La principal causa de la creación de La Carolina fue asegurar la
llegada a la Corte de las riquezas de América, pues el camino seguía
desprotegido y sólo existían las ventas de Guarromán,
Baeza, Linares, Vilches, Miranda, La Iruela y el convento de La Peñuela.
Además se quiso atajar a emigración a América y repoblar
tierras del interior.
Por los robos
y los crímenes que se producían en Sierra Morena Carlos III
y sus consejeros deciden traer colonos de Suiza, Alemania, Francia, Bélgica,
Holanda, Italia, algunos de Austria y Hungría y muchos albañiles
de Portugal en Noviembre de 1766. También se permitió la
entrada de españoles de provincias no vecinas. El 28 de Febrero
de 1767 se aprueba su entrada, el 2 de Abril las condiciones y el 5 de
Julio de publica el Fuero, que era una serie de 79 artículos para
el gobierno exclusivo de las colonias de Sierra Morena y Andalucía.
En 1770 se habían recibido 10000 colonos que se repartieron entre las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y las Nuevas Poblaciones de Andalucía. De cualquier modo la mortandad fue terrible, en algo más de tres años mueren más de la mitad de los colonos.
Al principio los colonos, como todos estaba desierto, se alojaron en las tiendas de campaña que trajeron los regimientos suizos. Luego hicieron barracas y con el tiempo hicieron casas de piedra.
La Carolina aún La Peñuela, a la llegada de los colonos debió parecerse a una Babel, por la confusión de lenguas. Por ello los colonos se agruparon por idiomas en sus suertes. Hubo necesidad de intérpretes y en esto fueron muy útiles los soldados suizos que hablaban el castellano.
Nuestra ciudad empezó a construirse en 1767, junto al convento de La Peñuela. El Convento fue el principal atractivo para fundar La Carolina porque:
Sus dependencias abrigaron a los funcionarios de la tormenta de nieve y viento de los días 2, 3 y 4 de Noviembre de 1767.
La iglesia fue el lugar de entrega de los títulos de propiedad de las parcelas (suertes) a los colonos el 11 de Octubre de 1767.
Su pozo apagó la sed de los colonos hasta descubrir nuevas aguas
La huerta proporcionó las primeras frutas y legumbres, convirtiéndose en jardín botánico y lugar experimental de plantas y frutales que habían de introducirse en las nacientes colonias.
El molino de aceite, debió prestar buena ayuda a los colonos hasta la construcción de otro mayor.
El olivar produjo las primeras rentas a la Real Hacienda.
A los colonos se les dio casa, cama, jergón y otros enseres. Se
les suministró pico, azada, hacha, martillo, arado, cuchillo de
monte y demás útiles. Al artesano se le entregó las
herramientas de su oficio. Se les entregó un par de bueyes, 5 cabras,
5 ovejas, 5 gallinas, 1 gallo y una cerda y para el cultivo una, dos o
tres suertes, según la calidad del terreno.
Fue un ensayo igualitario que el tiempo deshizo pronto. A los diez años ya había pobres y criados. Aunque partieron con los mismos medios, la igualdad no fue total. La calidad de las suertes eran distintas, aún dentro de la misma colonia; las familias no tenían la misma disposición para el trabajo; hubo quien vendió o sacrificó sus animales; unos se dedicaban a la bebida; otros huyeron abandonando las propiedades y a su familia. Pero también hubo gente laboriosa, capaz de cultivar su suerte y arrendar la de otros, especialmente de viudas con hijos pequeños. Estos fueron los que prosperaron y se convirtieron en terrateniente, una clase no proyectada en las poblaciones.
Nuestra ciudad es de las pocas que tiene fecha exacta de fundación.
Olavide, eligió La Peñuela para construir La Carolina el
día 17 de Agosto de 1767 y el día 20 se puso la primera piedra
de la ciudad.
La calle Jardines
Después de la plaza de la Iglesia, la calle Jardines fue la primera construida; estaba acabada en 1768. Se llamó así por los jardines delanteros de sus casas. En algunos momentos sus aceras estaban adornadas con árboles.
La Plaza del Ayuntamiento
D. Miguel de Jijón construye la Plaza de los mesones (actual Plaza del Ayuntamiento) con tres gradas de piedra. Frente a la calle Jardines, las gradas se abren para que entre el camino real. A los lados de esta entrada se colocan unas columnas de adorno. La obra se acabó en Septiembre de 1768. Al parecer La Carolina terminaba en la Plaza del Ayuntamiento. La Carolina se ajustaba al Fuero, que decía que cada población fuera de quince, veinte o treinta casas a lo más.
