KANDINSKY

Biografía:

        (1866-1944), pintor ruso cuya investigación sobre las posibilidades de la abstracción le sitúan entre los innovadores más importantes del arte moderno. Desempeñó un papel fundamental, como artista y como teórico, en el desarrollo del arte abstracto.

            Nacido en Moscú el 4 de diciembre de 1866, estudió pintura y dibujo en Odesa, y derecho y economía en la Universidad de Moscú. Con 30 años se trasladó a Munich para iniciarse como pintor. Aunque sus primeras obras se enmarcan dentro de una línea naturalista, a partir de 1909, después de un viaje a París en el que quedó profundamente impresionado por la obra de los fauvistas y de los postimpresionistas, su pintura se hizo más colorista y adquirió una organización más libre. Murnau: la salida a Johannstrasse (1908) y Pintura con tres manchas (1914), ambas en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid (España), son dos de las obras que realizó en Munich antes de volver a Rusia tras el comienzo de la I Guerra Mundial. Hacia 1913 comenzó a trabajar en las que serían consideradas como las primeras obras totalmente abstractas dentro del arte moderno: no hacían ninguna referencia a objetos del mundo físico y se inspiraban en el lenguaje musical, del que tomaban los títulos.

        En 1911 formó, junto con Franz Marc y otros expresionistas alemanes, el grupo Der Blaue Reiter (El jinete azul, nombre que procede de la predilección de Kandinsky por el color azul y de Marc por los caballos). Durante ese periodo realizó tanto obras abstractas como figurativas, caracterizadas todas ellas por el brillante colorido y la complejidad del dibujo.

        Fue uno de los artistas más influyentes de su generación. Como uno de los primeros exploradores de los principios de la abstracción geométrica o pura, puede considerársele uno de los pintores que sembró la semilla del expresionismo abstracto, escuela de pintura dominante desde la II Guerra Mundial. Murió el 13 de diciembre de 1944 en Neuilly-sur-Seine, en las afueras de París.

       

Improvisación 28 (segunda versión), pintada por Wassily Kandinsky en 1912, refleja el empeño de este artista ruso por expresar mediante trazos y colores intensos el contenido espiritual de su obra y, en este caso concreto, la conexión entre las artes plásticas y la música.

          Se cumple un siglo desde que W. Kandinsky organizara la primera exposición de la asociación Phalanx que acababa de fundar. Francia le rinde un doble homenaje.

        La historia se ha contado muchas veces: una mañana, al descubrir uno de sus cuadros colocado al revés sobre el caballete, Kandinsky tuvo de pronto la revelación del arte abstracto. Este nacimiento, en 1910, parece haber tenido varias cunas, pero la consciencia aguda que aporta Kandinsky hace que la Historia le atribuya a él la paternidad, de la mayor revolución del siglo XX

             Una vez cerrada la escuela, Kandinsky demostró lo que realmente era capaz y construyó su le­yenda. Hablaba de una “aspiración a una síntesis artística” que permitiría dar forma a las experiencias interiores como, respuesta a las incitaciones del exterior. En el verano de 1908, Kandinsky y su compañera Gabriele Münter pasaron varias semanas en Murnau. El ambiente era idílico: presa de una verdadera “euforia creadora”, la pareja multiplicó las investigaciones. La Naturaleza es el pretexto de una efusión de colores y una reconstrucción, que la transforma en motivo lírico. En esta época, oscilaba entre dos ambiciones: fijar las apariencias y promover un sistema en que la línea estuviera liberada de la obligación, de designar una cosa en un cuadro y funcionara ella misma como cosa”. Llegó al punto en que la visión objetiva le interesaba aún menos. “Sentía confusamente que el objeto traicionaba al cuadro. Y observaba con asombro que el cuadro no sólo conmovía, sino que imprimía en la conciencia una marca indeleble”. Esta revisión llevará pronto al ruso a una pintura en que la figuración aparecerá sólo a través de huellas ahogadas en la expansión de tintas vivas.

