Para llegar hasta le Pozo Airón habremos de llegar hasta la plaza.
Situados de frente al pórtico de la iglesia veremos, a nuestra derecha,
un antiguo arco por el que saldremos y seguiremos recto por un camino de
tierra, llamado de la Gargantina. Sin abandonarlo en ningún
momento llegaremos hasta la confluencia de un pequeño regato con
el Arroyo de los Cuernos, también llamado de la Rueda,
donde habremos de dejar el coche ya que es ahí donde se termina
el camino. A partir de aquí recurriremos a nuestro propio esfuerzo
para llegar hasta nuestro objetivo. La duración aproximada de nuestra
excursión, sin contar el tramo en coche, y únicamente si
vamos y volvemos, es de una hora y media escasa. Bien es cierto que merece
la pena detenerse durante más tiempo, ya sea en la contemplación
de las cascadas o bien acercándonos hasta la propia desembocadura
del Arroyo en el Duero (para eso está el libre albedrío).
La dificultad de este recorrido es baja, salvo un "pequeño escalón"
que habremos de salvar.
IMPORTANTE: que no se nos olvide el agua, pues no hay ninguna fuente en
el recorrido.
Tras cruzar el mencionado regato, nos situaremos sobre la "rodera" (camino
apenas marcado por el continuo paso, sea de ganado o de gente) que habrá
de llevarnos hasta el Pozo. Otra alternativa, más relajante, es
la de seguir directamente junto a la orilla del Arroyo. Es aquí
donde podremos encontrar alguno de los molinos que menciono en los párrafos
siguientes. Si somos observadores, podremos apreciar no solo las ruinas
de los molinos sino las represas que se construían para optimizar
el recurso hídrico, hoy por hoy completamente cegadas por los materiales
sedimentarios acumulados, principalmente arenas. También es curioso
de ver los canales excavados, en la propia piedra, para desviar el cauce
del río y dirigirlo directamente hacia el interior del molino.
Durante nuestro recorrido podemos ir viendo el cambio de vegetación
ya que, según nos vamos adentrando en zonas más abruptas,
la vegetación que ha ido recuperando el terreno a los cultivos abandonados
deja paso a otro tipo de vegetación más "natural": la retama,
el cantueso, el tomillo, etc, son reemplazados por enebros, algún
que otro almez, etc. Al igual que en el resto de Las Arribes, las zonas
menos accesibles son las que mayor riqueza florística presentan.
Pasemos ya a nuestro recorrido. Para ello se adjuntan algunas fotos para
que podáis ir admirando esta espectacular paisaje. Como siempre,
las fotos están en formato pequeño pero, en cuanto pueda
meto las ampliaciones. Es cuestión de economía de tiempo
y espacio.
A lo largo del recorrido hasta el Pozo Airón encontraremos varios
molinos, hoy casi completamente derruidos, como el que podemos ver en esta
primera foto. El aprovechamiento hídrico fue intenso en su época,
no sólo aquí sino en todos los cauces existentes en el término
de Pereña. Es fácil suponer que, dependiendo de la estación
del año, se utilizarían unos u otros, según la cercanía
al pueblo.
Como ya he mencionado en apartados anteriores, Las Arribes están
conformadas básicamente por materiales granitoides, pero eso no
es impedimento para que podamos encontrar otros tipos de materiales, eso
sí, fuertemente metamorfizados (sometidos a enormes esfuerzos de
presión y temperatura), o metasedimentarios, como es el micropliegue
que nos presenta esta segunda fotografía. El tamaño del pliegue
lo da mi navaja de campo.
Hete aquí que nos encontramos con el conjunto del Pozo Airón,
formado por el propio Airón y el Pozo de la Botabara, por encima,
conformando un doble escalón realmente majestuoso. Como casi todas
las cascadas de la zona, el Arroyo de los Cuernos ha aprovechado las líneas
de debilidad geológica para erosionar los materiales y así
alcanzar su línea de base, en este caso el río Duero.
Desde el mismo lugar en que está realizada la foto anterior, se
puede ya vislumbrar el Duero. La mala accesibilidad de algunas zonas de
las arribes, ha determinado la conservación de una rica variedad
botánica, como se puede apreciar en la foto.
La característica principal del Pozo Airón radica en la caverna
excavada por el agua, a lo largo de eones. Nos hallamos frente a una caverna
que se encuentra por encima del cauce actual del Arroyo. Este hecho nos
habla de pretéritas épocas en las que la cascada tenía
menor altura de la actual (La foto ha sido cedida, al igual que la siguiente,
por Javi, uno de los especímenes refugiados en la caverna).
El
paisaje que podemos ver desde dentro de la caverna es este. Si decidimos
ir hasta allí habremos de tener cuidado. En época de lluvias
la bajada hasta ella es harto complicada, por lo resbaladizo del terreno.
En contrapartida, en días calurosos es un excelente sitio para pasar
la tarde, pues al hecho de mojarnos los pies hay que añadir el agradable
frescor que mantiene la caverna. Eso si, recojamos todo lo que llevemos.
No dejemos el lugar como un estercolero; dejémoslo como nos hubiese
gustado encontrarlo.
Hasta aquí mostramos unos pequeños detalles de lo que podéis encontrar en este recorrido. Estoy seguro que servirán para animaros a visitar otro de nuestros paisajes.
Un último apunte:
frente a lo que cree la mayoría de la gente, el Pozo Airón
no recoge su nombre del ruido que hace el agua al despeñarse, como
si fuera un airón (mucho aire, un pequeño vendaval), sino
por Ayro, dios celta de los ríos, arroyos y aguas corrientes en
general.
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