La calle Real
Casi un año más tarde de que terminase la obra de la Plaza de los Mesones se construyen 10 casas en la calle Real y dos tahonas a su entrada.
Nuestra ciudad en 1770 ya se llamaba La Carolina, aunque de forma oficiosa se usaba este nombre desde 1768.
La calle Madrid
Concluida la calle Real, que era por donde entraba el camino real, se continuó en dirección a Madrid, de ahí el nombre de calle Madrid.
La Plaza de los Jardinillos
Era la antigua Plaza de Toros, que fue uno de los monumentos más
importantes. Su forma poligonal es típica de las colonias de Sierra
Morena. Tenía dos arcadas superpuestas delante de las fachadas de
las casas, de ahí su otro nombre, Plaza de Arcos. Entre los arcos
altos y las fachadas corría un pasillo utilizado por los propietarios
de las casas, pero que ocupaba el público en las corridas o novilladas.
Como a lo largo
del siglo XIX los pilares, arcos, pasillos y bóvedas amenazaban
ruina y eran objeto de continuos arreglos, el Ayuntamiento acordó
el 7 de Abril de 1912 derribarlos y ofrecer a los dueños que avanzaran
sus casas hasta la línea exterior de los arcos.
Las torres de La Aduana
Son un simple adorno a la entrada de nuestra ciudad, según se viene de Madrid. Se construyen otras dos torres más una a cada extremo de las avenidas Juan Carlos I y de Las Huertas.
A Olavide le sucedió Ondeano, cuyo gobierno fue espléndido y consolidó las colonias. Elabora disposiciones gubernativas, muchas encaminadas a la mejora de la agricultura. Dicta leyes para proteger la vegetación natural. Dicta normas sanitarias. Realizó muchas obras y mejoras. Amplió la Iglesia, que excepto por la torre, construida en 1900 quedó prácticamente igual que en la actualidad. También amplió el Palacio de Olavide.
El Palacio de Olavide
Se levantó en el convento. Olavide se refería a él
como la casa grande y en la Guerra de la Independencia los franceses lo
llamaron “El Castillo”.
Residencia de
los intendentes, en 1835 fue requisado por el Gobierno Civil e Jaén
que lo destinó a varios usos, oficinas, escuelas y el portal, lo
más indecoroso del edificio, a Salas Capitulares. En él se
celebró la sesión para la constitución del primer
Ayuntamiento tras el cese del Fuero.
En la época de Ondeano el bienestar se refleja en la cabaña
ganadera, amén de su industria apícola y de las plantaciones
de olivos, moreras frutales y vides.
A Ondeano
le sucede D. Tomás José de Carvajal, que llega a La Carolina
en la primavera de 1795, fue un hombre metódico, durante su mandato
se producen epidemias de viruela y fiebre amarilla, aunque está
última no llegó a La Carolina desde las Nuevas Poblaciones
de Andalucía, si lo hicieron, sin embargo la peste y cólera
morbo procedente de Málaga en 1833.
En esta época resurgen los delitos y el bandolerismo. El último años de su gobierno, Carvajal debe derribar casas de la Aldea de La Cruz (Aldeaquemada), que había quedado arruinada y prácticamente deshabitada.
Llegó la Guerra de la Independencia. Las represalias de los franceses
son terribles en las poblaciones por tratarse de las primeras localidades
ocupadas tras la barrera de Despeñaperros tras romper el cordón
militar de este paso, que defiende el General Marqués de Palacio.
Muchos carolinenses
huyen y los invasores se dan al expolio. Para evitar el robo de los caudales
de la Tesorería de Palacio, dispuso que se escondieran los fondos
en un hoyo excavado bajo las mismas arcas y en la hornilla de la cocina
del palacio de Olavide, dejando las puertas y ventanas destrozadas para
hacer creer a los franceses que ya había sido saqueada.
En La Carolina
hubo tropas tanto españolas como francesas. Por su situación
, las tropas de ambos bandos pasaban en uno u otro sentido o quedaban acantonadas.
En Diciembre y primeros meses de 1809 se creó el Cuartel General
de defensa de Andalucía, la tensión y el estado de ánimo
de la tropa del Duque de Alburquerque, acantonada en La Carolina el Sábado
de Gloria de 1809, les jugó una mala pasada; el tiroteo para conmemorar
la resurrección del Señor confundió a los soldados
y huyeron a la desbandada.
