DIARIO DE UNA BANDERA
SEGUNDA PARTE.- El Territorio de Melilla.
Sebt y Ulad-Dau
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En la
tarde del día primero de octubre se encuentran los jefes de unidad en
las Tetas de Nador. Desde allí se domina el llano que se extiende hasta
Sebt. En el fondo Atlaten se alza en el horizonte con su negro y cortado
espolón, y a la izquierda, entre los montes de Beni-fu-Ifrur, el Uisan
destaca su pico cubierto de nubes. En el límite de este llano, entre la
mancha verde de las chumberas, aparece como una fortaleza la altura
rocosa de la casa de los Chorfas, a cuyo pie se pierde la cinta blanca
de la carretera. De los montes del Gurugú, a la derecha, bajan enormes
torrenteras, que cruzan la llanada cual enormes trincheras. Este es
el escenario del próximo combate, donde ha de recibir un serio golpe la
harca enemiga. El
General nos explica los objetivos de la operación y la misión que a
cada uno corresponde en el combate. En Monte Arbós se concentrará la
masa de artillería, mientras con las columnas marcharán las baterías
de montaña. El
objetivo señalado a la columna Sanjurjo es, rebasado Sebt por la
derecha, ir a ocupar la antigua posición de Ulad-Dau, en la meseta del
mismo nombre. La columna Berenguer abordará la posición de Sebt de
frente, y la de Cabanellas, a la izquierda, vigilará los pasos de Beni-bu-Ifrur.
Al
regreso al campamento circulan las órdenes; a las dos y media han de
formar las unidades para concentrarse a la derecha de la posición de
Monte Arbós; las tropas formarán sin toque previo. Esta
noche apenas dormimos. Son las once cuando nos acostamos, y a la una y
media nos despierta el oficial de servicio. El campamento aparece lleno
de pequeñas luces. Las unidades van formando, y los acemileros se
desesperan en lucha con sus cargas. Tenemos
que atravesar Nador, operación difícil en la noche; las calles están
interceptadas por las otras unidades de las distintas columnas que este
día se ponen en marcha, y la extensa alambrada que rodea el poblado
limita los movimientos; pero por fin conseguimos llegar a la salida del
pueblo y entrar en el camino de Monte Arbós. Los
escuadrones nos preceden y, después de frecuentes detenciones,
ocupamos, a la tres y media, nuestro puesto en la concentración. Empieza a
alborear cuando llega el Cuartel General. Desde hace un rato se
encuentra con nosotros el Coronel Castro; los Regulares se han
concentrado a nuestra derecha, y a retaguardia se alinean las baterías
con el resto de la columna; pero hay que esperar más; la columna de
Berenguer ha de salir antes y su concentración aún no ha terminado. Con los
gemelos distinguimos muy bien el campo. En la posición de Sebt y
chumberas próximas aparece numeroso enemigo; de allí se destacan unos
grandes guerrillones, que en aparente descubierta ocupan los barrancos y
trincheras; otros grupos numerosos se descubren en las faldas del Gurugú
y de Ulad-Dau El día promete ser movido. La
columna se pone en marcha Los legionarios desfilan cantando la Madelón.
