SEGUNDA PARTE.- El Territorio de Melilla.

Sebt-Tazarut y Río de Oro

 

Las operaciones por el Zoco del Had en dirección a Yazanen empiezan. El día 7 una columna desde la posición del Zoco saldrá a ocupar posiciones importantes en la meseta de Iguerman; la columna del General Sanjurjo distraerá al enemigo llamando su atención en Sebt-Tazarut.

Las dificultades que representa nuestra empresa son las que lleva unidas el tener que librar un combate en el estrechamiento de Bu-Asasa, en que los hombres y acémilas tienen que pasar de a uno en un terreno dominado por las lomas enemigas. El hacer el movimiento de avance por sorpresa facilitará nuestra misión.

Salimos de noche del campamento. Un frío muy intenso se siente en la penosa subida hacia Taxuda. Conforme ascendemos y se acerca el amanecer, el frío aumenta, y la vanguardia se concentra a la derecha de la posición de la Esponja Alta.

Reunida la Legión, vamos coronando rápidamente los espolones anteriores al estrechamiento y el pequeño aduar de Bu-Asasa, para al abrigo de ellos pasar a ocupar las lomas de Sebt-Tazarut.

El enemigo no se apercibe, y sin ser hostilizados ocupamos las alturas de Sebt-Tazarut, dando tiempo a que se incorpore el resto de la columna, que por las dificultades del terreno viene bastante retrasada.

La posición por nosotros ocupada es muy dominante. A su frente se extienden las mesetas del Telat y de Ihuaua en donde los aduares aparecen esparcidos; a retaguardia, el barranco de Río de Oro forma un enorme cortado, en cuyo fondo las huertas se extienden en dirección a Zoco del Had, y a lo lejos, Yazanen y Tifasor se proyectan en el horizonte. A nuestra derecha y sobre la meseta de Iguerman, como pequeñas manchas negras, se ven las tropas de la otra columna.

Una porción de pequeños puntos se acercan por la meseta y se pierden más tarde entre las casas y peñascos del pie de la posición: son los moros concentrados en Ras Medua que acuden al combate, y las balas empiezan a silbar.

La situación en todo el frente es buena; sólo a la izquierda, un terreno de peñascos y arbolado permite al enemigo acercarse a cubierto; en este lugar los pacos se suceden pegajosos mientras nuestras baterías dispersan los grupos a lo lejos.

Conforme avanza el día va acudiendo más gente, y en el ángulo de la izquierda la acción se entabla seria.

Cumplida nuestra misión y terminada la fortificación de las posiciones ocupadas por la otra columna, recibimos la orden de repliegue.

Antes de retirarnos, sentimos abandonar estas posiciones, desde las cuales en marcha franca se llega por el llano de la meseta a la posición de Ras Medua, y a las que seguramente tendremos que volver.

Los distintos batallones se han retirado con la artillería a tomar posiciones a retaguardia, pasa do el estrechamiento. Nuestra retirada es difícil los moros se muestran pegajosos y hay que evitar que el enemigo, coronando las alturas, nos coja en el paso. Hay que bordar la retirada, como decimos en el vocabulario militar.

Tan pronto nos replegamos del extremo derecho de la loma, los humos blancos de la artillería coronan los lugares ocupados por los legionarios, pero es preciso detenerse; unos soldados del extremo izquierdo caen heridos en el repliegue y las tropas vuelven nuevamente a ocupar la línea; los camilleros les conducen rápidos, y una vez ale jados, continúa la retirada.

Nuestras ametralladoras, situadas a retaguardia, barren la loma que abandonamos, pero no pueden evitar que algunos moros se filtren por las piedras de los costados y rompan el fuego sobre las fuerzas que se retiran, siendo herido el Capitán Alonso de la 140 Compañía. Pasado este mal paso la retirada sigue fácil hasta ponernos al abrigo de las posiciones.

Nuestras bajas este día han sido dos muertos y cinco heridos.

  LOS PRESENTIMIENTOS no nos engañaban. El día 11 salimos nuevamente a Sebt-Tazarut. Debemos llamar la atención del enemigo en Iguerman, siguiendo más tarde la marcha al Zoco del Had, donde pernoctaremos, mientras la otra columna efectuará el avance desde el Zoco del Had a Yazanen y Tifasor.

La operación puede ser dura si el enemigo se presenta numeroso; el terreno es muy accidentado, y la marcha muy larga y las bajas tienen que seguir con la columna.

La primera parte del avance se efectúa en forma análoga al primer día, y cuando amanece ya están los legionarios en Sebt-Tazarut; una batería de montaña se establece en les picos de la derecha, y en esta situación, en ligero tiroteo con el enemigo, esperamos órdenes.

