SEGUNDA PARTE.- El Territorio de Melilla.

Tauriat-Hamed, Harcha, Tauriat-Zag

 

Alrededor de la larga mesa, en el comedor del General, en Segangan, se encuentran sentados los Jefes de los cuerpos que integran la columna; un plano está extendido y un ayudante, en alta voz, va leyendo las órdenes para la operación del día siguiente: objetivo de la columna, camino a recorrer, unidades que han de quedar destacadas, lugar para establecer el vivac, misión de cada uno de los cuerpos que componen la columna; todo se va aclarando por nuestro General.

El terreno donde va a desarrollarse el próximo combate no es un misterio para el General; ha combatido en él y conoce los peligros que encierran sus múltiples y profundas barrancadas, de las que los moros saben sacar un gran partido. El veterano soldado no se cansa de dar sus prevenciones para el combate; toda la vigilancia ha de ser poca en este terreno, en que el enemigo aparece en cualquier punto sin ser visto.

Los legionarios hemos de salir antes de amanecer a ocupar la Loma Negra de la derecha del Uisan, marcada en el plano con la cota 520; a su abrigo se concentrará la vanguardia, y una vez establecidas las baterías ligeras que han de marchar por la carretera con la otra columna, se seguirá el avance.

La Policía de la columna Berenguer ocupará igualmente, durante la noche, las alturas de Belusia y Hianen.

Al amanecer del nuevo día nos encontramos ocupando la Loma Negra, sobre el antiguo camino del Harcha; la ausencia del enemigo nos permite adelantarnos a ocupar las siguientes lomas, abriendo de este modo la marcha y concentración de la columna. El enemigo se divisa muy lejos, en las alturas y chumberas próximas a Tauriat-Hamed.

Siguiendo el antiguo camino, nuestra columna llega a la inmediación de la carretera; las vanguardias ascienden por las lomas inmediatas, pero aún tenemos que esperar al establecimiento de las baterías. Pasados unos minutos, las granadas empiezan a caer sobre la posición de Tauriat-Hamed y poblados próximos; entre ellas, unas enormes explosiones de humo negro nos indican la presencia del Grupo de Instrucción de Artillería, y pronto avanzan las dos Banderas en dirección a Tauriat-Hamed y lomas de su izquierda.

Los moros se han dispersado a nuestra vista y hostilizan desde las crestas cercanas; una compañía se destaca delante de la posición, en un extenso espolón, y los trabajos de fortificación empiezan.

En el frente de combate y a lo lejos se ven núcleos fuertes en actitud expectante; las laderas del Milón están llenas de moros, y de los poblados de Trebia se acercan numerosos grupos.

Durante todo el día el combate se desarrolla tranquilo; sólo por la tarde el enemigo, que se ha filtrado por los barrancos de la derecha, hostiliza de flanco a la columna; una compañía de legionarios les aleja, y sigue el aprovisionamiento de la posición.

El lugar para el vivac de la columna es elegido a retaguardia de la posición, entre los poblados; la Legión ocupa los aduares frente al Harcha.

El sol está próximo a ponerse cuando empieza la retirada de las tropas avanzadas. Por la izquierda, el Batallón de Sicilia, que se encontraba adelantado en tiroteo con el enemigo, se retira por escalones con la tranquilidad de un ejercicio, es el primer día que entra en fuego, y a todos nos produce gratísima impresión sus primeros pasos en la campaña.

En la posición se retiran las tropas hacia el vivac, y en estos momentos el enemigo hace de nuevo su aparición en los barrancos, rompiendo el fuego sobre la carretera y ganado de las baterías. Los legionarios, que han empezado su retirada, detienen el repliegue, mientras varias secciones con granaderos avanzan a limpiar el barranco. El sol se ha puesto, y sin luz apenas, la ola de legionarios avanza; los tiros y estampidos de las bombas se suceden y los soldados se alejan barranco abajo; al enemigo se han cogido cinco muertos y los pacos se terminan. Al siguiente día la descubierta de la posición encuentra en el barranco once muertos más con su armamento.

Las bajas de la Legión habían sido: heridos el Teniente Gallego y Alféreces Díaz Criado y Díaz de Rebago y 12 soldados.

 

LA NOCHE PASO tranquila; el vivac no fue hostilizado, y al amanecer del día siguiente se encuentra de nuevo formada la Legión para la ocupación del Harcha.

El enemigo no ha de ofrecernos resistencia. Los disparos de nuestra artillería truenan durante nuestra subida, y la explosión de uno de ellos alcanza al Capitán y un soldado, que son heridos levemente.

Hace un crudo día de diciembre, en que un viento frío molesta nuestros trabajos y, terminados éstos, pernocta la columna en el antiguo campamento de Yadumen.

