|
En la zona situada al norte de la Plaza de Tian'anmen se encuentran unos cuantos lugares interesantes diseminados, muchos de ellos restos del pasado imperial, cuando esta zona era el hogar de príncipes, nobles y monjes. El más bello palacio aún existente es el del Príncipe Gong, enterrado en los hutongs mejor conservados de Beijing, al norte del Parque Beihai, el Parque Imperial del Placer. Por su parte, el templo más soberbio, el Yonghe Gong, se encuentra en las afueras, más al norte. Otros residentes ilustres son de épocas más recientes; en el noroeste, las casas del siglo xx del escritor Lu Xun y del artista Xu Beihong están abiertas y funcionan como museos. Para una impresión general sobre el estado del arte chino, el viajero puede visitar la Galería de Arte Chino, inmediatamente al norte de Wangfujing. el noreste El lugar más interesante en el norte de la ciudad es el Yonghe Gong, el Templo del Lama Tibetano (todos los días, 9-17 h; 10 yuanes), que se encuentra al noreste de la Ciudad Prohibida y justo al sur de la parada de Metro de Yonghe Gong. Aunque el visitante no vea ningún otro templo en la ciudad, éste merece el esfuerzo de acercarse a él; no hay muchos más templos tan llenos de color, aunque sea un poco turístico. Se construyó hacia finales del siglo xviii como residencia del príncipe Yin Zhen. En 1723, cuando éste se convirtió en el emperador Yong Zheng y se trasladó a la Ciudad Prohibida, el templo cambió el color al amarillo imperial y se restringió a un uso religioso. Se convirtió en un monasterio de lamas en 1744, albergando monjes del Tíbet y también de Mongolia Interior, sobre los que el monasterio tenía un papel dirigente, ya que supervisaba la elección del Buda viviente de Mongolia, que se escogía a suertes en una urna dorada. Después de la guerra civil, en 1949 el Yonghe Gong fue declarado monumento nacional, y permaneció cerrado durante 30 años; un hecho notable es que escapó a las iras de la Revolución Cultural. Los visitantes pueden pasear libremente por las salas de plegaria y por los jardines, aunque la experiencia tiene mucho más de estética que de espiritual. Además de los sorprendentes mandalas que cuelgan en las paredes laterales, hay unas cuantas estatuas notables. En la Tercera Sala, las estatuas vestidas son nandikesvras, Budas con sexo, que le dieron al monasterio de lamas su reputación como el lugar de ilustración sexual más notable de China (las estatuas se utilizaron en su día para la educación de los hijos del emperador). En la Sala de la Rueda de la Ley, detrás de ésta, hay una estatua en bronce dorado del fundador de la secta del Sombrero Dorado, y pinturas que representan su vida, mientras que los cercanos tronos eran utilizados por los Dalai Lama cuando acudían aquí para impartir sus enseñanzas. En la última y mayor sala, el Pabellón Wanfu, una estatua de 18 m de altura del Maitreya Buda está tallada de un solo tronco de madera de sándalo, un regalo para el emperador Qianlong de parte del séptimo Dalai Lama. La madera es tibetana, y tardó 3 años en llegar a Beijing. La lamasería no es sólo un bello edificio un agradable refugio, si se consideran también sus jardines-, sino que también funciona como activo centro de budismo tibetano, básicamente con objetivos propagandísticos, para mostrar que China garantiza y respeta la libertad religiosa de las minorías, pero es cuestionable la autenticidad de los monjes que el visitante puede observar paseando por el lugar. En 1995, el Panchen Lama, una «marioneta» del estado chino, que lo eligió, fue investido en este lugar, al desaparecer el elegido por el Dalai Lama, un niño de 6 años (véase recuadro, pág. 1186). Cerca del Yonghe Gong, en el lado oeste, se encuentra un tranquilo hutong lleno de pequeñas tiendas que venden grabaciones religiosas, incienso e imágenes. Esta calle, una de las más antiguas de la ciudad, ha sido el hogar de estudiantes desde la dinastía Yuan, y tiene multitud de pailous, arcos decorativos que en otras épocas adornaban muchas de las calles de Beijing, pero fueron destruidos en los años cincuenta porque eran un obstáculo para el tráfico. A la derecha, unos 