DIARIO DE UNA BANDERA
SEGUNDA PARTE.- El Territorio de Melilla.
Operaciones sobre Drius
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Los
primeros días del año 1922 siguen de descanso en el campamento de
Segangan, pero en ellos se dice que muy pronto ha de seguir el avance a
Dríus. A las
once de la mañana del día 7 llega la orden de pernoctar en Monte
Arruit. El camino
a seguir es el del Jemis de Beni-bu Ifrur, y la hora de partida, las
dos. Con anterioridad han salido los carros con la impedimenta, pero al
llegar al Zoco del Jemis, los encontramos detenidos al lado de la posición;
la pista acaba allí; el camino no permite el paso de los carros y lo
avanzado del día no les deja volver. Es
preciso que lleguen, y la sección de zapadores les abrirá camino. Se
adelantan los legionarios armados de picos y palas; en poco tiempo
quedan salvados los pasos difíciles, y a las siete de la noche entran
en el campamento de Monte Arruit los carros con la sección de
zapadores. EN LA MAÑANA
del siguiente día, y después de una misa de campaña, salimos para
Batel, y en el camino no dejamos de pensar en los días de julio y en la
retirada del ejército por el ardiente llano. En el
campamento de Batel concurren las columnas de Berenguer y Cabanellas; la
aglomeración de tropas es grande y los animales tienen que esperar
turno para abrevar; el agua es muy escasa en este lugar y se hace
preciso traerla en aljibes desde la retaguardia. Junto al
pozo número 2 se agrupan los caballos esperando la codiciada agua,
mientras un oficial del Batallón de África me va refiriendo la defensa
que de aquel pequeño fortín han hecho un cabo y tres soldados de su
cuerpo y un cabo y dos soldados de ingenieros. El pozo de Batel es el
que surte de agua a todo el llano y su agua es solicitada por los indígenas. Al pasar
por Batel la columna en retirada, la guarnición del pozo recibió del
General Navarro orden de repliegue, que no cumplieron, por no haberla
recibido de sus jefes naturales, y más tarde tuvieron que resistir los
ataques enemigos. Los moros
creyeron en un principio empresa fácil rendir a este pequeño número
de soldados, que en el llano son los dueños del agua. Desesperados de
su empeño, entran en trato con los defensores, y a cambio del agua los
soldados reciben gallinas, huevos y víveres. Diariamente hay una tregua
en que cambian sus productos. En sus
conversaciones con los moros se enteran de que tienen en el aduar un
oficial herido y un soldado prisionero, y se niegan a darles agua si no
les hacen entrega de ambos; pero pasan los días, los cartuchos
escasean, y una noche, enterrando los fusiles, abandonan el pozo en
dirección al Muluya. En el
camino aún tienen que probar su recio temple; sorprendidos por dos
moros, luchan con ellos, consiguiendo desarmarles y darles muerte; y con
los dos fusiles llegan tranquilos a la zona francesa. (Cuánto
heroísmo encierra la conducta de estos sencillos cabos y soldados! EN LA
TARDE de este día, el General Berenguer nos reúne y nos explica el
objetivo de la operación, misión de la columna y parte que cada uno ha
de tomar en el combate. El terreno es ideal para combatir; un llano
extenso y lomas suaves, en que sólo la cuenca del Kert y el Gan pueden
servir de refugio a los tiradores enemigos. Varias
son las columnas que han de tomar parte en la operación, y el frente de
combate es muy extenso. La
columna Fernández, por la derecha, ocupará la Hariga; la del General
Cabanellas, compuesta en gran parte de caballería, Dar Azugag y Casa
Quemada; mientras la nuestra se dirigirá a Dar Busada y Amesdán. El
terreno es tan fácil que nos las prometemos muy felices. De
madrugada se concentra la vanguardia, y antes de amanecer rompemos la
marcha en dirección al Gan; en él habíamos de encontrar restos de las
tristes escenas del pasado julio, y sin ser hostilizados, nos
concentramos pasado él río Seco. Un
escuadrón de caballería, en exploración, avanza sobre Dar Busada;
suenan unos tiros y vemos a los jinetes galopar hacia la posición;
avivamos el paso; al llegar a ella, unos pacos, desde las lomas de
enfrente, nos hostilizan, y una compañía de la Legión marcha a ocupar
los derruidos muros de la avanzadilla. De las
lomas cercanas siguen disparando, aunque débilmente, pero una maniobra
del escuadrón de caballería los pone en huida; ocupamos posiciones y
el día transcurre tranquilo para la Legión, habiéndose recogido
armones de artillería y proyectiles de campaña y montaña abandonados. A media
tarde; un movimiento de tropas que van y vienen se distingue con los
gemelos en dirección a Dar Azugag; unos escuadrones de regulares
avanzan al galope hacia aquel lado; algo raro pasa. A los pocos momentos
recibimos la orden de que una Bandera vaya en aquella dirección; parece
que el enemigo está farruco. Cuando
llegamos a Amesdan, nos ordenan relevar a las tropas desplegadas. Los
regulares han empezado el repliegue y el enemigo, que entonces se
presenta, no corresponde a la alarma. A nuestro
lado pasan los regulares. Preguntamos a un moro lo sucedido, y sólo nos
sabe decir. ACaballería de rifeño estar como diablo, nosotros tirar,
tirar y no jaserles nada@. La
retirada la hacemos sin ser hostilizados, y en las inmediaciones de Dar
Busada vivaquea la columna. En la
madrugada del siguiente día se reanuda el avance en dirección a Dríus.
Nuestra columna, por la parte del monte, a la izquierda de la carretera,
irá ocUpando las alturas de Uestia y Haman, en las que se encuentran
las ruinas de las antiguas posiciones, y si la columna de la derecha
encontrase resistencia, podremos seguir a Dríus. Los
camiones blindados nos preceden por la carretera y alejan de la
barrancada del Kert a los tiradores enemigos. Hostilizados débilmente,
ocupamos Uestia y Haman. Cuando nos preparamos a seguir a Dríus, donde
llevan ya un rato los camiones blindados, vemos entrar en la posición
la caballería del general Cabanellas. El enemigo en su huida había
abandonado varios cañones. Nuestro
campamento queda establecido a un kilómetro de Dríus, junto a unas
casas moras, y a él nos encaminamos. La
operación ha sido muy brillante; en ella se comprobó, una vez más, la
escasa resistencia que el enemigo opone al segundo día de combate; esto
ha sido aprovechado por nuestro General para llegar con toda facilidad a
Dríus, pese a los alarmistas, que creían ver la empresa dura y preñada
de peligros. Frente a
la posición se extiende un enorme llano. Cuanto más se avanza, menos
se explica lo pasado. )Cómo no se habrá detenido en Dríus la triste
retirada? Recorred
estos campos; conversad con los soldados y clases que participaron del
desastre e interrogad a los indígenas; sólo entonces encontraréis la
clave de esa retirada que empezó en Annual y acabó en las matanzas de
Zeluán y Monte Arruit.
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