Hay cuadrillas de paisanos patriotas que luchan contra los franceses o
surgen grupos armados de malhechores que roban y saquean pan, cabezas de
ganado, vino, cebada o paja. Estas cuadrillas y los guerrilleros causaban
tanto daño que se dio orden de que todo individuo que fuese cogido
con las armas en la mano sería pasado por las armas. Se dio orden
de fortificar las colonias tapiando las calles que dan al campo, dejando
troneras y con foso exterior. El año 1811 fue terrible. En Mayo
la situación es patética; nuestro vecindario no puede abastecer
el convoy que viene de Andújar, pues está en la miseria y
lleva más de un mes comiendo hierbas.
La penuria llegó
a tal situación en 1812, que el 23 de Marzo la municipalidad asegura
que no habría alimentos para el día siguiente. Durante estos
años gobernaron La Carolina D. Pedro Delgado y D. Ventura Malibrán.
En época del primero se jura la Constitución de las Cortes
de Cádiz en la iglesia de la Purísima Concepción (28-IX-1812),
asistiendo las autoridades coloniales.
En Agosto de
1814 se recibe la orden del nombramiento de D. Pedro Polo de Alcocer y
la alegría se desborda. La despoblación era evidente en La
Carolina, inferior a la de la época de Olavide; en el censo de 1818
hay 445 vecinos.
Polo aprueba que los braceros de La Carolina se dediquen a laborear las
minas, actividad iniciada en época de Ondeano y arraigada en la
guerra pasada. Manda arreglar las casa arruinadas, restablecer plantíos
y alamedas. Entrega semillas para la siembre, auxilia los huérfanos
en época de lactancia; da limosna a los jornaleros faltos de trabajo
en invierno, arregla fuentes galerías, y cañerías
de aguas potables.
Mejoró la situación grandemente, pero cuando las mejoras
empiezan a hacerse notar se restablece la Ley Constitucional y en Junio
de 1820 tiene que terminar su misión.
El gobierno liberal
vuelve a hundir en la miseria a La Carolina.
En Diciembre
de 1823 vuelve Polo de Alcocer a La Carolina hasta 1835. La Carolina pierde
la capitalidad de las Nuevas Poblaciones. Todas las colonias de sierra
Morena se integran en la provincia de Jaén.
¿La Colonización fue un éxito?. Por los resultados,
sí. Pero pronto se vio que era imposible mantener sus principios
igualitarios. A 68 años de la llegada de los primeros colonos, la
población era tan variada como en el resto de España.
Las guerras carlistas
también afectaron a La Carolina por su situación junto al
camino real, que fue determinante. El primer años de gobierno autónomo
de La Carolina fue un año para olvidar, un año cuyos documentos
hablan de una insostenible y vergonzosa situación, siendo causa
de una llorada añoranza de la Intendencia. Esta nueva forma de gobierno
vuelve a sumir a La Carolina en la indigencia.
Debido a que la cárcel de La Carolina era muy segura, traían
presos de toda la comarca y de otras poblaciones vecinas, y había
en ella gran cantidad de presos políticos. En 1823 fue encarcelado
D. Rafael de Riego en uno de sus calabozos.
Con la creación de las partidas cívicas y, sobre todo, desde
la fundación de la Guardia Civil, fue decreciendo el bandolerismo
en un lento proceso a pesar de que a los criminales se les imponía
el terrible castigo de cortarles la cabeza.
En 1868 los principales productos de La Carolina, las únicas materias
que desde esta localidad pueden remitirse a la Exposición Universal
(Londres) son aceites por ser en este estado de superior calidad y los
plomos.
El máximo esplendor minero: en 1882 ya estaba muy desarrollada.
Por tal motivo en 1882 se autorizó a la instalación de un
polvorín para la venta de dinamita. El edificio se encuentra en
buen estado de conservación. La máxima producción
de mineral coincidió con el cambio de siglo. La técnica y
l aportación del capital extranjero hacen que en 1910 y 1913 se
alcance el 1.7% de la renta mundial de plomo y plata. La mina más
productiva fue la de “El Guindo”, conocida como “monstruo minero”.
Las torres de fundición
Las torres de la fundición identifican a La Carolina con su minería
porque en ellas se fabricaba munición. El Ayuntamiento no prestó
el justo interés cuando amenazaba ruina la parte alta de la situada
en la calle Ondeano, limitándose a demoler la zona afectada ante
la crítica de un pequeño sector de la población.
