Pasaje solista de carácter virtuoso, desarrollado como una improvisación, que suele insertarse cerca del final de una composición o sección musical. Las cadenzas brindan al solista la oportunidad no sólo de demostrar su brillantez técnica, sino también de mostrar su talento para elaborar los materiales básicos de una composición. Las cadenzas surgieron primero en la ópera de los siglos XVII y XVIII, cuando los cantantes improvisaban floridas ornamentaciones inmediatamente antes de la cadencia final de un aria (de allí el nombre). Desde principios del siglo XIX los compositores han escrito cadenzas, así Ludwig van Beetohoven publicó un libro con las que se utilizaron en sus conciertos para piano. Sin embargo, ciertos solistas han improvisado las suyas propias, una práctica que nuevamente comienza a extenderse después de un largo periodo de rechazo. Determinados compositores han escrito cadenzas largas, complejas y a veces acompañadas, como parte integral de una obra. En tales casos el nombre de cadenza se usa más como una formalidad, ya que no se espera ni intenta la improvisación.