OPUS DEI
Asi en la tierra como en el cielo


Jesús Ynfante (ed. Grijalbo, 1996, ISBN 84-253-2987-6) págs, 76 a 86





(........)jóvenes universitarios de los barrios bien estableecidos de la capital de España. la entrada de la nueva residencia DyA había un mapamundi donde aparecía una  cruz con los cuatro brazos en forma de flecha, orientados hacia los cuatro punto cardinales, y hacia donde imaginaba Escrivá que debían dirigirse, como una rosa de los vientos, sus futuros apostolados.
La familia Escrivá se acomodó en otro piso de la segunda planta del mismo inmueble, donde se instaló también el comedor de la nueva residencia. Los Escrivá no podían volver a la vivienda del rectorado en del Patronato ocupado por las mojas; la madre y la hermana de José María se encargarán de todo lo relativo a la intendencia, así como otras cuestiones de administración, en la nueva residencia de la calle Jenner, muy cerca del paseo de la Castellana, entonces la zona más aristocrática de Madrid. En la residencia se mantuvo el mismo «espíritu de familia», mejor será decir «espíritu de pensión de familia», que tan buenos resultados dio antes de la guerra en la residencia de la calle Ferraz y que ayudó a hacer cuajar la espiritualidad del incipiente Opus Dei. En su mejor momento los Escrivá llegaron a albergar hasta casi treinta pupilos en la nueva residencia DyA.
Los primeros éxitos de Escrivá en la posguerra consistieron en atraer a estudiantes universitarios parasitando principalmente a otras organizaciones católicas; de esta manera, vertebraban las convicciones de los militantes católicos ofrecién doles ingresar en la Obra de Dios «por ser superior a las demás organizaciones» que, acusadas de tibieza, se habían dejado arrollar por los enemigos de la Iglesia; En la evolución de muchos de esos jóvenes hacia un compromiso moral y político más integrista, la referencia a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas era obligada, por haber sido acusada de colaboracionismo durante la República. El razonamiento último de los jóvenes militantes de la Obra consistía en explicar que resultaba necesario una ideología de conquista, porque una ideología de conservación no tenía la fuerza necesaria para arrastrar a la gente; sin embargo, no existían grandes diferencias entre unos y otros, porque se trataba, en definitiva, de la misma idea conservadora que habían de defender, aunque de forma más agresiva en Opus Dei.
La hostilidad de los miembros de la Obra de Dios hacia otros sectores de ideología católica era permanente. Si la democracia cristiana franquista representaba la clásica derecha española, Escrivá se situaba a la derecha de la derecha española. el Opus Dei solían decir que «hay expresiones descompensadas y una de ellas democracia cristiana, como hay cuadros que se caen de un lado y como hay escorados». A Escrivá, según cuenta Miguel Fisac, «le molestaba mucho un cierto liberalismo de la democracia cristiana, creía que se trataba de una típica deformación de los propagandistas que, para él, no eran muy de fiar ideológicamente». Por otra parte, la Guerra Civil había dejado flotando en el ambiente una mitología del héroe y todo ese conjunto de jóvenes contaba con un arsenal de mitos muy sugestivos para dinamizar su vida: la catolicidad, el retomo al sentido cristian la vida, la revitalización del concepto de aristocracia, la Hispanidad, etcétera.  La España de esos nuevos cruzados estaba reencontrando su propio pulso porque las condiciones estratégicas ya estaban dadas. La cosa estaba clara: se trataba de realizar «una revolución desde arriba», desde la Universidad, desde «la minoría», la «aristocracia intelectual». La Universidad iba a extender sus tentáculos fuera de ella y allí estaba la Obra de Dios al quite, para aprovechar la coyuntura.
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Camino,  MANUAL DEL OPUS DEI
La primera edición del manual destinado a la Obra de Dios tuvo lugar en Valencia en septiembre de 1939, porque allí se encontró el papel necesario para la impresión, gracias al vicario de la diócesis. Se trataba de una refundición del texto corto escrito en 1934 bajo el título de Consideracionies Espirituales, con el añadido de la ampliación realizada en Burgos, cuando la ciudad castellana era la capital de la cruzada de Franco. El manuscrito completo tenía cabida en apenas un centenar de páginas en formato normal de un libro de la época. Hasta la  primera reimpresión realizada en Madrid en el año 1944 no se redujo al formato de bolsillo, con mayor número de páginas, que se ha conservado hasta nuestros días.
