Si hay algo realmente bonito en mi pueblo aparte de todo lo que he comentado con anterioridad son: sus alrededores.
Desde que llegué a La Carolina con tres años, pues he de decir que no soy carolinense de nacimiento aunque sí de adopción y de corazón, he disfrutado muchísimo del campo. Los fines de semana, desde que recuerdo, mis padres nos cogían a la prole, no sólo a mi y a mi hermanos sino a los amiguillos que teníamos y, hale, todos al campo en primavera, tenemos fotos preciosas con la hierba y las margaritas que nos llegaban a la cintura (éramos bastante más bajitos que ahora), en el camino de las aldeas de La Fernandina y la Isabela, con las ovejillas por allí cerca.
Aunque no os lo creáis nos tirábamos rodando por las montañas (más bien cerrillos), donde había una pendiente no demasiado empinada; y también metíamos alguna que otra vez el pie en el río, sobre todo yo, que para eso he tenido siempre un magnetismo especial, no ha sido una sola vez la que nos hemos visto alguno vestido con un jersey que nos llegaba por las rodillas. Ahora ya no se puede ir al campo con tanta libertad, porque la mayoría de las fincas están valladas, es una pena.
Los parajes que he mencionado en la página principal los recuerdo con cariño por distintos motivos:
Al puente de los Cinco Ojos y al "Renegaero" íbamos andando con excursiones del colegio o algunos amiguillos un sábado por la mañana, con el bocadillo y la lata de Coca-Cola. El puente de los Cinco Ojos, al que yo no he conseguido contarle nunca más de tres, tenía casi siempre el agua verde llena de algas y un árbol grande, grande cerca, debajo del que nos sentábamos a comernos el bocadillo. En el "Renegaero" si había llovido bastante se podía ver una cascada que caía en un pequeño lago que se formaba debajo.
En cuanto a la Aliseda, para mí la época en la que está más bonita es en otoño. Es un sitio que está un poco más explotado, en el sentido de que está pensado como un paraje para que la gente vaya a pasar el día, con barbacoas de piedra y fuentes. Cuando era pequeña recuerdo que había cabañas de madera y caballos hechos con troncos, para que los niños jugasen, después los quitaron. En otoño es precioso ver los castaños teñidos de amarillo, el suelo lleno de castañas caidas y pasear por el bosque galería, la imagen del puente de piedra sobre el riachuelo... Además también nos gustaba subir hasta donde estaba el antiguo balneario donde apenas quedan cuatro piedras que nada recuerdan al esplendor que tuvo a principios de siglo (tenéis una foto en la sección para nostálgicos), pero gusta imaginar cómo sería aquello. Son lugares que tristemente no todo el mundo aprecia igual y que las últimas veces que he estado allí estaban bastante sucios, con el poco trabajo que cuesta llevarse la basura a casa, como agradecimiento al campo al menos por el día que has disfrutado allí, en fin ..
Cerca de la Aliseda está el Melocotón, allí fui también alguna vez cuando era pequeña con excursiones de la catequesis, una vez estuvimos todo el tiempo en una explanada que hay cerca de la carretera y cuando ya faltaba poco para irnos unos cuantos fuimos a "inspeccionar" y encontramos un sitio con árboles y hierba, se estaba en la gloria, nos dio rabia de no haberlo descubierto antes. Después de aquello, cuando he vuelto, lo he buscado, pero nunca me ha parecido tan bonito como aquella vez, supongo que habré crecido.
Al igual que para ir a la Aliseda, para ir a la Cimbarra hace falta coger el coche. La carretera es un poco mala pero merece la pena, la Cimbarra es un paraje que está en el término municipal de Aldeaquemada, está en plena sierra y cuando ha llovido y tiene agua, ésta cae en varias cascadas a pozas y continúa su discurrir por el río, los paisajes son preciosos, se puede acampar y hay lugares con merenderos y dónde se puede cocinar. Recuerdo que estuve una vez, no había mucha agua, hace unos cuatro o cinco años, la cascada estaba prácticamente seca, pero la poza era un lago oscuro, en la superficie se había formado cerca de la pared de roca un tápiz de plantas acuáticas, que bajo la luz del sol producían un reflejo sorprendente sobre el techo de una gruta cercana al agua, parecía que estaba cubierto de esmeraldas, nunca había visto algo igual, no sé si lo he explicado bien, pero era así.