100 m más abajo, el Templo de Confucio (todos los días, 8.30-17 h; 10 yuanes) es un lugar bastante soso, que se utilizó durante décadas como museo. En el patio, unas estelas recuerdan los nombres de quienes estudiaron aquí y aprobaron los exámenes del servicio civil. Las últimas son de la época Qing, y las pagaron los propios estudiantes, ya que el emperador se negó a hacerlo. La Sala Principal es un oscuro y fortuito museo de quemadores de incienso e instrumentos musicales. En una sala lateral hay otro museo que muestra una diversa variedad de objetos, como la cerámica Tang, que incluye imágenes de extranjeros con caras puntiagudas, y es lo más original. En la parte de atrás, un edificio que parece un almacén expone textos de los clásicos confucianos del siglo xiii escritos en estelas, con una caligrafía que en su día conformó el estándar que todos los estudiantes tenían que imitar. Pero quizá lo mejor que se puede hacer en este lugar es sentarse en un banco en el apacible patio, entre viejos y retorcidos árboles, y disfrutar del silencio. Volviendo al Yonghe Gong, el Parque Ditan (todos los días, 6-21 h; 1 yuan) está sólo a 100 m en dirección norte. Resulta más interesante como un lugar para pasear entre los árboles y fijarse en las personas que practican tai chi, que por su pequeño museo (5 yuanes), que alberga la silla de brazos del emperador y el enorme altar en que realizaban sacrificios a la tierra. Si se vuelve al centro desde el Yonghe Gong en autobús o en bicicleta, se puede visitar la Galería de Arte de China (mar.-dom., 9-16 h; el precio de la entrada varía entre 2 y 20 yuanes), en el extremo norte de Wangfujing Dajie, en la ruta del autobús 2, que va de norte a sur entre Qianmen y Andingmen Dajie, o el trolebús 104, que pasa entre Andingmennei Dajie y Beijing Zhan. Es un edificio enorme que suele presentar un par de exposiciones simultáneas, aunque no dispone de colección permanente. En el pasado, las exposiciones estuvieron dedicadas en especial a la obra de las mujeres y de las minorías; incluso hubo una sobre la propaganda del realismo socialista que no estaba destinada a renovar energías sino a ser una manera de examinar las locuras pasadas. La imaginería revolucionaria hace ya tiempo que tuvo su momento, y la pintura china está disfrutando de un cierto renacimiento en la actualidad, con obras interesantes que salen de las escuelas de arte de Beijing. Se puede comprobar su trabajo en julio, cuando exponen aquí sus obras de graduación; también es un buen lugar para conocer algunos de los chinos con un alma más bohemia: los estudiantes de arte. Compruebe en los listados de direcciones prácticas de las revistas qué se expone en la actualidad. el noroeste Dirigiéndose al oeste desde el extremo sur del Parque Beihai por Wenjin Dajie, se llega a Fuchengmennei Dajie, justo en un desvío de Xidan Dajie, la parte comercial de la zona. Un par de lugares yendo por esta calle merecen echarles un vistazo. El autobús 101 desde la salida norte de la Ciudad Prohibida, y el 13 desde el Yonghe Gong, atraviesan la calle. El Guangji Si, sede central de la Asociación Budista China, es un templo budista en funcionamiento cerca del extremo este de la calle y en su parte norte; alberga una importante colección de pinturas y esculturas. No se paga por entrar, y los visitantes pueden contemplarlo libremente. Más al oeste por la misma calle, se llega a un templo en el lado norte, que ha sido convertido en una escuela -el Muro de los Espíritus forma hoy en día un lado de un lavabo público- y en el número 133 se encuentra uno de los primeros sex-shops de China, el Adam and Eve Health Store, donde empleados con bata blanca venden una formidable variedad de objetos auxiliares para la práctica sexual. Continuando más lejos, se hace visible la monumental dagoba blanca del Baita Si (todos los días, 9-17 h; 10 yuanes), elevándose sobre los tejados de un laberinto de hutongs; el único acceso es desde Fuchengmennei Dajie. Con la forma de un cuenco invertido y acabado en forma cónica, como un cucurucho de helado volcado, la dagoba de 35 m de alto fue construida durante la dinastía