Si el título de Consideraciones Espirituales estaba inspirado en De Consideratione de Bernardo de Claraval, más conocido por San Bernardo, el túulo de la nueva obra, Camino, evocaba sin duda El Camino de Perfección » que escribió para  sus  monjas la madre Teresa de Jesús, como figuraba en la primera edición de Salamanca publicada por la Santa en 1588. El nuevo libro se componía de dos partes, la primera comprendía las 434 máximas de Consideraciones Espirituales y la segunda parte, con 565 máximas, estaban redactadas entre 1934 y 1939, con más experiencia acumulada por Escrivá, ya que había realizado la primera fundación de la Obra.
¿A quiénes, entonces, está dirigido el libro? Camino se presenta estructurado con sus 999 máximas de tal forma que los cuarenta capítulos y los ciento treinta y seis temas facilitan la tarea de cada lector; es decir, que la obrita se presenta como un manual y está dirigida a los miembros de la Obra de Dios. La presentación formal atesta también que ha sido concebida como un vademecum o prontuario destinado a facilitar hasta el máximo la reflexión del lector en función de sus preocupaciones de cada instante.
Por otra parte, el plan de Camino sigue fielmente el de Consideraciones Espi-rituales, que resultaba ser una acumulación caótica de puntos de meditación sin un plan preconcebido en el texto, tal como era el esquema de la Obra que tenía en mente Escrivá allá hacia 1934, aunque después de la guerra ya estaba avalado por la experiencia práctica de la primera fundación en 1935. En la nota introductoria de Consideraciones Espirituales Escrivá había escrito: «Lee despacio estos CONSEJOS, Medita, pausadamente estas CONSIDERACIONES. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y no olvides que estas confidencias las escucha Dios». En la nota introductoria de Camino en 1939 repetía las mismas frases de 1934 y añadía: «No te contaré nada nuevo. Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por los caminos de Oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio».
Durante los primeros años, Camino fue el código de referencias y de instrucción religiosa que poseían los militantes de la Obra de Dios a partir de 1939. Era el tiempo en que coincidían aún la biografía de Escriva con la del Opus Dei
Desde el principio, Camino se convierte para los primeros militantes del Opus Dei en un breviario citado y comentado sin tregua. Pronto se recomendara a los tytiembro5 de la Obra hablar de Camino alrededor suyo pero se les recomienda igualmente que no presten su ejemplar del libro Las personas a quienes interese el
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libro del padre Escrivá deben comprarlo, medio cómodo de allegar algo de dinero, pues el Opus Dei en esa época no es rico .Esta regla. que continué siendo aplicada , contribuyó a la difusión de Camino,  sobre el que el Opus Dei fundaba un interés enorme y que descubría al mismo tiempo el precoz sentido publicitario de los dirigentes de la Obra.    
El libro Camino se presenta redactado en máximas o sentencias cortas, cuyo número de 999 tuvo especial significación para Escrivá, aunque fuentes de la Obra señalaron que era expresión de la devoción del autor a la santísima Trinidad.¿Porqué, sin embargo, 999 máximas? ¿No es acaso un número cabalístico? Escrivá no tenía suficiente con coger un número de una cifra esotérica (999 = 3 x 333) de indudable origen masónico y perteneciente a la cábala. sino que además en la sobrecubierta de la primera edición, publicada en Valencia en 1939, aparece el signo del 9 dibujado en trazos rectilíneos, es decir, con un cuadro del que sale un trazo por otro horizontal que sirve de base, lo cual permite suponer que este signo es un anagrama con las iniciales de la palabra Opus, cuyas letras escritas con trazo rectilineo pueden efectivamente obtenerse descomponiendo el signo.
El número, sinduda, no es mero azar y está inspirado, como en la cábala, en la tradición judía. Dentro de la cultura cristiana, Dante utilizó profusamente el nueve u otros múltiplos de tres en La Divina Comedia y si ello es cierto en Camino, la Trinidad santísima (el Padre + el Hijo + el Santo Espíritu), que algunos consideran homenajeada en la gran obra de Dante ha salido muy malpara- en el librito de Escrivá.
Las razones de Escrivá, en la medida que fueron silenciadas, incluso en los pri-meros tiempos de la Obra, refuerzan la hipótesis del esoterismo cristiano. En Camino aparecen tres planos de santidad (máxima 387), tres etapas en la vida de 382), junto con las tres dimensiones físicas: el relieve, el peso (máxima 279), además de las 999 máximas contenidas en el libro.

En cuanto al contenido del libro, un renombrado teólogo, Urs von Balthasar, se pregunta: «¿Tiene Camino alguna espiritualidad? Una reiterada lectura confirma la primera impresión: Camino presupone en el mejor de los casos una espiritualidad, el mismo no tiene ninguna». Y tras confesar que su lectura le había alarmado, catalogaba de «pequeño manual para boy scouts».