Al Río los Curas siempre he ido con mis padres, en alguna ocasión, cuando había agua en verano, nos hemos ido a bañar, hay piedras enormes redondas y pulidas, y hasta hay una en mitad del río que nos servía de tobogán. Recuerdo veces en las que había tanta agua que el río se veía anchísimo, y brillante. Una vez estuvimos de campo, tendría once años, hacía un calor increíble a pesar de que era el mes de Marzo, había gente que se estaba bañando, yo me moría de ganas de bañarme pero como no me había traído bañador me "caí accidentalmente" al agua, no sé si se lo creerían pero yo disfruté como un enano y mis vaqueros se lavaron a la piedra.
A las Ocho Casas, que es una finca cerca de las Navas de Tolosa es dónde casi siempre íbamos a recoger hongos, cuando había estado lloviendo durante varios días y de pronto hacía un día de sol y caía en sábado, claro. Mi padre conocía al dueño y nos dejaba abrir la verja y entrar, alguna vez que otra había vacas cerca, pero aparte de que no eran bravas, formaba parte de la diversión. Pues sí, nos íbamos temprano con nuestros cubitos y un cuchillo y a ver quién encontraba el más grande, están buenísimos a la plancha, con carne y si los echas al arroz, pero están más buenos si los has cogido tú. La última vez que fui fue hace unos tres años, pero ya no puedo ir tanto como me gustaría ..
Hasta ahora os he hablado de lugares sobre todo de mi infancia, pero si hay un lugar al que le tengo especial cariño por las cosas que he vivido allí, por las experiencias de adolescente que he tenido allí y porque me parece precioso, es El Centenillo. El Centenillo está a 18 Km. de La Carolina en dirección a la Sierra, aparece en alguno de los otros apartados porque es un pueblo que en la época de esplendor de las minas también tuvo su mayor apogeo, cuando las minas se cerraron quedó prácticamente abandonado, se podían comprar casas por cinco mil pesetas. De hecho eso hizo que ahora sea un pueblo de vacaciones (las casas se han revalorizado), donde principalmente vienen a veranear gente de Madrid, de Barcelona y por supuesto de los alrededores. Es un pueblecito minero, con casitas bajas, una iglesia, calles empedradas, rodeado de pinares y jaras, y que conserva el paisaje de las minas, las torres, las antiguas construcciones, ya en ruinas, y que para mí también tienen su encanto. El aire allí es limpio, huele a gloria, puedes encontrar frutales que ahora son salvajes, manzanos, membrillos, higueras, desde el "Mirador" la vista es preciosa, se ven los picos de Las Tres Hermanas y el Puntal. También es preciosa la vista desde los "terreros", que son las montañas de mineral de deshecho de las minas y que constituyen un paisaje típico de esta zona minera. A un paseo está la "charca", que es un lago de origen artificial, pero que se mantiene con las filtraciones de algún manatial y donde se puede pescar, la gente se baña en verano ..
Por la parte de arriba del pueblo, entre los pinares se llega a la Era, que no es otra cosa que una pista de helicopteros de I.C.O.N.A. donde en las noches de verano te puedes subir a tumbarte y ver las estrellas fugaces, el espectáculo sólo es comparable a algún sitio de la Alpujarra.
En primavera es precioso por la cantidad de flores que hay en los jardincitos de las casas y salvajes. La época de las lilas y las mimosas es de un colorido y un aroma inolvidable. La última vez que estuve allí, a mediados de Febrero estaba todo lleno de mimosas y los frutales cubiertos de flores rosas y blancas.
Pero quizás la época que más me gusta es el otoño, las primeras lluvias, en Septiembre y Octubre es la época de celo de los ciervos, la "berrea", aquello es tierra de ciervos y si vas al mirador puedes oir con claridad la llamada de los machos, es impresionante, con prismáticos puedes verlos en los claros al caer de la tarde, es digno de ver.
Y en invierno siempre puedes ir a comerte unas migas hechas en la lumbre, de esas en las que todo el mundo mete mano. Una amiga mía tiene una casa en El Centenillo y la verdad es que es una suerte poder disfrutar de esos fines de semana con tus amigos y en un sitio tan precioso.Sólo os puedo decir que vayáis a verlo.