Miguel Ángel González García
Como decíamos la propia arquitectura permite señalar unas etapas constructivas con diferentes soluciones en la decoración de las bóvedas, la sección de los pilares o la propia calidad de la piedra proveniente de canteras diversas. Las razones que imponen las detenciones en la obra son principalmente de carácter económico que obligan además a una lenta marcha de la edificación. Resumiendo, estableceríamos cuatro etapas o campañas constructivas. La primera de 1471 a 1525. Siendo el obispo don Sancho Pérez Rodríguez de Acebes, el impulsor de las mismas. Hasta el segundo tramo de la nave izquierda llegaría este primer momento uniéndose entonces la nueva obra con la precedente catedral románica.
Tras unos años de detención es hacia 1540 cuando se decide recomenzar las obras. Es entonces cuando el plan inicial se decide reorientar. La presencia en Astorga por esas fechas del maestro de la catedral de Burgos, Francisco de Colonia, tiene que ver con esta voluntad de un cambio planimétrico, fruto de ellos es la actuación señalada de Rodrigo Gil de Hontañón, a él se debe la puerta sur con medallones con san Pedro y san Pablo, hornacina para la imagen de la Asunción y frontón con el Padre Eterno, el anagrama de Cristo y un friso con inscripción de afirmación asuncionista, solución que recuerda otras obras del santanderino. De este momento son también las capillas de san Juan y de la Inmaculada, que se abren para formar el falso crucero y que declaran los usos constructivos hontañonescos. Las obras del coro y principalmente el gran retablo mayor obra de Gaspar Becerra que ahora se realizan, reciben la mayor parte de los ingresos de la fábrica, siempre escasos y que ralentizan, sino paralizan totalmente la marcha de la obra. Hacia 1630 se puede fechar un cuadro-exvoto de la Virgen de la Majestad, de Juan de Peñalosa, que nos certifica que la obra de la catedral alcanzaba la actual capilla de san Lorenzo y el claro término de un momento constructivo, marcado por la impronta clara del maestro Rodrigo Gil.
El edificio tal como ha llegado a nosotros tras una tan compleja y larga historia constructiva se nos ofrece como un cuerpo de tres naves con capillas adosadas, bajas del tipo capilla hornacina las del lado de la epístola, de la misma altura que la nave y de mayor anchura las de la nave del evangelio o de la Majestad. La nave principal tiene mayor anchura que las laterales. Exteriormente la catedral muestra dentro de la homogeneidad de estilo las mismas diferencias que interiormente señalan las diversas etapas constructivas y el cambio de los estilos.
Palacio - Situada en la Plaza de Eduardo de Castro. 24.700 Astorga (León)
- El Palacio de Gaudí se puede ver desde el exterior, y en su interior alberga el Museo de los Caminos, cuya visita permite concer tambien el Palacio por dentro.
- Horario de verano: De 11 a 14 y de 15:30 a 18:30. Cerrado domingos tarde (excepto agosto en que abren también por la tarde).
- Precios: Individual: 250 Pta, Grupos a 200 Pta. Combinada Catedral y Palacio: Individual 400 Pta, Grupos a 300 Pta.
por María Jesús Alonso Gavela
por Martín Martínez
El continente es de ensueño, como una de las obras más imaginativas de Gaudí; el contenido es todo un símbolo de la riqueza artística y cultural de una de las diócesis más antiguas y significativas de España. Continente y contenido conforman el punto más atractivo de Astorga; con la Catedral, el Ayuntamiento y la Ruta Romana (ésta ejemplarizada en la Ergástula) se cierra, y con broche de oro, el circuito turístico-cultural de la ciudad de Astorga.
Afortunadamente, aunque el Palacio se ideara para Residencia del Obispo, éste nunca lo ocupó; allá por los primeros años de la década de los sesenta el Emérito arzobispo-Cardenal de Toledo, don Marcelo, entonces obispo de Astorga le dio al edificio el destino que mejor le iba, ante el proyecto que le presentaba el recientemente desaparecido, historiador astorgano, monseñor Quintana Prieto; con la exposición de una idea y la aceptación entusiasta de la misma, así nació el Museo de los Caminos, hoy toda una espléndida realidad, prez y gloria de Astorga, buque insignia de nuestro turismo, por excelencia. Las vías romanas que de Astorga partían, el Camino Jacobeo y Vía de la Plata como vehículo de peregrinación, los caminos y veredas arrieros fueron los que dieron nombre al Museo.