  
J.L. Aranguren, destacado intelectual católico, ha señalado que la teología del Opus Dei no es «ni buena ni mala, sencillamente no existe». Según Aranguren, el «elogio» que se le podría tributar se resume en la famosa frase: en tu libro abundan las ideas originales y buenas, pero lo que en él es original no es bueno y lo que es bueno no es original». Otros autores hablan de «pietismo», «sentimentalismo» «paternalismo» y «falta de fundamento teológico».
Sin embargo, señalaba Aranguren, «hay que ser comprensivo y situar el libro en la época de su primera edición, 1939, esto explica el curioso pathos de la noción de jefe (el caudillaje) aplicado a la vida religiosa. Resulta ser la expresión de «un catolicismo de cruzada», de lucha y de exterminación, de exaltación de la voluntad con un  fin guerrero, y de la división simplista de los hombres en buenos y malos según pertenezcan  no al grupo». Según Aranguren «la voz que se encuentra en los mejores pasajes del libro es evidentemente, la de San Ignacio. El libro no tiene nada de actual, se inspira directamente de la ascética ignaciana. Pero la doctrina de San Ignacio está sometida a una trivialización increíble».
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El semanario satírico francés Le Canard Enchainé con un ainticlericalismo de buen tono y sin acritud, calificaría por su parte a Camino   de compendio de santas tonterías traducido a innumerables lenguas, de estupidario con dimensiones de chascarrillo que resume la doctrina del todopoderoso Opus Dei , Y según un trabajo clandestino difundido por la oposición antifranquista, Camino resultaba ser «un senderillo lleno de guijarros, una minibiblia  regocijante en la que los valores mas aplaudidos son el respeto del statu qu,o la obediencia ciega y una turbia mansedumbre, clásicos valores de toda ideología perteneciente a las clases dominantes en todo momento y en todo lugar. Camino es externamente, como un brillante castillo de fuegos artificiales, que a la hora de la verdad, la luz de la crítica resultan vulgares estampidos de traca de pueblo»
Pero no bastaba con el sentido de algunas máximas y la utilización de ese número esotérico perteneciente cábala, sino que encima el libro ofrecía en su totalidad una significación oscura y misteriosa que sólo se comprende desde la perspectiva de un concepto medieval de la existencia, aunque resulta a veces muy dificil de penetrar, sobre todo por la forma como se propone una determina-da lectura reservada sólo para iniciados de la Obra. «Para sacar provecho de Camino, y aún para entenderlo se requiere en lector un mínimo de formación cristiana, vida de piedad y de experiencia apostólica, de sacrificada preocupación por las almas», sugiere cautamente la nota editorial de Camino, lo que equivale a decir que hace falta una preparación especial o, en otras palabras, tener el «espíritu de la Obra».
Ya en la introducción de la primera edición su autor Xavier Lauzarica, garantizaba que «si estas máximas las conviertes en vida propia serás un imitador sin tacha. Y con Cristos como tu volveraá España a la antigua grandeza de sus santos sabios y héroes». El autor de la introduccion de Camino era obispo administrador apostólico de la diócesis de Vitoria cuando prologó el libro de Escriva en marzo de 1939. Lauzarica Torralba había sustituido al titular de la diocesis Mateo Múgica. que mereció los honores de ser el primer miembro de la jerarquía católica desterrado de España en 193 l por su manifestaciones contra la Segunda República. Xavier Lazaurica llegaría a ser obispo de Vitoria y arzobispo de Oviedo para terminar más tarde, tras su jubilación, recluido en un manicomio.
Dentro de Camino, la máxima 638 está dirigida al «caballero cristiano», presun-to lector del libro. Hay también referencias al «caballero cristiano» en la máxima 390, al «caballero intransigente» en la máxima 393 y a los «caballeros cristianos» en la máxima 379 de Camino.
Los caballeros representaron en la Edad Media la síntesis de la milicia profesional y la cristiandad; de ahí que «hace falta una cruzada (...) y esa cruzada es obra vuestra» dice veladamente la máxima 121 y la imagen pueril que correspon-de a los caballeros cruzados, «hombres bien barbados», aparece en la máxima 652 de Camino.