Funcionaba a
pleno rendimiento en 1849.
El Ayuntamiento
Al vender el Palacio, que continuaba siendo donde se celebraban las sesiones, se decidió construirlo junto a la cárcel hacia 1868. Luego se pensó mejorar su plaza, donde quedaban restos de las gradas de 1768. Se proyectó un paseo rodeado de una verja y en 1883 se trasladaron las torres de adorno al paseo del Molino de Viento.
Las columnas de la Fundación
En las columnas está el escudo real porque La Carolina lo tenía
como suyo desde la época de Olavide. Por ello la corporación
de 1883 solicita al ministro de Estado la concesión oficial del
emblema, que debería de ser el del escudo de las armas nacionales
en que halla su origen esta población, fundada por Real Cédula
del Rey D. Carlos tercero.
No sólo se grabó en las columnas, sino que la corona real
del escudo que hay en la fachada del Palacio sustituye a la primitiva de
hierro, que fue derribada y arrastrada por las calles en época revolucionaria.
También se representa en la vidriera del Ayuntamiento y en el interior
de la Iglesia.
Para conmemorar el VII Centenario de la Batalla e las navas de Tolosa, en 1911 se construyó una explanada al final del paseo Molino de Viento. Su acceso se hacía mediante una amplia y artística escalinata de piedra. Era sitio de recreo y esparcimiento de los mayores que rememoraban recuerdos a la sombra de la arboleda de viejos álamos negros.
En la plaza de España se levantó el primitivo monumento de
la Batalla de las navas de Tolosa por suscripción popular y ayuda
municipal en 1912, coincidiendo con el VII centenario de la efemérides.
Era un sencillo y airoso obelisco que sustituyó a una artística
fuente. En 1918 se trasladó a la Plaza de las Delicias.
Se desmontó en el decenio de 1960 para darle un nuevo emplazamiento,
sin que se llegara a reconstruir. Se conservan su lápida y las placas
alegóricas de bronce en el descanso de la escalera del Ayuntamiento.
El ferrocarril
En 1909 una máquina de vapor unió La Carolina y Linares con una vía de un metro de ancho y 28.6 Kms. de longitud . En nuestro término contaba con el apartadero de El Centenillo (Km. 25), cargaderos de las minas “El Guindo” y “Rafaelito”, Kms. 28 y 28.4, y con la estación de La Carolina.
¿Cómo era La Carolina a principios de siglo?
La minería se mantiene pujante y recibe la segunda colonización procedente de otras cuencas mineras: Las Alpujarras, Almería y La Unión.
La Carolina se extiende desbordando el proyecto de Olavide por el cuadrante
N.O. Se ha embellecido con un paseo de 441 metros frente a la calle de
Linares. Sus arboledas se incrementan con acacias y álamos negros
de Lérida, que hermosean calles y paseos o acompañan
a la carretera entre La Carolina y Navas de Tolosa. En un nuevo hospital
reciben asistencia una media anual de 200 personas. Hay dos teatros de
invierno y uno de verano. Los manantiales dan 36 litros de agua diaria
por persona y hay 995 niños escolarizados.
Junto a estos signos de riqueza, se observa: hacinamiento de familias,
alcoholismo, alto índice de mortalidad, siendo los más afectados
los niños hasta los 2 años; aumentan las enfermedades mineras,
la criminalidad y la vagancia; el analfabetismo llega al 70% y se contabilizan
mil pobres.
Se comprueba el elevado precio de los comestibles, resultando ser
el mercado más caro de España, hay serios problemas con la
falta de alcantarillado de algunas calles; las aguas estancadas de los
4 tejares (balsas de agua reliquias de antiguas canteras de extracción
de arcilla) son causantes de una epidemia de paludismo.
Tras la Guerra Civil, hecho deplorable para olvidar o recordar, la recuperación
económica fue lenta y muchos carolinenses inician un éxodo,
curiosamente, a los lugares de origen de sus antepasados, Valencia, Cataluña,
Alemania, Francia y Suiza. Pero en 1960 comienza la industrialización.
La Carolina puede hacer volver a muchos de sus emigrantes y a absorber
mano de obra de la comarca. Es la “tercera colonización”, coincidente
con la decadencia minera. La alegría vuelve a los hogares y se celebra
la Fiesta del Bicentenario de la Fundación.