Leyendas de Andalucia

Historias y Leyendas de Andalucia


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La puerta del sueño

En Granada mora existía un rey anciano llamado Aben Habuz. Durante toda su vida fue un valiente guerrero y obtuvo suculentos tesoros, pero con la vejez, también se le calmó su ansiedad por nuevas riquezas, así se dedicó a custodiar su tesoro de los jóvenes guerreros Cristianos. Temía perder sus riquezas. Un buen día llegó un mago árabe llamado Ibrahim que venía de Egipto, conocía todos los secretos de la ciencia (incluido el de la vida eterna) porque poseía el "libro de la sabiduría" que había dado Dios a Adán al echarlo del paraiso. El se ofreció a hacer un invento con el cual conocer cuando le iban a atacar. Ibrahim creó un curioso tablero de ajedrez donde se encontraba un jinete con una lanza, cuando apuntaba a algún sitio significaba que se acercaba un ejercito por ahí, y entonces en el tablero aparecían unas figuras de ajedrez, era la imagen del enemigo. El mago le incitó al rey que derribase las figuras y entonces mataría al ejercito enemigo. Por este trabajo, Ibrahim pidió que se acomodase una cueva de la montaña con lujos y con bailarinas que lo animasen mientras estudiese las ciencias, gastando la mitad de la fortuna del rey. Aben Habuz aceptó y disfruto con el juego de ajedrez matando enemigos. Un buen día el jinete del ajedrez apuntó a un valle, pero no aparecieron figuras de ajedrez en el tablero. ¿Venía algún enemigo?. Mandó su ejecito allá, y recogió una dulce cristiana con una lira de plata. Ibrahim quiso poseerla, pero Aben Habuz la quiso para si, pues estaba enamorado de su juvenil belleza. Ella no deseaba a ninguno de los dos viejos, pero se quedó en el reino de Aben Habuz. El rey moro, empezó a gastarse todos los tesoros que le quedaban en ella, pero cuando la quería poseer, la cristiana empezaba a tocar su lira y el se dormía dulcemente. Sus súbditos se sublevaron, pues no podían consentir que su rey se gastase su fortuna en ella y no parase de dormir. Aben Habuz pudo contener la sublevación, pero pidió al mago que hiciese algo para evitar esto, pues quería vivir en tranquilidad con la joven. Ibrahim le propuso que construiría para él un paraíso que no fuese visible desde fuera y que no se pudiese entrar de no quererlo el que viva allí. Aben Habuz fascinado le dijo que si que quería. Tardó tres días en construirlo en una montaña de Granada, y puso una puerta grande con una mano y una llave. A cambio, Aben Habuz le entregaría el primer animal y su carga que entrase por esa puerta. Al tercer día fueron Ibrahim, Aben Habuz y la joven cristiana cada uno en un caballo. Se pararon los tres a observar la puerta, y el corcel de la joven echó a andar y cruzó la puerta. Ibrahim dijo que la cristiana le pertenecía, Aben Habuz se negó, pero Ibrahim entró con su caballo y cerró la puerta. Se dice que desde entonces todo el que se queda un poco de tiempo en esa puerta oye la lira de la cristiana y se adormece como el rey moro. Hoy en día, en ese monte, se encuentra la Alhambra y allí se puede encontrar la puerta con la mano y la llave, esperando que alguien la abra antes de caer dormido.


Esta es la Alhambra de noche
¿preciosa verdad?