Para tales caballeros cristianos existe un camino medieval, por donde se circula a caballo, como revelan varias máximas de Camino: «me has perdido el cami-no» (máxima 137), «la causa que te aparta del camino y te hace tropezar y aún caer» (máxima 170) ,«tu camino» (máxima 255), «nube de polvo que levantó tu caída... el viento de la gracia...» (máxima 260), «caído así de hondo... te alzaste del suelo» (máxima 264>, «la guerra es el obstáculo máximo del camino fácil»
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(máxima 311), «¡Galopar, Galopar!... ¡Hacer, Hacer!... ¡Galopar!, ¡Hacer!» (má-xima 837), «manada en mesnada, rebaño en ejército, la piara...» (máxima 914)
También aparecen en Camino las armas del caballero medieval: «defensa, ata-que, armadura, espada toledana» (máxima 238), «arma de combate» (máxima 240), «cadena» (máxima 160), «cadena: cadena de hierro forjado» (máxima 170), «instrumento delicuescente, que se haga pedazos a la hora de empuñarlo (máxima 381), «maza de acero poderosa, envuelta en funda acolchada» (máxima 397), «la última gota del cáliz del dolor» (máxima 182), «espolón de acero» (máxima 615), «lengua tajante de hacha» (máxima 448), «los instrumentos no pueden estar mohosos.-Normas hay también para evitar el moho y la herrumbre» (máxima 486), «si no es el filo de tu arma de combate, te diré que es la empuñadura» (máxima 655).
Así como también las armas, aparecen en Camino las fortalezas medievales:
«táctica militar, guerra, posiciones, muros capitales de tu fortaleza, torreones fla-cos para el asalto de tu castillo» (máxima 307), «tan fuerte como una ciudad amurallada» (máxima 460), «la piedra noble y bella de una catedral» (máxima 456), «los muros fuertes de la perseverancia» (máxima 49), «los muros o torres de las casas del Señor» (máxima 269), «piedras, sillares que se mueven, que sienten» (máxima 756), «un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra» (máxima 590), «sillares.. - que suponen poco ante la mole del conjunto» (máxima 823), «llave para abrir la puerta y encontrar el reino de Dios en los cielos» (máxima 754).
La vida de caballero que propugna Escrivá en Camino es «vida noble» (máxima 254), «la derrota de hoy... entrenamiento victoria definitiva» (máxima 263), «hijos, hijos de Reyes, Rey, Gran Rey, "Padre dios", siempre delante del Gran Rey, tu Padre-Dios» (máxima 265), «señor de ti mismo, poderoso, tu señorío...» (máxima 295), «vida de caballeros cristianos» (máxima 379), «vivir con delicadeza de caballero cristiano» (máxima 390), «un caballero... intransigente» (máxima 393), «almas de caudillos, de apóstoles» (máxima 411), «dices que eres caballero cristiano» (máxima 683), «laureles» (máxima 935), «ejército de apóstoles (máxima 602).
Escrivá, sin embargo, tiene también presente a una cruzada como la de Franco: «alférez médico» (máxima 361), «la guerra tiene una finalidad sobrenatural» (máxima 311), «Frente de Madrid. Una veintena de oficiales en noble y alegre camaradería... Aquel tenientillo de bigote moreno» (máxima 145). Y tiene, sobre todo, muy presente en Camin o el caudillaje, la exaltación fascista de la jerarquía, tan de moda entre los años treinta y cuarenta en Europa: «eres jefe» (máxima 383), «nacido para caudillo» (máxima 16), «sientes impulsos de ser caudillo» (máxima 365), «muy señor, y después, guía, jefe, caudillo.» (máxima 19), «ambiciones de acaudillar» (máxima 24), «tú serás caudillo si...» (máxima 32), «almas de caudillos» (máxima 411), «utiliza tu voluntad para que Dios te haga caudillo» (máxima 833) y «me dijiste que querías ser caudillo» (máxima 931).
En Camino semejante universo aparece, por otra parte, poblado de santos personajes encasillados en una determinada visión de la historia de España: «Las Navas y los Lepantos de tu lucha interior» (máxima 433), «Cisneros, Teresa de Ahumada, Iñigo de Loyola» (máxima 11), «el pobre Ignacio al sabio Xavier» (máxima 798), «el genio militar de San Ignacio» (máxima 931).
