DIARIO DE UNA BANDERA
SEGUNDA PARTE.- El Territorio de Melilla.
Taxuda 2. (Esponja)
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Se repite
la operación de Taxuda. El 2 de noviembre es la fecha señalada para
colocar una posición en la esponja alta y ocupar la meseta. La misión
de nuestra columna es tomar las esponjas de piedra que dan vista al
Telat, operando en la misma forma que el día del primer combate La
columna Riquelme, desde Taquigriat, ha de avanzar sobre Taxuda, y la
columna Berenguer por nuestra derecha se adelantará en forma de cuña
entre las anteriores. La
concentración se efectúa en los mismos sitios y hora que el primer día.
El enemigo, al que en los primeros momentos se le ve coronar las
esponjas de peñas, desaparece oculto por la espesa niebla; no volvemos
a ver el terreno a lo lejos, y esto nos privará de la protección
artillera. Con
contadas bajas ocupamos las primeras esponjas; la niebla ha facilitado
hasta aquí nuestro avance; nos concentramos al abrigo de nuestras
guerrillas y las ametralladoras se establecen en las peñas. Dos moros,
a corta distancia, aparecen parapetados en la esponja alta y línea de
piedras. El asalto promete ser duro. En el
pequeño collado se adelante una batería para batir las peñas. El
sitio está muy enfilado, y al avanzar a brazo las piezas resultan
heridos dos soldados; el fuego se rompe a breve distancia y el enemigo
permanece firme entre las piedras. Las órdenes
para el asalto están dadas; dos compañías se adelantarán por derecha
e izquierda a desbordar la posición, mientras otra de frente asaltará
las piedras enemigas. Los soldados arman los cuchillos, que relucen a
los primeros rayos del sol; en el asalto han de tomar parte las nuevas
compañías, integradas por muchos sudamericanos, y hay materialmente
que contenerlos para que no se lancen al asalto antes de avisar a
Atlaten que suspenda el fuego. El
General está con nosotros, y cuando se da la señal, las oleadas de
legionarios avanzan a la carrera sobre el enemigo. Los
momentos son de gran emoción; los moros nos esperan haciendo fuego tras
sus parapetos; los soldados siguen avanzando; va estamos a pocos metros;
al enemigo se le ven los detalles de sus caras; algunos soldados ruedan
a nuestro lado en aparatosa caída; entre los moros enemigos también
brillan los machetes; unos pasos más y el enemigo vacila, (Ya son
nuestros! y por la ladera opuesta bajan los moros mezclados con los
legionarios. La esponja alta ha sido tomada de nuevo. Entre los
primeros soldados marcha el heroico sargento Herben, de la segunda compañía;
a los pocos momentos rueda barranco abajo abrazado a un moro; a su lado
yace otro harqueño muerto; un sargento se arroja a recogerlo y consigue
retirar su cuerpo y armamento, dando muerte, a su vez, a otro moro que
se defendía entre las peñas. El
teniente Agudo, que es la primera vez que marcha al frente de su sección,
recibe en el asalto muerte gloriosa. En las peñas de la izquierda vemos
expirar a un valiente chileno; sus últimas palabras son: -(Viva la
Legión!... (Viva Chile, m....! (Y
muere... ( Pobre chileno, muerto gloriosamente por España en su primer
combate! El
Teniente Pérez Moreno ha sido herido gravísimo; el Teniente Montes,
herido levemente en el avance, es de nuevo alcanzado por el plomo
enemigo, y el Capitán Fortea, de la Policía, que viene como ayudante
del Jefe de la vanguardia, cae herido en el pecho; a su lado un
ordenanza moro llora silencioso. En la meseta de Taxuda observamos
movimiento de harqueños; la duda de que puedan pertenecer a la otra
columna nos mantiene sin batirlos con nuestra artillería, pero muy
pronto las baterías de Taquigriat nos anuncian que son enemigos, y a
los pocos minutos los velloncitos blancos de nuestras piezas de montaña
se ven sobre las ruinas romanas; a lo lejos, y por el otro extremo de la
meseta empiezan a verse las banderitas españolas de los policías. Desde
estos momentos el combate se mantiene franco; al enemigo se le ve
retirar por las lejanas sendas del Telat numerosos heridos en caballerías;
ya nuestro flanco izquierdo ocupa una larga trinchera que muere en la
barrancada. A la
izquierda de nuestra guerrilla un soldado americano combate festivo; está
entre un grupo de piedras, y a cada disparo siguen sus gritos de alegría;
ha colocado su sombrero en las penas más altas, y él, desde la
derecha, disimulado entre dos piedras, está a la caza; el sombrero ha
recibido varios balazos, y cada agujero que le producen es contestado
desde su rendija por el americano, que va tumbando con su procedimiento
a los cercanos pacos. Hacia las
dos, se nota movimiento en el campo enemigo y el combate se recrudece un
poco; los moros se concentran en las barrancadas tratando, sin duda, de
reaccionar contra nuestras líneas, pero descubierta la concentración
por los legionarios, se adelantan un poco las guerrillas y rompen sobre
ellos un mortífero fuego, mientras las baterías de Atlaten, avisadas
por teléfono, colocan también allí sus grandes explosiones. Desde las
peñas altas se les ve como locos correr por la barrancada queriendo
retirar sus bajas, pero éstas se hacen mayores, y en pocos minutos
queda disuelta la concentración de la harca. Fortificada
la posición se efectúa el repliegue sin apenas ser hostilizados; la
posición tampoco fue atacada durante la noche, pero se observó durante
ella numerosas luces en el barranco; era la recogida de los muertos. Las
confidencias comprobaron días más tarde las numerosas bajas enemigas,
todos los moros encargados de la defensa de la esponja habían sido
muertos o heridos Y Abd-el-Krim los citó en la harca como ejemplo. A partir
de este día la resistencia había de ser menos empeñada. Nuestras
bajas fueron 10 muertos y 71 heridos; a los cubanos y sudamericanos
correspondía gran parte de esta gloria. El
combate había tenido muchos espectadores; nuestro General y su Estado
Mayor presenció desde las primeras peñas los momentos del asalto y la
obstinada defensa de los moros. Es el día más grande de la Legión,
nos decían... yo creo que fue el día que nos vieron desde más cerca. La orden
general del día 3 de octubre dice así: ALa
operación verificada sobre Taxuda ha demostrado, una vez más, el
elevado espíritu y perfecta disciplina de las tropas de esta columna
que dan orgullo al Mando, muy especialmente la Legión, cuya moral,
siempre muy elevada, y ardorosa acometividad, no han podido entibiar las
numerosas bajas hasta hoy sufridas, siendo también distinguida la
conducta de una compañía de Sevilla que acompañó a la Legión en el
asalto"
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