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El peñon de los Enamorados

Desde lo alto de la ciudad, e incluso desde el llano, llama poderosamente la atención una enorme roca caliza que domina la vega y recorta el cielo como perfil enigmático, dando la sensación de tratarse de un rostro yacente (simulando el rostro de un indio). Esta extraña forma geológica se conoce como Peña de los Enamorados, en torno al cual existen varias leyendas, siendo la más famosa y popularizada la que le da nombre. Era Antequera límite fronterizo de la España cristiana con la morisca. Un joven cristiano, Tello, cae prisionero en una localidad próxima. La hija del mandatario moro de esta localidad, Tagzona, va por curiosidad a los calabozos en los que se encuentra con Tello. Ambos, de una sola mirada casi única, caen enamorados y deciden marcharse, ya que por aquellos siglos, no se les permitía contraer matrimonio a parejas de distintas creencias. Aunque escapan de la cárcel, son descubiertos por los guardias que, con el padre de Tagzona al frente, salen a su captura. El desafío se va difuminando, los moros se acercan y no saben qué hacer. Llegan a un peñón en las entradas de la ciudad de Antequera, decidiendo subir por él. Ya en todo lo alto, los arqueros del padre moro apuntan a los jóvenes. Ambos se miran, se cogen de la mano, y se colocan al filo de la cima. No tenían escapatoria: rendirse y ser capturados y separados. Pero no, Tello y Tagzona, unidos por sus manos, vuelven a mirarse fijamente y se despeñan, saltan al vacío. Prueba clara en la que se demuestra que el amor no tiene límites, ni los de las creencias ni las imposiciones de los padres. Hoy en día, aún en Antequera se toma como referencia en las declaraciones de amor entre los jóvenes enamorados, aunque ni decir que se queda en palabras y no en hechos, destacando sobre todo el quedamiento. Hay algunos que le recitan a su amada la leyenda, otros que le interfieren con fuegos artificiales e incluso, los más osados, son capaces de alzar una avioneta con el nombre de su amada... Esta historia esta muy arraigada en el pueblo y fue recogida en la crónica literaria que escribió el humanista italiano Lorenzo Valla en el siglo XVI por encargo de Alfonso V el Magnifico.

Aqui veis la peña de los enamorados.
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Salga el Sol por Antequera


Corrían los inicios del siglo XV. Antequera estaba bajo el poder árabe y las tropas cristianas venían del norte de la Península para reconquistar sus tierras. El Infante don Fernando de Aragón dudaba qué tierra tomar. Una noche se le apareció una joven resplandeciente rodeada de leones y le dijo que no dudase y que «Salga el Sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera». El Infante, junto a sus tropas, no dudó y fue a por Antequera, siendo retomada. La joven que se le apareció era Santa Eufemia, virgen y mártir calcedonense, que fue designada divinamente como Patrona de la ciudad de Antequera desde aquel 16 de septiembre de 1410, fecha que destaca por varios desenlaces en torno a la noche mágica e inolvidable de las candelas. Desde aquel entonces, fue empleándose esta frase que hoy aún perdura en muchas conversaciones.