Para completar este mundo abracadabrante de cruzados y caballeros medieva-les junto con caudillos, Escrivá llegó a escribir también sobre el valor secundario
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concedido a la mujer: hay máximas de Camino en las que el elogio exagerado que Escrivá tributa a las mujeres es el típico elogio que se hace a los seres considerados prácticamente inferiores, prejuicio que el Opus Dei comparte con la Santa Madre Iglesia Católica. Así, en la maxima 982 Escriva llega a decir  «Mas recia la mujer que el hombre, y más fiel a íd hora del dolor   -¡Maria de Magdala y Maria Cleofás y Salomé! Con un grupo de mujeres valientes, como ésas bien unidas a la Virgen Dolorosa, ¡qué labor de almas se haría en el mundo! y en la maxima 980: «"Acaso no tenemos facultad de llevar en los viajes alguna mujer hermana en Jesucristo, para que nos asista, como hacen los demás apóstoles y los parientes del Señor y el mismo Pedro?". Esto dice San Pablo en su primera epístola a los Corintios:  -No es posible desdeñar la colaboración de "la mujer en el apostolado"»
La máxima 946 resume claramente lo que Escriva va a exigir a los hombres y en segundo lugar, a las mujeres en el Opus Dei- «Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios -ellas no hace faIta que sean sabias basta que sean discretas- habéis de ser espirituales, muy unidos al Señor por la oración: habéis de llevar un manto invisible que cubra todos y cada uno de vuestros sentidos y potencias: orar, orar y orar; expiar y expiar»
Y todo ello para conseguir el reinado de Cristo en la tierra. Las citas abundan en Camino: «Regnare Christium Volumus !» (maxima 11), «Pax Christi In regno Christi » (máxima 301), «si buscas el Reino de Dios» (máxima 472), «reinado efectivo de Nuestro Señor» (máxima 832), «reinado de Cristo» (maxima 833) «servicio milicia, milicias, servicio de Cristo» (máxima 905) «reino reinado» maxima 906)
Pero es un error pensar que el clericalismo de Escriva, o el clericalismo general de la época, es un simple reflejo de un modelo medieval que resulta hoy anacrónico. La época de «cruzada» que dio nacimiento al Opus Dei contiene elementos del pasado, pero tiene también una peculiar inmediatez y presencia constante que resume el poema de Jaime Gil de Biedma «Y los mismos discursos los gritos las canciones, eran como promesa de otro tiempo mejor, nos ofrecían un billete de vuelta al siglo XVI. ¿Qué niño no lo acepta?»
Conviene señalar, por último, que Escriva promete hacer vivir a los militantes de la Obra «una vida de infancia» y casi un diez por ciento del texto de Camino está dedicado a ello. Esta promesa de una vida de «infancia espiritual», junto con la oferta del viaje al pasado de Escrivá, ayudan quizá a explicar asimismo la acogida de un libro como Camino en España a partir de 1939.
En Camino se tratan también muchas materias inconexas y mezcladas, como consecuencia de esa acumulación caótica de puntos de meditación sin un plan pre-concebido en el texto, cuyo origen se remonta a 1934. A esto hay que añadir un elemento importante que no conviene olvidar en Camino como es la retórica eclesiástica rayana en el histrionismo, llena de recursos escénicos, para intentar dar al lenguaje escrito eficacia bastante para persuadir o conmover, que un cura experto en ejercicios espirituales como Escrivá, conociendo todos los viejos trucos del ofi-cio de predicador, llegó a utilizar con abundancia en el libro.
Antes vimos que la Guerra Civil no fue un paréntesis en la vida de Escrivá ni en la de cualquier español en aquella época. El propio Escrivá habla en Camino de ella, aunque pone en boca de otro la «finalidad sobrenatural» de la guerra: «¡La guerra! -La guerra tiene una finalidad sobrenatural -me dices- desconocida por el mundo: la guerra ha sido para nosotros. .. -La guerra es el obstáculo máxi
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mo del camino fácil -Pero tendremos, al final, que amarla, como el religioso ama sus disciplinas» (máxima 311 ). Efectivamente, en la Guerra Civil española está el origen del poderío que el Opus Dei iba a detentar luego. Todos los intereses y privilegios que el Opus disfrutaría en España están implícitamente  reconocidos en el final sugerente de la primera parte de la máxima («la guerra ha sido para nosotros. . .»). Escrivá termina la máxima con un falseado tono de obligación que disimula la enorme carga de violencia fascista que contiene. La expresión tendremos que amar la guerra como el religioso debe amar sus disciplinas» puede ocupar un lugar de honor en la antología que está por hacer del fascismo  clerical en España. Y lo que es mas inaudito son las razones por las que se debe amar la guerra: los miembros de la Obra de Dios tienen que amar la guerra por lo que ésta representó para ellos; es decir, por su eficacia.
Tras la guerra viene la paz. «¿Y qué es la paz? La paz es algo muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria». (máxima 308). También, «¡Paz, paz!, me dices.   -La paz es... para los hombres de "buena voluntad"» (máxima 759). Una entrecomillada voluntad humana tiene aquí un sentido pevora-tivo dentro del contexto en que figura, porque sólo «la voluntad de Dios» tiene sentido para Escrivá.
