La palabra Médulas deriva del latín
Metalla y significa mina. Otro origen
para esta palabra es la formación que tienen los montones
de paja y que se denomina en Galicia, y norte de Zamora medas.
La extracción del oro se llevó a cabo durante su
estancia y hasta la llegada de los bárbaros; a veces es
inexplicable el abandono de tales yacimientos, en muchas ocasiones
dejándolo todo a la mitad.
Las Médulas es un legado histórico declarado en
1931 Monumento Histórico Artístico que nos ha permitido
ser conocedores del desarrollo de la ingeniería romana.
Se trata de una explotación
minera a cielo abierto de los tiempos de la Hispania Romana.
Situadas en la comarca leonesa del Bierzo, a unos 20 kilómetros
de Ponferrada por la ctra. de Orense hasta Carrucedo, donde nos
desviamos unos 4 km.
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Podemos encontrar una gran
abundancia de vegetación autóctona: robles, encinas
y castaños centenarios. Estos castaños, de gruesos
troncos rugosos y retorcidos, han poblado durante siglos estas
comarcas, dotadas de un cierto encanto y misterio. A su lado,
hay pequeños arbustos de distintas especies. La flora
es escasa y puebla pequeñas zonas.
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olvidar. También puede
visitarse la Galería de Orellán, donde se abandonó
la explotación de Las Médulas. Detrás del
mirador baja un pequeño sendero que lleva a la boca de
dicha galería y que conduce a través de la montaña
naranja hasta un mirador. Conviene ir con linterna ya que aunque
existe un tránsito abundante de viandantes podemos perdernos
en algún punto e ir hacia otras galerías ciegas.
En el exterior, también a la espalda del mirador, se pueden
observar unas hendiduras sobre el terreno que llegan desde lejanas
tierras (La Cabrera) y que constituyen los canales de traída
de agua para inyectar a presión en la montaña.
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"La tierra parecía
profundamente atormentada: crecían los castaños
silvestres en aquellas laderas inaccesibles
La última
vez que visitamos estos lugares fue en el otoño de 1840
entramos en las galerías que aún se conservan y
las examinamos atentamente
Cansados por fin de vagar por aquellos oscuros callejones, dirigímonos a una claridad que se advertía en el fondo de uno. Era una abertura de forma irregular con una mata de roble en su orilla por donde entraba el sol del otoño. El que iba delante se asomó a la rústica ventana, pero retrocedió sin color y turbado, no sin razón a la verdad, porque había visto a sus plantas el abismo. Era un despeñadero de más de doscientos pies perpendicularmente cortado, y los castaños del valle parecían albahacas, cabras los bueyes y muchachos los hombres que se ocupaban en recoger la castaña En el marco de aquel extraordinario mirador estaban grabados varios nombres, de sujetos conocidos del país y algún otro extranjero ". (GIL Y CARRASCO, E. Bosquejo de un Viaje a una provincia del Interior - 1840). |