Aqui teneis el Torcal de Antequera

La Leyenda de La Mulata de Córdoba



Durante la época del Virreynato, medio siglo después que don Diego Fernández de Córdoba, Marquez de Guadalcazar decimotercer virrey de la Nueva España, por real cedula autorizó que fuera fundada allá por el año de gracia 16 a 18 sobre las fértiles tierras conocidas entonces como lomas de Huilango, la muy noble y leal villa a la que otorgó entre otros privilegios la de de llevar por nombre su regio apellido, cuenta que había en el lugar una hermosísima mujer cuya procedencía nadie conocía. No se sabe el sitio exacto donde vivía, aunque los viejos relatos aseguran que tuvo su casa en la hacienda de la Trinidad Chica, que en aquellos años fuera propiedad de los marqueses de sierra nevada. Otras consejas cuentan que vivía en una vieja casona que tenía entrada sobre el antigüo callejón Pichocalco, rumbo al arroyo conocido como Río de San Antonio. A través de los años, su recuerdo quedó envuelto en el misterio y en la leyenda. Esta mujer llevó el romántico nombre de la Mulata de Córdoba. Según datos, era tan hermosa que todos los hombres del lugar estaban prendados de su belleza. Mujer de sangre negra y española, pertenecia por su nacimiento a esa clase social tan despreciada durante la colonia, clase menospreciada y señalada como inferior por la ignorancia y la intransigencia de la época. Sin embargo, dice la narración que la Mulata de córdoba era orgullosa y altiva, dotada de singular encanto, morena y esbelta, con la gracia que caracteriza a las mujeres africanas que habitaban las regiones del alto Nilo, quizá por el príncipe Yanga y la tribu Yag-Bara. De estirpe ibera, heredada por el linaje español, sus grandes ojos almendrados y llenos de misterio su piel dorada y cálida producto de dos razas que al mezclarse pudieron dar forma a una mujer bella y ajena a otro trato social, recorría a pie las calles de la villa, por cenderos y veredas buscando las cabañas de los esclavos a quienes socorría y curaba, pues era muy entendida en las artes de la medicina. También curaba a los campesinos que la solicitaban por los rumbos de San Miguel Amatlán, el Zopilote y San José. Continuamente se le veía caminando bajo el ardiente sol del medio día y subiendo y bajando lomas, acompañada por algún enviado de las personas que solicitaban sus servicios, los que generalmente eran humildes campesinos. Pero habían algunas familias de alto rango que secretamente solicitaban sus servicios, para consultar los horóscopos. Y en esta forma con el correr de los días la fama de la bella Mulata se fue extendiendo poco a poco por el pueblo. Bajo un largo pesado chal donde ocultaba el rostro y la figura, no faltó quien adivinara al pasar, los hermosos ojos grandes y llenos de misterio, y la boca sensual y roja. Pero en vano fue requerida de amores; las puertas de su casa permanecían siempre cerradas para los enamorados galanes y los caballeros mejor nacidos de la Villa de Córdoba que rechazados tenían que aceptar humillados su derrota. En aquellos años de epidemias y calamidades, cuentan que valiéndose únicamente de las muchas hierbas que conocía, empezó a realizar curaciones que parecían maravillosas, a conjurar tormentas y a predecir eclipses, pronto la superstición se encargó de decir que la hermosa mulata tenía pacto con el diablo, y como la veían vestirse con finos vestidos se dió por aceptada que poseía mágicos poderes. Se contaba también que por las noches, en su casa se escuchaban extraños lamentos y que veían salir llamas de sus cerradas puertas, y cuando algunas personas la espiaban, las atacaba y después perdíase en la obscura noche sin dejar rastro. En varias ocasiones fue vista simultáneamente en distintos rumbos de la Villa, pues poseía también el don de la ubicuidad. Todos estos consejos llegarón pronto a oídos del Tribunal de la Inquisición, muy severa en aquellos años con los individuos y en Salmitas a quienes castigaban durante con los famosos Autos de Fé, juzgándoseles como brujos o charlatanes. Aunque no se sabe si fue sorprendida practicando la magia, el caso es que los viejos relatos afirman que fue conducida al puerto de Veracruz, donde se le hizo encarcelar en el Castillo de San Juan de Ulúa para ser juzgada como hechicera. Allí fué encerrada en una de las celdas donde pasaba las horas tras los, pesados barrotes a la vista del carcelero. Un día la hermosa joven quien a base de buenos tratos se había ganado la estimación de su guardián, le rogó amablemente que le consiguiera un pedazo de carbón. Extrañado el guardián por tan raro antojo, pero ansioso de servir a tan bella prisionera, el hombre llevó a la celda lo que aquella mujer pedía. Dice la leyenda que la Mulata dibujó sobre las sombrías paredes, una ligera nave con blancas velas desplegadas que parecían mecerse sobre las olas. El carcelero, admirado, le preguntó que significaba aquel prodigio. Cuenta que la joven, con una encantadora sonrisa, le comentó que en ese hermoso velero iba a cruzar el mar, y dando un gracioso salto subió a cubierta diciendo adios al asombrado guardián que la vío esfumarse con la nave por una esquina del obscuro calabozo. Al día siguiente se dieron cuenta los demás guardianes que su compañero se encontraba con las manos sobre los barrotes y que había perdido la razón; dieron parte al jefe del presidio que la jóven Mulata no se encontraba en el interior de la prisión. Del fondo del recuerdo, a través de la bruma de los siglos, y envuelta en los ropajes de la fantasía, la romántica figura de la Mualta de Córdoba, pasó ante nosotros altiva y misteriosa, dejándose tras de sí un suave perfume de poesía y de leyenda.





