principal, cubierto de
espesa hiedra, ondean las banderas mora y española. La parte baja de la población es más
interesante. La calle de la Sueca, con sus tiendas como cajones, ofrece
a la venta con las telas de la ciudad las chilabas de rica lana,
confeccionadas en sus telares primitivos. Las chilabas de Xauen son
apreciadas en todo el Norte de Marruecos, en el que tienen gran mercado. Los babucheros abundan, aunque en más
pequeña escala, y sus babuchas forman altas columnas en estos n ichos
de las tiendas moras. Al sur de la ciudad, el Barrio de
los Molinos constituye uno de sus más bonitos rincones. El río salta
entre los peñascos moviendo las ruedas de los molinos y, en medio de
los frondosos árboles, corre por los canales descubiertos la cristalina
agua de la ciudad. El agua es el tesoro de este
pueblo: debajo de los altos cortados del Magot, brota abundante y
cristalina, surte la ciudad, riega la huerta y muere en el Lau después
de haber movido los molinos. La Plaza de España, abierta en
medio del poblado, es la plazuela fea de un pueblecito español; en
ella, los blanqueos fuertes de una mezquita resaltan al lado de los
negros murallones de la Alcazaba y, a corta distancia, aparecen
dominantes los cortados grises del pedregoso monte, desde donde el
conocido "Paco Peña" hostilizaba hasta hace dos días a sus
habitantes. DURANTE LOS DIAS 2 y 3 de mayo se
concentran en Xauen las tropas que han de constituir las nuevas
columnas. Con nuestro Teniente Coronel llegan las otras Banderas de la
Legión y por primera vez nos vemos reunidos todos los legionarios. El día 3 en los momentos en que
nuestro primer jefe revista sus unidades, una orden urgente de salida
aleja de nosotros a nuestra segunda Bandera. Debe regresar a su puesto
en el Zoco del Arba, donde las agresiones enemigas requieren su
presencia. Así, se separan de nosotros en aquel día los legionarios de
la Bandera hermana; marchan honrados con la confianza, pero resignados y
tristes por perder la expedición, a seguir desempeñando su penosa e
ingrata tarea. La salida a operaciones ha sido señalada
para el amanecer del día 4. Una Bandera va con cada columna y a
nosotros nos corresponde el puesto en la del heroico general Sanjurjo. Antes de amanecer nos encontramos
formados y un ayudante señala nuestro puesto en el grueso. Nuestra
contrariedad es grande. Los soldados cuya moral fue hecha para días
duros, se descorazonan con la espera y los oficiales, que han servido en
su mayoría en tropas indígenas, se sienten postergados dentro del cajón
de la columna. El objetivo de la operación es la
colocación de unos blocaos en la salida de las huertas de Garuzin que
eviten las incursiones enemigas hasta los muros de la plaza. Despliegan
las vanguardias y, suenan algunos disparos; el fuego se hace más
nutrido. Cuando llegamos al lugar en que ha
de colocarse el blocao, una orden llega para las ametralladoras y
momentos después escuchamos su tableteo. Una compañía ayudará a los
trabajos de fortificación, mientras las otras unidades permanecen
sentadas cara al sol. Al mediodía recibimos orden de que
la Bandera vaya a otro puesto de la línea donde se piensa establecer un
blocao en un espolón sobre el río y allí nos encaminamos a construir
un alto paredón tras el que puedan trabajar los ingenieros. El combate
está en aparente calma; cuando los legionarios dejan las armas y
cargados con piedras se adelanta al lugar ocupado por las guerrillas de
Regulares, un nutrido tiroteo parte de la gaba (monte bajo) del otro
lado del río; las balas silban próximas y los legionarios encantados
bailan de alegría con sus piedras, (Viva España!(Viva la Legión! ,
gritan entusiasmados; dos de ellos caen heridos por el plomo enemigo. Se
recibe orden, por lo adelantado del día, de suspender el trabajo y
retirarnos. Los legionarios se alejan contentos de haberlas oído silbar
cerca. El día 5, y formando parte de la
misma columna, sale la primera Bandera a ocupar un puesto análogo al