 

LA CABILA de Beni-bu-Ifrur ha sido rodeada, y el día 2 de diciembre la columna ha de regresar, recorriéndola e imponiendo un justo castigo a los aduares.

A nuestro paso, las columnas de humo se levantan de las pequeñas casas y la ola de fuego alcanza a los poblados de la montaña.

Las otras dos columnas, en este día se han internado también en Beni-bu-Ifrur, y esta cabila, que tanto se había distinguido en sus crueldades, había quedado destruida.

Las últimas operaciones han traído consigo la sumisión de varios aduares próximos a Tauriat-Hamed y del jefe moro Kaddur-Ben-Ab-Selam. Algunos moros se ven en las inmediaciones del camino de Tauríat-Hamed, pero su fidelidad no ha de confirmarse.

Cae la tarde, cuando un cabo legionario, con su escuadra de servicio de leña, se nos presenta en el campamento,  los soldados son portadores de cinco fusiles mausers cogidos al enemigo:

-Mi Comandante -nos dice-, aquí traemos estos cinco fusiles de unos moros que hemos matado en el servicio. Estábamos cortando leña en la derecha del Uisan, cuando escuchamos tiros hacia la carretera; acudimos al fuego, cumpliendo nuestro credo legionario, y al llegar nos recibieron tirándonos desde uno de los aduares. Como los moros estaban parapetados y con los pocos hombres que llevaba no podía castigarlos, me apoderé de un ganado que se hallaba próximo y de dos chicos pastores, uno de los cuales mandé al aduar para que viniese el jefe con los hombres armados a entregarse o me llevaba el ganado al campamento, Llegaron cinco moros, uno de ellos al parecer jefe, a los que sin dar tiempo a defenderse, desarmamos e hice venir delante de nosotros al campamento. Nos siguieron de buen grado mientras creían ir a la oficina de Policía, pero cuando vieron torcíamos por el camino de Segangan, pretendieron huir por un barranco. El ganado, para que no se pudiera pensar que había sido el origen de este episodio, lo he entregado, al paso, en la posición de Bu-Atlaten.

Estas mismas declaraciones hicieron los demás soldados, y un rato después, un sargento y un soldado de ingenieros vinieron a comprobar lo sucedido; ellos eran los que estaban tendiendo la línea telefónica cuando fueron tiroteados por el enemigo y querían manifestar que la presencia de los legionarios les había salvado de la agresión.

Aquella tarde, ya anochecido, el jefe de uno de los aduares, que en otra agresión días después fue muerto, viene a hacer sus protestas de fidelidad; a la hora de marchar tenía miedo de alejarse hacia el poblado; temía que pudiera pasarle algo y se ordena que le acompañen un cabo y una pareja de soldados legionarios, lo que aumenta sus temores; al despedirse de ellos, ya cerca del aduar, agradecido les besa las manos; no comprendía el moro que estos hombres, cuya fama de fieras ha llegado en esta zona a los más escondidos aduares, le permitan marchar, y le hayan acompañado hasta su casa.

Días después, y precedidos por los poblados amigos y Policía, se ocupan, sin que fuéramos hostilizados, las posiciones de Kaddur y Taxarut, próximas al Kert.

 

 OCUPADO Ras Medua, los aduares de Beni Sidel, al pie de la meseta, han pedido el avance de nuestras tropas a las antiguas posiciones de Tauriat-Buchit y Tauriat-Zas, que cortando el paso de la harca por el desfiladero, les permiten vivir en sus aduares.

Para esta operación se concentran en Ras Medua las fuerzas organizadas de policía que, precedidas por los moros de los poblados, han de ocupar, al amanecer del día 20, las posiciones indicadas. La columna Sanjurjo saldrá antes del amanecer por el valle de Maxin para cooperar al buen resultado de la operación y fortificación de las posiciones.

Al amanecer, los legionarios se agrupan alrededor de las hogueras, esperando al pie de Atlaten la concentración de la columna, y, reunida ésta, emprenden la marcha en dirección a los poblados del pie de Ras Medua.

En los aduares se para la vanguardia a esperar la concentración y el establecimiento de las baterías.

A lo lejos, al pie de Tauriat Zag y del desfiladero de Trebia, se ven bullir las concentraciones enemigas; muchos de los grupos, parapetados en las piedras de la contrapendiente, parecen esperar la llegada de la fuerza; pero el número de enemigos no está en correspondencia con lo benigno de la acción.

Llegamos a Tauriat-Buchit, donde con los soldados de Policía y harca amiga se encuentran los Regulares, que van a efectuar el segundo salto a Tauriat-Zag. Los moros parecen poco interesados por la defensa y Taurit-Zag se ocupa con escasa resistencia.

Los legionarios han ocupado posiciones a vanguardia y mantienen ligero tiroteo. El enemigo huye por el llano en dirección al Kert y la paz reina en la retirada.

 

 

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