En
la costa occidental de Cantabria se encuentran dos de los más
preciados tesoros culturales de cuantos puedan encontrarse en
esta región: Santillana del Mar y las cuevas de Altamira.
Santillana del Mar, a unos 30 kilómetros de Santander,
es un museo vivo de una villa medieval desarrollada entorno a
la colegiata de Santa Juliana, aunque la mayoría de sus
caseríos corresponden a las diversas aportaciones arquitectónicas
de los siglos XIV al XVIII. El conjunto histórico-artístico
de Santillana no se puede visitar más que de pie.
La villa se abre camino hacia el norte a través de una
única vía, la calle de Santo Domingo, que pronto
se bifurca en forma de Y: en la de Juan Infante,
que conduce a la plaza de Ramón Pelayo; y la que tomando
diversos nombres (Carrera, Cantón y del Río) se
dirige hasta la Colegiata. En la plaza de, de traza triangular,
se ubican algunos de los edificios más representativos:
la casona de los
Barreda-Bracho
del siglo XVIII con escudo y pretenciosa leyenda (hoy parador
de Gil Blas); las casas Del Águila y La Parra; el Ayuntamiento;
la Torre de Don Borja, levantada a finales del siglo XIV y que
es una de las edificaciones más nobles de Santillana,
perteneciendo al poderoso linaje de los Barreda, la cual da cobijo
a la Fundación Santillana; y por último, la Torre
del Merino del siglo XIV, que es el edificio más antiguo,
residencia fortificada de los merinos o administradores de los
intereses soberanos. La calle del Cantón, por su parte,
presenta un maravilloso conjunto de casonas de los siglos XV
al XVII entre las que destacan: la casa gótica (s. XV)
de Leonor de la Vega, madre del primer marqués de Santillana,
y la de los Villa (conocida por la de los hombrones ,
por sostener el enorme blasón de la fachada dos caballeros
con bigote. Al final de la calle del Cantón se ubica la
Colegiata, el monumento religioso más importante del románico
en Cantabria.

Levantada sobre una antigua ermita en el
siglo XVII, tiene planta de tres ábsides, crucero y tres
naves. En la fachada principal se observa un frontón triangular
con imagen de la mártir, y por encima, una galería
de quince arcos enmarcada por tres torres, una de ellas cilíndrica.
El claustro adosado a la nave norte, está considerado
como la obra maestra del conjunto, por la excelente talla y decoración
de sus capiteles. Pero el auténtico sabor de este pétreo
y milenario museo, que es la villa de las tres mentiras (porque
Santillana ni es santa, ni llana, ni tiene mar) es el propio
trasiego de las gentes que inundan sus calles, son sus balcones
siempre floridos, es el encanto de sus rincones que ofrecen el
vaso de leche con bizcocho...
- La transformación del antiguo
monasterio en Colegiata al cambiar la regla benedictina que lo
regía por la de la orden de Canónigos de San Agustín
se produce a mediados del siglo XII, época en que se edifica
el templo actual, en estilo románico, que es el más
amplio de la cornisa cantábrica. Su estructura de tres
ábsides y tres naves sigue el modelo de Frómista
(Palencia) y del románico internacional que penetra en
Castilla por el Camino de Santiago.
La escultura de su porticada, capiteles y canecillos evocan los
temas fundamentales de la religiosidad medieval, en particular
la lucha entre el Bien y el Mal, y la necesidad de la penitencia
y el perdón para salvarse de las penas del infierno. Este
mensaje se muestra a través de alegorías y símbolos
animales (leones, pelícanos, palomas, cuervos, serpientes,
cabras...) y vegetales (manzanas, helechos, acanto, lirios, vid,
uvas, piñas...) así como algunas escenas humanas.
En el centro del crucero se erige el sepulcro de Santa Juliana,
cuyas reliquias se guardan en la arqueta del retablo con los
escudos de la Casa de la Vega.
El retablo mayor es una excelente obra de estilo hispano-flamenco
de finales del XV, con tablas pictóricas relativas al
martirio de la santa y esculturas de apóstoles y evangelistas.
El frontal del altar es una soberbia pieza de platería
mexicana. En el coro se conserva un notable órgano barroco,
y en la capilla bautismal, además de la pila románica,
un excepcional pantocrátor realizado en torno al año
1200.
El claustro, adosado a la fachada norte de la iglesia, muestra
en sus 42 capiteles de variada temática una completa evolución
de la escultura románica. Junto a sus muros se observan
los sarcófagos con motivos heráldicos de personajes
relevantes del clero y la nobleza.
COLEGIATA Y MUSEO DIOCESANO
· Entrada conjunta para los dos monumentos
· Horario: 10,00 a 13,00 y 16,00 a 18,30
· Precio: 2,5
Cerrado los lunes
-
A dos kilómetros de Santillana se encuentra otro gran
tesoro artístico de Cantabria: las cuevas de Altamira,
universalmente reconocidas. Descubiertas en 1879 por Marcelino
Sanz de Sautuola y su hija María, han sido declaradas
por la UNESCO patrimonio de la humanidad. La cueva, de unos 300
metros de longitud, contiene unos 150 grabados, expresión
artística del hombre del paleolítico. Las pinturas
son policromas a base de pigmentos naturales que se han conservado
desde la edad cuaternaria; destacan las figuras de bisontes y
ciervos.
Ver Cuevas de Altamira
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