del día anterior. Nos concentramos al abrigo del blocao de Miskrela y
con sana envidia vemos trepar hacia el monte las guerrillas moras de los
Regulares; de cerca seguimos su marcha; hay poco enemigo y tampoco
parece que intervengamos. El espíritu de trabajo de nuestra
tropa hace que nos empleen como ingenieros, y allá van dos secciones a
ayudar a la construcción de los blocaos, mientras los demás nos
impacientamos con tanto reposo, tumbados sobre las ardientes peñas. Unas horas más tarde, la situación
del frente hace avanzar a la segunda compañía a reforzar la guerrilla
de Regulares, ocupando los legionarios una línea de peñascos en la
izquierda del frente, El fuego de los indígenas en aquel punto es muy
grande; sin embargo, los legionarios permanecen sin gastar cartuchos. )Cómo
no tiráis vosotros? , le pregunto en mi visita al fiel cabo austríaco
Herben. -Mi comandante -dice-, hay enemigo,
pero está oculto en la barrancada y como no vamos a hacerle nada,
preferimos no tirar. La compañía efectúa más tarde
su retirada sin haber tenido bajas. La jornada había sido buena. La
columna del coronel Castro, descolgando su Mehalla desde los altos picos
del Magot, había caído por la espalda sobre la posición de Miskrela,
poniendo al enemigo en huida y facilitando nuestro avance; sólo unos
moros de esta columna, con la ambición de la *razzia+, se adelantaron
hasta el vecino poblado de donde no habían de volver. Las posiciones quedan guarnecidas
por los legionarios y es ya de noche cuando llegamos bajo los muros de
la ciudad del Monte. DOS DIAS DE descanso siguieron a
estas operaciones; descongestionado Xauen con las posiciones últimamente
ocupadas, marchan los Regulares a descansar durante su Pascua y quedan
guarneciendo Xauen la primera y tercera Banderas de la Legión. En estos días efectuamos la
colocación de varios blocaos en la orilla del río y lomas de Muratahar.
La característica de estas operaciones es el sigilo con que se llevan a
cabo, sin llamar la atención del enemigo con la aparición de grandes
masas de tropas; y, sin casi hostilidad, se construyen en varias mañanas
los distintos blocaos. EN NUESTRA VIDA de Xauen nos llegan
los ecos de España. El país vive apartado de la acción del
Protectorado y se mira con indiferencia la actuación y sacrificio del
Ejército y de esta oficialidad abnegada que un día y otro paga su
tributo de sangre entre los ardientes peñascales. (Cuánta insensibilidad! Así vemos
disminuir poco a poco la interior satisfacción de una oficialidad que,
en época no lejana, se disputaba los puestos de las unidades de choque. Llega en estos días nuestra
revista profesional con proyectos ideológicos de organización de este
Ejército, sobre la base de una oficialidad colonial; esto es, sentencia
a los de Africa de no regresar a España, privar al Ejército peninsular
de su mejor escuela práctica, y seguridad en la oficialidad de la Península
de no venir a Marruecos. La lectura de estos estudios y la peligrosísima
decadencia del entusiasmo militar me dictó entonces las siguientes líneas,
que, remitidas a nuestra revista profesional, no llegaron a ver la luz,
no obstante la buena acogida que tuvieron por parte de su Director, a
quien debo por ello gratitud. Fueron escritas en Xauen, el mes de mayo
del pasado año, y decían así: EL MERITO EN CAMPAÑA *Constantemente es debatida por los
infantes la solución que debe darse a los problemas del Ejército de
Africa, y en las páginas de esta Revista se publicaron trabajos
encaminados a resolverlos, sin que la buena voluntad de los autores
acertase con una solución en armonía con la futura vida de nuestro
Protectorado y que no tendiese a destruir su espíritu militar y, como
consecuencia, la buena marcha de nuestra acción. Los infantes en
Marruecos leyeron nuestra Revista con la pena de que esos escritos no
podían satisfacer a los que aquí trabajan y luchan. +No pretendo yo resolver estos