Las compañías adoptan la formación en la línea de a cuatro, con sus
secciones separadas y los primeros soldados despliegan A su frente
marcha animoso y alegre el teniente Agulla. Con la
segunda compañía desfilan como agentes de enlace del capitán dos
legionarios, antiguos oficiales alemanes, incorporados el día anterior;
a su llegada pidieron un puesto en el frente; tienen aspecto aristocrático
y sus rostros blancos se destacan entre los curtidos de los demás
soldados. Tan
pronto salen las guerrillas de los cercos de chumberas, al pie de Monte
Arbós, el combate se entabla. Los Regulares avanzan por la derecha y
los legionarios al frente se lanzan a tomar la línea primera del
barranco, ocupada por el enemigo. Otras unidades refuerzan la guerrilla
y el avance sigue impetuoso. En los
espacios desenfilados de las barrancas se van agrupando los heridos. La
artillería de Monte Arbós concentra sus fuegos sobre la izquierda del
frente de combate, mientras las baterías gallegas siguen de cerca la
marcha de las guerrillas. El
enemigo se defiende bravamente en las barrancadas y trincheras, en una
de las cuales es herido gravísimamente, al frente de sus legionarios,
el teniente Agulla. En la
segunda barrancada, un legionario alto y pálido aparece muerto, es uno
de los oficiales alemanes; su compañero se bate en la guerrilla
bravamente. El
teniente Urzáiz, herido en el vientre, pasa en una camilla cantando: -(No es
nada, muchachos!, (viva la Legión!- les dice al paso a los legionarios. El capitán
Franco, de la primera compañía, es herido también en el avance. Hay
momentos en que el fuego de nuestros soldados se suspende; una guerrilla
de moros con traje kaki sale de una trinchera próxima. -(No tiréis,
que son Regulares! -ordena el oficial. Desde
unas piedras se vuelven y hacen una descarga, (eran enemigos! Nuestras
ametralladoras, desde el pie de Monte Arbós, acompañan a brazo a las
guerrillas en sus asaltos. Ahora dirigen su fuego contra la última
trinchera, a la derecha de las chumberas, donde el enemigo extrema la
resistencia. Los legionarios de dos compañías avanzan sobre ellas, y
cuando vamos a alcanzarla, la artillería de Monte Arbós les envuelve
en el humo de sus disparos; caen varios soldados heridos con el teniente
España, pero la trinchera se ha ocupado. Este
avance nos ha costado más de cien bajas y el enemigo ha abandonado a
sus muertos en las barrancadas. Por la
derecha, los Regulares han encontrado la misma resistencia, y, cuando me
acerco a ellos para armonizar el avance, veo caer herido al teniente
coronel Mola, que los manda en ausencia de González Tablas. Cumplida
la primera parte del objetivo, reanudamos el avance sobre Ulad-Dau.
Antes de que el enemigo en huida se apreste a su defensa, nuestras
guerrillas trepan por la pendiente de la loma. En la vanguardia, un
legionario y un regular se disputan la entrada en el pequeño aduar, una
herida grave, recibida por el moro en el vientre, deja el campo libre al
legionario, que encuentra ocasión de poder vengarle. Los
legionarios ocupan el frente de la posición y avanzadilla, y los
Regulares suben a las peñas del borde de la meseta, donde son más
tarde reforzados por nuestra quinta compañía. El
enemigo hostiliza desde las huertas y barrancadas, y el antipático
sonido de la Aarbaia@ enemiga se hace sentir. Al pie de
Ulad-Dau, junto al morabo, ha quedado una sección de la primera compañía;
a los pocos momentos avisan que ha sido herido de dos balazos Calvacho,
que la mandaba. Después
de una fatigosa ascensión, llegan a Ulad-Dau nuestras secciones de
ametralladoras, y cuando ocupan a la derecha de las casas importante
posición de fuegos, el teniente Montero recibe gravísima herida en la
cabeza. Todos le creen muerto; y con la cabeza envuelta en un saco
terrero vemos que lo retiran hacia la ambulancia. Nuestra sorpresa fue
grande al encontrarle a los pocos días en el hospital, y hoy curado de
su grave herida. El
combate durante el día se mantiene duro, especialmente en las peñas
ocupadas por los Regulares, y la retirada de éstos se avecina difícil.
Cuando
fortificada la posición llega el momento del repliegue, el enemigo, que
está muy cerca, aparece a pocos pasos de los Regulares. Sólo un mortífero
fuego de nuestra fusilería y la oportuna intervención de una de las
admirables baterías de montaña del Grupo gallego, colocando en medio
sus explosiones, detiene en su avance a los montañeses y facilita la
retirada de los valientes Regulares. En esta
retirada es herido grave en la cabeza el teniente De la Cruz. El día
había sido muy duro. La Legión había tenido 143 bajas de tropa y
siete de oficiales, los soldados habían luchado incansables y nuestras
ametralladoras acreditaron, una vez más, su valor y resistencia. El día 3
acompaña la Primera Bandera el convoy a Ulad-Dau para retirar los
heridos y aprovisionar las posiciones.
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