Yuan para guardar reliquias, y fue diseñada por un arquitecto nepalí. El templo, que ha abierto recientemente sus puertas después de una larga restauración, merece una visita incluso por su colección de pequeñas estatuas de Buda, la mayoría tibetanas, que se encuentran en una sala. Otra sala alberga una colección de lohans de bronce, incluyendo una con un pico, pequeños budas de bronce y otras figuras lamaístas más extrañas, junto con indumentarias sacerdotales de seda y terciopelo, que se encontraron debajo de la dagoba en 1978. Continúe hacia el oeste y, justo antes de la gigantesca intersección con Fu-chengmen Bei Dajie, se ve el Hutong Xisantiao al norte, que conduce a la Antigua Residencia de Lu Xun (mar.-dom., 9-16 h; 10 yuanes), una gran casa con patio, ampliamente renovada. Lu Xun (1881-1936) está considerado en todo el mundo como el más grande escritor chino moderno, que abandonó una prometedora carrera como médico para escribir libros que tenían el objetivo (según propia declaración) de curar a miles de personas con sus historias satíricas y sustanciosas. Como persona que odiaba la pomposidad, hoy en día se sentiría un poco incómodo en su casa, donde reina una atmósfera de admiración acrítica. Sus posesiones se han guardado como reliquias, y por esta casualidad el visitante puede tener una idea de cómo debían de ser los interiores de las casas chinas a principios del siglo xx; también hay una exposición fotográfica de su vida, que alaba sus logros. Una buena librería junto a la entrada vende traducciones en inglés de sus obras. Vale la pena comprar y leer La verdadera historia de Ah Q, considerado como el mejor relato de Lu Xun, una lectura vívida y divertida, escrita en el sencillo estilo que él favorecía como alternativa al complejo lenguaje clásico de la época. Aparecido en 1911, narra la historia de un campesino indigno, que encarnaba lo que el autor veía como defectos del carácter de la raza china, que va de desastre en desastre, creyendo que cada uno es un triunfo. Sueña con una revolución y acaba siendo ejecutado, sin haber entendido nada. No lejos de aquí, en el número 53 de Xinjiekou Bei Dajie, en la ruta del autobús 22 desde Qianmen o del 38 desde el extremo este de Fuchingmennei Dajie, el Museo Xu Beihong (mar.-dom., 9-11 h y 13.30-16.30 h; 1 yuan), vale la pena desviarse para visitarlo. Está dedicado a un coetáneo de Lu Xun que hizo por el arte chino lo que aquél por la literatura. Hijo de un retratista ambulante, Xu Beihong (1895-1953) tuvo que cuidar de su familia desde los 17 años, después de la muerte de su padre; pasó gran parte de su juventud casi en la indigencia, hasta recibir el reconocimiento que merecía. Su extraordinaria habilidad se evidencia con claridad en las siete salas que muestran una extensa colección de su obra, que incluyen algunas de las pinturas de caballos con tinta por las que se hizo famoso; también hay pinturas al óleo al estilo occidental, que produjo cuando estudiaba en Francia, e imágenes alegóricas a gran escala que aluden a los sucesos de la época en China. Pero las imágenes que despiertan la sensibilidad del visitante con mayor facilidad son sus deliciosos esbozos y estudios, a tinta y a lápiz, que a menudo tienen a su hijo como objeto. La zona del lago La zona situada al norte del Parque Beihai ha experimentado muy poca modernización, y el trazado de las calles continúa siendo un laberinto que tiene su centro en los dos lagos Shisha, artificiales, creados durante la dinastía Yuan, que eran el puerto de una red de canales que servían la capital. Los callejones grises y encerrados muestran otra cara de Beijing, la privada: aquí se puede ver un desorden de patios y palacios reconvertidos, y pasar por pequeños espacios abiertos donde se sientan los ancianos con sus pájaros. También hay dos gigantescos y viejos edificios, las torres de la Campana y el Tambor, escondidos entre los callejones. CITS ha aprovechado el atractivo de esta zona y ofrece una visita por los hutongs (180 yuanes), que sale todos los días a las 9 y 14 h de delante de la entrada noroeste del Parque Beihai. Más imaginativa que la mayoría de sus