        Expresar lo que es propio. Kandinsky pretendía romper con la tradición figurativa. Se interesaba menos por el objeto que produce la sensación que por el sujeto que la prueba. “Cada artista -escribía- en cuanto creador, debe expresar lo que le es propio. Cada artista, en cuanto hijo de su época, debe expresar lo que es propio de esa época. Cada artista, en cuanto servidor del arte, debe expresar lo que es propio del arte en general”. Está todo en la redacción del Almanaque de El Caballero Azul. Con ayuda de Franz Marc, insiste sobre ello: “Somos conscientes de que nuestro mundo de ideas no es un castillo de naipes, sino que encierra los elementos de un movimiento cuyas vibraciones pueden sentirse hoy día en todo el mundo... ¡No dejaremos de decirlo... y de mostrar los nuevos cuadros hasta que llegue el día en que encontremos nuestras, ideas en los caminos rurales!”.

        Después de haber soñado tanto con Moscú, Kandinsky llega a una Rusia muy real con ocasión de la declaración de la guerra en 1914. La bancarrota le arruinará. Tras de un periodo de vagabundeos, Kandinsky vuelve a Moscú, caja de resonancia de la Revolución de Octubre. En una incertidumbre material que transforma la fisonomía de su obra, dejó en parte el lienzo y los grandes formatos para concentrarse en una forma de expresión más intimista: dibujos, acuarelas, grabados. Una producción escasa pero de una fecundidad excepcional, - obras que permiten sacar a la luz el paso progresivo de una abstracción lírica y expresiva a un estilo más geométrico. Después de la Revolución, desempeñó funcio­nes oficiales como miembro de la sección de Bellas Artes. Fundó el Museo de Cultura Pictórica y empezó a organizar veintiséis museos de provincias. Como, profesor de la Academia de Moscú, dirigió los comienzos del Instituto de cultura artística en 1920, pero tras el rechazo de su programa, llegó a Berlín. La vuelta a Alemania fue una fiesta. La abundancia sucedió a la penuria, y Gropius invitó a Kandinsky a enseñar en la Bauhaus. Permaneció allí hasta que los nazis cerraron la escuela en 1933.

        La obra se radicalizó. La teoría del arte se acercaba a una teoría casi científica para permitir A la pintura afrontar la realidad en una dramaturgia sabiamente orquestada, entre pulsiones líricas y construcciones geométricas. Después del último exilio cerca de París se le reconoció como un maestro del arte de su tiempo. Este periodo llevó aún más lejos el refinamiento cromático, mientras que las formas perdían la mayoría de las veces su aspecto angular para volverse mAs ligeras. Tanto si realiza simples bocetos u obras definitivas, la categoría de estas obras es seguramente la de la abstracción llegada a su “materialización”. “El color -señaló- es la tecla; el ojo el martillo que la golpea; el alma el instrumento de mil cuerdas. El artista es la mano que, con ayuda de una u otra tecla, obtiene del alma la vibración precisa”

 

        Por Kandinsky:

        «El concepto de elemento puede ser entendido de dos maneras: como concepto interno o como externo.

         Exteriormente, cada forma del dibujo o la pintura constituye un elemento.

         Interiormente, no es la forma sino la tensión en ella existente lo que caracteriza o constituye el elemento.

         Y de hecho, no son las formas exteriores las que materializan el contenido de una obra artística, sino las fuerzas vivas inherentes a la forma, o sea las tensiones.

         Si las tensiones súbitamente, como por arte de magia, desapareciesen o muriesen, también la obra viva moriría y, a la inversa, toda conjunción casual de algunas formas se convertiría en obra de arte. El contenido de una obra encuentra su expresión en la composición, es decir, en la suma interior organizada de las tensiones necesarias en cada caso.

         Hasta en apariencia simple afirmación tiene la mayor trascendencia: su reconocimiento o negación divide no sólo a los artistas actuales sino a todos los hombres de este tiempo en dos sectores totalmente opuestos:

              1. Aquellos que aparte de lo material reconocen lo inmaterial o espiritual.

              2. Aquellos que no quieren reconocer nada fuera de lo material.

         Para la segunda categoría no puede existir el arte, y por lo tanto hoy niegan a la palabra misma y buscan un sustituto para ella.

         Yo, por mi parte, considero como "elemento" la forma liberada de sus tensiones y como elemento la tensión que viva en esa forma. Así los elementos son abstractos en un sentido real y es "abstracta" la forma misma. Si de hecho fuese posible trabajar con elementos abstractos, cambiaría notablemente la forma exterior de la pintura contemporánea.»

KANDINSKY: Punto y línea sobre el plano.
Barcelona, Barral, 1974 (Págs. 30-31).


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