Propongo a los lectores de La Luz una síntesis escueta y apresurada, algo así como un cebo, porque el espacio periodístico no da para más, pero suficiente para despertar el interés hacia las joyas que guarda el joyel, mientras en lo alto de la chimenea crotora la cigüeña, elemento indispensable de su paisaje, y más desde que don Luis, nuestro Cronista, lo dejara plasmado en ese delicioso y breve relato de La cigüeña del palacio.
Imaginativamente les invito a traspasar esa original portada y hacer un breve recorrido comenzando de abajo a arriba. Nos deja el sótano el regusto histórico de nuestras raíces romanas en ese manojo de lápidas que nos hablan de nuestros antepasados como libros abiertos; allí quedaron grabados los amores de Lida, la esclava, con su amigo Taumaso; allí están las memorias de procuradores augustales, sacerdotes, augures y soldados; las monedas, los lacrimarios, las fíbulas, punzones, molinos y lucernas nos retrotraen en el tiempo percibiendo la no mirada de la majestuosa matrona, que acéfala, preside el conjunto.
El Camino de Santiago, el primero para dar nombre al museo, ocupa la sala señera de la primera planta con simbologías peregrinas y santiaguistas presidiendo el Santiago de Turcia, el de la barba florida; documentos, fotografías, calabazas, conchas y escarcelas, planos y mapas sitúan al visitante en el Camino que cruza toda la diócesis. Pinturas de los siglos XV y XVI en la sala contigua para en la siguiente tener una muestra inimaginable de vírgenes sedentes con el fondo impresionante, ya gótico, del Crucificado de Lagunas de Somoza.
Vitrinas no muy adecuadas para la exhibición de objetos, pero sí muy idóneas al ser las ideadas por Gaudí, abren las puertas a la planta noble del palacio; en ellas incensarios y navetas, vinajeras y coronas, algún que otro crucifijo románico, orfebrería, en fin, que se podría catalogar de relleno (sin que falten las buenas piezas) y que da paso al festival que supone el vestíbulo y otros espacios adyacentes donde se exhibe la más amplia muestra de orfebrería religiosa que se pueda imaginar; espectaculares cruces procesionales, ricamente trabajadas, de los siglos XVI al XVIII se entremezclan con bellísimos incensarios, con ricos cálices, o custodias como la de Jiménez de Jamuz. Solitaria y exenta, la cruz de Castrotierra con el Cristo atribuido a Miguel Ángel, plata, bronce y esmaltes del orfebre Andrés de Campos que hace compañía a otros tan acreditados como Alonso del Portillo, Fuencalada, tal vez uno de los Arfe.
La pintura está representada por el retablo de Navianos, en el salón del trono, atribuido a Berruguete, o la de autor anónimo del XVI, en la sala lateral que nos relata la vida y milagros de San Román; piezas de un retablo rescatadas rocambolescamente del abandono y posible rapiña en el despoblado de Bécares.
El astorgano Gregorio Español, con Alonso Gutiérrez o Bartolomé Hernández son los más significados escultores que se pueden admirar en esta planta, junto a la obra de Enrique Marín, autor de la Virgen de la Capilla y la silla episcopal del salón del trono; este Marín fue el autor, también, del monumento que llamamos del León y el Águila que se alza en la plaza de Santocildes en memoria de Los Sitios de Astorga.
No habrá que abandonar esta planta sin dar un vistazo a los frescos de Villodas en la capilla, cuyas figuras son personajes de aquella época astorgana, admirar los azulejos de Zuloaga, y bañarse de luz y color en la sala-comedor con vidrieras de Maumejean, como las del resto del palacio.
La última planta sin el encanto arquitectónico ni el embrujo de Gaudí, aloja, con sobria dignidad, una amplia (muchos dicen que demasiado amplia) muestra de artistas leoneses contemporáneos; se abre la nómina de los pinceles con un espectacular Demetrio Monteserín al que siguen Petra Hernández, Argüelles, Viloria, Escarpizo, Sendo y Toño entre otros; la escultura la señorean Marino Amaya, Castorina o Pombo; técnicas y trabajos heterogéneos, despiden al visitante de este recinto singular que un día se construyera para residencia episcopal, y al que un obispo quiso darle el más noble destino.
Afuera, tal vez la bocanada de aire caliente, o el azote del cierzo del Teleno, según la estación, tal vez el señorial y reposado vuelo de la cigüeña, seguro inquilino del palacio, pero siempre el deslumbrante espectáculo del blanco granito que aquel genio (Gaudí) ideara como morada para su paisano y amigo el obispo Grau.