El pillaje de libros y publicaciones por parte de Escrivá fue especialmente intenso en las Sagradas Escrituras y en la proporción de tres a uno más en el Nuevo que en el Antiguo Testamento. A veces, el mismo autor reconoce con descaro el oficio de copiante como en la máxima 108: «Te diré, plagiando la frase de un autor extranjero...». En otra ocasión, Escrivá recoge en la máxima 460 el clásico proverbio de Salomón («el hermano que ayuda al hermano constituye una ciudad amurallada») pero lo disfr¡iza con una cita en latín: «"Frater qui adjuvator a fatre quasi civitas firma ".  - El hermano ayudado por su hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada.  -Piensa un rato y decídete a vivir la fraternidad que siempre te recomiendo»,
En la máxima 725 Escrivá hace una clara alusión a los métodos del gran enemigo luciferino de Cristo y toda su Iglesia: «El enemigo casi siempre procede así can las almas que le van a resistir: hipócritamente, suavemente: motivos... ¡espirituales!: no llamar la atención...   -Y luego, cuando parece no haber remedio (lo hay), descaradamente. ..por si logra una desesperación a lo Judas. sin arrepentimiento». En la máxima 708 utiliza la clásica imagen colonial para presentar al lector el mundo, el demonio y la carne que según la Iglesia católica son los tres enemigos del alma: «El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer -que nada vale-, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y los rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad.»
En otro lugar habla también de Lucifer: «Con qué infame lucidez arguye Sata-nás contra la Fe católica! Pero digámosle siempre sin entrar en discusión: yo soy un hijo de la Iglesia» (máxima 576). En la 694 recoge un viejo tópico de la Santa Madre Iglesia: «No sé por qué te asustas. Siempre fueron poco razonables los ene-migos de Cristo».
Para el católico miembro de la Obra de Dios existen, además, otros enemigos más reales. Escrivá da cuenta de su existencia en Camino, máxima 836: «Servir de
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altavoz al enemigo es una idiotez soberana: y si el enemigo es enemigo de Dios, es un gran pecado».
En la máxima 838 admite implícitamente el dualismo derechas-izquicrdas adjudicando -como es de rigor- a la derecha la exclusiva de hacer bien y a la izquierda  la de hacer mal, aunque reconiienda al lector que no tenga enemigos sino amigos a la derecha y... a la izquierda. La máxinia dice así' «No tengas enemigos   -Ten sencillamente amigos. Amigos.... de la derecha- si te hicieron o quisieron  hacerte bien  y... de la izquicida - si te han perjudicado o intentaron perjudicarte»
La formula para superar conflictos y contradicciones, aunque un poco retorcida, es de una ortodoxía católica impecable: «¿Estas sufriendo una gran tribulacion ?-¿Tienes contnidicciones?  Di, muy despacio como paladeandola esta oracion recía y viril: "Hágase, cúmplase sea alabada y eternamente  ensalzada la justisima y amabilisima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas.  -Amen.-Amen-  Yo te aseguro que alcanzarás la paz». (Camino máxima  691)
En el libro Camino hay tambien noi mas de corrección y urbanidad como la 680: «En la mesa no hables de la comida: eso es una ordinariez impropia de ti -Habla de algo noble del alma o del entendimiento y enalteceras ese deber» Deber que los miembros del Opus Dei toman muy seriamente porque en la 682 recomienda moderación a la hora de comer:  ¿De ordinario comes mas de lo que necesitas? -Y esa hartura, que muchas veces te produce pesadez y molestia físi ca, te inhabilita para saborear los bienes sobrenaturales y entorpece tu entendímiento. ¡Qué buena virtud, aún para la tierra es la templanza!» Si Escriva recomienda moderación es porque el consejo va dedicado a personas que disponen y no se privan de una buena mesa. Pero todo se arregla con la maxima 681 que mantiene en pie el espíritu cristiano «El día que te levantes de la mesa sin haber hecho una pequeña mortificación has comido como un pagano».
Como los años de la posguerra hubo mucha hambre en España, no estuvieron de más las reflexiones de Escrivá sobre la fisiología culinaria para el caballero cris-tiano, en la máxima 367: «El manjar más delicado y selecto si lo come un cerdo (que así se llama, sin perdón) se convierte, a lo más ¡en carne de cerdo! Seamos ángeles, para dignificar las ideas al asimilarías. -Cuando menos, seamos hombres:para convertir los alimentos, siquiera en músculos nobles, y bellos, o quizás en cerebro potente... capaz de entender y adorar a Dios   Pero   no seamos bestias como tantos y tantos!». La máxima 679 «La gula es un vicio feo -¿No te da un poquito de risa y otro poquito de asco ver a esos señores graves sentados alrededor de la mesa, serios, con aire de rito metiendo grasas en el tubo digestivo como si aquello fuera "un fin"?», arroja quizas algún elemento de comprensión de por que fue escrita por Escrivá, en unos tiempos cuando apenas tenía un bocado que llevarse a la boca. En la máxima 974, se hace referencia histórica al «apostolado del almuerzo»; aunque existen también para los socios del Opus Dei, «el apostolado de la diversión» (máxima 975); el «apostolado epistolar» (máxima 970), etcétera.