Expedíente de 1734 sobre la escuela de Ohanes,

facilitado por María Dolores Godoy Bretoizes


La transcripción íntegra decía así: «Tengo el honor de poner en su conocimiento la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pués está partida por medio, por lo cual el terrado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho. En fin, señor Alcalde, espero de su amabilidad ponga coto a esto si no quiere que ocurra alguna desgracia con los niños y con su maestro, éste su muy seguro servidor. Dios guarde a V. muchos años. Ohanes (firmado y rubricado). Señor Alcalde de Ohanes de las Alpuxarras». Recibo con gran extrañeza el oficio que ha tenido a bien dirigirme y me apresuro a contestarle. Es cosa rara que los Agentes de mi autoridad, no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga, y es más, pongo en duda que se encuentre en esas condiciones, puesto que según me informa el tío Sarmiento no hará sesenta años que se puso, y no creo una vez dadas esas explicaciones, que notenio por que, paso a decirte que eso no son más que excusas y pretextos para no dar golpe. En cuanto a los papeles que se le mojan y el reuma que se le avecina, puede muy bien guardárselo a aquellos en el cajón o en casa, y éste yendo a la escuela con una manta. No obstante lo que antecede, enviaré uno de estós días, alguno de mis subordinados que mire lo que hay de eso. Y ojo, que su engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar los quinientos reales de su sueldo. Dios guarde a V. muchos años. Ohanes 28 de noviembre de 1734. El alcalde Bartolomé Zancajo (firmado y rubricado). Señor maestro de primeras letras de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras». «Tengo el honor de acusar recibo a su atento oficio de ayer donde tiene a bien poner en duda el estado de la viga. Desde mi oficio anterior, Sr; Alcalde, hace unos ochos meses pasaron las lluvias del invierno, y yo siempre mirando la viga, con la inquietud consiguiente: ¿caerá; no caerá? Y así un día y otro, como si en vez de una viga fuese una margarita. Si usted no cree lo que le estoy diciendo puede mandar dos personas peritas, o venir usted mismo dando un paseito si no le cuesta rnucha molestia que yo no le engaño. Más que darle una idea del estado de mi clase me permito acompañarle un dibujo, tomado del natural, que le dará una estampa real de ella. Y de lo del sueldo, no creo yo que se atreva usted a tocar los quinientos reales, porque ya sabe usted lo que dice el refrán: «Al cajón, ni....». En fin, Sr. Alcalde, Dios le guarde muchos años los efectos de la viga. Ohanes de las Alpuxarras a 29 de novienibre de 1734. Partido de Uxixar. Reino de Granada» «Acuso recibo a su oficio de 29 de noviembre del pasado año y me parece excesiva tanta machaconería en el asunto de la viga. Sepa el Sr. maestro, que si no le conviene la escuela puede pillar el camino e irse a otro sitio, que aquí para lo que enseña, falta no hace. ¿Qué le importan a estas gentes dónde está Marte, ni las vueltas que da la luna, ni que cuatro por seis son veinisiete, ni que Miguel de Cervantes descubrió las Américas? Para coger un mancage basta y sobra con tener fuerzas para ello. No obstante, como soy amante de la curtura y no quiero que digan que he hablao al maestro y no le trato como se debe, nombraré una comísión que informe sobre el asunto de la viga, y si resulta que usted me ha engañado, ha caído. Dios guarde a V. muchos años. Ohanes de las Alpuxarras a 15 de octubre de 1735. El Alcalde Bartolomé Zancajo (firmado y rubricado). Señor Maestro de Prlineras Letras Localiclad». Informe de los peritos «Antonio Fuentes Barranco, Juan González García, Maestros albañiles graduados de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras, informan que personados en el sitio denominado u llamado, dicho sea con perdón, la Escuela de este lugar, a las 12 de la mañana del día 15 de mayo de 1736 acompañados por el Señor Escribano de este