
UNA MADRUGÁ INOLVIDABLE
Es la primera vez que escribo algo para que se publique, por lo que ruego lo comprendáis y perdonéis mi falta de costumbre al notar algún fallo, pero no quiero que se quede solo para mi la sorpresa que me llevé al ver la "Madrugá" del pasado año.
He de aclarar que soy hermano de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús desde que era niño y ya voy para los cincuenta, así que debo ser de los veteranos. Pero también he de decir que, aunque fui en las filas de la procesión con mi vela siendo un chiquillo, desde entonces he estado apartado de la Hermandad. Vamos, que soy, o mejor dicho, somos, porque mi mujer también es hermana, somos "hermanos de cuota".
Por diversas circunstancias hace varios años que no hemos venido al pueblo para Semana Santa y cuando lo hemos hecho, la verdad es que no nos hemos levantado para ver la "Madrugá". ¡Bastante madrugo todos los días allá en Madrid!. El pasado año tuvimos la oportunidad de estar en Castellar algunos días de la Semana Santa y hablando con un amigo salió el tema de las procesiones. Por curiosidad le pregunte que qué tal estaba la Madrugada ya que hacía quince o veinte años que no la veía y el me dijo: no te pierdas la salida y el "Encuentro".
Por curiosidad, repito, y no con muchas ganas, le hice caso y comenzaron las sorpresas. Ni me esperaba la puntualidad, ni me esperaba el silencio, ni me esperaba tanta túnica, ni me esperaba el orden, ni me esperaba tantas emociones...
Seguí sorprendiéndome con la salida de la Verónica con su cuadrilla de costaleras, (la recordaba en unas andillas mal llevadas). La majestuosa salida del Nazareno, meciéndose en su trono y con las notas de la marcha de Ntro. Padre Jesús de fondo, ya me puso el nudo en la garganta. La Virgen creía que no salía, ¡tan justa le viene la puerta a su palio!. Varal a varal, vela a vela, rodilla a rodilla, la fui viendo aparecer. Creo que sufrí yo más que sus capataces. ¡Que roza! ¡Que roza!. La levantada tras la salida fue para mi un alivio.
Ya en la procesión y con el Nazareno andando, porque esa fue la impresión que me dio al verlo moverse con su túnica corta a la que no estaba acostumbrando, siguió sorprendiéndome el orden y el silencio. Recuerdo que cuando no sonaba la música ni los tambores, lo único que oía era el canto de las golondrinas, saludando la alborada y el lamento quejumbroso de la bocina que me ponía los pelos de punta.
Y del "Encuentro", ¿qué hablar?. Era la primera vez que lo veía y... silencio. Y en el silencio el Nazareno que se vuelve. Y en el silencio la Virgen se arrodilla. Y en el silencio suena una trompeta. Y en el silencio se oye una oración. Y en el silencio una bocina. Y en el silencio unas lagrimas...
Seguí la procesión y, aunque me costaba trabajo separarme de ella, confieso que recurrí a los "atajos". Quería verla desde todos los puntos posibles y me fui a la Glorieta: la carretera "de morado" es la visión que tengo, ¡pero si la llenaba toda!
Al terminar, lo primero que hice fue indagar si había videos de la "Madrugá". ¡Es una pena que la Cofradía no los tenga en venta!
Cuando ya por la tarde le di las gracias a mi amigo por su recomendación, éste me dijo: "tú has visto la Madrugá pero aún no la has sentido bajo un capirucho."
Y ahora pienso que si aquella mañana yo hubiera estado bajo un capirucho, no hubiese tenido que disimular con una moto inexistente en mi ojo.
A.M.R.
Hermano de Jesús.
PD. Mi enhorabuena al Hermano Mayor y su Junta de Gobierno por su trabajo y mil gracias por haberme proporcionado una Madrugada inolvidable.