De la urbanidad de la mesa pasamos a otro tipo de urbanidad (máxima 541):
«Hay una urbanidad de la piedad.  - Apréndela. -Dan pena esos hombres pia-dosos que no saben asistir a misa -aunque la oigan a diario- , ni santiguarse -hacen unos raros garabatos, llenos de precipitación-, ni hincar la rodilla ante el Sagrario -sus genuflexiones parecen una burla , ni inclinar la cabeza ante una imagen de la Señora».
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En cuanto a las preferencias estéticas, Escrivá no quiere que sus discípulos recen ante imágenes de serie. Dice en la máxima 542: «No me pongáis al culto imágenes "de serie"; prefiero un Santo Cristo de hierro tosco a esos Crucifijos de pasta repin-tada que parecen hechos de azúcar». Las razones son porque el «Santo-Cristo-de-hierro-tosco» tendrá, por fuerza, que ser más santo, más viril, que «esos-Crucifijos-de-pasta-repintada-que- parecen-hechos-de- azúcar», que se exhiben empalagosos y mal pintados por las iglesias de la tierra.
En la máxima 543, Escrivá hace gala de un gusto y una estética ejemplares. Todos los sacerdotes de la Obra de Dios celebrarán misa luego en parecido deco-rado que, salvo en detalles, será común a todas las iglesias y oratorios del Opus Dei: «Me viste celebrar la Santa Misa sobre un altar desnudo -mesa y ara-, sin retablo. El Crucifijo, grande. Los candeleros recios, con hachones de cera, que se escalonan: más altos, junto a la cruz. Frontal del color del día. Casulla amplia. Severo de líneas, ancha la copa y rico el cáliz. Ausente la luz eléctrica, que no echamos en falta».
Para mantener la unidad de la Obra, uno de los puntos de meditación cotidia-na entre sus miembros es el de «la unidad de espíritu». En este punto se exige que el miembro no haga nunca una crítica, bien sea a la totalidad de la Obra o algún aspecto concreto de la actividad de su fundador o dirigentes. El hábito anarqui-zante de la discusión está rigurosamente prohibido en la Obra y ya de ello Escrivá habla en Camino , máxima 25: «No discutáis.  De la discusión no suele salir la luz, porque la apaga el apasionamiento».
El propio Escrivá también se refiere en términos inequívocos al secreto y, según él, «discreción no es misterio, ni secreto. -Es sencillamente naturalidad» (máxima 641). Efectivamente, la discreción es algo connatural a la militancia en una organización como la Obra. Un apartado de Camino se dedica, pues, a la discreción que debe observar el miembro de la Obra de Dios. Así la máxima 650 dice: «Hay mucha gente -santa- que no entiende tu camino. -No te empeñes en hacerlo comprender: perderás el tiempo y darás lugar a indiscreciones».
El fundador de la Obra no habla, sin embargo, de secretos; sino que utiliza palabras más suaves como discreción, silencio, ocultamiento, etc., que vienen a ser sinónimos del secreto y que corresponden de hecho a esa característica esencial al espíritu de la Obra de Dios. Al ampliar en Camino el esquema original de Consideraciones Espirituale s, no quiso Escrivá mencionar directamente la Obra de Dios en el libro, por su intención de manteneria en secreto. No obstante, existen alusiones más o menos veladas en el texto de Camino sobre la actividad oculta de la Obra de Dios. Por ejemplo, en la máxima 377, donde «nuestra formación» y «nuestro espíritu», más la utilización del dativo ético «cumpliéndome las normas concretas», descubren la mano de Escrivá como director de orquesta. Esta es la máxima: «Y ¿cómo adquiriré "nuestra formación", y cómo conservaré "nuestro espíritu"? -Cumpliéndome las normas concretas que tu Director te entregó y te explicó y te hizo amar: cúmplelas y serás apóstol».
Por último, la intransigencia a ultranza que lleva consigo una actitud totalitaria, se descubre a menudo en Camino y es un índice elocuente del potencial fascista del libro. Hay máximas donde Escrivá recomienda la intransigencia sin rodeos y de una manera poco democrática.