Ayuntamiento, y mandados por el Señor Alcalde, opinamos, pensamos y creeemos que la viga que ocupa el centro de la clase, aula o sala, que por estos tres nombres se le denomina o circunscribe, que la dicha viga no se ha movido, sólo se ha bajao cosa de de diez o doce deos, amenasando sólo caer; pero nunca juntarse con el suelo aplastando a los que aloja dentro. Pero como quiera que la madera es un cuerpo astilloso, tiene que crujir antes de pegar el golpazo dando tiempo a que se salven por lo menos siete u ocho. Por todo lo cual, y puesta la mano en el corazón y en conciencia, decimos que el peligro que ofrece la aludida viga es un peligro leve, o sea de poca trascendencia. Todo lo cual firmamos y no sellamos por no tener sello. En Ohanes a la fecha arriba indicada, Antonio Fuentes (firmado y rubilcado), Juan González (firmado y rubilcado) » «Don Celedonio González García de García González. Escribano de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, partido de Uxixar, reyno de Granada. Digo, declaro y doy fe de cuanto en esta información del maestro de primeras letras de esta localidad, sobre una viga que dice el primero al Sr. Alcalde, o sea el segundo, está partida en el techo de su clase. Mi informe imparcial, desapasionado y verídico, como corresponde a mi profesión es el siguiente: sí la viga cae, y amenaza peligro, puede ocurrir: A) que mate al Maestro en cuyo caso esta digna Corporat:ión se ahorraría los quinientos reales que le paga. B) que matase a los niños y al Maestro cuyo caso sobraba ocurriendo al Maestro. C) que matase a los niños y al Maestro ocurriendo en este caso, como suele decirse, quie se mataban dos pájaros de un tiro, y D) que no matase a nadie; en cuyo supuesto no hay por qué alargarse. Examinados en derecho las causas y efectos que antecéden, emito este informe honrado y leal, cumpliendo con ello un deber de conciencia. En Ohanes de las Alpuxarras a 15 de mayo de 1736. Celedonio González García (firmado y rubricado)». Este es el famoso expediente, pero buscando en el Archivo municipal de Ohanes hemos encontrado otro interesante legajo del cual transcribimos textualmente el siguiente documento, con el cual se aclara todo este asunto de la dichosa viga: «Yo, don Joseph Sancho Mengíbar, cronista oficial de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras, declaro por mi honor ser ciertos los hechos que a continuación describo, para que de ellos quede constancia en el Histórico Archivo de esta Villa, lamentando que la índole de los mismos ponga un hito trágico en los bucólicos anales de este pueblo. El día 14 de Octubre del Año de Nuestro Señor Jesucristo, mil setecientos cuarenta, siendo Alcalde de esta Villa D. Bartolomé Zancajo y Zancajo, y siendo las doce de la mañana, se hundió el techo del salón de la escuela de esta localidad, pereciendo en el siniestro el señor maestro de primeras letras Don Menón Garrido Martín y los catorce niños que en aquellos momentos daban clase. Despues de laboriosos trabajos fueron extraídos de entre los escombros los cadáveres de las víctimas y trasladados al depósito del cementerio municipal, acompañados del pueblo en masas, que era partícipe por entero del dolor que significaba tal catástrofe, ya que todos, más o menos directamente, les alcanzaba dado el número tan elevado de inmolados en aras de la cultura. Abierto el oporttino expediente, se ha podido comprobar que por par-te de la autoridad competente tomaban periódicamente todas las medidas encaminadas a velar por el buen funcionamiento del recinto; y como pruebas concluyentes se presentó Expediente incoado al efecto, en que dos peritos albañiles y el Ilustre Escribano de esta villa, informaban sobre el buen estado del local en fecha muy próxima al suceso, ya que los informes datan del 15 de mayo de 1736. Y para que quede constancia, lo redacta y lo firma en Ohanes de las Alpuxarrras a 15 de diciembre de 1740. Joseph Sancho (firmado y rubricado)».

