Santander, capital de la comunidad autónoma de Cantabria,
situada al norte de España en una amplia bahía que
lleva su nombre, en la costa del mar Cantábrico, entre
el Cabo Mayor y la zona noroeste de la bahía, con un
saliente hacia el este formado por la península
de la Magdalena. Es la capital de La Marina, y hacia ella confluyen
los caminos procedentes del interior, del País Vasco y
de Asturias. Su expansión urbana la hizo ganando terreno
al mar y extendiéndose hacia las suaves vertientes de las
colinas que se hallan hacia el oeste. Sus habitantes están
ocupados, fundamentalmente, en actividades terciarias: administración,
comercio y turismo. Hasta el siglo XIX fue la ciudad más
importante de la costa cantábrica y desde ella salían
las lanas castellanas hacia Flandes y Amberes. Actualmente conserva
un papel destacado por el número de pasajeros y de mercancías.
Es una ciudad moderna, elegante y cosmopolita que inició
su crecimiento en torno al paseo de Pereda en el siglo XIX, en
consonancia con su actividad portuaria -comercialización
de los productos de su industria y de los de la ciudad de Torrelavega-
y de la mano de una reducida burguesía mercantil que impulsó
el desarrollo del ensanche y la creación de zonas residenciales
en torno a la playa del Sardinero que, con sus pequeños
hoteles y chalés (casas de verano), se convirtió,
sobre todo en la primera mitad del siglo XX, en el principal destino

veraniego de los reyes de España, lo que atrajo turistas
pudientes de toda España. El crecimiento urbanístico
que se produjo entre las décadas de 1950 y 1970 fue intenso
y desordenado, con bloques de poca calidad, en parte destinados
a albergar a los ciudadanos que habían quedado sin casa
tras el incendio de 1941 que arrasó la mayor parte de la
zona vieja de Santander. A partir de la década de 1980
la ciudad se extendió por la periferia, con la aparición
de zonas de primeras y segundas residencias, mientras que el casco
antiguo (centro) se remodela y moderniza. La zona del Sardinero
se llena de lujosos bloques de viviendas y en ella se concentra
la oferta de servicios de esparcimiento de la ciudad. Cuenta con
dos universidades, la de Santander, fundada en 1972, y la estival
Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP), creada
en 1932 y con sede en el palacio de la Magdalena.
Superficie, 33,90 km2; población (datos para 1995), 194.837
habitantes.
El Sardinero: Primera Playa y Gran Casino Con los primeros «baños de ola» en las playas, a mediados del siglo XIX, surge un incipiente y selecto núcleo turístico: El Sardinero. Desde entonces, este enclave ha sufrido una lenta pero progresiva transformación, llegando a convertirse hoy en una de las zonas más elegantes y caras del litoral español, a la que acude un turismo de clase acomodada, y en la que ha fijado su residencia la alta burguesía santanderina. Se extiende desde la Península de La Magdalena hasta Mataleñas, y tiene su epicentro en la plaza de Italia, en donde numerosas terrazas al aire libre imprimen a las noches veraniegas un bullicioso ambiente. Presidiendo dicho espacio, majestuoso y emblemático se erige el Gran Casino, ligado desde su construcción (en 19 I 6) a los destinos de este inigualable enclave.
Entre el núcleo urbano y El Sardinero, se ubica un hermoso
saliente de tierra asentado entre playas: la Península
de La Magdalena, un espacio natural en cuyo alto se erige elegante
el Palacio Real (de estilo inglés), residencia de
verano
que el pueblo de Santander regaló (mediante suscripción
popular), al monarca Alfonso XIII a principios de siglo. Los reyes,
como cortesía, obsequiaron a la ciudad con su repetida
presencia, convirtiéndola durante el estío, en la
capital del reino. Posee unas hermosas caballerizas, extensos
jardines y playa propia. Recuperado el palacio y su entorno por
el municipio, actualmente es un parque público de libre
uso. Posteriormente se le ha incorporado un bello zoo con instalaciones
naturales para especies marinas, entre acantilados, resultando
espectacular por su ubicación al borde del mar. Formando
parte del paisaje, se pueden admirar los tres galeones que el
marino y aventurero cántabro Vital Alsar utilizó
para rememorar la expedición de Orellana.
En el entorno de su incomparable bahía, Santander permite
la práctica y disfrute de todas la modalidades de los deportes
naúticos: esquí, vela, surf, remo, ... Cuenta además
con dos puertos deportivos. Pero es el tradicional viaje en «lancha»,
que partiendo del muelle nos acercará a la playa del Puntal
(en verano), o hacia Pedreña y Somo, el que nos hará
gozar en el trayecto, de la agradable brisa marina y de una panorámica
de Santander, difícil de olvidar. Visible desde cualquier
punto, el monumento erigido en homenaje al «indiano»
en Peña Cabarga, brinda en días claros desde el
alto, una de las mejores vistas de toda la región. En las
inmediaciones, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno
pone el contrapunto, con formaciones rocosas y animales en semi-libertad.
Un precioso paraje para sentir la naturaleza.