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En la máxima 407 que dice «no confundamos los derechos del cargo con los de la persona. Aquéllos no pueden ser renunciados», puede observarse cómo Escrivá centra la intransigencia en el mantenimiento de la función («los derechos del cargo»), olvidando los derechos del hombre que es una de las aspiraciones mínimas que hoy reivindican los individuos y países del mundo, a excepción, cla-ro está. de fascistas y otros especies clericales afines para quienes los derechos humanos siguen estando peligrosamente olvidados.
La santa eficacia no figura claramente entre los consejos y sentencias que contiene Camino, el manual del militante de la Obra de Dios. «El plano de la santidad que nos pide el Señor -señala, en cambio, Escrivá en la máxima 387- está determinado por estos tres puntos: la santa intransigencia, la santa coacción y la santa desverguenza.» Estos tres planos de la santidad que debe observar el militante de la Obra son más bien los tres escalones de una santa eficacia inconfesada, que es la sustancia ideológica que va a hacer funcionar e] aparato de la Obra de Dios.
Dentro de Camino existen otras muchas máximas que hablan de la santa intransigencia. He aquí una selección de ellas: «Un hombre, un... caballero transigente volvería a condenar a muerte a Jesús» (máxima 393); «La transigencia es señal cierta de no tener clara la verdad. Cuando un hombre transige en cosas de ideal, de honra o de Fe, ese hombre es un... hombre sin ideal, sin honra y sin Fe». (máxima 394); «Aquel hombre de Dios, curtido en la lucha, argumentaba así ¿Que no transijo? ¡Claro! Porque estoy persuadido de la verdad de mi ideal, En cambio, usted es muy transigente...¿Le parece que dos y dos sean tres y medio? ¿No?.....¿ni por amistad cede en tan poca cosa? -  Es que por pnmera vez se ha persuadido de tener la verdad   ¡y se ha pasado a mi partido!» (máxima 395); «La santa transigencia no es intemperancia» (máxima 396) «Se intransigente en la doctrina y en la conducta. Pero se blando en la forma.-   Maza de acero poderosa envuelta en funda acolchada.-   Se intransigente pero no seas cerril» (máxima 397); «La intransigencia no es intransigencia a secas es la santa intransigencia". No olvidemos que tambien hay una «santa coaccion» (maxima 398)
Un grupo de jóvenes investigadores que trabajo en 1967 sobre los aspectos lingúísticos de la sociedad, dentro de un seminario de la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Madrid con una subvencion del Congreso para la Libertad de la Cultura, dirigidos por el entonces catedrático de Filología Latina Agustín García Calvo, llegó a utilizar Camino entre sus textos de análisis de voca-bulario y de estilo.
Según un investigador sobre lingüistica de la Universidad de Madrid, que llegó a utilizar Camino entre sus textos de análisis de vocabulario y de estilo, el lengua-je de la obrita de Escrivá contiene un elevado número de irracionalidades lingüísticas, entendiéndose lo de irracional como rasgos no lógicos del lenguaje. Así, el análisis desde el punto de vista formal de Camino pone de relieve el valor de las locuciones fijas o estereotipadas del libro. También puede advertirse cómo, por una parte su valor retórico o impresivo reside justamente en su vaguedad o inmovilidad semántica, su ambigüedad o capacidad para no decir nada preciso; pero cómo, por otro lado, consiste también en el hecho de que esa vaguedad o ambigüedad está oculta, en la apariencia de decir algo preciso, sumamente definido, con que estas fórmulas lingúisticas se presentan.
Dentro de las locuciones fijas o estereotipadas se pueden distinguir dos clases:
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unas. cargadas de la ideología dominante, que por ello mismo carecen de valor semántico en cuanto a  mensaje particular que pretenden transmitir; otras meramente  introducidas por su capacidad de llenar sitio, completar la línea de  la frase, que son expresiones que pueden llamarse de relleno rítmico. Tales locuciones de relleno rítmico. Escrivá hace tan buen uso de ellas como Hitler cuando intercalaba en sus discursos palabras de estribillo. La máxima 520 es una muestra dc locución de rclleno rítmico: «Católico. Apostólico. ¡ Romano!   Me gusta que seas muy romano Y que tengas deseos de hacer tu "romería" "videre Petrum ", para ver a Pedro».
En resumen, el lenguaje de Camino puede ser traducido a un lenguaje «neutro» y en la comparación entre ambos. se observará el elevado número de irracionalidades lingüisticas que Escrivá utilizó en el libro.
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