problemas, pues su solución se encuentra en lo ya constituido y en las
personas que con prestigios justos y autoridad en el Protectorado
encaminan éste a un rápido y definitivo término; mi deseo es sólo
presentar a los infantes el peligro que encierra para el Ejército y
para la acción militar, el querer solucionar estos problemas a
distancia, sin que en la balanza, llamada de la Justicia, se sepan pesar
las penalidades y sufrimientos de una campaña ingrata y el gran número
de oficiales que gloriosamente mueren por la Patria acrecentando con su
comportamiento las glorias de la Infantería (Ellos son los que hacen
Patria! +El problema militar marroquí es,
en general, obra de infantes; ellos forman el núcleo principal de este
Ejército y con los jinetes, en número proporcionado, nutren las filas
de las tropas de primera línea. Infantes son los que en las heladas y
tormentosas noches velan el sueño de los campamentos, escalan bajo el
fuego las más altas crestas, y luchan y mueren, sin que su sacrificio
voluntario obtenga el justo premio al heroísmo. +En las recientes operaciones, las
dolorosas bajas habidas hablan con más elocuencia que lo que estas líneas
pueden decir. Allí murieron capitanes y tenientes de los gloriosos
Regulares, oficiales entusiastas que llevaban varios años de campaña
con estas tropa, a donde les llevó su gran entusiasmo militar y esa
esperanza de encontrar un día el justo premio al sacrificio. +El premio es el punto sobre que
giran artículos y proyectos y se habla de oficialidad colonial como si
el porvenir de nuestro Protectorado fuese el sostener aquí un numeroso
Ejército y en la creencia también de que el oficial que con entusiasmo
trabaja y se especializa en la práctica de esta guerra, aceptaría
renunciar para siempre a su puesto en el Ejército peninsular. +La campaña de Africa es la mejor
escuela práctica, por no decir la única de nuestro Ejército, y en
ella se contrastan valores y méritos positivos, y esta oficialidad de
espíritu elevado que en Africa combate ha de ser un día el nervio y el
alma del Ejército peninsular, pero para no destruir ese entusiasmo,
para no matar ese espíritu que debemos guardar como preciada joya, es
preciso, indispensable, que se otorgue el justo premio al mérito en
campaña; de otro modo se destruirá para siempre ese estímulo de los
entusiasmos, que morirían abogados por el peso de un escalafón en la
perezosa vida de las guarniciones. +Para nuestra acción africana, a
nadie puede ocultarse que, de persistir esas ideas, se acabará el espíritu
de nuestras tropas de choque, que si antes tenían numerosos aspirantes
a figurar en sus cuadros, hoy se encuentran sin poder cubrir sus bajas
de sangre, pues el horizonte que ve el infante es sólo esa gloriosa
muerte que poco a poco va alcanzando a los que aquí persisten. +Midan, pues, los infantes sus
pasos, vuelvan la vista a estos campos marroquíes, fijen su atención
en estos modestos cementerios que cobijan los restos de tantos infantes
gloriosos y no se les ocultará la necesidad, para la Infantería, de
que su unión en apretado abrazo sirva para que sin regateos injustos se
otorgue el justo y anhelado premio al mérito en campaña. (Así
habremos hecho Patria!+ ---------------- HASTA EL 24 DE junio continúa en
Xauen la primera Bandera; los paseos militares se repiten y el servicio
de descubierta hacia el río se convierte, por lo extenso y accidentado
del terreno, en una constante escuela de combate; y sin una agresión
van transcurriendo los días de nuestra estancia en Xauen. Una epidemia de fiebres tifoideas
se presenta con caracteres alarmantes; muchos de nuestros soldados han
pasado al Hospital; se toman enérgicas medidas sobre el suministro de
agua y una activa campaña sanitaria parece disminuir el peligro, pero
al salir el día 24 para el Zoco del Arba, nos vamos con el dolor de
dejar en Xauen gravemente enfermo a nuestro querido médico Valdecasas,
a quien no habíamos de volver a ver. |