El resto de la columna, a nuestra retaguardia, desciende por la profunda barrancada de Río de Oro para subir más tarde por nuestra derecha a los poblados de la meseta de Iguerman. Nuestra retirada ha de hacerse por las rocosas pendientes de la derecha, al abrigo de las tropas establecidas; pero el terreno se presenta tan cortado que el paso de los mulos es imposible; por esto, y en previsión de recibir la orden de repliegue, nuestra sección de zapadores se encarga con los artilleros de la construcción de una senda para mandar por ella la artillería y el ganado de las Banderas.

El enemigo va aumentando, pero no es muy numeroso.

Recibida la orden de repliegue, enviamos por nuestra retaguardia todos los elementos a lomo con nuestros caballos, nosotros nos hemos de descolgar más tarde por las peñas; repartimos entre la tropa un suplemento de municiones Y vemos alejarse el ganado por el cortado; cuando se han alejado por el valle de Río de Oro efectuamos muy rápido nuestro repliegue, necesitamos alejarnos antes de que el enemigo pueda coronar las crestas.

Al llegar al morabo del valle se retiran de Iguerman los batallones de la columna; los moros han coronado la loma y persiguen de cerca a las últimas unidades en retirada. Están tan lejos, que no es posible llegar a auxiliarles.

El enemigo se echa encima; necesitarían reaccionar y tomar la posición nuevamente, pero no lo hacen, y la retirada sigue precipitada con el enemigo a pocos pasos. El terreno y la situación táctica de estas unidades es tan difícil, que todo es perdonable.

Nuestras últimas compañías se han detenido, ocupando unas cercas inmediatas al morabo para prestar apoyo a esos batallones. Los legionarios recogen y conducen heridos a la ambulancia, y allí permanecemos hasta que toda la columna está replegada.

Las compañías de ametralladoras en estos últimos momentos han intervenido oportunamente, prestando un eficaz apoyo a las distintas fuerzas, y sirvientes y acemileros se disputaron el recoger y conducir heridos en los momentos de más peligro.

La noche cierra; la retirada se hace por escalones, y con frecuentes paradas seguimos el estrecho camino que nos lleva al Zoco. Nuestras bajas en este día son sólo siete heridos.

El día 12 sale la columna a pernoctar en Nador.

A nuestro paso por la plaza y en un descanso en el hipódromo escuchamos en el café a un grupo de soldados la inspirada Canción del Legionario, de que es autor el Comandante Cabrerizo.

Es uno de los cantos más bonitos hechos a la Legión. Dice así:

 

La canción del legionario

 

I

¿Quiénes son esos bravos soldados

con bustos de bronce, curtidos de sol?

Legionarios del Tercio Extranjero

que llevan la savia del suelo español.

Un laurel brota siempre en las huellas

que los legionarios dejan al pasar

y germina regado con sangre

formando una hermosa corona triunfal.

No vacilan jamás ante el fuego,

porque se enardecen con ímpetu tal,

que arrollándolo todo, su empuje

es un torbellino como un huracán.

Y olvidando los hondos misterios

que todos encierran en su corazón,

dan al viento las notas vibrantes

de esta alentadora y alegre canción.

 

Acogido a la Bandera

que tremola mi Legión,

se ha dormido la quimera

que guardé en mi corazón.

Soy legionario de España,

que una hazaña sin rival

dará al libro de su Historia

para ofrendarle la gloria

de otra página inmortal.

 

II

Cuando avanzan sedientos de lucha

para detenerlos no hay fuerza capaz,

pues asolan, incendian y matan

como poseídos de furia infernal.

Segadores de vidas les dicen;

cada legionario semeja un Titán,

y gozosos, usan el machete

como un acerado y agudo puñal.

Pendencieros y audaces y rudos,

son tercos y bravos en guerra y en paz

como aquellos valientes Cadetes

que a Carbone tenían por su Capitán.

Y al volver de la ruda jornada

rendidos los cuerpos, mas no el corazón,

aún renacen los viejos ensueños

y, para acallarlos, brota su canción:

 

Acogido a la bandera

que tremola mi Legión,

se ha dormido la quimera

que guardé en mi corazón.

Soy legionario de España,

que una hazaña sin rival

dará al libro de su Historia,

para ofrendarle la gloria

de otra página inmortal.

 

III

Legionario que siembras la muerte

y audaz la persigues con ansia febril;

a tu empuje ni aun ella resiste;

la Muerte va huyendo delante de ti.

Será en vano que la desafíes

cuando en el combate te ciegue el furor...

(Tu destino es soñar la quimera

que hoy hecha girones va en tu corazón!

Y harás yermo el terreno que pises,

campo de exterminio y desolación

y aún habrá una sonrisa en tu boca:

tu amarga sonrisa de desilusión.

Y es que dentro, muy dentro del alma,

fundido en tu sangre con llanto y con hiel,

aún revive contra tu deseo

un inolvidable nombre de mujer.

 

Legionario, Legionario,

canta alegre tu canción,

que el cantar es legendario

en nuestra heroica Legión.

Soy legionario de España,

que una hazaña sin rival

daré al libro de su Historia,

para ofrendarle la gloria

de otra página inmortal.

 

 

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