El cabo de Gata
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POZOS DE NIEVE YUNQUERA



Existe una crónica de cacería celelbreda en el Conto de Doñana, en la primavera de 1624, ofracedia por el Duque de Medinasidonia a Felipe IV, a la que asistireron 1.200 invitados, en la cual se decía textualmente." Traíanse cada día seis cargas de nieve de Ronda en cuarenta y seis acémilas". Los neveros están situados en los términos municipales de Yunquera y Tolox (Málaga), en el lugar denominado Puerto de los Ventisqueros en la Sierra de las Nieves, a 1.600 m. de altitud.

Son circulares de unos 8-10 metros de diámetro y una profundidad de medio metro. Estos pozos tenían unos desagües que desalojaban el agua, quedando la nieve hecha hielo. Hoy en día aún quedan lo que fueron aquellos populares pozos de la nieve, aunque están llenos de tierra y matojos y van quedando en el olvido. Alguno se ha reconstruído (como el de la foto) para salvar la memoria história de este oficio que como muchos otros, ha devorado el progreso. Estos trabajos se realizaban a principios de primavera, eran llenados de nieve a cuestas de hombres, cortada con palas hasta llenar el pozo, después eran cubiertos con matojos, bolinas y tierra. Luego, cerca del verano y siempre por la madrugada era sacada y transportada en bestias de carga, por arrieros. Se cargaba en capachos de esperto vivo, en bloques de 50 kgs., en el fondo del capacho se depositaba "tamo", especie de serrín de paja y los laterales de helechos y se transportaba de nuevo con las bestias a toda la provincia de Málaga y otros lugares de Andalucía. El hielo era utilizado para refrescos y conservación de alimentos. Estas faenas se conocen desde 1840 hasta la venida de la República de 1931. Estos hombres, mal vestidos y mal calzados se refugiaban en una pequeña cabaña hecha de piedras y tejado de ramas, conde se calentaban del fuerte viento helado. Con su esfuerzo y sacrificio dieron fama a nuestra Sierra de las Nieves. Una historia real y dura...



ALAMBIQUES, LAGARES Y AGUARDIENTES YUNQUERA (MALAGA)



A principios del siglo XX quedaban en Yunquera (Málaga) unos cinco alambiques y una gran cantidad de lagares. Todo ello era debido al gran número de viñas, teniendo que venir gente de fuera para la labra y recogida de la uva. Todo este comercio, que tuvo una gran importancia en tiempos ya pasados, dio al pueblo de Yunquera nombre y fama por sus finos aguardientes. Pero todo vino a la ruina a causa de dos factores: la terrible filoxera, enfermedad de las vides, que apareció por el año 1870, llegando a perderse la totalidad de las viñas. No obstante se repusieron trayendo de fuera plantones de vides americanas, La otra causa que dio al traste con la industria del alambique fue la exigencia por parte de la administración, de utilizar alcohol para la destilación del aguardiente y no el mosto de la uva. Ello encareció la producción, cerraron todos los alambiques y quedaron multitud de lagares. Uno de los alambiques famosos en Yunquera fue el de Antonio Garcés, que funcionó desde 1920 a 1930. La temporada de trabajo de los alambiques iba de octubre a diciembre, y empleaban cada uno unas diez personas. El combustible utilizado era la leña, que se traía desde la sierra transportada por animales de carga. El aguardiente era llevado a los pueblos vecinos como Casarabonela, Carratraca, Grazalema, El Burgo, Ronda, Málaga, etc. Las personas que se encargaban de dicho transporte eran los llamados arrieros, otra de las profesiones ya desaparecidas.



