DIARIO DE UNA BANDERA
PRIMERA PARTE .- El Territorio de Tetuán.
Operaciones en Gomara
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Antes de amanecer ya está formada
la columna. Sin toque previo se han levantado las unidades y al rayar el
alba las fuerzas se ponen en movimiento. La columna es toda de tropas
escogidas; ocupamos nuestro puesto en el grueso y emprendemos lentamente
el camino hacia el vado del Lau. Al paso del río el aspecto de la
columna es pintoresco; un escuadrón de caballería indígena abreva los
caballos agua arriba del paso; los soldados se meten decididos en el
agua, que les llega por encima de la rodilla, y unos acemileros luchan
con un mulo que, retozón, ha arrojado su carga en la corriente. Pasado el vado se acorta la marcha,
las unidades se reúnen y, siguiendo la costa, llegamos a la rinconada
de Kasares; descansamos junto a unos arbolados mientras los Regulares e
Ingenieros suben la cuesta del poblado y empiezan los trabajos de la
nueva posición. La marcha sigue en dirección a
Targa; el estrecho camino va remontando el espolón del monte; a 1a
izquierda, un profundo cortado cae al mar. Los barcos de la escuadra,
muy próximos a la costa, siguen a la columna y las nuevas gasolineras
recorren la orilla cual rápidas flechas. Delante, hacia la vanguardia,
alcanzando el collado, se divisa la pintoresca caravana de los jinetes
moros. Por fin, después de un pequeño
alto, damos vista al valle de Targa en cuya concha de mar azul echan el
ancla los cañoneros de nuestra marina. Las casitas blancas, entre los
huertos verdes que rodean la mezquita, permanecen en paz; algunas
ostentan banderitas blancas y, en medio, coronado de la extensa playa,
un enorme peñón de antiguo castillo, se alza dominante, mientras a su
pie, como pequeñas hormigas, se ven llegar los jinetes de nuestra
vanguardia. Descendemos por el pedregoso camino
que recorren las huertas y llegamos a la arena. A la sombra del peñón
conversa el coronel con los notables. Unas gasolineras se acercan a la
orilla. Empieza el desembarco de material, y la playa, antes desierta,
toma extraordinaria animación con la llegada de las tropas. Por la tarde, al desembarcar el
Alto Comisario, son los legionarios los encargados de rendirle honores
y, después de revistarnos, obtenemos, con su felicitación, la promesa
de darnos la alternativa en las operaciones sobre Beni-Aros. Este primer avance se hizo en plena
paz. Los indígenas nos vienen a vender huevos y gallinas y nos
transportan cargas de agua. Durante la noche ni un solo tiro turba
nuestro descanso. EL OBJETIVO DE la segunda jornada
es la ocupación de Tiguisas, pero el camino de la costa está tan malo,
que se decide la marcha por el interior, y al amanecer del día 19 nos
internamos por el estrecho valle, entre los huertos de floridos
naranjos. Dejamos atrás el valle de Targa y
remontando los altos montes que forman la divisoria, conseguimos dar
vista al precioso valle de Tiguisas. La playa blanquea a lo lejos y en
el fondo del valle, entre los plateados lazos que forma el río, se
elevan los crecidos álamos que dan nombre a la ensenada. El verde valle
se halla salpicado de casitas blancas que se pierden medio ocultas entre
el arbolado. La columna desciende hasta la
orilla del río, donde toma el ancho camino de la vega y, después de
atravesar los bosques sagrados dé espesos olivos, llegamos a la playa. Próximo a la desembocadura del río
Tiguisas, se instala el campamento; las tiendas se pierden entre el
color de la arena y sólo los banderines de las compañías y los
grandes coros de ganado se destacan sobre la extensa playa. Los barcos se acercan a la costa y
empieza el desembarco del material y víveres; por la tarde, el levante
intenta presentarse y, ante el peligro de no poder hacer la descarga, se
efectúa ésta durante la noche, correspondiendo a los legionarios la
penosa tarea. La tienda del coronel Castro ofrece
extraordinaria animación. Unos 40 moros esperan sentados en los
alrededores de la puerta el momento de saludarle. Allí vemos al fiel Y
simpático Kaid Ali, que siente por Castro verdadera adoración. Kaides
viejos de barbas grises, montañeses curtidos, de aspecto guerrero,
todos hacen su sumisión en este día; sólo uno no se ha presentado: el
que habita aquella hermosa casa hacia el fondo del valle; pertenece a la
familia de los prestigiosos Xerifes de Uazan y el coronel sufre con esto
una pequeña contrariedad; pero a la mañana siguiente tiene la
compensación: llega el notable Jefe, sus criados son portadores de un
centenar de gallinas y numerosos huevos, que traen como presente al
caudillo español. EL KAID ALI DESEA invitar a comer
en su casa a la oficialidad de la columna; el coronel acepta la invitación
y un grupo de jefes y oficiales, con los comandantes de los cañoneros
de la Marina, componen la caravana; cruzan el río y escoltados por
montañeses armados siguen el camino alto a la casa del Kaid. En la
ladera del monte, entre los árboles, se encuentra la casa; desde ella
se divisa un precioso panorama; el campamento apenas se distingue; en el
mar, los barcos de nuestra escuadra aparecen como pequeñas
barquichuelas y a nuestros pies los preciosos huertos de naranjos nos
envían su delicado perfume. El Kaid Ali y sus familiares se
extreman en las atenciones y nos sirven espléndida y bien condimentada
comida, y son tan agradables el lugar y la paz de este campo, que las
horas pasan y a nadie le apura la vuelta al campamento, (se está tan
bien en la casa del Jefe moro! Antes de caer la tarde emprende
nuestra caravana el regreso por el camino de la vega, entre los floridos
huertos de azahares. En estos días de estancia en
Tiguisas los legionarios no permanecen ociosos y mientras unos rivalizan
con los ingenieros en la construcción de barracones, otros arreglan el
camino de la costa que hemos de recorrer a nuestra vuelta. VOLANDO PASARON estos cuatro días
de estancia en Tiguisas y el día 24 se recibe la orden de salida para
Uad-Lau. En esta noche, mientras el
campamento duerme, una gasolinera, con las luces apagadas, parte de la
playa; en ella embarcan contadas personas; una es el coronel Castro, que
marcha al campo enemigo a conversar con los prestigiosos Kaides de la
zona rebelde. Muy pocos conocen la excursión; sólo nuestro teniente
coronel espera en la tienda, intranquilo, su llegada. Antes de amanecer
regresa la gasolinera; el coronel Castro vuelve satisfecho de su visita.
El regreso a Uad-Lau se efectúa en
una jornada y, después de un alto central en la playa de Targa, que
aprovechamos para comer, entra la columna, ya caída la tarde, en
nuestro antiguo campamento. Todos regresan satisfechos del importante
avance. |