salidas organizadas los visitantes van en rickshaw es muy popular entre los grupos (Tlfn. 66159097 para más información). La mejor manera de hacer esta visita por cuenta propia es, sin duda, en bicicleta. El tráfico no es intenso, y el visitante es libre de sumergirse en el callejón que más le plazca; aunque perderse es algo casi seguro, en tal caso, continúe pedaleando por la zona has-ta que llegue al lago, la única referencia suficientemente significativa en esta zona. El mejor punto de acceso es el hutong más próximo a la entrada norte del Parque Beihai; para llegar a este lugar, tome el trolebús 111 desde Dondan Bei Dajie, o el autobús 13 desde el Yonghe Gong. Un lugar al que hay que ir es el Palacio del Príncipe Gong (todos los días, 9-16.30 h; 10 yuanes), residencia del padre del último emperador de la dinastía Qing y la casa con patio mejor conservada de la ciudad. Hay que seguir el sinuoso callejón que hay al norte de la entrada norte del parque Beihai, Shishaqian Hai (el lago más bajo) ha de estar a la derecha; entonces tome la primera calle a la izquierda, luego la primera a la derecha y siga hasta Qianhai Xi Jie. Si se pretende llegar al palacio directamente en autobús, hay que bajar en Dianmen Xi Dajie y recorrer el mismo camino. El atractivo y frondoso jardín del palacio, dividido en circunspectos recintos y con unas formas muy imaginativas, alberga actuaciones no fijas de Ópera de Beijing, aunque para presenciar el espectáculo se ha de coincidir con los horarios para grupos organizados, alrededor de las 11 h y las 16 h. Hay multitud de otros viejos palacios en la zona; en tiempos fue parte de un lugar de placer imperial y el hogar de un buen número de altos oficiales y distinguidos eunucos. El Palacio de Tao Beile, hoy en día una escuela, está justo al oeste de aquí, en Liuyin Jie. Volviendo sobre los pasos y dirigiéndose al norte junto a la orilla del lago, se llega a un puente arqueado en el punto donde el lago es más estrecho. Al otro lado del puente se encuentra el excelente Kaorouji Restaurant , que tiene buenas vistas sobre el lago. Para llegar aquí desde el este, es el primer hutong a la derecha, caminando en dirección sur desde la Torre del Tambor. Continúe por el lado sur del lago y a unos 500 m encontrará un pequeño parque con un mercado de pájaros y, más allá de éste, el desvencijado mercado de antigüedades de Houhai, con señales en inglés, justo antes de llegar a Deshengmennei Dajie. Si el visitante va en bicicleta, puede considerar hacer un desvío más hacia las afueras y al oeste hasta el Museo Xu Beihong desde este lugar. De nuevo en los hutongs, diríjase al norte siguiendo el lago y serpentee hacia el este hasta llegar a la Residencia de Song Qingling (todos los días, 9-16.30 h; 6 yuanes), otra mansión de la dinastía Qing, con un jardín delicado y espacioso. Song Qinling, la esposa de Sun Yatsen, es un personaje muy respetado en China, y una exposición en el interior de la casa detalla su atareada vida en un tono austero. Desde aquí, un callejón conduce hasta Gulou Xi Dajie, una calle importante, en cuyo extremo este se asienta el Gulou o Torre del Tambor (todos los días, 9-16.30 h; 6 yuanes), una creación Ming del siglo xv. Desde este lugar privilegiado se tocaban los tambores que señalaban las horas del día y de la noche, y que convocaban a los oficiales imperiales a reunión. En su lúgubre interior hay una pequeña exposi-ción sobre los hutongs y un tambor que el visitante puede golpear por 10 yuanes. Su gemela, la Zhonglou, o Torre de la Campana (todos los días, 9-16.30 h; 6 yuanes), es visible desde aquí, en el extremo de un corto hutong. La original, de la época Ming, se destruyó en un incendio y fue reconstruida en el siglo xviii. Aún conserva la campana original. Ambos edificios son estructuras formidables, pero vistos más de cerca resultan un poco pobres. Se encuentran en el principal eje norte-sur de la ciudad. Diríjase directamente hacia el sur, rodee el Parque Jingshan y pase la Ciudad Prohibida; finalmente se llega a Qianmen Dajie, una ruta que sigue el autobús 5. El Parque de Jingshan (todos los días, 6-22 h; 0,3 yuanes) ofrece