SEGUNDA PARTE.- El Territorio de Melilla.

Uisan y Ras Medúa

 

El tiempo ha empeorado. Llegan los lluviosos días del invierno y circula el rumor de que se va a avanzar sobre Ras Medua, donde las confidencias señalan concentrado al grueso de la harca. Como preparación, en la mañana del día 14 la Legión fortifica unas casas en el poblado de Bu Atlaten, que constituirán el día del avance un apoyo en nuestro flanco izquierdo.

La operación se anuncia para el día 17, concentrándose con anterioridad en las huertas de Segangan la columna del General Berenguer. El frío en este día es intensísimo; los chubascos se suceden y el Uisan, cubierto de nubarrones, anuncia que va a seguir el agua. Muy difícil nos ha de ser la marcha por la colorada y arcillosa tierra de la meseta de Ras Medua.

A las cuatro de la mañana el campamento está en pie, pero no se forma; una lluvia torrencial ha caído durante la noche y los caminos están intransitables. La operación queda suspendida hasta que mejore el tiempo.

Desde que ocupamos Segangan nuestra mirada tropieza con el macizo montañoso de Uisan, actualmente en poder del enemigo. Tras los espesos muros de sus fortines se ocultan las guardias moras, y las múltiples barrancadas facilitan a los pacos el acercarse algunas noches a turbar nuestro descanso. El grueso de la harca en este lado se encuentra al pie del monte, en los poblados inmediatos a la carretera de Kaddur.

La ocupación de este macizo, con sus grandes pendientes y profundas barrancadas, dominadas por los potentes fuertes, sería muy costosa en pleno día; el terreno se presta a la defensa y los disparos de nuestra artillería no lograrían perforar los gruesos muros de los fuertes, a los que llegaría la harca en contados minutos. Sólo por sorpresa podemos hacer nuestro el gigantesco monte. Los legionarios soñamos con la idea de llegar una noche a los fortines sorprendiendo a las guardias enemigas.

Este día llega; el General ha aprobado nuestros proyectos, y si el tiempo no nos permite ir a Ras Medua, tomaremos el Uisan.

Las precauciones para la empresa están tomadas y con anterioridad estudiados los sitios de las guardias, el camino a recorrer por las unidades y la posibilidad de que pueda fallarnos la sorpresa.

Gran sigilo se lleva en los preparativos; sólo en la tarde de este día avanzan los Capitanes a una loma próxima y, sin llamar la atención, se enteran de los caminos a recorrer, señalados en el plano anteriormente. Antes de separarnos me cercioro de que todos conocen su misión.

A las cuatro de la mañana, sin el menor ruido y sin encender luces, marchan las compañías a retaguardia del campamento, donde permanecen pegadas a la tapia.

Las prevenciones han sido dadas; los mulos y caballos quedan en el campamento con los soldados acatarrados; los fusiles se ocultarán bajo el capote, para evitar que brillen sus cerrojos, no se fumará bajo severo castigo y nadie disparará sus armas. Las compañías de ametralladoras llevarán a brazo el material y de la conducción de las municiones se encargarán treinta hombres de la sección de trabajos Las baterías quedan en el campamento, estableciéndose a la salida del mismo; un batallón se adelantará al amanecer como reserva, y con él, el ganado de nuestras unidades.

Cuando nos despedimos del General, se encuentra levantado; salimos por la puerta de la carretera de Nador, y dando un rodeo bajamos por una aguada al cajón del arroyo. Unos policías, con el Capitán Orteneda, se unen a la expedición, y el capataz de la Compañía Española de Minas del Rif nos acompaña como práctico.

En silencio profundo y pegados a los taludes del hondo arroyo, nos encaminamos en dirección de las guardias enemigas. Inmediatamente a nosotros, un grupo de policías y legionarios explora el terreno, deteniéndose al menor aviso; al llegar al recodo del arroyo se separan las unidades que nos han de proteger en el caso de fracasar el intento. Por la derecha, una compañía y una sección de ametralladoras van a ocupar la loma frente al poblado y morabo de Sidi Busbah, para cortar en caso preciso el paso del grueso de la harca a los fuertes y flanquearán al mismo tiempo la marcha del resto de los legionarios por el barranco. Otra compañía, con su sección de ametralladoras, avanzará por las lomas de la izquierda, procurando no destacarse en el horizonte. El resto de la Legión se aventura por el profundo cajón del arroyo.

No se escucha el menor ruido. Los soldados avanzan por la arena con precaución, como un desfile de negros fantasmas, y a nuestro frente, y enfilando la barrancada, blanquean los muros del Fuerte del Carmen Pronto dejamos de verlo y nos encontramos al pie de la loma. Es preciso escalar la pendiente y resquebrajada ladera; la ascensión es lenta y penosa, y en un desmonte anterior al fuerte se concentran los legionarios antes de dar el golpe sobre las guardias.

Los momentos son de mucha emoción; ni un solo tiro ha señalado nuestra presencia, y en uno de los fortines una pequeña columna de humo delata la existencia de una guardia.