PREPARACIÓN DEL AGUARDIENTE

Se quemaba el mosto en una caldera de cierto tamaño. Conforme iba hirviendo, el vapor que soltaba pasaba por un serpentil, especie de tubo de poco grosor, de cobre, que en su recorrido iba dondo vueltas por una pequeña alberca de agua que constantemente se iba renovando para que no se calentara. El vapor que pasaba por el tubo se licuaba y caía a un recipiente o pequeña cuba de madera rodeada por unos aros de hierro. Era un fino chorrito de líquido llamado "cochura" y de nuevo era quemado en la caldera, pero además se le mezclaba matalauva, siguiendo el proceso anteriormente dicho. Pasado este procedimiento, si iba rebajando con agua hasta conseguir los grados apropiados que eran medidos con un aparato parecido a un termómetro de cristal, midiendo los grados que tenía el aguardiente. El orujo de la uva era desechado y no se podía aprovechar como combustible. Los dueños de estos alambiques pagaban sus correspondientes impuestos.

Algunas historietas sobre los jueces musulmanes:


Cuenta un jurista de Kairuán llamado Muhammad Ibn al-Harit al-Jusani, autor de una completa biografía de los jueces andaluces, lo siguiente:

"Había en nuestra ciudad dos señores tan bien calificados, que su testimonio hacía fe en aquellos tiempos; ambos eran amigos de Muhammad ben Baxir y solían con frecuencia tratarle; él los tenía en muy buen concepto, como hombres ambos muy virtuosos: uno de ellos era el abuelo de Ahmad ben Baxir, el conocido vulgarmente por Ben al-Agbas.

Pues bien, ocurrió que uno de los más ricos comerciantes de Córdoba murió, y un esclavo que el difunto tenía presentose al juez Muhammad ben Baxir exponiéndole que su señor, el difunto, le había manumitido y le había encargado que se casara con su hija, legándole para ese efecto el capital que poseía el difunto. El juez exigió prueba fehaciente de las pretensiones del esclavo y éste trajo a dos señores, los cuales testificaron que era verdad lo que el esclavo había expuesto. El juez aceptó la deposición de los testigos y decretó en favor del esclavo, cual éste había solicitado. Pero poco tiempo después, uno de estos dos testigos se puso en trance de morir y encargó que comunicaran al juez el deseo que él sentía de verle y hablarle. El juez recibió esta noticia hallándose en el cortejo de un entierro en el cementerio de Bilat Mugaytz y, al volver de este entierro, fue a visitar a aquel señor. En cuanto éste vio al juez, a pesar de la situación dolorida y agónica en que se hallaba, luchando con la muerte, se puso a andar a rastras haciendo esfuerzos para acercarse al juez. Este le dijo:

- Pero, hombre, ¿qué te pasa?

Creía el juez que aquella agitación violenta, aquellos esfuerzos penosos, se debían a la enfermedad; pero el hombre aquel le contestó:

- Me voy derecho al infierno, si no me salvas tú.

- No, hombre, no -replicó el juez- ¡ten confianza en Dios!; él te librará del fuego del infierno. Vamos a ver ¿qué es lo que pasa?

- ¿Te acuerdas -replicó el enfermo- de que fui yo testigo en favor de fulano, esclavo de zutano? Pues lo que entonces dije fue una mentira mía. Por temor de Dios, deroga la decisión que tomaste. Ejecuta, por el contrario, aquello que debió haberse decidido (a no mediar mi falsedad).

Muhammad ben Baxir, el juez, se calló, puso las manos sobre sus rodillas, levantose y se puso a decir:

- La sentencia es firme... y tú te vas al infierno."


Nos relata el mencionado Muhammad Ibn al-Harit al-Jusani otra historia que muestra la entereza y la libertad de acción de un juez llamado Sulayman ben Aswad:

"El faquí Ben al-Mulun se dedicaba al oficio de redactar contratos: era hombre entendido en esta materia, hombre sagacísimo en tretas, consistentes en intercalar (ciertas frases) en el contenido de esos documentos; se le imputaba que tenía pocos escrúpulos y que no le importaba transgredir las leyes divinas, dejando deslizar engaños en los contratos que redactaba. Sulayman ben Aswad quiso atraparlo; pero Ben al-Mulun, temeroso de que el juez le cogiera, huyó y se escondió en casa del ministro Muhammad ben Chahuar, el cual le acogió y amparó para tenerlo seguro. Inmediatamente envió este ministro a un hermano suyo para que intercediera con el juez por el perseguido y que recordara el juez los lazos que unían al ministro con Ben al-Mulun, por lo que se creía obligado a protegerle.

