LA MAESTRA DE FÍSICA
            Enviado por: Manuel.
 
            Esta historia ocurrió el año pasado, cuando tenía 19 años. Yo tenía
            una maestra que no me podía ver ni en pintura; estaba super buena,
            tenía unos senos enormes y sus pezones siempre se le notaban. Yo
            soñaba con cogerla y vaciarle toda mi leche en su vagina.
            Un día decidí ir a su casa para que me explicara unos problemas.
            Cuando toqué a la puerta pensé que me correría enseguida pero mi
            sorpresa fue que me recibió muy amable y sin gritarme.
            Después de casi media hora de estúpidas explicaciones me preguntó si
            quería tomar algo: agua, soda o cerveza. Opté por lo último, ya que
            estábamos a 36 grados centígrados y tenía una sed tremenda.
            Cuando nos habíamos tomado 7 u 8 cervezas empecé a hacerle preguntas
            algo indiscretas e íntimas y ella, sin oponerse, las contestaba
            todas. Le pregunté cómo se llevaba con su marido en la cama. Ella
            contestó que mal, ya que nunca estaba y cuando llegaba se encontraba
            cansado y dormía todo el día.
            Luego ella me preguntó si alguna vez había tenido relaciones con
            mujeres mayores, a lo que contesté que no pero que me gustaría
            mucho. Y no sé a ustedes, pero a mí las mujeres maduras me ponen
            super caliente.
            Así seguimos bebiendo, pero ahora tequila ya que las cervezas se
            habían acabado. Al rato, ella empezó a marearse por el exceso de
            alcohol.
            Eran las nueve pasadas y, con la maestra algo alegre, me acerqué y
            empecé a rozar sus duros pezones con mi dedo índice. Ella se
            retorcía de placer. La maestra, con sus manos, fue descendiendo
            hasta llegar a mi verga, que estaba más dura que nunca. Empezó a
            masturbarme de tal forma que los ojos se me volteaban hacia atrás.
            Poco a poco nos quitamos la ropa. ¡Guau! Por primera vez tenía a la
            maestra que tanto había soñado y para mí solito. Ella se recostó
            sobre el sofá y abrió sus piernas, regalándome esa hermosa vista de
            todo su coñito húmedo.
            Yo me agaché y, con mi lengua, empecé a jugar con su clítoris,
            rodeado de un hermoso vello púbico. Luego penetré su vagina con dos
            dedos. Mi querida maestra se retorcía con suavidad. Ella me pedía
            que le metiera los dedos hasta el fondo así que cumplí sus órdenes.
            Al rato, ella se corrió y yo saboreé sus jugos salados. Después, me
            recosté en el suelo y formamos un 69. Yo jugaba con sus labios
            vaginales mientras ella mamaba mi polla de una manera profesional,
            se la tragaba toda.
            Yo sentía que me corría y ella lo notó así que aceleró el ritmo. No
            lo podía creer. Mi maestra se tragó hasta la última gota de mi
            leche; no dejó ni rastro. Al poco tiempo tuvo su segundo orgasmo.
            Después me cabalgó como toda una jinete, mientras yo amasaba sus
            senos y mordisqueaba sus pezones. Ella gemía de dolor, ya que mi
            polla es demasiado gruesa pero no le importaba; al contrario, lo
            disfrutaba. En esa posición tuvimos un orgasmo al mismo tiempo.
            Más tarde se puso a cuatro patas y me pidió que la enculara, ya que
            su marido nunca se la había metido por ese hermoso culito que tiene.
            Al principio me dolió un poco porque lo tenía muy cerrado, así que
            se la fui metiendo poco a poco. Cuando sentí lubricado su culo,
            empecé a embestirla con fuerza mientras que con mi dedo índice
            penetraba su vagina llena de mi leche. Ahí tuvo otro orgasmo.
            Eran casi las tres de la mañana. Estábamos agotados después de
            tantos orgasmos así que nos duchamos y ella se quedó dormida. Yo aún
            estaba cansado por lo que decidí dormir un poco, pero antes la volví
            a penetrar y me dormí con la polla dentro de su vagina.
            Desde entonces me habla una vez por semana. Cuando su marido no
            está, nuestras cogidas siempre terminan después de medianoche.

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