Empieza a amanecer cuando a una señal se lanzan sobre los fuertes las primeras unidades. En el pequeño Fortín de San Enrique suenan algunos disparos; es la guardia enemiga que se apercibe y huye disparando sus fusiles en señal de alarma.

No hay que perder un minuto; es necesario llegar al fuerte alto antes que el enemigo. La parte más penosa de la ascensión empieza; legionarios y policías gatean por el plano inclinado de las minas en busca del elevado fuerte, mientras la gente de la harca, por la otra pendiente, también trata de ganarlo; una veintena de metros les falta a los moros para llegar al fortín, cuando los nuestros entran en él y pronto los harqueños ruedan la ladera sorprendidos por el fuego de nuestros fusiles.

La operación ha terminado felizmente y una bandera española ondea en el pico más alto de Beni-bu-Ifrur.

El fuego dura todo el día. Los moros comprenden la importancia de la posición y tratan de estorbar su fortificación y aprovisionamiento, pero su situación es tan desventajosa, que muchos mueren cazados por nuestros tiradores, ocultos tras las aspilleras.

Desde este alto pico se baten los caminos a Kaddur y el Harcha, y el día transcurre en el fuerte entre los gritos y hurras de los legionarios cada vez que Acazan@ algún tirador enemigo; (es tan divertida la Acaza@ del paco!

En esta operación es herido en un pie el bravo Capitán de la Policía. Durante el día hemos tenido tres soldados muertos y cinco heridos.

Esta noche la orden de la columna publica el siguiente telegrama:

AFelicito a V. E. y tropas a sus órdenes por brillante éxito obtenido al ocupar Monte Uisan. Me es muy honroso y muy grato transmitir esta valiosa felicitación a las tropas de la columna que han tomado parte en la operación y muy especialmente a las fuerzas del Tercio, que han acreditado, una vez más, su recia instrucción y disciplina.@

 

HA MEJORADO el tiempo, y la operación proyectada sobre Ras Medua va a realizarse. La columna Berenguer con los Regulares en vanguardia, ha de subir la cuesta de Taxuda, y por Bux Asasa y Sebt-Tazarut irá a ocupar la meseta de Telat. La columna Sanjurjo, una vez tomado por la primera su objetivo, abordará de frente la meseta de Ras Medua.

El sol está ya alto cuando rompemos la marcha por el llano del Maxin; la caballería indígena se ha dirigido hacia Tanut Er Ruman, poblado en que se anunciaba la harca enemiga, pero durante los primeros momentos se nota la ausencia de los moros; sólo a lo lejos, en el reducto de Ras Medua, parece señalarse su presencia

La Legión avanza por el llano con las Banderas inmediatas y sus secciones de vanguardia desplegadas; las ametralladoras y mulos se quedan retrasados en el paso de los barrancos; se hace preciso acortar la marcha. Cruzamos más tarde por los poblados del valle, y frente a la aguada de Ras Medua se separan las Banderas, y mientras la Primera salva la barrancada siguiendo la antigua pista militar, la Segunda cruza el arroyo y asciende por la senda de la aguada de las moras. El enemigo no ha hecho resistencia y los legionarios ocupan el poblado de Medua en la meseta.

A nuestro abrigo se concentra la vanguardia; y las ametralladoras y baterías rompen el fuego sobre los grupos que se presentan en la antigua posición.

Entre las piedras y torretas se ven las cabezas de los moros; nuestros shrapnells explosionan sobre las ruinas, y después de una preparación artillera se continúa el avance hacia el reducto.

Un aeroplano que vuela sobre la torreta arroja en sus inmediaciones numerosas bombas. Una de ellas envuelve en su nube de humo el torreón, y cuando el polvo se disipa, el torreón había desaparecido.

El avance y asalto del reducto se efectúa muy rápido; mientras una compañía avanza por el borde del barranco de la derecha envolviendo la posición, otras, de frente, se lanzan sobre las piedras del reducto; las balas silban sobre nuestras cabezas, y un aeroplano a nuestro lado deja caer un parte: AEl enemigo se retira a caballo por la ladera opuesta@.

Coronada la posición, vemos huir por las barrancadas vecinas grupos enemigos, que son perseguidos con el fuego. Por la derecha, y entre los puntos negros, se ve un grupo de gente de chilabas blancas; una sección le dirige sus fuegos.

-(Alto el fuego! (no tiréis a ésos, que son moras! -ordena un Capitán que con los gemelos observa el campo. Los soldados cesan en su fuego.

En el desastre, muchas mujeres fueron especialmente crueles, remataban los heridos y les despojaban de sus ropas, pagando de este modo el bienestar que la civilización les trajo.

Los poblados de la meseta de Beni Faclan lucen banderitas españolas y combaten a nuestro lado.

La posición es construida por los legionarios, que, aprovechando la abundante piedra, levantan en una hora el fuerte parapeto que pasa a ocupar la guarnición.

La columna pernocta en el poblado de Medua, y a la mañana del siguiente día regresa a Segangan.

 

 

EL DIARIO

ANTERIOR

SIGUIENTE