-Es preciso -contestó el juez- que la ley se cumpla en el caso que ha llegado a mi conocimiento. Sé que el visir lo tiene en su casa escondido, para librarle de mí; pero eso no me consta oficialmente; en cuanto me conste oficialmente, mandaré que penetren en el domicilio del ministro y lo saquen.

El ministro entonces comenzó a preocuparse de sí mismo; ya no estaba tranquilo teniendo a Ben al-Mulun en su casa, hasta que hubo de trasladarle a otra parte para que no estuviese en su propio domicilio."


Nos cuenta también nuestro ya conocido Muhammad Ibn al-Harit al-Jusani esta otra historia sobre las condiciones que se esperaba de aquellos cadíes:

"Estaba convidado Sulayman ben Aswad en casa de uno de los ministros, un día viernes. El ministro le invitó a que comiera estando solo, como estaba: él se excusó diciendo que ayunaba. Le invitó luego a que tomara algalia para perfumarse; él rehusó diciendo: -Hoy es viernes; he tenido que hacer la ablución (pare purificarme); si me perfumara tendría que quitar con la ablución ese perfume, y se perdería. El ministro no se atrevió a insistir en esas materias. Cuando Sulayman ben Aswad salió de casa de aquél, dijo a uno de sus amigos: -Me hubiera repugnado mucho el ejercer hoy el oficio de predicador y misionero de los musulmanes, llevando encima de mí esos aromas".


Sin embargo, quienes gustamos de hurgar en la historia hechos que nos sirven de ejemplo o de reflexión para comprender los tiempos actuales, preferimos quedarnos con la conducta de otro juez, Saíd ben Sulayman, en términos del mencionado Muhammad Ibn al-Harit al-Jusani:

"La segunda causa fue la siguiente: Al ser destituido Sulayman del juzgado de Mérida, se presentó a la puerta del alcázar de Córdoba y entregó una carta para el soberano Muhammad, en que decía: "Tengo dinero que he ahorrado y reunido, procedente de mis sueldos, el cual me considero en la obligación de devolver al tesoro público, porque es la parte de mi sueldo que corresponde a los días feriados, de otros días en que he tenido faenas personales propias mías y de otros en que teniendo yo el deber de acudir al juzgado, no he podido ir". Y recibió contestación del monarca, que le decía: "Ese dinero se te da de regalo de mi parte". El juez no quiso aceptar ese regalo y tuvieron que incautarse de esa cantidad".

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Lema del Escudo de Sevilla.


En el escudo de Sevilla aparece en el centro el rey San Fernando con corona y espada y a ambos lados los obispos San Isidoro y San Leandro con mitras y báculos y vemos que hay un lema o mote que se pone dentro del escudo al pie de las figuras, y otras veces aparece fuera. Este lema parece que es un criptograma que consta de dos sílabas y entre ellas hay dibujado una madeja de hilo. El rey Alfonso X, tenía buenas virtudes, pero había arruinado a la hacienda nacional y empobrecido al pueblo. Ante el descontento se formaron bandos y su propio hijo se alzó en armas para restablecer la ley y el orden; sin usar la fuerza, atrajo a sus partidarios y evitó el combate directo con su padre. Con un poderoso ejército fue reconocido como rey, siendo jurado y acatado en todas las ciudades menos en Sevilla, donde el rey Alfonso X se había refugiado. Don Sancho dejó que la ciudad siguiera fiel a Don Alfonso hasta sus últimos días sirviéndole, y como muestra de su gratitud a Sevilla, concedió al Ayuntamiento que en su escudo pusiera el lema con las sílabas NO y DO, y entre ellas una madeja.


Su lectura es: NO-MADEJA-DO, que es la expresión fonética sevillana con que se pronuncia la frase NO ME HA DEJADO. Este lema se ha llegado a ver sólo en los ventanales del Ayuntamiento de la ciudad.

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