un modo natural de redondear una visita a la Ciudad Prohibida. Se trata de un montículo artificial, que se creó con el material dragado para la construcción del foso del palacio, y que servía como protección contra los vientos y barrera contra los espíritus del mal (que se creía que surgían del norte). Toma su nombre, que significa Colina del Carbón, de un depósito de carbón que hubo aquí en otros tiempos. Su historia, que ha presenciado momentos de gran importancia, incluye el suicidio del último emperador Ming, Chong Zhen, en 1644, que se ahorcó en un árbol de loto después de que las tropas rebeldes penetraran en la Ciudad Imperial. El lugar concreto, en el lado este del parque, resulta fácil de encontrar, ya que está indicado por todas partes, aunque el árbol que hay en el sitio no es el original. Son las vistas desde lo alto de la colina las que hacen de este parque una visita tan obligada. Abarcan la extensión completa de la Ciudad Prohibida, una perspectiva reveladora de la ciudad y una amplia parte de sus afueras, mucho más atractivas desde aquí que a nivel del suelo. Hacia el oeste se encuentra Beihai, con su «lago de la serpiente gorda», al norte las torres del Tambor y la Campana, y al noreste, el Yonghe Gong. El Parque Beihai (todos los días, 6-20 h; 10 yuanes; estudiantes 0,5 yuanes) a unos centenares de metros al oeste de Jingshan, está en la ruta del autobús 13 desde el Yonghe Gong o del 5 desde Qianmen; es un lago en casi la mitad de su extensión, y un lugar favorito para practicar el patinaje en los helados meses de invierno. Se supone que fue creado por Kublai Khan, mucho antes de que se concibiera cualquiera de las estructuras de la Ciudad Prohibida, y su escala es apropiadamente ambiciosa: el lago es obra humana y en su centro se creó una isla con la tierra excavada. El emperador Qianlong supervisó su transformación en un jardín clásico, y la viuda de Mao, la desventurada Jiang Qing, era una visitante habitual. Hoy en día, las atracciones y las tiendas, colocados entre sauces y galerías de columnas rojas, desfiguran su elegancia, aunque aún es un lugar magnífico para alejarse de la ciudad y cargar las pilas. La mayoría de las construcciones (todos los días, 6-16 h) se encuentran en la isla central, que tiene en su cima una dagoba blanca, edificada a mitades del siglo xvii para celebrar una visita del Dalai Lama, un emblema apropiado para un parque que contiene una curiosa mezcla de edificios religiosos, almacenes de reliquias culturales y arquitectura de jardín imperial. Justo en la puerta sur, la Ciudad Circular encierra un patio con un cuenco de jade que se dice perteneció a Kublai Khan. El Buda de jade blanco de la sala que hay detrás fue un regalo de Birmania. Desde este punto, a través de un corredor se puede acceder a la isla. Está sembrada de arquitectura religiosa, con la que se encuentra el visitante cuando pasa por los diversos caminos de piedra, incluyendo el Yuego Lou, una sala llena de estelas, y la gigantesca dagoba que hay en su punto más alto, con un santuario dedicado a la divinidad lamaísta Yamantaka, que tiene en su interior esta figura con cabeza de demonio y multitud de brazos. Junto a un corredor pintado que recorre la base de la colina, hay un restaurante muy exclusivo, el Fangshan, donde la decoración, la comida y los precios son propios de un emperador. También hay un amarradero cerca de este lugar, donde se pueden alquilar botes de remos; en las cercanías de la puerta sur también se puede tomar un bote de pedales, con forma de pato. Son buenas maneras de explorar el lago y sus orillas. En el lado norte del lago una impresionante estructura en forma de dragón, en buen estado, es una de las más grandes de este tipo de China, con sus 27 m de largo. Los Cinco Pabellones del Dragón, en la cercanía, se supone que recuerdan la forma de la columna vertebral del animal. Al otro lado del lago, los jardines y los conjuntos artificiales de piedras fueron populares en tiempos del emperador Qianlong, y resulta fácil entender por qué: incluso cuando el lugar está abarrotado los fines de semana, el ambiente es aquí muy tranquilo
|