
DISTRIBUCIÓN
Los lobos poblaban la
mayor parte de las tierras al sur de los Pirineos hasta principios de este siglo. Sin
embargo, durante los últimos cien años han venido sufriendo una persecución
sistemática y una serie de trabas indirectas para el correcto desarrollo de sus
poblaciones.
El número total de
ejemplares de Canis lupus signatus que se pueden encontrar en España varía según las
fuentes. El último censo fiable data de 1988, e indicaba la existencia de 1.500 a 2.000
individuos. En la actualidad la población puede estimarse en aproximadamente 1.500
ejemplares, distribuidos prácticamente en el cuadrante noroccidental de la Península.

CAMADA DE LOBOS
Mientras que en los
años 50 la presencia del lobo era patente en todo el oeste de la Península (no hay que
olvidar su presencia en Portugal) más en los Pirineos, un estudio realizado recientemente
por el CSIC (Palacios, 1999) revela que al sur del Río Duero (Sierra de San Pedro en
Extremadura y Sierra Morena) el último lobo podría haber muerto hacia 1983 y que no
existe presencia confirmada ni rastros biológicos de su existencia en la zona oriental de
España, aunque es posible que persistan algunos grupos en los Pirineos y el País Vasco.
Algunas reservas
naturales también albergan a pequeños grupos de lobos (Hosquillo en Cuenca, Ordesa en
Huesca).
NORTE DEL DUERO (declarado especie cinegética)
- Galicia: generalizada reducción
poblacional del 30% (entre 1975-1995) y tendencia progresiva a la baja constante.
- Asturias: estabilidad hasta 1995. En
el antiguo Parque Nacional de Covadonga existe un único grupo reproductor.
- Cantabria: a la espera de una
conclusión de una investigación en curso.
- País Vasco: presencia continua y
consolidada en la franja occidental, aunque no hay citas de reproducción.
- Castilla y León: Escasez de
información en León, Burgos, Palencia, Soria, Salamanca, y Segovia.
- Zamora: 35 grupos reproductores
(1996). Sierra de la Culebra: 6 grupos reproductores.
- Ávila: no hay datos sobre presencia
reciente.
- Valladolid: población estabilizada
y leve aumento. Futuro preocupante por impacto de infraestructuras.
- Rioja: desconocido.
- Aragón: aumentan las observaciones
de lobo.
SUR DEL DUERO (declarado especie
estrictamente protegida)
- Sierra Morena : no hay constancia de
grupos reproductores ni de la presencia de ejemplares.
- Extremadura: ausencia de grupos
reproductores.
PORTUGAL
(especie declarada estrictamente protegida)
- Sur del Duero: 8 manadas
distribuidas en dos núcleos poblacionales, que han sufrido una gran reducción en la
última década.
- Norte del Duero: unas 45 grupos de
población estable.
El lobo (Canis lupus),
cuenta en el Estado español con un área de distribución aproximada de unos 100.000 km2,
es decir, aproximada la quinta parte del país.
Su población, cifrada entre 1.500 y
2.000 ejemplares, se divide en dos grandes zonas loberas, aisladas entre sí y con unas
características y problemática totalmente diferentes.
En primer lugar está la población
norteña, que incluye las zonas loberas de las Comunidades Autónomas de Asturias,
Cantabria, Galicia y Castilla-León. Sólo en estas dos últimas se concentra el 90 % de
todos los lobos de España. Siendo por tanto lógico que sea precisamente en esta
población del norte peninsular donde los daños generados por los lobos en la ganadería
son más numerosos. Pese a la existencia de dichos daños, en buena parte de estas
comunidades no se pagan las necesarias indemnizaciones a los ganaderos afectados, lo que
suele ocasionar la realización de númerosas batidas tanto legales como ilegales.

La segunda gran población es la situada
entre las Comunidades Autónomas de Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura.
Concretamente la población del lobo en Sierra Morena cuenta con una distribución
fragmentada y en fase de regresión, hasta el punto que su extinción definitiva es
previsible se alcance durante la próxima década. El principal factor que pone en peligro
la conservación del lobo tanto en Sierra Morena (entre Ciudad Real, Jaen y Córdoba) como
en la Sierra de San Pedro (Extremadura) es la caza. Esto se debe al coincidir las zonas
loberas con grandes fincas de aprovechamiento cinegética, en las que es frecuente su caza
en monterías y mediante la instalación de trampas y cebos envenenados.